Germán Montalvo: Un flâneur con cámara
Claudia Berrueto
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El corazón, yo lo usaba en los ojos.
Gilberto Owen
Dueño de una revolución visual constante, Germán Montalvo (Veracruz, México, 1956), vasto artista del diseño gráfico, nos comparte su pasión derramada por la fotografía y lo que a su paso encuentra e interioriza en su andar por la ciudad y sus vericuetos. Es insoslayable el hecho de que Montalvo es un flâneur, un callejeante poseedor de una mirada aguda que denuncia pasajes oníricos de una realidad que no escapa a su lente.
Entre hallazgos y observaciones agudas, tiernas, melancólicas y lúdicas, lo visible asalta en escorzo a lo invisible para delatar una naturaleza fragmentada de la belleza en la ruina y la desolación. Así, con la lucidez de quien sabe perderse en las calles para apropiárselas y extrañarse de este “bosque de la modernidad”, como afirmaba Walter Benjamin que es la ciudad, Montalvo está atento a las conexiones, asociaciones, homenajes involuntarios y disonancias que el espacio urbano le dicta.
Elementos y objetos de la calle, ese espacio en el que todos los tiempos se conjugan y se descuadran, acuden a la intuición de Germán, quien alinea su mirada provisto de su Cannon SX160 IS, para erguirse y mostrarle sus atributos ocultos en el polvo, bajo el sol furioso, sobre el aire a punto de extinguirse; insertos en los mapas de luz, dentro del júbilo del vestigio, bajo el desapego del origen.
Al tomar la calle, esa naturaleza que se define a cada instante en los fragmentos o jirones que vemos, los hallazgos se potencian gracias a la insinuación que existe en ella. La mirada de Germán simplifica y monumentaliza, fragmenta y fusiona, crea nuevas relaciones con los objetos y los lugares fuera de toda concepción sistemática. Así, nos hace partícipes de hallazgos que consisten en geometrías que respiran, chimeneas que sueñan, despojos encendidos en su color, aves que dividen cielos y remontan sus olas, construcciones en obra negra latiendo como ruinas, volcanes rugiendo su luz, tinacos enseñoreados sobre pirámides de block, muros destejidos a mediodía, alambradas cuadriculando la tensión, ambulantes plumajes de plástico, carrocerías sostenidas por el aire cumpliendo el destino de ser fuselaje, tótems de molcajetes, ángeles de piedra desperezándose entre la maleza, ornamentos antiguos que brotan de cortinas metálicas, músicos incansables empotrados en el jazz, danzas desde el vértice de unas alas, escaparates ataviados esperando por un tramoyista...
“Ver es un encuentro de miradas”, como afirma Philip Ball, y es precisamente este suceso lo que desemboca inevitablemente en lenguaje.
Enunciar lo que se ve es el juego completo de la mirada. Germán Montalvo lo hace a través de los títulos de sus fotos y lo hace de una manera inusitada tanto por su ingenio, su sentido lúdico (y no por ello menos reflexivo) como por la profundidad con la que aborda el encuentro con su entorno. Y no es para menos, gran conocedor del mundo de la fotografía, Montalvo trabajó al lado de la increíble Mariana Yampolsky, una de sus figuras tutelares y presencia vertebral del arte mexicano.
Montalvo cuenta además con importantes libros de fotografía como Guía para detallistas, Centro histórico de la ciudad de Puebla, Guía para detallistas, Centro histórico de la ciudad de San Luis Potosí y Popo Pop. Imágenes de la urbe volcánica, que muestran su amplísima trayectoria como artista en el campo de la reciprocidad de miradas. Partiendo de este diálogo surgen homenajes, paráfrasis y guiños en esta serie de imágenes callejeantes hacia la obra de Yaacov Agam, Manuel Felguérez, Robert Rauschenberg, Sol Lewitt, Elsworth Kelly, Frank Stella, Tadanori Yokoo, Max Bill, Christo, entre otros, y evocaciones musicales como la portada del The Blue Yusef Lateef.
Cada imagen involuntariamente alusiva al estilo de estos artistas es una manera puntual de señalar la fotografía como medio de conocimiento y reconocimiento. Según Susan Sontag:
[...] se ha interpretado la acción de fotografiar de dos maneras del todo diferentes: ya como un acto de conocimiento lúcido y preciso, de inteligencia consciente, o bien como una manera de encuentro preintelectual, intuitivo, pero es también un acto que certifica la experiencia, aquí en el sentido de la apropiación.
Fervoroso observador, incomparable lector de la calle, su representación de lo urbano sugiere como nadie, desde su lente, las claves de las metamorfosis de paisajes y objetos que son transformados en tanto son recorridos y observados, una gozosa tarea para Montalvo, quien mantiene su capacidad de asombro en estado de gracia y es capaz de transmitirla hasta los huesos, así como la fuerza de su composición en lo hallado en cada inmersión en el más fascinante de nuestros escenarios: la calle.
