Migrantes mayas en Tollan Cholollan
Geoffrey G. McCafferty, Tanya Chiykowski
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Este ensayo resume descubrimientos recientes obtenidos de un programa de salvamento arqueológico realizado en las calles de la actual ciudad de San Pedro Cholula pertinentes a la interacción entre el altiplano y las tierras bajas durante la transición entre el Clásico y Posclásico mesoamericano.
Fuentes etnográficas indican que, después del abandono de Teotihuacán, Cholula fue ocupada por los olmeca xicalanca, pueblos de culturas chontal maya y provenientes del sur del Golfo de México. Esta secuencia histórica era aceptada por los arqueólogos hasta mediados del siglo XX; posteriores interpretaciones por parte de miembros del Proyecto Cholula lo rechazan sosteniendo que Cholula fue abandonada después del periodo Clásico y solo se volvió a poblar hasta el siglo XIV. Desde inicios de la década de los noventa McCafferty argumentó sobre una activa secuencia cultural en Cholula durante el Posclásico temprano e integró a su estudio un análisis crítico de registros etnohistóricos. Los autores ahora abrazan entusiasmados la oportunidad de discutir estos descubrimientos para analizar una serie de contextos que apoyan la tesis de la ocupación continua de Cholula en la transición del Clásico al Posclásico.
Detalles sobre la cultura olmeca xicalanca han sido muy debatidos en la literatura. Wigberto Jiménez en su ensayo seminal en torno a este tema sugiere que los olmecas históricos probablemente emigraron de las tierras bajas del sur del Golfo de México desde el importante puerto de comercio Xicalango en la Laguna de Términos. Esta era un área multiétnica y multilingüe durante el periodo Posclásico y estaba compuesta por un mosaico de pueblos maya chontales, mixe zoques y grupos nahua, entre otros.
Cholula se localiza en el Valle Puebla Tlaxcala en la altiplanicie de México y está claramente identificada con los olmeca xicalanca en los mitos recopilados en crónicas coloniales. Por ejemplo, Fernando de Alva Cortés Ixtlixóchitl (1585) registró la secuencia de mundos o soles y apuntó que los olmecas arribaron durante el tiempo de Ehecatonatiuh o del “Sol del Dios-Viento”. Desparecieron, literalmente “consumidos” por los gigantes, o quinametinime, que vivieron antes. Estos “gigantes” fueron los que construyeron las pirámides de Teotihuacán y Cholula durante el periodo Clásico. Los olmecas del tiempo del Dios del Viento construyeron una pirámide dedicada al dios/sacerdote Quetzalcóatl: esta estructura es muy probablemente la etapa final de la gran pirámide, Tlachihualtépetl.
Más información la obtenemos de la Historia Tolteca Chichimeca (circa 1547), documento que registra el arribo de los tolteca chichimeca a Cholula. Estos llegan al encuentro con los gobernantes de los olmeca xicalancas, el Amapame y Tlalchiach que ocupaban un palacio a un costado de la gran pirámide. Después que los tolteca chichimeca residieron por un tiempo bajo el dominio olmeca se rebelaron y construyeron un nuevo centro ceremonial al noroeste de la gran pirámide, en el lugar que hoy ocupa la plaza de San Pedro Cholula. La ciudad de Cholula fue descrita por Hernán Cortés en su Segunda Carta al Rey el 30 de octubre de 1520:
[...] la ciudad más hermosa de fuera que hay en España, porque es muy torreada y llana y certifico a vuestra alteza que yo conté desde una mezquita cuatrocientas treinta y tantas torres en la dicha ciudad y todas son de mezquitas [...]
A pesar de todas estas descripciones detalladas, problemas con la secuencia cronológica de la cerámica llevaron a los arqueólogos entre la década de los setenta y ochenta a rechazar estas “historias míticas” y a proponer en su lugar una historia con cercanos paralelos al desarrollo cultural en la meseta central de México; propusieron así mismo el abandono de Cholula al final del periodo Clásico y su reocupación más o menos alineada cronológicamente con el surgimiento de los aztecas. Esta era la secuencia aceptada cuando G. McCafferty empezó a trabajar en el sitio arqueológico a mediados de los años ochenta.
En 1975 el mundo arqueológico fue sacudido con el descubrimiento de los murales con influencia maya en Cacaxtla, directamente al norte de Cholula. Estos murales mostraron brillantes y polícromas imágenes de grupos guerreros, algunos con fisonomía y vestimentas mayas. Estos murales se identificaron prontamente como de procedencia olmeca xicalanca y se relacionaron con otra descripción del siglo XVI de Diego Muñoz Camargo sobre un pueblo olmeca fortificado con profundas y defensivas zanjas como las que fueron localizadas en Cacaxtla. Estos descubrimientos atrajeron un interés renovado en las fachadas grabadas de Xochicalco, en las cuales nobles muy mayenses se muestran sentados en el centro de espirales ondulantes alusivas a serpientes emplumadas; y obligó a que en los últimos años del siglo XX se retomara la investigación del intercambio entre el altiplano y las tierras bajas en Mesoamérica. Los desciframientos epigráficos que sugieren la influencia de Teotihuacán en Tikal y Copán, como en otros centros mayas, impulsó un renovado interés en la relación entre Chichén Itzá y Tula. A partir de entonces Mesoamérica empezó a reconceptualizarse como una entidad más cosmopolita y con mayor grado de integración internacional.
CHOLULA
En este contexto podemos proceder a reinterpretar Cholula y su rol en la transición del Clásico al Posclásico. El análisis de restos domésticos en la excavación de una residencia en terrenos de la ex hacienda Santa Catarina Mártir (actualmente Universidad de las Américas de Puebla) permitió elaborar una cronología del Posclásico a partir de un basurero arqueológico que nos sugiere una secuencia entre 900 d.C. hasta la conquista española. Excavaciones posteriores han rellenado con información lagunas entre el Clásico tardío y el Posclásico temprano por lo cual contamos ahora con una secuencia de la cerámica de entre 100 y 200 años a reserva de una datación más rigurosa que todavía se aguarda para confirmar o refinar esta secuencia. La cerámica polícroma probablemente fue creada alrededor de 900 d.C., aunque un incipiente estilo iconográfico de tipo Mixteca Puebla tiene presencia desde antes. La cerámica polícroma más temprana tiene similitudes con la cerámica polícroma maya, aunque con elementos estilísticos de la costa del Golfo; por estas razones es muy probablemente una innovación introducida por los olmeca xicalanca.
La transición del Clásico al Posclásico basada en elementos rescatados por Sergio Suárez Cruz del Centro INAH Puebla puede reinterpretarse. Por ejemplo, el sitio excavado (conocido como Tránsito) exhibió una vivienda de finales del Clásico con muestras aisladas del Posclásico medio y el temprano periodo colonial. La cerámica y las figurillas obtenidas del sitio doméstico del Clásico fueron consistentes con otro material del periodo Clásico en el sitio y demostraron similitudes con piezas de Teotihuacán, sugiriéndonos que a nivel doméstico existieron fuertes paralelos entre las dos ciudades. Un basurero arqueológico con alta incidencia de obsidiana verde, cuando generalmente se acepta que su abasto estuvo monopolizado por Teotihuacán, nos indica que posiblemente se trata de una residencia de una persona con relaciones particularmente cercanas con esa urbe.
El periodo del Epiclásico está representado por rescates obtenidos por Suárez Cruz en el Patio de Cráneos Esculpidos, localizado en la esquina noreste de la gran pirámide. Este lugar fue originalmente explorado por Eduardo Noguera alrededor de 1930 y allí se descubrió un altar pirámide miniatura que contenía el entierro de un hombre y una mujer adultos y representa hasta ahora el entierro más “rico” que se haya encontrado en Cholula. Asociadas al entierro se rescataron varias vasijas de cerámica, incluyendo ollas en miniatura con esgrafiados decorativos superficiales en los bordes (Adriana anaranjado) y cajetes sub hemisféricos con diseños pintados en negro en la base interior (negro Cocoyotla sobre natural). La excavación de salvamento de Suárez identificó seis etapas constructivas en el patio y una gradual transición de un periodo con cerámica principalmente del Clásico (parecidas a las encontradas en el sitio Tránsito) hasta la predominancia del Posclásico atestiguado por cajetes Cocoyotla, comales Momoxpan, ollas y cazuelas San Andrés rojo. No se encontraron cerámicas polícromas sugiriendo que el patio fue abandonado antes de 900 d.C. El sitio también rindió piezas que se relacionan con tipos de la costa del Golfo. Hallazgos superficiales de cerámica polícroma de una área adyacente a la plataforma, sin embargo, sugieren que la zona continuó como una zona residencial de elites, aunque esto se necesita verificar con nuevas excavaciones.
Un basurero arqueológico profundo de San Pedro Cholula dio un contexto mejor documentado de muestras de cerámica polícroma más temprana. Dos fechas, entre 900 y 1000 d.C., están asociadas con Ocotlán borde rojo incluyendo el subtipo sencillo y el más elaborado subtipo polícromo conocido como Cristina y Elegante.
El contexto mejor documentado para el Posclásico temprano es el sitio de la residencia en la Universidad de las Américas Puebla, asociado a un basurero arqueológico. Este fue excavado por Daniel Wolfman a finales de los sesenta pero no fue ampliamente difundido sino hasta la conclusión de la tesis de McCafferty a comienzos de los noventa. Una variedad de cerámica de tipos polícromados fue encontrada; especialmente subtipos de Ocotlán borde rojo, Cuaxiloa mate y polícromo Torre. Negro Cocoyotla sobre natural también figuró preeminentemente, así como cajetes monocromáticos del estilo Xicalli simple. Una segunda estructura que fue parcialmente excavada indica que el sitio corresponde al Posclásico medio. Elementos intrusivos, incluyendo dos pozos con basura arqueológica, dieron ejemplos de cultura material del Posclásico tardío y comienzos del periodo colonial.
Con base en estos estudios previos se puede proponer que Cholula no fue abandonada durante el periodo Clásico y que más bien experimentó significativos cambios culturales. La gran pirámide tiene una expansión constructiva hasta su mayor volumen entre el Epiclásico y el Posclásico temprano, incluyendo el Patio de los Altares que exhibe una escultura monumental con elementos iconográficos de la costa del Golfo y elaborados murales polícromos con temas relacionados con vasijas del Clásico tardío maya y con características similares a los murales de Cacaxtla. Un entierro del Clásico tardío perteneciente a una plataforma residencial muestra características de deformación craneal e incrustaciones dentales y llevó a Sergio Suárez Cruz a identificar al individuo como un “mercader maya”. La identificación étnica es siempre tentativa con los restos arqueológicos, pero estos datos corresponden a las fuentes etnohistóricas que dan cuenta de la ocupación de Cholula por los olmeca xicalanca desde la costa del Golfo alrededor de 800 d.C.
EL PROGRAMA DE SALVAMENTO ARQUEOLÓGICO DE 2007
A finales de 2006 y a lo largo de 2007 Sergio Suárez Cruz dirigió un extenso proyecto de salvamento arqueológico en las calles de Cholula con la intención de mitigar la afectación al subsuelo arqueológico por la introducción de ductos de agua potable. Debido a la importancia arqueológica del subsuelo de la ciudad moderna, que está construida sobre la ciudad prehispánica, las obras requirieron supervisión arqueológica a pesar de que este requisito no siempre es atendido como lo fue en este caso. Suárez Cruz contrató a varios estudiantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para llevar a cabo las excavaciones y durante el verano de 2007 arqueólogos de la Universidad de Calgary se incorporaron al análisis conjunto de los materiales. Angela Fedorchuk elaboró la identificación preliminar de 18 enterramientos humanos. Tanya Chiykowski clasificó los materiales líticos y Geoffrey McCaffrey supervisó parcialmente el análisis de la cerámica.
Fueron cavadas zanjas con retroexcavadoras en más de veinte manzanas de la ciudad. Los arqueólogos monitorearon las excavaciones y tuvieron la oportunidad de investigar elementos culturales a medida que estos quedaban expuestos. Sorpresivamente casi todos los elementos arqueológicos detectados en esta área de la ciudad pertenecían al Epiclásico y al Posclásico temprano, por lo cual rindieron evidencias invaluables para valorar las prácticas culturales asociadas con la ocupación olmeca xicalanca de la ciudad. Un elemento notable fue el piso intacto de una vivienda que retenía restos de un fogón. La cultura material incluía cerámica Negro Cocoyotla sobre Natural que se asocia a una datación en el Epiclásico/Posclásico temprano. Restos carbonizados de maíz asociados con el fogón están siendo analizados en el laboratorio de carbón-14 del INAH y las fechas se estiman entre 800-900 d.C. Debajo del piso de la vivienda se encontraron dos entierros, en posición flexionada, sedentes y orientados al Norte. Esta es la típica postura de enterramientos y de orientación en el Posclásico de Cholula e indica que esta práctica fue introducida antes de lo que habíamos anticipado. Un segundo elemento importante fue un pozo de 6 metros de profundidad compactado con basura y que cuando fue ampliado a los lados rindió un basurero arqueológico menos profundo.
Este fue analizado por Chiykowski quien halló 220 fragmentos líticos recuperados. 96% del material lítico era obsidiana y el resto cuarzo blancuzco. Basando su clasificación en la apariencia visual del color de las piezas, negro fue el más común seguido del gris borroso, claro y verde. Al dividir el pozo en columnas de un metro emergió un patrón interesante. Los tres niveles inferiores exhibieron frecuencias casi idénticas de obsidiana que por color mostraban partes casi iguales de negro, gris borroso y gris claro, y en menor cantidad el verde. En los tres niveles superiores, sin embargo, la obsidiana negra correspondía a entre 50 y 70% del total con pocas muestras de gris claro y más o menos 10% de gris borroso. La frecuencia de obsidiana verde se mantuvo en alrededor del 10% en las distintas capas. La cerámica del pozo demostró el mismo patrón. En el nivel más bajo la frecuencia de cerámica fue similar a la observada en el Patio de los Cráneos Esculpidos sugiriendo fechas del Epiclásico. En los niveles superiores y en el basurero arqueológico asociado, sin embargo, fragmentos de cerámica Ocotlán borde rojo estaban incluidos aunque solo del subtipo sencillo, sugiriendo que estos materiales probablemente son anteriores en San Pedro Cholula y están asociados a fechas de 900-100 d.C. Muestras de leña carbonizada están siendo analizadas para fechar el sitio en los laboratorios del INAH. La cerámica confirma que los niveles inferiores y superiores del pozo fueron rellenados en tiempos distintos, aunque posiblemente dentro de una generación o dos. En adición a estos tipos locales el pozo y el basurero arqueológico dieron numerosos ejemplos de artefactos importados desde la costa del Golfo, incluyendo un vaso con decoración fina con base blanca de la región huasteca del norte del Golfo e imitación anaranjado fino del sur del Golfo. Dos piezas de cerámica Tohil Plumbate (cerámica plomiza) representan también uno de los primeros ejemplos de esta famosa importación a Cholula.
Un tercer elemento que corresponde también a este periodo de transición y se engarza con otras formas arquitectónicas del centro ceremonial de Cholula se obtuvo de las zanjas en la calle 5 sur, a tres calles de la plaza principal de la ciudad moderna y más o menos a un kilómetro al Oeste de la gran pirámide. Allí se descubrió un altar piramidado en miniatura con cráneos esculpidos y huesos cruzados decorando la fachada. Otro altar pirámide en miniatura conocido se encuentra en el Patio de los Altares y también en el Patio de los Cráneos Esculpidos en las inmediaciones de la gran pirámide, este último recibió ese nombre por estar decorado precisamente con cráneos esculpidos. Ambos altares datan del periodo Epiclásico y están asociados a la ocupación de Cholula por los olmeca xicalancas. La cerámica asociada incluye cajetes negro Cocoyotla sobre natural, imitación anaranjado fino y una pequeña vasija polícroma decorada en el estilo de la costa del Golfo. Este nuevo altar está asociado a cerámica similar, aunque el análisis aún no se ha concluido.
Chiykowski llegó a completar el análisis de 236 artefactos líticos del altar y de su vecindad. Ella midió esta colección de obsidiana comparando el peso y dio cuenta de más del 50% del total. Obsidiana gris borrosa y clara representan cada una aproximadamente el 15% del total. Es interesante que el peso promedio de cada pieza (distinguida por su color) indica que las piezas de obsidiana verde generalmente son más pequeñas, sugiriendo una técnica más refinada y quizás indicando un valor percibido mayor. Todo el descarte lítico fue de obsidiana negra señalando una distribución constante del material mientras que la obsidiana verde pudo haberse introducido como cuchillas terminadas; esto corresponde también a lo encontrado en el sitio de la Universidad de las Américas Puebla, donde no se detectaron núcleos de obsidiana verde.
Se ha establecido que la obsidiana verde se minaba en el Cerro de las Navajas en un sitio cercano a Pachuca, Hidalgo, y que su suministro estuvo monopolizado por ciudades imperiales como Teotihuacán, Tula y Tenochti-
tlán. Es de notarse que en el periodo del Clásico tardío el sitio Tránsito en Cholula rindió en más de 90% del total del material lítico de obsidiana verde; esto indica lazos comerciales intensos entre Cholula y Teotihuacán que controlaba el intercambio de obsidiana verde en ese tiempo. Para el siguiente periodo del Epiclásico, sin embargo, la disponibilidad de obsidiana verde en Cholula ya se encontraba severamente restringida porque comprende menos del 10% del total del muestreo analizado.
Más significativo aún fue el uso de la obsidiana negra durante el Epiclásico y con mayor frecuencia en el Posclásico temprano. Aunque todavía aguardamos el análisis composicional que pueda determinar el origen de la obsidiana negra, existe una mina cercana en Guadalupe Victoria, en la base del volcán de Orizaba en el valle oriental de Puebla, como posible fuente. Durante el Epiclásico y Posclásico temprano este sitio muy probablemente estuvo controlado por Cantona, una urbe que creció a tamaños monumentales presumiblemente por la producción y el comercio de la obsidiana. Cholula, orientada hacia la costa del Golfo en este tiempo, probablemente fue un socio comercial de Cantona, aunque esta relación aún necesita explorarse.
CONCLUSIÓN
Excavaciones de salvamento en el centro de San Pedro Cholula recuperaron elementos arqueológicos (incluyendo varios que proporcionan de información invaluable) que permiten inferir prácticas culturales durante la transición entre el Epiclásico y el Posclásico temprano en Cholula. Este periodo es el más controversial de la historia mesoamericana de la ciudad y estos datos confirman que la ciudad estuvo continuamente ocupada en la transición del Clásico al Posclásico y además ofrecen información que sustentan la influencia del Golfo de México durante la ocupación de los olmeca xicalanca en la ciudad.
La investigación detallada de Chiykowski sobre la obsidiana recuperada es uno de los estudios pioneros sobre este importante elemento alguna vez comerciado y utilizado en Cholula. Ella retoma la tesis de maestría de Ruth Edelstein de la Universidad de McMaster que se concentró en analizar material recolectado en excavaciones previas realizadas por Suárez Cruz y McCafferty en el sitio Tránsito y en el Patio de los Cráneos Esculpidos. Obtenemos así una base más sólida para comprender el recurso de este material lítico y el papel dinámico que Cholula jugó en las rutas de su intercambio en Mesoamérica. La ausencia relativa de obsidiana verde en contraste con la abundante presencia de obsidiana negra apoya un enfoque sobre este complejo cultural y comercial que nos aleja de la centralidad del Valle de México durante el Epiclásico y el Posclásico temprano, cuando la obsidiana verde probablemente estuvo controlada por Tula, y nos orienta hacia zonas más orientales del altiplano que probablemente incluyen a Cantona y se extienden hasta la costa del Golfo.
Fuentes etnohistóricas indican que los olmeca xicalancas fueron actores importantes en el periodo del Posclásico mesoamericano. Sin embargo, la aversión de la “nueva arqueología” a recurrir a los textos históricos y el “centrismo del Valle de México”, que ha dominado a la arqueología mexicana, ha orientado la investigación más bien a ocultar estas contribuciones. Actualmente, cuando regiones periféricas como Puebla y la costa del Golfo están siendo revaloradas, los olmecas xicalancas cobran nuevamente importancia. Estudios recientes de López Austin y López Luján sobre el fenómeno pan-mesoamericano de Zuyúa y el interés de Ringle y colaboradores. sobre el culto de Quetzalcóatl, indican un contexto dinámico e internacionalista en la transición del Clásico y el Posclásico en el cual Cholula y la costa del Golfo son actores importantes en la construcción del universo cultural del Posclásico mesoamericano.
* Ponencia presentada en la Asociación Canadiense de Arqueología, Peterborough, Ontario 2008.
Geoffrey McCafferty
Departamento de Arqueología
Universidad de Calgary de Alberta, Canadá
Tanya Chiykowski
Departamento de Arqueología
Universidad de Binghamton, Nueva York
Traducción: Anamaría Ashwell
aashwell@gmail.com
