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En este libro Jorge Veraza revisa minuciosamente las tesis que la maestra Eulalia Guzmán y su equipo sostuvieron en torno a las investigaciones realizadas en la tumba de lxcateopan, donde fueron hallados los restos de Cuauhtémoc, así como los argumentos de sus detractores, con la finalidad de colocarlos a la luz del análisis y la razón contemporáneas.
El paciente y minucioso análisis que lleva a cabo el autor no puede ser más preciso y convincente, de modo que este libro es también una forma de honrar la memoria de la maestra Guzmán, de Alfonso Quiroz Cuarón y del rigor científico con el que llevaron a cabo sus investigaciones, tan injusta y superficialmente descalificadas. Reivindicar su trabajo es la palabra justa, pues ella fue difamada, menospreciada y ofendida hasta lograr su desvanecimiento en la memoria académica.
Veraza ha puesto el dedo en la llaga de la credibilidad científica cuando afirma que el tema del entierro de Cuauhtémoc en Ixcateopan no se reduce a un asunto de “huesos”, sino del rigor científico con el que los restos y su entorno fueron examinados, y aún más, nos remite a la historia patria, la resistencia indígena y la identidad colectiva de los pueblos originarios.
Marx, Heidegger, Nietzsche, Bataille, Witgenstein, Artaud, son algunos de los autores que del Barco aborda con singular agudeza en los ensayos compilados en este libro.
En diálogo con las nuevas tendencias teóricas de la época (posestructuralismo, posmodernismo, feminismo, estudios culturales y postcoloniales) y a tono con un ciclo de luchas que adopta como protagonistas a los nuevos movimientos sociales, los diversos ensayos contemporáneos de deconstrucción del marxismo se mueven decididamente por fuera de ciertos núcleos ya insostenibles del léxico conceptual clásico del materialismo histórico: el privilegio de lo económico como matriz explicativa de toda la morfología capitalista, la teleología de la historia, el determinismo clasista, el vanguardismo político sustentado sobre el binomio Partido/Estado y el carácter totalizante de la teoría.
La diagnosis que Oscar del Barco ensaya desde la década de los ochenta encuadra el problema de la crisis del marxismo y de la política en el marco de una derrota de época de dimensiones planetarias. Sus sombrías radiografías del espíritu actual, de los tiempos, son placas negativas que en su sobreimpresión nos presentan diversas postales de la desolación, no la derrota de una generación, ni la de ciertos ideales o valores, sino la derrota como época: “Hemos entrado en una edad negra sin historia”.
