Crónicas visuales: la fotografía callejera de Enrique Soto



Irene Sepúlveda
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Enrique Soto, fotógrafo originario de Puebla, México, ha construido una trayectoria en la que explora las diversas facetas de la vida cotidiana y la riqueza cultural no solo de su entorno cercano, sino también de geografías distantes.

A través de su lente, Soto ha sabido captar la sustancia de los paisajes y personajes que encuentra en sus caminos de andarín irredento, logrando un estilo distintivo que mezcla la sensibilidad por la luz natural y la composición con una profunda conexión con sus sujetos.

Su trabajo, además de ser visualmente impactante, transmite la identidad humana de manera auténtica, mostrando desde la arquitectura y los mercados locales hasta el trabajo, la espiritualidad, las tradiciones y el arte popular de sus habitantes.

Las fotografías de Enrique Soto invitan a quienes las observan a sumergirse en una esencia llena de significados profundamente humanos.

 

La fotografía callejera documental tiene sus raíces en el auge de la fotografía portátil a principios del siglo XX, cuando cámaras relativamente ligeras permitieron a los fotógrafos capturar momentos espontáneos en las calles sin interferir en la vida cotidiana de sus sujetos. Henri Cartier-Bresson, considerado uno de los pioneros del género, desarrolló la noción de “momento decisivo”, concepto que se refiere ese instante fugaz en el que todos los elementos visuales de una escena –composición, luz, expresión y movimiento– convergen de manera perfecta para crear una imagen con un máximo significado expresivo. Fotógrafos como Walker Evans y Dorothea Lange consolidaron la fotografía callejera como un vehículo para la crítica y la reflexión social. En México, Manuel Álvarez Bravo, Nacho López y Héctor García llevaron esta práctica a nuevas dimensiones, capturando con gran sensibilidad escenas de la vida cotidiana en el México de mediados del siglo XX. Álvarez Bravo, con un enfoque poético y simbólico, destacó la belleza en lo ordinario y añadió una profundidad surrealista que revelaba tanto la identidad cultural como las tensiones y contrastes de la sociedad mexicana. Los tres lograron consolidar la fotografía documental como un recurso para explorar la identidad cultural y la realidad social de México, porque este estilo de fotografía no solo muestra el entorno físico, sino que también revela las interacciones humanas, la relación de las personas con el espacio público y las dinámicas socioculturales propias de la realidad circundante.

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