Las Cholulas y su patrimonio arqueológico y cultural amenazado



Anamaría Ashwell
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Dedicado a Adan y Paul Xicale, presos políticos por defender la cultura y el patrimonio de su comunidad cholulteca.

Entre el 19 y 20 de febrero del año 2000 se organizó un coloquio importante sobre Mesoamérica. Durante dos días mesoamericanistas, mayormente norteamericanos, convocados al Dumbarton Oaks Pre-Columbian Symposia y Colloquia en Washington D.C., discutieron en torno a la pregunta sobre dónde se localizaba o qué implicaba Tollan en Mesoamérica, y discutieron en detalle avances de la investigación arqueológica de dos ciudades que las crónicas y códices designaban como Tollan: Tula en Hidalgo y Chichén Itzá en la península de Yucatán.2 Ese encuentro fue importante porque abordó una discusión sobre qué sucedía en Mesoamérica después del abandono de Teotihuacán (circa 550-600 d.C.), durante el periodo bautizado por Wigberto Jiménez Moreno como el Epiclásico (alrededor de 700-800 d.C). 
    Y también porque Cholula resaltó como la gran incógnita del coloquio. No solo porque también llevaba el nombre de Tollan3 sino porque había poca y poco sistemática investigación arqueológica después de la realizada en los años setenta sobre esta monumental ciudad; a pesar que es un registro continuo del desarrollo arquitectónico y cultural de Mesoamérica desde el Preclásico4 o Formativo. Y es una urbe que se mantuvo preeminente y habitada en el altiplano hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.5
    Hasta entonces los paralelismos sorprendentes en la arquitectura monumental y ceremonial entre Tula y Chichén Itzá se explicaban desde un paradigma que elevaba casi a condición mítica a unos civilizadores –llamados por las crónicas coloniales “toltecas”. Las similitudes en la arquitectura y el arte entre Chichén Itzá y Tula eran tan notorios que se asumió que toltecas nahuas debieron haber conquistado o extendido su influencia y presencia desde la meseta central hasta el sureste mayense en tiempos del Epiclásico. Los toltecas eran esos pueblos nahuas que los mexicas –o aztecas– en sus crónicas habían elevado a ancestros nobles y sabios que los legitimaba en su reclamo de liderazgo sobre un gran territorio mesoamericano y, específicamente, en el altiplano después de que emigraron a fundar Tenochtitlán desde una lejana isla llamada Aztlán, en 1064 o quizás 1168 d.C. (según las crónicas).
    Los toltecas eran, además, el pueblo de Quetzalcóatl.
Es decir, el pueblo que emigró desde una mítica Tollan6cuando su rey sacerdote Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl fue obligado a huir y emigró a distintos lugares sembrando su pueblo; a Cholollan, a la mixteca, a la región zapoteca y así también a la costa del Golfo: Cempohuallan, Coatzacoalco, Xicallanco en la laguna de Términos,7 son algunos de los lugares donde se asentó su pueblo hasta que el rey sacerdote arribó a Tlapallanan en Honduras, donde murió. Aunque como todas las deidades solares mesoamericanas estaba destinado, dicen también las crónicas, a retornar y reinar. 
    El pueblo tolteca, el culto y el mito que giró en torno a esta deidad creadora de la lluvia y el viento, simbolizado por una serpiente emplumada, representaban, la consolidación de una larga tradición cultural y simbólica que dominó en las grandes urbes, se asumía, después del colapso de Teotihuacán. Discrepancias y complicaciones en las diversas fuentes para discernir lo que era mito y lo que eran eventos históricos, por eso mismo, ocuparon por décadas a los mejores investigadores de Mesoamérica. Principales entre ellos fueron P. Kirchhoff y W. Jiménez Moreno. Pero fue Jiménez Moreno quien finalmente, en un congreso americanista de 1941, hizo la propuesta de que la Tollan mítica de las crónicas debía corresponder a la Tula terrenal en el actual estado de Hidalgo. Allí se localizaría (concurrieron casi todos, excepto los que argumentaron que Tula era Teotihuacán) la cuna de Topiltzin Quetzalcóatl y de los toltecas civilizadores. Desde 1940, además, el arqueólogo Jorge Acosta ya había iniciado investigaciones en Tula buscando a la mítica Tollan.
    Se requirió, sin embargo, décadas de investigaciones arqueológicas con la intervención de investigadores del INAH y también de universidades norteamericanas, específicamente en Tula y Chichén Itzá, para finalmente dejar a Quetzalcóatl en el panteón de las deidades solares
mesoamericanas y poner en cuestionamiento todo lo relacionado con los “tolteca” conquistadores de las crónicas coloniales.8 Este coloquio resultó seminal para despejar la compleja manera como el mito se tradujo en eventos históricos en Mesoamérica; y desde entonces sabemos, por ejemplo, que hubo muchas Tollan en el Posclásico mesoamericano. También que Tollan no correspondía a un lugar en específico sino más bien era una suerte de adjetivo, un concepto, que los mesoamericanos utilizaron para describir el poderío sobre territorios o pueblos de algunos centros urbanos. Fue un título honorífico que se derivó de la palabra náhuatl tullin o tollan; es decir tule y que se traduce como lugar de juncos o espadañas. Y que además de la ciudad de los mexicas Tollan Tenochtitlán, Cholula llevaba el título; así también Tulancingo y varias ciudades en Oaxaca y Veracruz. Nigel Davies explicó que “el lugar donde crece el tule”, o “lugar de juncos”, es decir, el título de Tollan dado a estas ciudades era una referencia al junco que se utilizaba para tejer los asientos o petates sobre los cuales se acomodaban los gobernantes y era una referencia a los centros urbanos de señoríos importantes según lo demostraban códices prehispánicos y posthispánicos.9 Lugares como Cholula, donde sobre su gran pirámide se legitimaban gobernantes con la ceremonia de la perforación del septum nasal que los ratificaba a su vez como gobernantes en sus respectivos pueblos (HTC f.23r).10 Es además, una designación simbólica o de poder para ciudades que existió mucho antes de la aparición de los llamados toltecas en Tula. Glifos en Copal y Tikal en la zona maya aluden a Teotihuacán con la palabra puh (tule, en maya) ya en el periodo Clásico temprano y muy probablemente el término debió ser una referencia mítica a un lugar de origen de pueblos aglutinados como “olmecas” de la costa del Golfo, Tabasco y Veracruz desde los albores del Preclásico y de las primeras altas culturas mesoamericanas (c. 1500 a.C.).
    En ese coloquio, los arqueólogos demostraron que Tula en Hidalgo no pudo haber sido la cuna de la mítica Tollan ni del pueblo conquistador llamado “tolteca” en las crónicas, porque Tula fue más bien un modesto centro urbano. La Tula terrenal, con arquitectura monumental concentrada en el área que se conoce como Tula Chico tuvo, además, un corto desarrollo cultural y urbano que duró menos de tres siglos. Además, tampoco la cronología dio a Tula en Hidalgo un tiempo de florecimiento anterior a Chichén Itzá indicando que no pudieron haber sido los toltecas sus conquistadores. Y por consecuencia, tampoco de Cholula, según lo narró la HTC de 1548.
    Todo lo que sabíamos de los “tolteca” por crónicas y
códices nahuas se puso desde entonces en entredicho y obligó a revalorar la documentación etnohistórica a la luz de los hallazgos arqueológicos. Toltecas, Topiltzin Ce Ácatl Quetzalcoátl y Tollan, así como Itzás en Chichén, si pertenecían al ámbito del mito más que a la historia, obligaban a los estudiosos de Mesoamérica a confrontar los límites de las fuentes etnohistóricas y elaborar criterios comparativos entre manifestaciones arquitectónicas e iconográficas que permitirían valorar con mayor certeza las influencias, conquistas, migraciones y etnicidades en los señoríos de la antigua Mesoamérica. Las migraciones se podían documentar desde tiempos muy tempranos por la distribución lingüística, pero se necesitaban, argumentó entonces Michael E. Smith,11 expresiones materiales, arquitectónicas, estilos artísticos o iconográficos, por ejemplo, para abordar qué tipo de interacción o intercambio existió entre las grandes urbes y no solo en el periodo posterior al abandono de Teotihuacán.
    Empezamos a comprender a Mesoamérica, después de este coloquio, como un territorio cultural consolidado por un intercambio formidable y antiguo entre culturas del altiplano, el Golfo y las tierras bajas mayenses. Resultado “de un intercambio de élites, comercio, y adopción de sistemas simbólicos y vocabularios del poder” compartidos, pero también adaptados; es más, “deliberadamente integrados” desde varias regiones de Mesoamérica como demostraba la arqueología de Cacaxtla,12Chichén Itzá y la misma Tula.13 Y que se tejió desde tiempos muy tempranos en un sistema simbólico, iconógráfico y arquitectónico, con sus variantes, cuando distintas élites, en distintas regiones de Mesoamérica, las adoptaron.
    En el año 2007 Christian Duverger haría una propuesta sugerente que retomaba esa Mesoamérica que este coloquio empezó a delinear como un territorio de intenso intercambio entre el altiplano y las tierras bajas del sureste maya; y propuso, con una rigurosa argumentación, que el primer “mestizaje” cultural no se inició durante el dominio teotihuacano, sino que empezó mucho antes del periodo Clásico; inició, argumentó Duverger, con la cultura olmeca, circa 1500 a.C. cuando pueblos nahua parlantes y otros desde el norte y centro, de culturas nómadas, se asentaron entre culturas sedentarias del sur y sureste y empezaron los 28 siglos de consolidación y evolución de la cultura simbólica, icónica y del sacrificio que caracterizó a los señoríos indígenas conquistados por los españoles en el siglo XVI.14 Su hipótesis aún aguarda mayores investigaciones arqueológicas, pero particularmente más investigación arqueológica como la que Geoffrey McCafferty propuso en ese mismo coloquio sobre Cholula.
    Basándose en la arqueología, pero mayormente integrando crónicas, códices y sobretodo la HTC, McCafferty propuso a Cholula como la urbe central en ese intercambio simbólico, cultural y comercial desde distintas regiones de Mesoamérica después del colapso de Teotihuacán. La presencia o conquista de Cholula (circa,
600 d.C.) por pueblos que las crónicas llamaban “olmeca xicalanca”, pueblos a los que McCafferty les asigna un origen en la costa del Golfo, específicamente en la laguna de Términos, donde en ese periodo residían no solo pueblos nahua parlantes sino Putun/Chontales mayenses, apuntalando así su hipótesis sobre la centralidad de Cholula en la transición del Clásico al Posclásico mesoamericano. McCafferty describió un intercambio cultural y comercial centrado en Cholula que integraba, fusionaba, compartía influencias, según evidencia la cerámica cholulteca,15 con pueblos y culturas no solo de la costa del Golfo y del sureste mayense sino hasta la región del Golfo de Nicoya en la frontera sur mesoamericana en territorios actuales de Belice, Guatemala, partes de Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador.16 La hipótesis de McCafferty se sostuvo, sin embargo, sobre investigación arqueológica que requería excavaciones más sistemáticas y extendidas no solo en el entorno de edificios ceremoniales de la gran pirámide en las Cholulas, sino en zonas aledañas de habitación de élites, así como de habitación común. Por lo cual su argumentación en ese coloquio tuvo que recurrir fuertemente a la abundante pero compleja y cuestionable 
documentación etnohistórica para señalar conquistas étnicas e intercambios culturales en Cholula en esos siglos. Específicamente la HTC de 1548, así como crónicas franciscanas de los primeros siglos de la conquista española. El manejo de las fuentes etnohistóricas por parte de McCafferty fue escrupuloso e imaginativo, propuso además correlaciones arqueológicas puntuales en los casos en que existían excavaciones documentadas; pero él mismo concluyó que había urgencia de realizar nuevas investigaciones arqueológicas dirigidas para dilucidar este intercambio cultural y de mestizaje que en Cholula mostraban las influencias de otras culturas del altiplano y las tierras bajas. McCafferty, casi de manera solitaria, abrió una discusión que estaba pendiente sobre el papel que jugó Cholula en el intercambio cultural y comercial entre el altiplano y las tierras bajas mayenses, a finales del Clásico; pero además hizo otra gran aportación (ante inclinaciones de algunos arqueólogos por desacreditar radicalmente la documentación etnohistórica): introdujo la documentación etnohistórica sobre creencias religiosas; es decir, los mitos del universo sagrado mesoamericano, como las claves para interpretar el simbolismo iconográfico y arquitectónico del espacio ceremonial del asiento del poder del señorío cholulteca en el entorno de la gran pirámide a finales del Clásico.17 Por su lado, Sergio Suárez, arqueólogo del INAH Puebla, participante en la construcción de este nuevo escenario mesoamericano, en el año 2009 hizo una propuesta para reiniciar en Cholula una investigación multidisciplinaria e integral dirigida a responder a este nuevo escenario en el cual Cholula jugaba un papel central. 
    Sin embargo, ningún proyecto de investigación prosperó y en los últimos tiempos el INAH solo autorizó el nuevo mapeo del gran edificio que llevaron a cabo arqueólogas de la Universidad de las Américas Puebla.18
    Como tampoco se inició investigación dirigida a dilucidar qué sucedió con la gran urbe ceremonial cholul-teca durante los periodos eruptivos del volcán Popocatépetl después que geofísicos de la UNAM, en 1996, fecharon en periodos arqueológicos –y muy específicamente una erupción pliniana– coincidentes con el final del Clásico cuando se abandonó Teotihuacán y las grandes urbes mayas; pero no Cholula (entre 675 a 1095 d.C.); y eso a pesar que Cholula está a 47 kilómetros de la zona eruptiva del volcán y la evidencia arqueológica indicaba una nueva fase constructiva de la gran pirámide cuando Cholula ganaba (“dramáticamente”, dice McCafferty) prestigio y tamaño como centro ceremonial.19
    Todo esto obliga a preguntarnos: ¿qué sucedió en el INAH Puebla que no supo reconocer la importancia de iniciar investigaciones arqueológicas integrales en Cholula? ¿Qué impidió a las universidades reiniciar las investigaciones arqueológicas y antropológicas de las Cholulas? ¿Qué país desperdicia o solo ve un valor mercantil en una historia de dos mil años constructivos y de habitación en un solo lugar, con un edificio piramidal que en volumen es el más grande conocido entre todas las culturas del mundo?
    Todos los estudiosos de Mesoamérica, pero particularmente los que vivimos en Cholula, esperábamos que finalmente, con financiamiento que ofrecían universidades extranjeras, o con financiamiento del propio gobierno mexicano, ante la importancia que revestía el sitio arqueológico cholulteca para la historia de los pueblos indígenas de México, la investigación se reanudaría y se procedería al rescate y restauración de los edificios mesoamericanos importantes en la zona protegida por el decreto de 1993.
    Pero lo que vimos prosperar en Cholula no fue la investigación arqueológica y antropológica, sino la destrucción y el abandono.
    Mediante cambios y permisos de usos de suelos, políticos diversos que gobernaron las Cholulas y el estado de Puebla promovieron constantes violaciones al reglamento de usos de suelo sobre la zona arqueológica protegida particularmente después de la década de los noventas del siglo pasado; gastos improductivos también para obras absurdas que favorecen mayormente al automóvil (cuando la mayoría de la población de las Cholulas se moviliza en bicicleta, a pie o en transporte público), así como la enajenación de suelos con usos ceremoniales y de peregrinaciones milenarias, o con vocación agrícola, para alimentar la especulación inmobiliaria y la conurbación de las Cholulas con Puebla. Y fuimos testigos de una indiscriminada y alocada destrucción del subsuelo arqueológico por obras públicas que destruyeron irreversiblemente muestras arqueológicas correspondientes al Epiclásico y Posclásico cholulteca.
    En el año 2009, al introducir un drenaje de aguas negras y pluviales en la parte baja de la calle 12 Oriente,
en colindancia entre las dos Cholulas por causa de erróneas políticas ambientales anteriores, 25 entierros fechados tentativamente en el Posclásico tardío con docenas de instrumentos musicales de viento como ofrendas, cerámica decorada, proyectiles de obsidiana; un collar de maxilares inferiores, un muro de aproximadamente 39 metros de longitud, estucado en partes con pintura mural en negro, rojo y blanco; indicios de entierros y edificios quemados fueron descontextualizados y parcialmente removidos a bodegas del INAH; el resto, es decir, casi todo, quedó enterrado o destruido por las maquinarias excavadoras para que pasen libres las aguas negras. Y si eso no fuera suficiente, en ese mismo lugar el alcalde de San Andrés Cholula mandó construir a cambio, con dinero público, una grotesca pirámide de varilla y cemento. En febrero de 2014, a pesar de protestas y movilizaciones, referenciando los hallazgos arqueológicos de 2009, buscamos detener el puente vial innecesario, a un costo de 200 millones de pesos del erario público, que a 500 metros de la gran pirámide y provocando una nueva y considerable destrucción arqueológica, el gobernador Rafael Moreno Valle mandó construir en la colindancia entre las Cholulas. 
    Entre tanto, el perímetro de 154 hectáreas de la zona ceremonial protegida que circunda la gran pirámide y el santuario de Nuestra Señora de los Remedios, se fue transformando en polideportivos, en estacionamientos de coches y autobuses, almacenamiento de chatarra industrial y de automóviles apilados sobre edificios y plataformas del Clásico mesoamericano cholulteca.
    En marzo de 2014, cuando nos enteramos que el gobierno se propuso “dignificar” lo que los mismos políticos gobernantes habían vuelto indigno en la zona ceremonial, construyendo un parque con servicios de restaurantes y hoteles para turistas y cercando la zona ceremonial a las peregrinaciones de los más de 40 pueblos de la antigua Cholollan prehispánica que aún tributan en la cima de la pirámide, etnohistoriadores, antropólogos y arqueólogos en defensa del patrimonio cultural cholulteca nos sumamos a la resistencia de las familias cholultecas que iban a ser expropiadas para construir esos negocios turísticos. Ya se encontraban movilizados y resistiendo ciudadanos cholultecas de juntas auxiliares que desde diciembre de 2014 insistían en la derogación del decreto que eliminaba el registro civil en sus pueblos; también pueblos se oponían al libramiento vial poniente y al gasoducto, porque destruían y expropiaban tierras de cultivos y el derecho de los pueblos al agua:20 todos agredidos por políticas públicas de un gobierno que no respeta tierras, ni aguas, ni sitios sagrados, ni los derechos de los pueblos a ejercer la gobernancia sobre usos y costumbres.21
    Esta resistencia en las Cholulas lleva más de un año.22 Y no tiene vistas de decaer. Porque ha despertado, quiero pensar, una honda revaloración de cómo quieren vivir los cholultecas estos suelos ancestrales, y arrancó un diálogo entre diversos sectores sociales, con distintos tiempos, que fue reconociendo el inmenso legado arqueológico, patrimonial y cultural común que se resguarda en las Cholulas y que es responsabilidad de todos cuidar.

NOTAS

1     Este texto resumido se presentó en el 1er Congreso Internacional de Comunalidad. BUAP. 27 de Octubre 2015.
2     Las ponencias se publicarían hasta el año 2011, después de revisiones, y a partir de un trabajo editorial dirigido por Jeff Karl Kowalski y Cynthia-Kristan Graham: Twin Tollans: Chichén Itzá, Tula and the Epiclassic to Early Postclassic Mesoamérican World. Dumbarton Oaks Pre-Columbian Symposia and Colloquia 2011.
3     Tollan Cholollan Tlachihualtépetl es el nombre que se le asigna a Cholula en La 
Relación de Cholula de Gabriel de Rojas de 1581.
4     Cerámica del Edificio Rojo del conjunto piramidal corresponde al Formativo o Preclásico tardío c. 200-300 a.C. Ver Eduardo Noguera, Un Edificio del Preclásico en Cholula. Estudios Antropológicos publicados en homenaje a Manuel Gamio. 1956.
5     Las investigaciones del Proyecto Cholula INAH concluyeron en 1970; así también los diez años de investigaciones de la Fundación Alemana para la Investigación Científica: Proyecto Puebla Mexicano-Alemán de Puebla Tlaxcala en 1973.
6     Según, por ejemplo, La Leyenda de los Soles, documento en náhuatl que data de 1558.
7     H.B.Nicholson Topiltzin Quetzalcóatl: the Once and Future Lord of the Toltecs. University of Colorado Press.2001.
8     Ver Graulich, Michel, Mitos y Rituales del México Antiguo, ediciones Istmo. Madrid. 1990.
9     Davis, Nigel The Toltecs until de Fall of Tula. U. of Oaklahoma Press. 1977 y The Toltec Heritage from the Fall of Tula to the Rise of Tenochtitlán.University of Oaklahoma Press. 1980.
10     Cuando refiero HTC la fuente es La Historia Tolteca Chichimeca, anotada y traducida por Paul Kirchhoff, Lina Odena Güemes y Luis Reyes García. Edición FCE. 1989.
11     Ver Michael. E. Smith: “Tula and Chichén Itza. Are we asking the right questions” en op Cit. Pag.s 469-487).
12     Ver Brittenham, Claudia, The Murals of Cacaxtla: the Power of Painting in Ancient Central Mexico. U. of Texas Press. 2015.
13     “Chichén Itzá, Tula and Tollan” Cynthia Kristan-Graham, Jeff Karl Kowalski. Op.Cit. pags. 13.
14     Ver Christian Duverger, El Primer Mestizaje: la Clave para Entender el Pasado Mesoaméricano”. Inah. Taurus. 2007.
15     Ver G. McCafferty, Geoffrey, Postclassic Cholula, México. Monograph 43. The Cotsen Institute of Archaeology. U. of California. Los Angeles 2001).
16     Ver G. McCafferty, A Cholula Centric Perspective on Lowland/Highland Postclassic Transition” en op.Cit. Pags. 359-386.
17     Ver G. McCafferty,”Mountain of Heaven, Mountain of Earth: the Great Pyramid of Cholula as a Sacred Landscape” en Landscape and Power in Ancient Mesoamérica. Eds. R. Koontz; K.Reese-Taylor; A. Headrick. Westview Press, 2001. 
18     Ver P. Plunket, P.Uruñuela, Ma. Amparo Robles, “Nueva evidencia sobre inicios de la Gran Pirámide de Cholula” en La Gran Pirámide: Cholula. Conaculta.INAH.
19     Ver Claus Siebe, J.L. Macías Vázquez,Michael Abrams, Johannes Ubenholzner, La destrucción de Cacaxtla y Cholula: Un suceso en la historia eruptiva del Popocateptl. Revista de Ciencias. UNAM. 1996).
20     Un buen resumen de la argumentación sobre usos y costumbres que los pueblos o juntas auxiliares esgrimieron para enfrentar esta reforma a la ley orgánica municipal se encuentra en el reportaje de Laura Cordero. “Puebla, sin Registros Civiles y sin Ley”. en Sin Embargo. Septiembre, 26, 2014.
21     Ver Samantha Páez, “Pueblos forman frente por la defensa del territorio en Puebla” en e-consulta. Diciembre, 6 2014.
22     La cronología de esta movilización se puede consultar en A. Ashwell, Cholula la ciudad sagrada en la modernidad. ICSyH “Alfonso Vélez Pliego”. BUAP. 2015. Al documental de Juan Manuel Ramírez, Luz Bajo la Tierra, se puede acceder por Internet.

Anamaría Ashwell
aashwell@gmail.com

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