La matanza en Cholula: crónicas de facciones y la arqueología sobre la conquista española



Geoffrey G. McCafferty
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La conquista española de México representa uno de los más dramáticos –y violentos– ejemplos de contacto cultural en la historia humana. Sociedades complejas enteramente ignorantes de la existencia del uno y el otro chocan a una escala sin precedente y en el proceso alteran esencialmente sus miradas del mundo. En unos pocos años los indígenas mesoamericanos se volverán sujetos de la dominación extranjera y serán obligados con fuerza a convertirse a una nueva religión, sistema político y economía. 
    Para los europeos conquistadores el descubrimiento de una “nueva” extensión de la raza humana quebrantaría el monopolio ideológico de la Iglesia, precipitando a su vez la “revolución científica” y alterando radicalmente en el proceso a la civilización occidental. Repercusiones de la conquista continúan hasta el presente con la resistencia a la opresión neocolonial y ladina de parte de grupos indígenas como los zapatistas mayas, así como por la actualización de una identidad étnica entre poblaciones indígenas.
    Un momento central de la conquista fue la matanza que ocurrió en Cholula cuando, de acuerdo con varios registros históricos los conquistadores españoles, bajo el mando de Hernán Cortés, presumiblemente reunieron a los nobles indígenas en la plaza ceremonial de Cholula para después atacarlos, resultando en la muerte de miles. La matanza fue registrada por los mismos conquistadores, sacerdotes españoles y cronistas indígenas siendo este suceso uno de los más ampliamente registrados en crónicas de la conquista (Aguilar, 1560; H. Cortés, 1519-1521, Díaz del Castillo, 1580; Ixtlixóchitl, 1615; López de Gómara, 1552; Muñoz Camargo, 1550; B. de Sahagún, 1585; A. de Tapia, 1550; V. de Tapia, 1530; Torquemada, 1625). Una revisión crítica de las variadas crónicas nos permite conocer numerosos detalles en torno a la matanza y también introspecciones sobre las aducidas motivaciones en cada versión “histórica”. 
    Adicionalmente, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo a principios de los setenta del siglo XX resultaron conducentes en la recuperación de 650 entierros, incluyendo a víctimas de la matanza, y consecuentemente ofrecen otra perspectiva sobre este suceso y una oportunidad para evaluar las crónicas históricas (E. Castro Morales y García Moll, 1972). Este ensayo se centra en varios puntos conflictivos de varias de las perspectivas registradas sobre la matanza; aborda también problemáticas sobre la provocación, la intensidad y las consecuencias de este suceso. Una propuesta que emerge de la revisión de las crónicas es el probable papel de Malintzin, la intérprete indígena y consorte de Cortés, quien pudo haber manipulado los eventos que llevaron a la matanza en Cholula con el propósito de acrecentar sus propios intereses políticos.

LA CONQUISTA DE MÉXICO

La conquista de México sucedió entre 1519 y 1521, cuando una pequeña banda de mercenarios bajo la comandancia de Hernán Cortés navegó desde Cuba, rodeó la Península de Yucatán y ancló sus barcos cerca del actual puerto de Veracruz. Desde allí se adentraron por tierra hasta la Meseta Central de México donde se encontraron y finalmente derrotaron al impero azteca.
    En el camino los españoles se encontraron con un variado mosaico de grupos étnicos divididos políticamente en parte por la reciente consolidación del imperio azteca. Una consecuencia de la expansión imperial azteca fue la inconformidad de varias ciudades-estado por la tributación impuesta. Los españoles no conformaban una unidad debido a que Europa emergía entonces del feudalismo medieval. La atmósfera de frontera de la recientemente establecida colonia en Cuba fomentaba además rivalidades e intrigas. A modo de ejemplo, la expedición de Cortés fue un abierto desafío al gobernador de la isla; aunque eventualmente, como retribución, Cortés fue juzgado en la corte española por ofensas contra la población indígena incluyendo la matanza ocurrida en Cholula.
    Las divisiones entre la población indígena fue uno de los factores que contribuyeron al éxito de Cortés, ya que la conquista nunca fue un escenario simple o una batalla entre cowboys e indios. Al contrario, varios pueblos indígenas se aliaron con Cortés conjuntando esfuerzos con los conquistadores para liberarse del yugo de la opresión azteca. Si solo hubieran sabido que su destino iba a ser mucho peor...
    Otro importante factor del “éxito” de Cortés fue su asociación con una princesa indígena desheredada de nombre Malintzin, más comúnmente conocida como La Malinche. Malintzin pertenecía a culturas del sur del Golfo de México, tierras de pueblos multiétnicos de donde provenían los olmeca xicalanca (W. Jiménez Moreno, 1942; G. McCafferty, 1997). Ella había sido criada para heredar el trono de su madre, lo que sugiere que tuvo una educación de todos los aspectos pertinentes a la vida pública, incluyendo el conocimiento de lenguas, así como entrenamiento en el protocolo y el arte de la negociación. Sin embargo, su madre se volvió a casar y tuvo un hijo, por lo cual Malintzin fue expulsada (una crónica indica que fue vendida como esclava). Así, Cortés la encontró en un importante pueblo comercial, Potonchan, quizás como sacerdotisa del templo o ahuiani2 Malintzin y otras viente mujeres fueron entregadas a los españoles con otras ofrendas como incentivo para que esos bárbaros prosiguieran en su camino. Cortés rápidamente reconoció el valor de Malintzin como traductora debido a que ella hablaba náhuatl (el lenguaje de los aztecas) y maya (el lenguaje que dominaba el náufrago Gerónimo de Aguilar que Cortés rescató en la costa yucateca). Lo que debió ser menos obvio, pero de igual o mayor importancia, fue la habilidad de Malintzin para negociar exitosamente con los gobernantes indígenas y lograr que hicieran lo impensable: unirse a esta pequeña banda de bárbaros en contra de la más formidable nación del universo mesoamericano. Un aspecto de la conquista que aquí se sugiere es el grado de mediación que demostró Malintzin en esta campaña; crónicas indígenas apuntan que ella pudo haber orquestado activamente sucesos claves de la conquista y en particular eventos relacionados con la matanza en Cholula. 
    La marcha por tierra de los conquistadores hacia el altiplano desde su campamento en la zona costera les permitió incorporar valiosos aliados indígenas; los más notables fueron los pueblos de Cempoala y Tlaxcala. Los de Cempoala eran tributarios de los aztecas, aunque desde tiempos relativamente recientes, y Cortés/Malintzin rápidamente les chantajearon para que deshicieran esa alianza. Los tlaxcaltecas, por otro lado, eran enemigos tradicionales de los aztecas y participantes centrales (en alianza con Cholula y Huejotzingo) de las guerras floridas en la que los ejércitos se enfrentaban con el propósito de capturar guerreros para el sacrificio. Los tlaxcaltecas mismos se enfrentaron y casi derrotan a los españoles antes de finalmente suscribir una cautelosa alianza.
    Impulsados por su sed de oro y gloria Cortés y su ejército marcharon hacia el altiplano. En varios momentos fueron interceptados por emisarios de la capital azteca que recomendaron a los extranjeros interrumpir su traslado a Tenochtitlán. El huey tlatoani Motecuhzoma temía la llegada de los españoles porque de acuerdo con oráculos y visiones él creía que acabarían con su reinado. Además, el mismo Cortés lo fomentaba incorporando a su atuendo elementos alusivos a la Serpiente Emplumada Quetzalcóatl que de acuerdo con la leyenda estaba destinada a retornar desde el Este para recuperar su reino.
    Habiendo concretado la alianza con los tlaxcaltecas los españoles se encaminaron hacia el Valle de México con dirección a Cholula. La ciudad de Cholula, según fue informado Cortés, era una poderosa aliada de los aztecas. Reino enemigo de los tlaxcaltecas supuestamente porque en tiempos recientes había traicionado a Tlaxcala durante una de las guerras floridas atacando por la retaguardia mientras los tlaxcaltecas, según Muñoz Camargo, peleaban contra los aztecas. El desvío hacia Cholula pudo haber sido así una forma de venganza de los tlaxcaltecas y un pago adelantado a los nuevos aliados de Cortés, así como también un medio para eliminar fuerzas enemigas de la línea de retirada.3 Para Malintzin pudo haber tenido un significado más personal.
    La ciudad de Cholula era una de las más grandes de Mesoamérica en el momento de la conquista. Tenía una población que se estima entre 30 mil y 50 mil habitantes dentro de los límites de la ciudad y un número equivalente en sus zonas periféricas (McCafferty, 1996; Petersen, 1987). Era uno de los principales centros religiosos de la Meseta Central con su templo mayor dedicado a Quetzalcoátl (D. Durán, 1576-1579; M. Olivera, 1970). Nobles de todo el altiplano peregrinaban a Cholula para legitimar su autoridad como gobernantes (Gabriel de Rojas, 1581) y allí se realizaba la ceremonia de horadación del septum que otorgaba el reconocimiento a tecuhtli (nobles). Cholula era también centro comercial de los pochteca que recorrían largas distancias por toda Mesoamérica intercambiando productos exóticos y transportándolos al mercado local. La ciudad era además de composición multiétnica; pueblos agrupados como tolteca-chichimecas y nahua parlantes afiliados al Valle de México habitaban Cholula como también olmeca xicalancas asociados a culturas de la costa del Golfo (McCafferty, 1996; M. Olivera y C. Reyes, 1969). La competencia por el poder político entre estos dos grupos pudo haber tenido como resultado la ya mencionada traición a los tlaxcaltecas debido a que crónicas aztecas consistentemente declaran a Cholula como aliada de Tlaxcala en las guerras floridas (D. Durán, 1581). De hecho, salvo en relación a la matanza, no existe evidencia de que Cholula fuera alguna vez aliada de los aztecas.
    El contingente español que marchó hacia Cholula incluyó grandes ejércitos tlaxcaltecas y de Cempoala. Fueron recibidos en las afueras de la ciudad donde los aliados nativos acamparon mientras que los españoles fueron escoltados por nobles cholultecas a la ciudad. Las crónicas varían sobre el grado de hospitalidad que demostraron los cholultecas a los españoles, pero en su mayoría dan cuenta de que esa bienvenida se diluyó en pocos días a medida que los cholultecas se mostraron cada vez más hostiles. En algunas crónicas se mencionan muestras explícitas de amenazas, incluyendo preparaciones para la batalla y el acopio de piedras que serían lanzadas desde los edificios, así como la excavación de zanjas en las calles de la ciudad destinadas a obstruir un ataque de la caballería española. Un suceso clave ocurrió cuando Malintzin supuestamente se enteró del plan de una emboscada para atacar a los españoles y le informó a Cortés, quien mandó convocar por ello a los nobles cholultecas en la plaza ceremonial enfrente de la pirámide de Quetzalcóatl. Con una orden suya los conquistadores atacaron y los aliados indígenas acampados en las afueras de la ciudad acudieron a participar en la matanza. Las bajas fueron por millares y prosiguió el saqueo de la ciudad durante varios días, incluyendo la destrucción de los templos dedicados a Quetzalcóatl. 
    Después de la matanza en Cholula, Cortés y su tropa siguieron camino hacia el Valle de México y al encuentro con el monarca azteca Motecuhzoma. Es muy probable que la matanza en Cholula haya jugado un papel importante en la decisión política del monarca azteca de recibir a los españoles, debido a que los sucesos en Cholula otorgaban poderes militares y sobrenaturales a los invasores. En vez de enviar su ejército a aplastar a los españoles Motecuhzoma decidió invitarles a su corte donde él y sus sacerdotes pudieron inspeccionarlos de cerca. La estrategia fue contraproducente; Malintzin convenció a Motecuhzoma para que se sometiera al arresto donde eventualmente fue asesinado y consecuentemente todo el sistema político azteca se colapsó. En menos de un año toda la capital azteca yacía en ruinas y la población diezmada por la conquista y las pestes. 

CRÓNICAS DE LA MATANZA EN CHOLULA

La matanza en Cholula fue uno de los sucesos más ampliamente documentados de la conquista española: existen por lo menos once descripciones en crónicas coloniales y tres referencias pictográficas de tlacuilos indígenas. Un análisis contextual de estas tres fuentes revela interpretaciones diversas que influenciaron el enfoque y énfasis dado al suceso por sus autores. 
    En su segunda carta de relación al rey de España Hernán Cortés describió los eventos que le acercaron a Cholula, la batalla misma y la subsecuente pacificación de la ciudad. Las cartas de Cortés pretendían justificar su invasión de México por lo cual insiste en demostrar que debido a la provocación se necesitó dar esa respuesta a los cholultecas. Cortés enfatizó el tamaño y la fuerza de Cholula como también el peligro que acechaba a su ejército. Cortés quiso entrar a Cholula porque era una frontera abierta con el imperio azteca. Una vez que arribaron a la ciudad los españoles fueron alojados en casas confortables y les entregaron provisiones. Signos ominosos, sin embargo, fueron detectados, incluyendo adecuaciones para la guerra en las calles y el abandono de la ciudad por parte de las mujeres y los niños. Al interrogar a los locales estos revelaron que 50 mil guerreros aztecas aguardaban en las afueras de la ciudad alistados para una emboscada. Cortés inició un ataque anticipado en el cual 3 mil guerreros armados murieron y “algunas torres y casas fortificadas” fueron quemadas. Después de la batalla, sin embargo, se restableció rápidamente el orden y el mercado se llenó prontamente de mercancías y gente.
    Una crónica relacionada es la de Francisco López de Gómara (1552), segundo de Cortés, cuyo relato de la conquista está basado en los recuerdos personales de Cortés y en otras fuentes primarias. En esta versión la decisión de ir a Cholula fue sugerida enfáticamente por los aztecas ansiosos de quebrantar la alianza entre los españoles y los tlaxcaltecas. Otros detalles son casi idénticos aunque la cantidad de muertos resultó casi el doble de los contabilizados por Cortés. López de Gómara describió el ataque final sobre la pirámide, incluyendo las quejas de los defensores que reclamaron a sus dioses por no haberlos asistido en la defensa de la ciudad.
    Andrés de Tapia (1540) era uno de oficiales mayores del ejército de Cortés y su relato tiene paralelismos con el de su jefe; por pasajes idénticos está claro que su crónica fue tomada de López de Gómara. Tapia describe la llegada a Cholula, las advertencias sobre una emboscada instigada por los aztecas y la decisión de Cortés de atacar. Él apunta que en vez de sirvientes para transportar el abastecimiento a los españoles, guerreros armados se acercaron a la plaza. Estos fueron asesinados con la mayoría de los principales nobles y que la masacre no se detuvo por dos días. No dio estimación del número de muertos aunque apuntó que las mujeres y los niños fueron dejados a salvo. Tapia describió también la destrucción del templo principal que fue reducido por fuego con todo y los sacerdotes que allí se refugiaron.
    Bernal Díaz del Castillo era un soldado entre los conquistadores y autor de la La Verdadera Historia de la Conquista (1580), redactada 50 años después de los sucesos con la intención de reclamar una mayor participación en las recompensas, así como apuntalar otra versión a las crónicas de Cortés y López de Gómara que presentaron los sucesos de la conquista excesivamente centrados en Cortés. En contraste, Díaz del Castillo describió que la conquista procedió por acuerdos consensados: Cortés participaba regularmente con sus capitanes y tenientes y analizaban propuestas para después llevar a cabo las acciones mediante decisiones democráticamente alcanzadas. Notablemente, la mayor información sobre Malintzin proviene de su crónica; Cortés nunca menciona a su consorte/traductora/consejera por su nombre (aunque ella sí es descrita por López de Gómara).
    Díaz del Castillo ofrece el relato más detallado de la matanza en Cholula. También describió una calurosa e inicial bienvenida a la ciudad que pronto se deterioró con las muestras de preparaciones para la guerra en las calles y finalmente la emboscada que Malintzin descubrió. Le impresionaron particularmente las preparativos para el sacrificio y el consumo caníbal que pretendían de los españoles, entre otras perlas de información que ofreció; por ejemplo, la única receta conocida de un “guisado de conquistadores” se obtiene de su crónica.
    Otro testigo español dejó un relato contrastante. Fray Francisco de Aguilar, un soldado en el ejército de Cortés que más tarde ingresó a la orden dominica, registró sus memorias circa 1560. Su relato es relativamente sucinto aunque Aguilar describe la grandeza de la ciudad y menciona una advertencia ominosa de los aliados tlaxcaltecas en relación a los cholultecas. No menciona preparaciones para la guerra aunque sí describe tensiones hostiles que iban en aumento en la ciudad. Después de varios días, cuando los cholultecas dejan de traer leña o agua al campamento de los españoles, toman la decisión (por petición de sus capitanes y en contra de la opinión de Cortés) de matar a los indios que abastecían el campamento “en cantidad de 2 mil”. Los españoles abandonaron después la ciudad.
    Durante el juicio de residencia de Cortés otro testigo de estos eventos (Wagner, 1944; Petersen y Green, 1987) fue Vázquez de Tapia, quien declaró que los españoles fueron bien tratados y que no hubo evidencia alguna de una emboscada. También consignó que a pesar de que él era capitán no recibió ninguna advertencia cuando Cortés ordenó el ataque sobre 4,500 cholultecas. Este relato es el que contiene las mayores discrepancias con otras crónicas españolas y sugiere que el ataque no fue provocado sino enteramente instigado por Cortés.
    Además de los variados relatos de los conquistadores existen algunas versiones indígenas de este suceso. El más detallado es el de Diego Muñoz Camargo en su Historia de Tlaxcala de 1550 (M. León Portilla, 1992). Esta crónica de la conquista contiene textos pero también ilustraciones con estilística indígena; algo parecido se encuentra en el Lienzo de Tlaxcala (1550/1892): una representación también estilísticamente indígena con escenas de la conquista que incluyen la matanza de Cholula. Las crónicas tlaxcaltecas ponen el énfasis en eventos durante el trayecto que culmina en Cholula; especialmente el trato cruel que recibió el emisario tlaxcalteca que fue torturado antes de regresar a Tlaxcala resultando en presentimientos ominosos. Supuestamente los tlaxcaltecas advirtieron a los españoles que no se dirigieran a Cholula pero Cortés ya había tomado la decisión. Una vez allí los tlaxcaltecas reconocieron signos de una inminente emboscada y advirtieron a Cortés, quien consecuentemente instigó el ataque en el cual participaron los tlaxcaltecas. Las crónicas tlaxcaltecas de la batalla enfatizan los aspectos religiosos de Cholula describiendo que cualquier asalto al templo de Quetzalcóatl resultaría en una inundación devastadora que ahogaría a los atacantes; solo después de que esta predicción falló los tlaxcaltecas se incorporaron a la batalla.
    El Lienzo de Tlaxcala también describe con énfasis la pirámide de Quetzalcóatl identificada por una pluma de quetzal y una serpiente (coatl) que surgen de la parte superior del templo mientras guerreros indígenas atacaban a los defensores en medio de víctimas con cuerpos desmembrados. Notablemente es Malintzin quien dirige el ataque en un sola escena en la cual no está dibujado Cortés. Tres nativos están representados dentro de una estructura en la parte derecha superior de la escena; no está clara la afiliación de estas tres figuras pero pueden ser informantes que Cortés/Malintzin interrogaron y después secuestraron durante el ataque. Una última imagen es el de una persona que se arroja de la parte alta del templo en una acción que se describe como una muestra extrema de no rendición porque los cholultecas se lanzan a morir antes de aceptarse derrotados.
    Una pista interesante que da Muñoz Camargo apoya la idea que Malintzin dirigió el ataque sobre Cholula. Este autor dice que los españoles, para que pudieran distinguir a los guerreros tlaxcaltecas de los cholultecas (debido presumiblemente a que los europeos tenían dificultades para distinguir insignias indígenas), los tlaxcaltecas se quitaron sus tradicionales insignias guerreras y se pusieron a cambio penachos de hierba trenzada (M. León Portilla, 1992). Con seguridad eso debió reducir muertes por fuego amigo pero debió tener también un valor simbólico. “Hierba” en náhuatl es malinalli y Malintzin significa “Mujer-hierba”. Por lo cual los tlaxcaltecas se identificaron a sí mismos, probablemente, como guerreros de Malintzin.
    Crónicas indígenas desde la perspectiva mexica fueron retomadas por el fraile español Bernardino de Sahagún (1547-1585). De acuerdo con sus informantes nunca hubo provocación. Las víctimas desarmadas fueron convocadas al patio del templo y atacadas “traicioneramente”. No se hacen menciones de ninguna emboscada sino más bien enfatizan que los españoles fueron azuzados por los tlaxcaltecas en busca de venganza en contra de sus enemigos. En este caso el informante mexica desvía la culpa de los españoles (estaban siendo interrogados finalmente por españoles) y la deposita en sus enemigos tradicionales, los tlaxcaltecas.
    Fray Juan de Torquemada (1615) resume varias crónicas en una de las narrativas coloniales más amplias y más completa que describe la matanza. Torquemada cuenta que Cholula estaba dividida en seis barrios, tres de estos aliados con los mexicas o aztecas, mientras que los otros probablemente afiliados a los tlaxcaltecas. Mediante la instigación de los mexica, los barrios aliados debían reunirse con 30 mil guerreros mexicas en las afueras de la ciudad para participar en la emboscada contra los españoles. Cortés descubrió el plan con la ayuda de Malintzin y decidió castigar a la ciudad. Prosiguió la matanza en la cual murieron 6 mil cholultecas aunque las mujeres y los niños fueron puestos a salvo. Torquemada también da cuenta de la creencia que el agua contenida en la gran pirámide ahogaría a los atacantes y por la confianza de los defensores en esta creencia tardaron en tomar las armas.
    Otra crónica se originó en Texcoco, ciudad tributaria de los mexica y fue escrita por el noble indígena Fernando Alva Ixtlixóchitl (1625). En esta crónica los españoles fueron ampliamente bienvenidos a Cholula pero Cortés se enojó con los embajadores de Tenochtitlán que pretendieron disuadirlo de continuar su viaje hacia la capital mexica. Para hacer ejemplo de Cholula y también enviar un mensaje al gobernante mexica, Cortés convocó a los nobles de Cholula y les acusó de traiciones. Los nobles fueron masacrados y la ciudad atacada; en menos de dos horas más de 5 mil cholultecas yacían muertos, las casa principales pilladas y los templos quemados.
    Una de las crónicas más críticas y de mayor influencia sobre la conquista pertenece al dominico fray Bartolomé de las Casas (1552), un infatigable abogado de los pueblos indígenas de las Américas. Debido a que su versión fue altamente crítica de los españoles se tradujo a varias lenguas y se utilizó como propaganda en contra de los españoles de parte de otras naciones europeas (Conley, 1992). Las Casas argumentó que el ataque fue planeado por los españoles para intimidar a la población indígena. Los españoles atacaron a los cargadores de provisiones y de allí siguieron tres o cuatro días de una matanza que costó 6 mil vidas, incluyendo la de nobles y sacerdotes que fueron quemados cuando se refugiaron en el templo.

LA EVIDENCIA ARQUEOLÓGICA DE LA MATANZA

Cholula ha sido un sitio de investigación arqueológica desde hace cien años aunque el enfoque ha sido mayormente del horizonte Clásico o Posclásico temprano en el entorno de la gran pirámide y en su zona ceremonial asociada (McCafferty, 1996). Debido a la ocupación continua de la ciudad hasta el presente muchos datos arqueológicos han sido destruidos por construcciones recientes. Esto es así particularmente con referencia al horizonte del Posclásico en el entorno de la pirámide de Quetzalcóatl que se localizó (probablemente) debajo del convento de San Gabriel y de la Capilla Real (I. Marquina, 1970). Pocas muestras arqueológicas del periodo de contacto están disponibles en gran parte por el predominio de la investigación sobre el horizonte Clásico-Posclásico temprano en el entorno del centro ceremonial de la gran pirámide.
    Una de las características más notables del registro arqueológico cholulteca es el gran número de entierros descubiertos. Más de 600 individuos han sido detectados en el entorno de la gran pirámide y la mayoría corresponde al periodo Posclásico (900-1520 d.C.). Un entierro masivo en San Andrés Cholula y que data del Posclásico (1300-1520 d.C.) dio el número de 52 entierros (S. Suárez, 1989). Otro entierro masivo excavado en el patio del conjunto conventual de San Gabriel dio 671 entierros individuales (Castro Morales y García Moll, 1972). Estos se han interpretado como entierros de las víctimas de la matanza, aunque otros entierros coloniales deben conformar parte del conjunto excavado.
    Crónicas históricas dan cuenta del lugar donde se inició la matanza, es decir, la plaza asociada al gran templo de la ciudad; y varias crónicas incluso describen la final y desesperada defensa del templo. Poco después de la conquista la pirámide de Quetzalcóatl fue desmantelada y en su lugar se erigió el templo de San Gabriel (Rojas, 1927). Los entierros encontrados en el patio principal no representan, sin embargo, a víctimas abandonadas in situ. Debido a que la ciudad fue recuperada en pocos días posteriores al ataque, las víctimas al parecer fueron recogidas para un enterramiento ya que permanecían apiladas como “atados de leña” (Petersen y Green, 1987). En contraste con patrones de enterramientos prehispánicos (posición sedente orientados al Norte) estos individuos fueron enterrados acostados sobre la espalda y en posición extendida con sus cabezas orientadas al Este, correspondiendo a la tradición cristiana. Por otro lado, la mayoría exhibía deformaciones craneales, una práctica que se abandonó después de la conquista. Pocas ofrendas mortuorias fueron rescatadas en contraste con la práctica mortuoria prehispánica y estas corresponden a objetos y adornos personales tales como inserciones labiales, abalorios de jade y botones de “cobre”. Dos monedas españolas fueron encontradas, incluyendo una que data de 1512 (Petersen y Green, 1987).
    Basados en los indicios fechables de este conjunto, la mayoría, si no es que todos los entierros, corresponden al periodo de contacto debido a que personas indígenas fueron enterradas bajo prácticas mortuorias cristianas. Evidencia de que en un alto número son las víctimas de la matanza misma nos lo indican los esqueletos decapitados o desmembrados (Castro Morales y García Moll, 1972). También los cortes en los huesos hechos con un instrumento filoso como espadas. Las monedas fechadas indican también que el depósito mortuorio está relacionado con la matanza ya que esas monedas debieron estar en posesión de los españoles antes de arribar a México.
    Un perfil demográfico de los entierros indica que aproximadamente el 50% eran adultos (342); a jóvenes corresponden 47 entierros y a infantes 256. Se excavaron 671 entierros pero son solo una pequeña parte de todo el conjunto mortuorio que los arqueólogos estiman es de hasta 27 mil individuos (Castro Morales y García Moll, 1972). Este total es excesivamente elevado como para dar cuenta solo de la matanza por lo que el conjunto mortuorio debe incluir víctimas de las epidemias durante el periodo colonial.
    La evidencia arqueológica da otra perspectiva a la masacre en Cholula. Por un lado comprueba el alto número de víctimas y que las muertes fueron con violencia; y confirman inquietantemente algunos eventos figurados en el Lienzo de Tlaxcala. Por otro lado, el perfil demográfico contrasta con los datos históricos de los conquistadores que dicen que mujeres y niños fueron puestos a salvo antes de la batalla o fueron salvados por la compasión de los españoles.

DISCUSIÓN

Por lo menos doce distintos autores narraron o dibujaron su versión de la matanza en Cholula en el primer siglo de la conquista. Estas “historias” enfatizan distintas acciones y motivaciones y en algunos casos registran contradicciones. Un análisis crítico comparativo aporta señas sobre las razones de algunos autores, así como sobre el proceso mismo de construir una narrativa histórica. Algunas narraciones dicen más sobre las intenciones del que “hace la crónica” que sobre los sucesos mismos.
    El arribo de Cortés a Cholula tiene varias facetas que están narradas por los variados autores de manera distinta:
    1.    La decisión de ir a Cholula.
    2.    La recepción y el acomodo en la ciudad.
    3.    Las evidencias de una emboscada contra los españoles.
    4.    Detalles de la matanza misma.
    5.    Eventos que sucedieron después de la matanza.
    Varios autores discuten la decisión de abandonar Tlaxcala para desviarse esa corta distancia hacia Cholula que no representaba la ruta más directa hacia Tenochtitlán y requería del dificultoso paso por las montañas. La perspectiva indígena tlaxcalteca de Muñoz Camargo enfatizaba la naturaleza desafiante de la actitud de los cholultecas debido a que mutilaron al primer emisario tlaxcalteca y enviaron a un emisario de menor rango a cambio. Supuestamente los tlaxcaltecas intentaron disuadir a los españoles de su desplazamiento hacia Cholula pero también rápidamente enfatizaron las razones protocolares del porqué el ataque fue justificado. Los españoles, por otro lado, insinuaron que a pesar de las advertencias de sus aliados indígenas sobre la naturaleza hostil de los cholultecas ellos deseaban conocer la riqueza de la maravillosa ciudad. Pudieron haber sido incitados a ello por los emisarios mexicas ansiosos por descomponer la creciente alianza entre españoles y tlaxcaltecas. Petersen y Green (1987) sugieren que Cortés estuvo ansioso de eliminar al poderoso enemigo situado en la línea de retirada y mandar así un mensaje a Tenochtitlán al mismo tiempo.
    Otra posibilidad sería que los españoles fueron hábilmente manipulados con descripciones de la riqueza de Cholula para que fueran a la ciudad de los enemigos políticos de los tlaxcaltecas (¿y Malintzin?). Muchas crónicas describieron al ejército tlaxcalteca con un número de entre 30 y 100 mil guerreros acompañando a los españoles hasta la entrada de la ciudad e incorporándose a la matanza y al pillaje unos días después.
    Confrontaciones de facciones en la Cholula prehispánica están sugeridas por Torquemada y Díaz del Castillo (también por M. Olivera y C. Reyes, 1969). La ciudad pudo haber estado divida entre secciones aliadas de tlaxcaltecas y mexicas; después de la matanza los españoles indicaron que Cholula y Tlaxcala se volvieron cercanos aliados insinuando que el tema de las divisiones se resolvió con la espada española.
    Varias crónicas comentan que la bienvenida que ofrecieron los cholultecas a los españoles incluyó la ofrenda de comida e incienso. Los españoles fueron alojados en palacios en el corazón de la ciudad. Lo que está disputado en las fuentes es cuánto continuó esta hospitalidad; los españoles sostienen que las provisiones fueron
interrumpidas después de unos días y de acuerdo con Aguilar esto fue lo que provocó el ataque.
    Cercano a este tema de la hospitalidad está uno más controversial sobre la emboscada a los españoles instigada por los mexicas. Signos de inminente peligro se reportaron incluso antes de partir de Tlaxcala y la evidencia incluía pertrechos para la guerra en la ciudad; rituales con sacrificios que eran preparaciones para la batalla; rumores de un ejército mexica en las afueras de la ciudad así como el “hecho” que las mujeres y los niños fueron sacados de la ciudad. Andrés de Tapia describe que guerreros armados se disfrazaron de cargadores para escoltar a los españoles fuera de la ciudad y pre-sumiblemente emboscarlos. Los datos sustanciales de esta emboscada fueron contados a Malintzin por una mujer de la ciudad. Esto fue posteriormente confirmado por Cortés, a través de Malintzin, cuando interrogó a nobles y sacerdotes, aunque fue negado por los emisarios mexicas cuando fueron confrontados con los planes de una emboscada. Otras crónicas, sin embargo, indican que nunca hubo tales planes ni otra provocación.
    El consenso entre Cortés, Andrés de Tapia, López de Gómara y Díaz del Castillo de que hubo un plan para emboscarlos vuelve muy notoria la negación de dicho plan de parte de Vázquez de Tapia. Como se había hecho notar, la invasión de México sucedió en contra de órdenes de Cuba y algunos de los oficiales de Cortés se mantuvieron leales al gobernador cubano provocando divisiones en su ejército. Es posible que el relato de Vázquez represente una voz disidente y un intento por desacreditar a Cortés otorgándole toda la culpa de la matanza. Pero hay otras fuentes que tampoco mencionan un conjuro traicionero, incluyendo a Aguilar y las crónicas mexicas que registró Sahagún.
    La idea de una emboscada hubiera elevado las tensiones entre los españoles y los cholultecas haciendo mucho más probable un ataque. Si los tlaxcaltecas querían utilizar a los españoles como medio de venganza sobre la facción gobernante en Cholula introduciendo sospechas esto hubiera jugado a favor de ellos. El episodio clave en todos estos escenarios de emboscada, sin embargo, involucró a Malintzin no solo al dar el aviso precautorio sino como traductora en los interrogatorios a los nobles y los sacerdotes.
    ¿Pudo ser Malintzin misma la que orquestó la matanza en Cholula? Es importante recordar que ella era miembro de la nobleza olmeca xicalanca así haya sido exiliada y quizás vendida en esclavitud por su pueblo. Cholula fue alguna vez la capital de los olmeca xicalancas en el altiplano (Jiménez Moreno, 1942; McCafferty, 1997, M. Olivera y C. Reyes, 1969). Aunque probablemente para el final del Posclásico estos pueblos eran ya una minoría y aliados a los tlaxcaltecas en su oposición a la facción cholulteca aliada a los aztecas. Es probable que Malintzin haya tomado nota de la dinámica sociocultural en Cholula. Quizá se encontró con parentela; la advertencia que le hace una mujer noble, incluyendo una propuesta de matrimonio con su hijo, apoya la idea que Malintzin fue calurosamente bienvenida en Cholula. Al revelar el conjuro y mediante posteriores interrogatorios que colocaron la culpa en la facción gobernante, Malintzin pudo haber focalizado la sospecha de un conjuro en los rivales políticos de los olmeca xicalancas. El papel de Malintzin como orquestadora del ataque sobre Cholula lo sugiere además el relato tlaxcalteca: 1. Los guerreros tlaxcaltecas utilizaron penachos de malinalli en identificación con Malintzin, y 2. La imagen del Lienzo de Tlaxcala la muestra dirigiendo la batalla. La estrategia, al parecer, tuvo éxito, ya que Díaz del Castillo y Torquemada comentan de una reunión entre Cortés y nobles de otra facción cholulteca después de la matanza y que siguieron relaciones amistosas con guerreros cholultecas que se incorporaron al ejército de Cortés para el asalto final a Tenochtitlán.
    Una de las pistas de las intenciones hostiles de los cholultecas, citada en varias crónicas españolas, fue que en preparación para esta emboscada los niños y las mujeres abandonaron la ciudad. Otros, como Sahagún, dicen que los ciudadanos fueron sorprendidos, sugiriendo que las mujeres y niños permanecían en la ciudad. En este aspecto la evidencia arqueológica muestra que casi la mitad de los entierros son de niños y las mujeres están bien representadas, lo que apoya la idea que las mujeres y los niños estuvieron presentes en la matanza y no fueron puestos a salvo. Petersen y Green (1987) sugieren que si Cortés y su ejército hubieran anunciado que se preparaban para partir muchos niños y mujeres saldrían para ver a los barbados dejar la ciudad y por lo tanto debieron estar presentes cuando Cortés dio la orden de iniciar el ataque.
    Los detalles de la matanza misma varían en lo que respecta a la intensidad del ataque y también en las connotaciones religiosas. La duración de la batalla fue desde unas pocas horas hasta 4-5 días. Las muertes se estiman en un rango entre 2 mil a 6 mil. Si la ciudad en el Posclásico tenía una población de entre 30 mil y 50 mil habitantes esto representaría entre el 5 y el 20% de la población total. La estimación de 27 mil entierros basada en la exploración arqueológica (Castro Morales y García Moll, 1972) es demasiado elevada como para dar cuenta de muertes exclusivamente atribuidas a la matanza, por lo cual puede asumirse que muchos entierros son de víctimas de las epidemias.
    La defensa final del templo de Quetzalcóatl fue reportada por varias crónicas. Los conquistadores españoles le pusieron menos énfasis a su simbolismo religioso. La crónica tlaxcalteca (Muñoz Camargo, 1550; ver también León Portilla, 1992) entra en mayor detalle sobre el asalto al templo sugiriendo que fue solo después de que los guerreros tlaxcaltecas se cercioraron que no se produciría un desbordamiento de las aguas que ahogaría a los españoles cuando ellos se decidieron a asistir en el ataque.
    Si Cortés se estaba haciendo pasar por el dios Quetzalcóatl que retornaba, ¿por qué destruir su templo y masacrar a su pueblo en su ciudad capital? Existen considerables discrepancias sobre qué tanto sabía o le interesaba a Cortés la mitología indígena. Además existen dudas acerca de si la decepción de Cortés no haya sido una invención colonial. Esto lo sugiere la crónica de Bernal Díaz del Castillo (1580) cuando dice que no recordaba el nombre de la deidad a la que estaba dedicado el templo en Cholula, y del mismo Cortés, que ignora contar el suceso. Al margen de si hubo o no esfuerzos de Cortés por arrogarse atributos de Quetzalcóatl, el ataque de los españoles sobre Cholula y su centro ceremonial puede explicarse como una afrenta para destruir el sistema de creencias indígenas demostrando la superioridad del dios europeo.

CONCLUSIÓN

Este análisis ofreció varias posibles narrativas en relación con un solo evento: la matanza en Cholula. Todas estas narrativas se derivan de registros coloniales y todas son recuentos de testigos o se derivan de un compendio de esas crónicas. Como tal todas son consideradas “autorizadas”. Aunque una vez que estas narrativas son comparadas, la variedad en la percepción del evento es notable y eso nos obliga a recuperar los prejuicios o agendas presentes consciente o inconscientemente en la estructuración de cada una de las versiones.
    El sesgo de cada fuente está bien documentado en el análisis histórico y mayores advertencias no son necesarias. Lo que este ensayo quisiera agregar, entonces, es un énfasis no solamente en lo que cada narrativa pudiera agregar sobre el evento discutido, sino lo que esos énfasis y omisiones en cada crónica develan de la naturaleza política del proceso mismo de hacer historia. En este sentido no tiene por qué sorprendernos que Cortés y López de Gómara apunten las provocaciones previas al ataque; Díaz del Castillo, por su lado, enfatiza los peligros por el sacrificio y el canibalismo que enfrentaban los soldados de la tropa; y Muñoz Camargo acentúa el papel que juega Tlaxcala en los eventos. Otras crónicas son aún más reveladoras: los informantes mexicas de Sahagún estaban conmocionados por la traición de los tlaxcaltecas quienes engañaron a los españoles para que estos atacaran a una comunidad desprevenida; y la crónica de Vázquez de Tapia ante la Corte dice que Cortés fue personalmente responsable por una matanza sin provocación de miles de indígenas en una versión que quizás participa de estrategias de rivales de Cortés para desacreditarlo. Estas crónicas contradictorias cuestionan la veracidad de relatos de testigos o de fuentes documentales primarias, aunque al mismo tiempo revelan nuevas pistas sobre las facciones existentes durante el periodo colonial.
    La evidencia arqueológica, además, da nuevos datos para un análisis crítico de estas fuentes. El perfil demográfico de los entierros con los reportes documentados acerca de que las mujeres y los niños o abandonaron la ciudad o fueron puestos a salvo durante el ataque es contrastante. ¿Ofrece la arqueología una mirada más objetiva del pasado? Hasta que no tengamos más información sobre las excavaciones y análisis subsecuentes de los restos funerarios y estos sean publicados es difícil valorar adecuadamente esos datos arqueológicos. La sugerencia que por lo menos algunos de estos entierros pueden estar relacionados con otras causas, tales como las epidemias posteriores, nos puede indicar que estos datos demográficos pueden tener múltiples causas. Como lo observaron correctamente Castro Morales y García Moll, este es el conjunto mortuorio más importante excavado en México y merece ser estudiado y ampliamente publicado.
    Finalmente, los prejuicios asociados con este suceso histórico continúan. En 1980, el alcalde de San Pedro Cholula, Ramón Blanca García, declaró que la matanza de Cholula era un mito: una crónica exagerada de una peste menor adquirida por los indios cuando algunos benevolentes españoles pasaron por la ciudad. Unos años después, sin embargo, un gran mural de la historia de Cholula fue pintado en el patio interior de una de las oficinas municipales. Este mural exhibe una escena particularmente violenta de españoles montados atacando a ciudadanos cholultecas. En contraste con los colores oscuros que se utilizan para exhibir a los españoles, a Malintzin la pintaron con un resplandeciente huipil blanco mientras observa la escena desde un lado.
    Esto nos conduce a ejemplos recientes de “la creación de la historia”; por ejemplo, como la que yo propongo aquí. En las muchas versiones escritas sobre la matanza de Cholula, el papel de Malintzin ha sido notado como central solo en el aspecto de que ella devela la conjura. Se le representa cumpliendo con su obligación como sirviente de Cortés y en verdad existe una única crónica que se refiere directamente a ella, así sea solo “como mi intérprete, una mujer indígena de Putunchan”, como la describe Cortés en 1519-1521. Crónicas románticas de la conquista, especialmente las generadas durante el periodo republicano cuando un recientemente independiente México intenta construir una identidad nacional vilipendiendo su herencia colonial, representan este momento como uno crucial en la historia cuando Malintzin, convertida en “la Malinche”, intercambia su identidad india por su subordinación a “su capitán Cortés” (Cypess, 1991). De ello se desprende el concepto de malinchismo, un término peyorativo que hace referencia a los mexicanos que venden su cuerpo y alma a ideales extranjeros. En otro nivel este concepto androcéntrico enfatiza la subordinación de las mujeres por su dependencia del razonamiento emocional y su impulso sexual. (O. Paz, 1961).
    He reconstruido diferentes narrativas históricas relacionadas con la matanza de Cholula y en las que Malintzin pudo haber sido un actor principal. Al enfatizar su herencia como miembro de la nobleza sugiero su educación multilingüe y multicultural para la negociación, así como para la estrategia militar y su habilidad para azuzar la competencia entre facciones como miembro de los olmeca xicalancas, grupo étnico asociado a los pochteca (que tenían la reputación no solo de comerciantes de bienes exóticos sino de información estratégica). Cuando Malintzin arriba a Cholula como intérprete/consorte/asesora de Cortés la reciben miembros de su propio grupo étnico así como representantes de facciones locales afiliadas a los aztecas. Cuando una mujer noble supuestamente le advierte de la conjura también le ofrece salvoconducto, pero Malintzin lleva esta información a Cortés.
    ¿Existió tal conjura? Cualquier información al respecto debió ser traducida primero por Malintzin, por lo cual ella controlaría la información. Evidencia indirecta tal como el desalojo de mujeres y niños de la ciudad está contradicha por la evidencia arqueológica, sugiriendo que Cortés y sus seguidores pudieron haber fabricado las causas para atacar. Recuentos de pertrechos guerreros sobre techos y en zanjas en las calles pudieron haber sido también invenciones... aunque desde otro punto de vista es razonable suponer que estos pertrechos defensivos existieron debido a que Cortés arribó a la ciudad con más de 100 mil guerreros tlaxcaltecas. Ninguna evidencia existe de un ejército azteca escondido en los matorrales en las afueras de la ciudad, salvo los rumores que corrieron en relación con este supuesto complot y es de notarse que ningún ejército azteca acompañó la matanza.
    Al margen de si existió o no una conspiración para emboscar a los españoles, Cortés y la mayoría de sus hombres parecieron convencidos de que ese era el caso. Cuando se tomó la decisión de atraer a los nobles cholultecas y se inicia la matanza fue Malintzin la que dirige el ataque. Los guerreros tlaxcaltecas participan con insignia que los identifica como guerreros de Malintzin. Esta descripción de una Malintzin guerrera no es única ya que en el Lienzo de Tlaxcala se le muestra con espada y escudo y en una pose militar durante la batalla por Tenochtitlán.
    Las consecuencias de la matanza de Cholula probablemente se mostraron en la transferencia del poder local a favor de los barrios de olmeca xicalancas. Se reportó que Cholula pudo recomponer relaciones amistosas con los tlaxcaltecas, lo que indica que facciones pro aztecas perdieron el control del consejo de gobierno local. Desde este punto de vista Malintzin logró una importante victoria política para su pueblo.
    Malintzin obtuvo otros beneficios más personales. Al “develar” una conjura hostil ella demuestra su lealtad a Cortés y a sus hombres. Y procede a asistirlos en la conquista de la capital azteca jugando nuevamente un papel central en las negociaciones, al grado que la nobleza nativa se refiere a Cortés como ”Malinche”. Eventualmente ella le da un hijo a Cortés, Martín, que es reconocido como un heredero legítimo en la herencia del conquistador. En la ideología de género de la Mesoamérica prehispánica producir un heredero real era uno de los mayores prestigios que podía lograr una mujer debido a que le aseguraba que su línea matrilineal no se interrumpía en la gobernanza. Finalmente Malintzin se casa con un noble español y le fueron otorgadas tierras sobre la calzada que unía a la ciudad de México con Veracruz; es muy probable que esto haya sido motivado políticamente por Cortés para removerla de la capital debido a su prestigio, por igual entre nobles indígenas y españoles. Notablemente fue su hijo Martín quien intentó derrocar al gobierno español en México (Jara y Spadaccini, 1992).
    Esta nueva versión de los sucesos de la matanza de Cholula está inspirada por teorías feministas que buscan reconocer el papel de las mujeres en sucesos históricos. Las reconstrucciones androcéntricas han minimizado o ignorado por completo la importancia de Malintzin en la conquista y en algunas crónicas ella es incluso la culpable, debido a su inferioridad biológica y sexual, por haber traicionado su herencia indígena y permitido el éxito de la conquista. Aunque al mismo tiempo la evidencia etnohistórica está disponible para reconstruir su historia como una historia “feminista” en la que ella controla los eventos de la conquista e incluso pudo haber instigado la matanza en Cholula.
    Muchos autores han reconstruido una diversidad de versiones de la masacre de Cholula. Una arqueología más ampliamente definida devela múltiples narrativas y múltiples voces históricas, incluyendo la mía. Aunque la práctica arqueológica ha dado datos que probablemente se relacionan con eventos de la conquista, solo presentaciones preliminares han sido publicadas y por lo tanto estamos a la espera de más interpretaciones detalladas. La naturaleza contradictoria de las crónicas y los datos de enterramientos, sin embargo, no deberían inhibir el análisis sino más bien prevenir la búsqueda de la verdad histórica y más importante aún, abrir nuevas líneas de investigación y de pistas sobre la agenda y las preocupaciones de las facciones de los que hacen historia. 

NOTAS

1      Tomado de: The Entangled Past: History and Archaeology. The Archaeology Association of the University of Calgary, Calgary Alberta, Canada, 2000.
2     Que Malintzin fue una ahuiani o sacerdotisa del templo se sugiere o se especula porque ella y las otras mujeres presentadas a Cortés no eran parte de núcleos familiares, por lo tanto eran capital “líquido” que podía ser transferido a los españoles.
3     Ver Petersen .D.A. y Z.D. Green The Spanish Arrival and the Massacre at Cholula. Notas Mesoaméricanas, 1987.

Marco Arturo Moreno Corral
Instituto de Astronomía
Universidad Nacional Autónoma de México

María Guadalupe López Molina
Departamento de Ciencias e Ingenierías
Universidad Iberoamericana Puebla

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