El neoscurantismo



Francisco Pellicer Graham
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Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam
Tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla
Giordano Bruno, Quemado vivo el 17 de febrero de 1600 en el Campo de’ Fiori, Roma.

 

De nuevo, el juego de las definiciones; el Diccionario de la Lengua Española define obscurantismo con dos acepciones:

1. Oposición sistemática a la difusión de la cultura.

2. Defensa de ideas o actitudes irracionales o retrógradas.

     Nunca pensé utilizar al Génesis como fuente bibliográfica referencial en mis escritos, pero así es la vida, nunca digas nunca:

 

En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Y la tierra era caos y vacuidad, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día.

 

     Es con esta alegoría primigenia, por cierto, sacada de una biblia denominada Biblia de 42 líneas, rebautizada después como la Biblia de Johannes Gutenberg en 1452 (Figura 1), estallido luminoso y paradójico que da cuenta de que hay que separar las cosas que están en lo obscuro y allegarlas hacia la luminosa verdad del conocimiento; es a este proceso al que llamamos “rupturas epistemológicas”. Este es el concepto con el que podemos connotar la línea de construcción (fabrica) con la cual los humanos hemos forjado la cultura.

 

Figura 1. Johannes Gutenberg, Maguncia Alemania (c. 1400-1468).

Figura 1. Johannes Gutenberg, Maguncia Alemania (c. 1400-1468).

 

VISITEMOS PRIMERO LA PARTE LUCIFERINA

 

El contexto es único; se sitúa a fines del siglo XV y en el transcurso del XVI de nuestra era: Colón et al. encuentran América y se rompe con la creencia de la superficie plana del planeta; Copérnico ordena racionalmente el cosmos cercano al Sol; Galileo observa ese cosmos con sus propios ojos, con la vista amplificada mediante el invento de Hans Lipperhey (Figura 2), el cual patentó como telescopio de refracción en 1608 en los Países Bajos. Con este instrumento Galileo inicia el escrutinio de la razón en el territorio de Dios y por eso es dolorosamente castigado. Peor suerte tuvo su antecesor, Filippo Bruno, nacido cerca de Nápoles en 1548 y convertido en monje dominico, donde cambia su nombre por Giordano y su convicción por la de hereje que desafió al status quo eclesiástico en más de un sentido1 (Figura 3). Leonardo, el bastardo de Vinci: dueño de la intuición, la lógica, el arte que lo lleva a hacer invenciones premonitorias de la ciencia y la tecnología contemporáneas. Este es el caldero de donde surge también Vesalio de Bruselas (Figura 4), personaje que rompe con la línea epistemológica galénica, en parte errónea, por la falta de coherencia y sistematización en la obtención del conocimiento, en parte dada por prohibiciones del poder hegemónico. Andreas centra su trabajo con una serie de actitudes y procedimientos que los diccionarios hoy connotan como Ciencia, es decir, el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Parafraseando lo anterior, el quehacer que Andreas realizó y que hoy calificamos como científico se podría definir como el conjunto de actividades que efectuó en torno y para la obtención del conocimiento mediante el ejercicio racional que se apoya en la instrumentación y observación metodológica, replicable y comprobable por terceros. Aún más, diría que esta es una actividad que tiene como esencia la búsqueda de la verdad; entendiéndose como verdad la resultante de comparar el modo de operar de la naturaleza con un constructo intelectual –teórico o empírico– inherente al observador, que se lleva a cabo mediante pasos y reglas que es lo que comúnmente denominamos método científico. Es en la medida en que esta comparación se acerca a la identidad, que estamos más cerca del concepto de verdad. En realidad, hacer ciencia no es apegarse a las definiciones engendradas por lo que hoy conocemos como teoría del conocimiento, sino un quehacer más emparentado con la intuición, la artesanía, el arte; en síntesis, es una postura filosófica en relación con el concepto de verdad y el de naturaleza.

 

Figura 2. Hans Lipperhey, Alemania (1570-1619).

Figura 2. Hans Lipperhey, Alemania (1570-1619).

 

Figura 3. Giordano Bruno (1548-1600).

Figura 3. Giordano Bruno (1548-1600).