Cartografía etnográfica del uso ritual y terapéutico de hongos del género Psilocybe en México



Antonella Fagetti, Elizabeth Mateos Segovia, Jorgelina Reinoso Niche
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Desde los años 50 del siglo pasado las obras de Robert Gordon Wasson dieron fama a Huautla de Jiménez, a la sabia mazateca María Sabina y a los rituales con los “niños santos”. En compañía de etnomicólogos, etnobotánicos y antropólogos, entre los que destacan Roberto Weitlaner y su hija Irmgard Weitlaner Johnson, Roger Heim, Albert Hofmann, Guy Stresser-Péan y Walter Miller, Gordon Wasson no solo recorrió la Sierra Mazateca, sino también otras regiones del país en busca de hongos psilocibios. En 1958 publicó en Les champignons hallucinogènes du Mexique. Études etnologiques, taxonomiques, biologiques, physiologiques et chimiques (Wasson, 1958) un mapa (Mapa 1) donde se detalla la distribución de los pueblos “micófilos” (Wasson, 1983).

 

Mapa 1. Distribución de las regiones y pueblos "micófilos" (Wasson, 1958).

 

     Entre 1954 y 1957 visitó San Pedro Nexapa (Amecameca), en la región de los volcanes; San Pedro Tlanixco (Tenango del Valle) en el Estado de México; en la Sierra Mixe, San Juan Mazatlán; en la región chatina, Santiago Yaitepec y San Juan Juquila; recorrió la Chinantla y estuvo en San Pedro Sochiapam y Quetzalapa (Wasson, 1958; Stresser-Péan, 1997). Robert Ravicz (1996) le comunicó a Wasson que en algunas poblaciones de la Mixteca Alta, como Zacatepec, Agua Fría y San Pedro Chayuko, conocían los hongos, y en 1960 organizó con él una excursión para visitarlas.

     Con sus investigaciones, Wasson y sus colaboradores demostraron que el mazateco no era el único pueblo que empleaba los hongos para fines adivinatorios y terapéuticos, sino que mixtecos, chinantecos, chatinos, mixes, zapotecos del estado de Oaxaca, además de nahuas, otomíes, matlatzincas y mazahuas del centro del país también conocían sus virtudes.

     Tomamos este mapa como punto de partida para establecer una cartografía actualizada del uso ritual y medicinal de los hongos del género Psilocybe que elaboramos con base en una primera revisión –aún incompleta– de los registros etnográficos que se han publicado desde los años 40 a la fecha. Por lo tanto, advertimos que se trata de un trabajo preliminar que iremos actualizando. Los mapas fueron diseñados tomando en cuenta tanto la división política de los estados, como las regiones étnicas que se localizan en el Estado de México, Morelos, Puebla, Hidalgo, Oaxaca y Veracruz.

     En el segundo mapa (Mapa 2) presentamos las principales regiones donde se ha encontrado el uso adivinatorio y curativo de los hongos y los municipios y localidades que hemos detallado a partir de la bibliografía revisada, así como de los datos etnográficos que recabamos en el marco del proyecto “Diálogo de saberes en torno a las potencialidades terapéuticas de los hongos que contienen psilocibina. Un estudio transdisciplinario a través de la neurociencia, la psicología, la antropología, la historia y el conocimiento tradicional indígena” (CONACYT-CF-2019-1560311).1

 

Mapa 2. Regiones y localidades registradas en las fuentes etnográficas desde los años 40 y en nuestro trabajo de campo.
• Registro de uso actual (rojo).
• No se tiene registro de uso actual (verde).

 

     Desde la década de 1940 las investigaciones sobre los hongos no solamente pretendían evidenciar la supervivencia del uso ritual de los hongos por parte de los pueblos originarios, sino que se dirigieron también a su “descubrimiento” para la ciencia. Gracias a la labor meticulosa de Richard E. Schultes (1940; cf. Schultes y Hofmann, 1993) y Roger Heim (Heim y Wasson, 1958), se identificaron diversas especies de Psilocybe en cada región.

     Años más tarde, el etnomicólogo mexicano Gastón Guzmán, hizo importantes aportes al conocimiento de los hongos con sus investigaciones de campo en varios pueblos originarios (Guzmán, 1959, 1997, 2011; Ramírez, Guzmán y Ramírez-Guillén, 2006; Venegas Ramírez, 2013). Los hongos, que recibían diversos nombres en las lenguas indígenas, fueron clasificados bajo una nueva nomenclatura. En 1957, Albert Hofmann aisló de especímenes del género Psilocybe dos de los principales principios activos que nombró psilocibina y psilocina.

     El tercer mapa (Mapa 3) ilustra los tipos de vegetación que dan vida a las múltiples especies de hongos del género Psilocybe y los nombres de algunas especies endémicas –reportadas en los estudios consultados– que proliferan en los cálidos y templados bosques subtropicales perennifolios y caducifolios, en los bosques mesófilos de montaña, en los potreros donde los hongos nacen del estiércol del ganado vacuno, y –en menor medida– en los húmedos y fríos bosques de coníferas (Rzedowski, 2006; cf. Guzmán, 1997).

 

Mapa 3. Tipos de vegetación y especies del género Psilocybe de las regiones étnicas según las fuentes citadas y nuestro trabajo de campo.

 

     Mencionamos las especies más importantes y con mayor distribución del género Psilocybe, aunque sabemos que en México se han registrado 55, y 31 de ellos tan solo en Oaxaca (Guzmán, 1998; Ramírez, Guzmán y Ramírez-Guillén, 2006), así que en este estado se concentra el mayor número de especies conocidas en el mundo.

 

REGISTROS ETNOGRÁFICOS A PARTIR DEL SIGLO XX

 

Las investigaciones etnográficas que tratan el tema de los hongos sagrados iniciaron en Huautla de Jiménez, Oaxaca. Jean B. Johnson hizo más de 20 años de trabajo antropológico en la Mazateca, y en 1938 registró que los “médicos brujos” utilizaban hongos con fines adivinatorios y curativos en rituales nocturnos con hongos conocidos como “veladas” (Johnson, 1939; Schultes, 1940). El ingeniero y etnógrafo Robert Weitlaner publicó en 1952 el artículo “Curaciones mazatecas”, acerca del uso de los psilocibios en San Lucas Ojitlán, ubicado en la región de la Chinantla.

     Por otro lado, a mediados del siglo XX, en 1953, acompañado por Weitlaner, Wasson llegó a la Mazateca donde conoció a la sabia María Sabina. Después de varios viajes, en 1958, editó, junto con Roger Heim, Les Champignons Hallucinogènes du Mexique, que tuvo gran impacto y alcance dentro de ciencias como la neurología, la psicología, la biología, la micología y la antropología (Díaz, 2003: 21). Entre sus contribuciones más importantes se encuentra el libro María Sabina and her Mazatec Mushroom Velada (1974), escrito en colaboración con George y Florence Cowan, W. Rhodes y el fotógrafo Allan Richardson, que contiene los cantos de la sabia en mazateco, transcritos y traducidos al español y al inglés, que fueron también grabados en un disco que acompaña el libro.

     Más tarde, en la década de los 60, Fernando Benítez conoció a María Sabina y escribió dos libros acerca de sus experiencias con la sabia: La santa de los hongos. Vida y misterio de María Sabina (1963) y Los hongos alucinantes (1964). En 1977 se da a conocer la biografía escrita por Álvaro Estrada: Vida de María Sabina. La sabia de los hongos, una de las aportaciones más relevantes sobre la famosa chamana. Henry Munn (2001) publicó en 1973 “The Language of Mushrooms” (la versión en español es de 1976), donde analiza la importancia del lenguaje y las palabras como “medicina” en el ritual con hongos.

     En las décadas de 1960 y 1970 las investigaciones se extendieron a otras regiones de Oaxaca, sobre todo entre mixes, zapotecos, chatinos y chinantecos. Walter S. Miller, en el texto “El tonalámatl mixe y los hongos sagrados (1966), dio cuenta de las localidades de la Sierra Mixe donde se ha reportado la presencia de los hongos en rituales de adivinación y curación, como son San Juan Mazatlán, San Miguel Quetzaltepec, Santa Margarita Huitepec, Cotzocón, Juquila Mixes, San Juan Quiotepec y San José Paraíso. Años después, Frank J. Lipp (1997) reportó sus propios hallazgos de casi una década de investigación de campo –entre 1978 y 1987– en la misma población de Mazatlán. Santa María de Coatlán, en el istmo de Tehuantepec, es otra población mixe donde los hongos son conocidos por sus “poderes curativos y adivinatorios”, según apuntó Searle Hoogshagen en “Notas sobre los hongos sagrados (narcóticos), de Coatlán Oaxaca, México” (1994), publicado en inglés en 1968.

     En la década de 1970, Arthur J. Rubel y J. Gettelfinger-Krejci publicaron “The use of Hallucinogenic Mushrooms for Diagnostic Purposes among some Highland Chinantecs” (1976), en donde constatan el uso ritual de los hongos, sobre todo como medio de adivinación, entre los chinantecos de Santiago Comaltepec. Robert S. Ravicz realizó etnografía en poblaciones mixtecas del estado de Oaxaca y publicó Organización Social de los Mixtecos (1965).

     A finales de los 80 y en los 90 encontramos varios trabajos etnográficos; entre ellos el libro Los mazatecos ante la nación, de Eckart Boege (1988), una importante contribución al conocimiento de la Sierra Mazateca y sus especialistas rituales, y la tesis de René Suaste Larrea Permanencia del sistema curativo chamánico en una zona de reacomodo informal en la Mazateca Baja (1993). Por su parte, Carlos Incháustegui, quien trabajó durante muchos años en el Centro Coordinador de Huautla del Instituto Nacional Indigenista, publicó varios libros entre los cuales destaca La mesa de plata: cosmogonía y curanderismo entre los mazatecos de Oaxaca (1994).2

     A partir del año 2000 figura la obra de González y Sabina (2001) con una extensa etnografía acerca del uso de los hongos sagrados en la Mazateca. Juan Pérez Quijada aborda la terapéutica sagrada con los hongos y todo su trabajo se centra en el chamanismo de la Mazateca Baja (1996, 2006). Rigoberto Villanueva (2010) aborda la importancia de los hongos sagrados y el chamanismo en Huautla de Jiménez y algunas poblaciones cercanas. Otra antropóloga, que tiene una amplia etnografía en la zona, es Fabiola Minero (2012, 2013, 2015), que habla del hongo sagrado como enteógeno y da cuenta de la importancia terapéutica de la velada. Osiris García Cerqueda (2014) analiza la cosmovisión mazateca de los hongos sagrados y la llegada de los hippies a Huautla en la década de 1960, tema abordado en esa misma época por Álvaro Estrada (1966).

     Saraí Piña (2017) también ha hecho una larga estadía de campo en la Mazateca; explica que la llegada de turistas ha cambiado la medicina tradicional de los hongos sagrados. Por su parte, Federico Valdés Bize (2018) escribió su tesis de licenciatura cuyo tópico versa en torno a las prácticas y conocimientos de los especialistas rituales mazatecos en San José Tenango y su percepción del mundo “invisible”, y Alan Suárez Ortiz (2019) aborda la comunicación intercultural que tiene lugar en los rituales de un curandero mazateco del municipio de Huautla de Jiménez.

     Citlalli Rodríguez Venegas (2019) presenta una extensa etnografía referente a los hongos: “niños santos y güeros”, en los municipios de Huautla y Santa María Chilchotla. En este último municipio, Antonella Fagetti (2015) registra el uso de los hongos sagrados en el pueblo mazateco de San Francisco Javier y relata la iniciación de una chjota chjine y los propósitos que persiguen los rituales con hongos.

     La Sierra Mazateca se extiende hacia el estado de Puebla y abarca una porción del municipio de San Sebastián Tlacotepec, habitado también por población nahua. El único registro etnográfico encontrado es de Maura Vázquez Vargas y corresponde a la población mazateca de Mazatzongo de Guerrero. En su tesis de maestría (2018) señala que los hongos ya no se usan porque la gente les tiene miedo, porque “si no se tiene cuidado, se suben a la cabeza”, y prefiere recurrir a las semillas de la planta que se conoce como Manto de la Virgen (Turbina corymbosa).

     Una región escasamente estudiada es la Sierra Sur de Oaxaca. Fue Wasson (1983) quien, a raíz de un viaje que realizó con Robert Weitlaner en 1955, dio a conocer la existencia de los hongos Psilocybe en San Agustín Loxicha, donde el sabio Aristeo Matías les habló del vínculo de los hongos con el rayo, tema que abordó también Damián González Pérez en la tesis de doctorado Llover en la Sierra. Ritualidad y cosmovisión en torno al rayo y la lluvia entre los zapotecos del sur de Oaxaca (2014), resultado de una investigación que llevó a cabo en Buenavista Loxicha y San Miguel Suchixtepec, donde a los hongos se les llama “maestros de la lluvia”.

     Por último, una de las investigaciones más recientes realizadas en esta misma región es la tesis de maestría de Carla López Aponte (2022) Los hongos sagrados y el sistema terapéutico zapoteca en la Sierra Sur de Oaxaca, que abarca los municipios de San Mateo Río Hondo y San Miguel Suchixtepec, donde registra la importancia de los hongos en la medicina tradicional zapoteca.

     Otras dos regiones incluidas en el mapa trazado por Wasson corresponden al Valle de Toluca y la zona de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, que comprende parte de los estados de México, Puebla y Morelos. Cuando, en la década de 1970, R. Escalante –quien participó en varias expediciones de Wasson (1958)– y A. López (1971) realizaron una investigación entre los matlatzincas de San Francisco Oxtotilpan, en el municipio de Temascaltepec, encontraron que los hongos se usaban tiempo atrás en ceremonias de curación; sin embargo, ya la costumbre había cambiado y se había vuelto una experiencia personal sin la participación de un especialista ritual. En esta región del Nevado de Toluca los autores mencionados identificaron muestras de Psilocybe muliercula, y Guzmán encontró dos especies aún desconocidas que denominó P. sanctorum Guzmán y P. angustipleurocystidiata.

     Carlos Álvarez reportó en un artículo de 2003 dos poblaciones donde aún existía el “culto a los hongos”. Se trata del mismo pueblo matlatzinca, San Francisco Oxtotilpan, y del pueblo nahua, San Pedro Tlanixco, asentados en valles y barrancas que circundan el Nevado de Toluca. Catherim Bravo (2017) realizó su tesis de licenciatura con un curandero de San Pedro Tlanixco, acerca del uso ritual y medicinal de los hongos. En lo que respecta a la región de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, Carmen Cook de Leonard (1966) menciona el pueblo de Nexapa donde una curandera y granicera empleó los hongos (apipiltzin, “niños de agua”) para curar a R. Weitlaner de la gota (cf. De la Garza, 2012).

     En 2005 salió a la luz el documental Allende los volcanes: Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Sueño y ritual en el culto a la montaña, coordinado por Margarita Loera, en el que Ramsés Hernández, Antonio Sampayo y Eduardo Zafra testimonian el uso de hongos Psilocybe entre los “ritualistas meteorológicos” de San Pedro Nexapa. En el año 2008 Hernández y Loera publicaron el libro El hongo sagrado del Popocatépetl en el cual, a través de un estudio etnohistórico, explican el uso que se hace de los hongos entre los pobladores de San Pedro Nexapa y San Marcos Huecahuasco.

     Juan Bulnes (2015) documentó el papel que desempeñan los hongos en el proceso de iniciación de los graniceros en los pueblos asentados en las faldas del volcán Popocatépetl, especialmente del estado de Morelos, donde también Víctor Benítez (2013 y 2020) ha realizado varias investigaciones.

     Este antropólogo destaca que, en Ecatzingo, los “graniceros” o “tiemperos” recurren a los hongos Psilocybe para inducir el trance y los sueños, y que en Hueyapan estos especialistas rituales se comunican con el “espíritu de los hongos” para curar las “enfermedades físico-mentales” que padecen sus pacientes. Julio Glockner, en un capítulo de La mirada interior (2016), narra cómo un grupo de especialistas rituales, autodenominados “misioneros del temporal”, realizan “trabajos especiales” mediante el consumo de hongos sagrados para resolver problemas relacionados con la meteorología.

     Varios registros etnográficos permiten extender el territorio donde el género Psilocybe es endémico, a algunas localidades de los estados de Puebla, Hidalgo y Veracruz que no están asentadas en el mapa de G. Wasson (Mapa 1). Guy Stresser-Péan (1997), quien participó en varias de las exploraciones de nuevos territorios en busca de hongos Psilocybe, en 1959, recorrió con R. Heim la Huasteca Meridional y en Zacualtipán (Hidalgo) hallaron varios ejemplares, así como en Huauchinango y Necaxa, en la Sierra Norte de Puebla. En 1962, estuvo en la población nahua de Atla (Pahuatlán, Puebla), donde encontró P. cubensis. A finales de los 60, Guzmán (1997) descubrió en Necaxa los hongos de las especies Psilocybe mexicana Heim y caerulescens Murr. Luis Reyes proporcionó –en “Hongos alucinantes” (1970) –el testimonio en náhuatl de una mujer de Amatlán de los Reyes, Veracruz, que narra cómo los tlakatsitsen –“hombrecitos”– revelan lo que se quiere saber; dicen cómo la persona se puede curar y ellos mismos, “con sus manitas”, sacan la enfermedad. También en el estado de Veracruz se encuentra el pueblo nahua de Naolinco de Victoria donde, en 1957, Guzmán (1997) localizó una nueva especie que nombró Psilocybe wassoniorum en honor a Wasson y a su esposa Valentina Pavlovna.

     A manera de cierre, debemos recordar que, desde los años 30 del siglo pasado, los hongos del género Psilocybe han estado en el centro del interés de antropólogos, etnobotánicos y micólogos. Aunque consideramos incompleta nuestra revisión acerca de lo que se ha escrito sobre el tema durante casi un siglo, podemos esbozar algunas ideas generales.

     En primer lugar, como muestran los mapas, en el centro-sur de México se concentran las regiones donde diversas especies de hongos son endémicas, en las que predominan bosques fríos y bosques tropicales húmedos. Algunas etnias que pueblan esta porción del país han preservado el conocimiento sobre su uso, especialmente en rituales adivinatorios y curativos. Sin embargo, si analizamos la información proporcionada por G. Wasson (Mapa 1) y los registros etnográficos que hemos revisado, podemos afirmar que en algunas regiones étnicas marcadas por el etnomicólogo no existen indicios de que hoy día se sigan empleando los hongos.

     Por ejemplo, carecemos de información acerca de la Mixteca, la Chinantla, la Sierra Mixe, la región chatina, la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla. Es decir, no sabemos si los pueblos que las habitan han abandonado hace tiempo estas prácticas o simplemente nadie ha recabado datos etnográficos recientes que indiquen su pervivencia, puesto que varios estudios se realizaron hace más de veinte años y no se han actualizado. Es nuestra intención como grupo de trabajo ampliar nuestra área de investigación para corroborar si aún se conserva el uso ritual de los hongos Psilocybe y, eventualmente, localizar nuevos lugares de estudio.

     En algunas publicaciones se evidencian los cambios que han acontecido en muchas localidades y se reporta que la gente ya no usa los hongos psicoactivos por miedo, o que los consume sin el acompañamiento de un especialista ritual. Por lo tanto, a menudo el uso se restringe al hogar, por parte de la persona que desea hacer una “consulta” o sanarse a sí misma de algún malestar.

     Los rituales nocturnos como los celebran aún hoy día los mazatecos desaparecieron en otras regiones, y es evidente que algunos pueblos prefirieron mantener en secreto sus conocimientos y costumbres en torno a los hongos.

     Su desaparición paulatina se puede imputar a varias causas, como por ejemplo la presencia de iglesias protestantes, que en México realizan una labor proselitista desde el siglo XIX, condenando el uso de los hongos y calificándolo como una práctica supersticiosa (Glockner, 2016).

     Asimismo, el conocimiento ancestral que poseen en torno a los hongos los especialistas rituales se ha perdido por falta de interés de sus familiares en aprender el oficio.

     Finalmente, debemos señalar que con el “descubrimiento” de los hongos Psilocybe surgieron nuevas modalidades de consumo con el uso lúdico y recreativo de quienes desde la década de 1960 viajan a la Sierra Mazateca “en busca del hongo mágico”. Además de Huautla de Jiménez (Oax.), San José del Pacífico (San Mateo Río Hondo, Oax.) y San Pedro Tlanixco (Tenango del Valle, Edo. Mex.) –lugares que reciben cada año, en temporada de lluvias, a cientos de visitantes– sufren, desde hace varios años, la “turistificación de lo sagrado” (Fuentes, 2019; cf. López, 2022).

     Esto ha tenido como consecuencia la sobreexplotación de los ecosistemas y ha puesto en grave peligro la supervivencia del género Psilocybe. Actualmente, la recolección y venta de hongos Psilocybe, a falta de otras oportunidades de trabajo, se ha vuelto un negocio para los mismos pobladores, quienes de este modo sostienen el “mercado de lo sagrado” (García, 2014).

 

NOTAS

 

1      Entre diciembre 2020 y julio 2021 realizamos trabajo de campo en San Pedro Tlanixco (Tenango del Valle, Estado de México); en localidades del Estado de México y Morelos cercanas a los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl; San Miguel Suchixtepec (Sierra Sur, Oaxaca); Eloxochitlán de Flores Magón, Santa María Chilchotla, Huautla de Jiménez y San José Tenango (Sierra Mazateca, Oaxaca).

 

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Antonella Fagetti
 
Elizabeth Mateos Segovia
 
Jorgelina Reinoso Niche
 
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades
Alfonso Vélez Pliego, BUAP

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