La tecnología avanza en México, pero la brecha digital continúa
Giovanni Maimone Celorio
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Como si se tratara de la predicción de una vieja película de ciencia ficción, la tecnología digital domina en gran medida al mundo actual, su día a día, la realidad (o virtualidad) de la existencia humana. Conceptos como ecosistema digital, economía digital, sociedad digital, comunicación digital y, por ende, inclusión digital, entre otros, se afianzan y permiten dar forma a un marco de referencia para entender a las tecnologías de la información y comunicación (TIC).
En estas tecnologías el rey es el Internet, una red que comunica al planeta o, por lo menos, a gran parte de él. Los que acceden tienen una ventaja sobre los que no, y los que no pueden acceder se quedan excluidos, exponiendo cómo, a pesar de los avances, la brecha digital sigue presente.
Un tercio de la humanidad, es decir 2,700 millones de personas, permanece fuera de línea, no puede conectarse a Internet (ITU, 2022). Esto sucede mientras se quiere cumplir en 2030 con la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen la necesidad de contar con una conectividad universal y significativa para que los individuos saquen provecho de su experiencia en línea.
Como referencias, en Corea del Sur, Reino Unido, Suecia, España, Estados Unidos y Japón, nueve de cada diez personas son usuarias de Internet, mientras que, en México, la proporción es siete de cada diez personas (INEGI, 2022).
Precisamente con relación a México, el 75 % de la población es usuaria de Internet.
Además, el 78 % de los mexicanos mayores de seis años es usuario de telefonía celular, es decir, 92 millones de personas, de las que solo una tercera parte utiliza computadora de escritorio o de tipo portátil.
De los usuarios de celular, el 94 % posee un aparato de tipo smartphone o teléfono inteligente, de ahí que este sea el dispositivo preferido para conectarse a Internet, ya que casi la totalidad lo utiliza para tal fin (INEGI, 2022).
El aparato que originalmente se creó para hacer llamadas móviles desde el lugar en que se encontrase la persona, incorporó después los mensajes de texto, y aunque siguió conservando el nombre de teléfono, hoy en día es más bien una computadora portátil que “obliga” al usuario a estar conectado a la red informática mundial, o como suele decirse coloquialmente, al ciberespacio.
Los tres principales motivos para conectarse a Internet son: 1) comunicación, 2) búsquedas de información y 3) acceso a redes sociales. El tiempo promedio nacional de uso diario por persona es de 4.8 horas; además, el 72 % de los usuarios se conecta desde su hogar (INEGI, 2022).
La descarga de aplicaciones es una de las principales actividades que realizan con sus dispositivos, ya que la mitad de los usuarios descarga apps en sus teléfonos inteligentes. Dentro de las aplicaciones más populares están las de mensajería instantánea como WhatsApp, Messenger y Telegram; las de acceso a redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter; y las de acceso a contenidos de audio y video como YouTube, Spotify y Deezer (IFT, 2022).
Los medios de comunicación social-digital dominantes son los llamados en inglés social media, término que no se usa en español como medios de comunicación sociales, sino más bien como redes sociales. De tal modo que cerca del 70 % de la población en el país utiliza redes sociales. WhatsApp, Facebook y Messenger son las más recurrentes. Mientras que las mujeres usan más Instagram, Snapchat y Pinterest, los hombres usan más YouTube y Twitter (IFT, 2022). Pero si se trata específicamente del consumo de contenidos audiovisuales por Internet, Youtube y Netflix son las plataformas favoritas para ver películas y series, teniendo el teléfono celular como el dispositivo que más se usa para tal efecto (IFT, 2022).
Todos estos datos exponen la fotografía del acontecer mexicano. La conectividad ha avanzado y la cobertura de la red de telefonía celular móvil es casi total, con un 97 % (ITU, 2022). Queda claro que la mayoría de las personas tiene un teléfono celular y, aun así, sigue habiendo exclusión, en este caso de tipo comunicacional y, ciertamente, tecnológica.
LA BRECHA DIGITAL ES EVIDENTE
La tríada que permite analizar y comprender la falta de inclusión digital total está constituida por tres elementos: el acceso, el uso y la apropiación de las TIC. El primero de estos tres niveles de brecha digital se refiere a la motivación, el equipo y las habilidades; el segundo, al tipo de dispositivos, la frecuencia, la duración y el lugar; mientras que el tercero tiene que ver con la importancia y beneficio para la vida cotidiana (Gómez et al., 2018).
La brecha digital se observa entonces en un entorno multifactorial, ya que no solo es determinada por la geografía y la infraestructura tecnológica, sino por las facultades económicas de los individuos y, relativamente, con sus habilidades digitales, es decir, con su grado de alfabetización digital. Además, la edad, el sexo y la discapacidad, son variables presentes en los obstáculos para eliminar la brecha.
Con respecto a la localización geográfica en México, el 81 % de la población en zona urbana es usuaria de Internet, en tanto que solo el 56 % lleva a cabo la conexión en la rural. Asimismo, el comparativo urbano-rural establece que, en las ciudades, más del 80 % de las personas usa el celular, mientras que en el campo son cerca del 65 % (INEGI, 2022).
Además, solo el 38 % de las unidades de producción agropecuarias utilizan alguna TIC. Entre estas tecnologías, la más utilizada es el teléfono celular con el 88 %, seguida del teléfono fijo con el 20 % y el Internet con el 8 %; después están la computadora, los sistemas de navegación satelital y las tabletas (INEGI, 2019).
Asimismo, en las zonas rurales solo el 4 % de los hogares cuenta con los tres servicios fijos en telecomunicaciones, que son telefonía fija + TV restringida + Internet; además de que el 43 % no dispone de uno solo de estos servicios. En contraste, en zonas urbanas, el 27 % de los hogares tiene los tres servicios (IFT, 2022).
Con referencia al tema económico nacional y la dificultad que puede suponer para muchas personas, los hogares de ingresos bajos tienen que gastar el 4.4 % de sus ingresos en servicios móviles de telecomunicaciones, mientras que los del sector alto solo tienen que invertir el equivalente al 1.4 % de sus ingresos para cubrir sus necesidades (IFT, 2022).
En términos de moneda corriente, ¿cuánto gasta la gente en el celular? En 2021, el 80 % de los usuarios contrató un servicio de prepago con un gasto promedio mensual de 148 pesos, y el 16 % contrató un plan de pospago, con un gasto promedio al mes de 420 pesos (INEGI, 2022).
Ya en ámbitos empresariales (IFT, 2022), solo el 23 % de las unidades económicas cuenta con equipo de cómputo. Además, únicamente el 21 % tiene servicio de Internet y solo el 4 % realiza transacciones por dicha red. Este es un ejemplo de probable desaprovechamiento, porque las propias MiPyMEs (micro, pequeñas y medianas empresas) señalan que a través de Internet se pueden obtener beneficios, y que es el incremento de ventas el que perciben como el principal, seguido de la ampliación de canales de venta, la rapidez en la realización de las ventas o compras y la inclusión de marketing digital.
En cuanto a la edad, las diferencias también son evidentes (INEGI, 2022) ya que el grupo que mayormente usa Internet es el de las personas de 18 a 24 años, con una participación del 93 %; mientras que los habitantes mayores de 55 años son los que menos participan, con el 42 %. Este grupo es el más rezagado en el uso de las TIC y actividades en Internet, particularmente en la búsqueda de empleo en línea, capacitación, uso de redes sociales, consumo de contenidos audiovisuales gratuitos y uso de computadora (IFT, 2023). La mayoría de las personas en este grupo etario revela que no usa la tecnología porque no sabe.
La fórmula para reducir la brecha digital es multivariada. Pasa desde la ampliación de la infraestructura hasta el factor medular personal y familiar: el ingreso económico. La imposibilidad o la carencia monetaria se reflejan en la calidad de la educación, así como en su cantidad, y con ello, en la poca oportunidad de acceder a la alfabetización digital, es decir, el conocimiento y práctica de las habilidades digitales.
La evolución de las habilidades ideales requeridas es permanente. Hace unos años bastaba con operaciones básicas en el uso del software y hardware como escribir textos, enviar correos o buscar información. Actualmente la tecnología ha incorporado campos como la inteligencia artificial, la cadena de bloques, los macrodatos, la nube, el Internet de las cosas, las aplicaciones diversas o el aprendizaje de máquina, entre otros (ITU, 2018).
De acuerdo con el trabajo de organismos internacionales, son cinco las categorías establecidas para agrupar las actividades que permiten medir las habilidades digitales de los individuos: 1) comunicación/colaboración, 2) resolución de problemas, 3) seguridad, 4) creación de contenido y 5) alfabetización en información/datos (ITU, 2022). Aquí se advierte incluso que las personas bien pueden estar usando Internet masivamente, pero sin ser capaces de beneficiarse completamente de él o, incluso, de evitar sus peligros.
LA COMUNICACIÓN DIGITAL FAVORECEDORA DEL DESARROLLO
Uno de los métodos específicos para reducir la brecha digital es a través de la alfabetización digital. La UNESCO (2018, p. 6) define la alfabetización digital como
[...] la habilidad para acceder, manejar, entender, integrar, comunicar, evaluar y crear información de forma segura y apropiada, a través de tecnologías digitales para el empleo, trabajo decente y emprendimiento. Esto incluye competencias que son referidas como alfabetización computacional, alfabetización TIC, alfabetización informacional y alfabetización mediática.
El objetivo es mejorar las habilidades digitales de las personas para su propio beneficio, abarcando desde lo social hasta lo económico. El ecosistema digital demuestra que usar una TIC no es suficiente, porque el aprovechamiento real viene con la apropiación, cuando se es capaz de entender la tecnología para utilizarla en beneficio propio incorporada a la vida cotidiana. Con respecto a dicha apropiación, Downing (2011) advierte que cuando se incorporan las TIC en procesos de cambio social se generan escenarios de creación y expresión, siempre y cuando los sujetos las identifiquen, exploren, resignifiquen y las apropien, yendo más allá de su simple uso técnico como herramientas. Por eso, apropiar es cuando, de alguna manera, la persona puede controlar el resultado, o al menos proyectarlo. Si no, simplemente se está a disposición de lo que las TIC manden. Ahora bien, una de las prácticas más comunes para el crecimiento personal es a través de la capacitación. Por ejemplo, se ha observado que en orden de preferencia después de las películas, las series y los videos musicales, el público que consume contenidos en Internet gusta de los tutoriales (IFT, 2022), y esto se da, proporcionalmente, tanto en el ámbito urbano como en el rural. Ahí, precisamente, se puede penetrar en el mercado para “edu-info-entretener” y entonces conseguir metas específicas, como la mejora del ingreso, ya sea como empleado o como emprendedor.
Continuando con el tema de la preparación, se ha reportado que las principales actividades entre quienes usan computadora son el entretenimiento (24 %), el trabajo (18 %), las tareas escolares (17 %), y como medio de capacitación (10 %) (INEGI, 2022).
Trabajar para favorecer el desarrollo de las habilidades digitales de las personas resulta imperativo y debe hacerse en los tres niveles de estas capacidades: básico, intermedio y avanzado (ITU, 2018). El primero incluye tareas como manejo de textos, correo electrónico o la creación de perfiles para redes sociales. El segundo abarca funciones como edición audiovisual, diseño gráfico o marketing digital. Y el tercero es de tipo especializado, como labores de programación, gestión de redes, macrodatos, inteligencia artificial y ciberseguridad, ente otras. Este último incluso comprende el emprendimiento digital.
La tarea no es sencilla. Son todavía 20 millones de personas en México que habitan en poblaciones inaccesibles o regiones marginadas quienes aún no se pueden conectar a Internet (CFE, 2023). Además, la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y la pobreza siguen vigentes. Por ejemplo, cerca de la mitad de la población de 12 a 29 años de edad se encuentra en situación de pobreza (CONEVAL, 2023).
Naciones Unidas, a través de su programa para el desarrollo (PNUD), reconoce que México es un país con una gran riqueza, fundamentado en la diversidad de las personas y sus territorios. Sin embargo, también advierte mediante su Índice de Desarrollo Humano que, en la última década, el país avanzó ligeramente en dicho índice, manteniéndose en un rango alto, pero que, a pesar del avance en las dimensiones de educación y salud, en la de ingreso se retrocedió (PNUD, 2022).
Por todo ello, es necesario establecer las condiciones que favorezcan el aprovechamiento óptimo de las TIC por parte de los habitantes y que garanticen un correcto acceso, uso y apropiación de ellas; a través de la incorporación de estrategias de alfabetización digital con objetivos claros y, sobre todo, prácticos, que permitan la superación de los problemas y promover el desarrollo social apoyado en la adecuada comunicación digital.
REFERENCIAS
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Downing JD (2011). Conceptos: Los medios radicales se intersectan con la teoría de los medios. En Pereira J y Cadavid A, Comunicación, desarrollo y cambio social: interrelaciones entre comunicación, movimientos ciudadanos y medios (pp. 407-508). Pontificia Universidad Javeriana y Universidad Minuto de Dios, Bogotá.
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Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2019). Encuesta Nacional Agropecuaria 2019. Ciudad de México: INEGI / Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. Recuperado de: https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/ena/2019/doc/rrdp_ena2019.pdf.
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