El plomo en la alfarería poblana
Leopoldo Noyola Rocha
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San Miguel Tenextatiloyan, junta auxiliar del municipio de Zautla, Puebla, aparece tras una serie de curvas en el extremo oriental de un vallecito de dos kilómetros de ancho dispuesto arriba de los 2,500 metros sobre el nivel del mar, y que abre llano cinco kilómetros hacia el Norte, para terminar en las inmediaciones de Zaragoza. Es un caserío tendido en la ladera circular de un monte todavía bien cubierto de pinos que se va descubriendo de a poco en cada curva, y cuyo enredo de cables y losas planas de cemento es prueba irrefutable de que aquí se ha perdido el encanto serrano de la teja y las dos aguas. Usted entra a internet e investiga y hay muchísimas páginas donde se muestra el daño de la greta. En realidad, el organismo que detectó los problemas de plomo en la población fue la Secretaría de Salud, no fuimos nosotros los del FONART. Las autoridades detectaron una alta concentración de plomo en los alfareros de Tenextatiloyan. La maestra Contreras me explicó que FONART está trabajando con una fundación llamada Blacksmith Institute, cuya sede está en Washington y aquí tiene personal de apoyo. Las pruebas de detección de plomo en la sangre no se realizan masivamente por su costo, pues cada una cuesta alrededor de 500 pesos, y para hacerlas se requieren máquinas especializadas. Verónica Contreras Álvarez abunda en el problema: En Puebla ya se hizo el estudio, el año pasado hicimos estudios en talleres donde se tienen hornos de gas, porque se quiere demostrar que cuando uno ya está utilizando esmaltes, cuando ha dejado de utilizar la greta, los niveles de plomo en la sangre deben de bajar, necesariamente. Estamos haciendo pruebas entre artesanos que ya tienen horno de gas, un monitoreo cada diez meses donde se les toman las muestras y se hacen las comparaciones. Se han hecho estudios aquí en San Miguel y los niveles son altísimos. El organismo humano no necesita el plomo, no deberíamos tener plomo, pues no lo necesitamos. No causa problema de inmediato, pero no debería estar en el organismo. Cuando la norma oficial mexicana permite un máximo de 10 microgramos por decilitro de sangre (μg/dl) y el aparato especial que mide los niveles de plomo en sangre lo máximo que marca son 65 μg/dl, las pruebas con los alfareros suben al tope de 65 μg/dl, y si el equipo midiera más marcaría más, varios alfareros nos salen al tope. De veinte puntos para arriba es un problema muy grave, imagínese el daño arriba de 65 μg/dl. El deterioro físico depende de los organismos, la constitución, la alimentación de la persona, es como cualquier enfermedad; depende de las defensas. Los niños, por supuesto, son los más vulnerables. Aquí en San Miguel se han detectado malformaciones y otros problemas relacionados a eso. Pero entrar en el tema del uso del plomo en la alfarería en San Miguel es como hacer un viaje al pasado, donde nada se ha dicho y nada se ha probado; donde las advertencias, las amenazas y las normas son una especie de eco que nadie acaba de escuchar, ni de entender. Una cosa está clara entre la mayoría de los alfareros de San Miguel: conocen el uso de la greta, la han usado por generaciones, es una materia prima básica para su trabajo. Si hace daño o no, muchos de ellos afirman que no se sienten enfermos, aunque hay otras versiones que dicen lo contrario: se sienten enfermos. La norma primero dice que se permiten ciertas partículas por millón, después dice que no, que ninguna, que tiene que ser a fuerza libre de plomo. Y una de las cosas que busca (la artesanía) es entrar a mercados internacionales, pensar que esta puede ser una comunidad que el turismo se interese en visitar y la aduana no le diga “sabes qué, tu pieza no pasa”. El que habla es Marco Antonio Comunidad Aguilar, director del CESDER en San Miguel, que invoca a la Organización de las Naciones Unidas y su preocupación por el tema del plomo en la sangre de los alfareros mexicanos, pero el verdadero tema no es tanto el cómo se está tratando el tema de la salud sino el cómo no se está tratando en absoluto: Nosotros, como centro alfarero, como CESDER, pensamos en que esa norma no era suficiente. Hubo una movilización que la frenó, no la detuvo, sino que la frenó y en eso FONART jugó un papel importante, pues quien es el encargado oficialmente de generar las condiciones para que los alfareros del país sustituyeran el plomo con materiales alternativos, no lo hizo. Pero no sabemos en la política pública cómo se definieron, lo cierto es que ha sido muy complicada la sustitución del plomo, porque no solo es cambiar un material tóxico por uno que no lo es, además de los elementos culturales que tiene la población. Comunidad Aguilar se refiere al tema de la innovación en un ambiente regido por la tradición, por la costumbre, que debería en todo caso aplicarse con otros criterios; los esmaltes no reaccionan como la greta, los compradores aducen que la cazuela con esmaltes huele mal, sabe mal, se deteriora pronto. Afirma Comunidad Aguilar: Ese es el asunto, el esmalte no responde como la greta. Y como la norma todavía no es ley y no está prohibido el uso de la greta, pues se sigue usando. También tiene que ver con costos sociales que el gobierno está viendo. Ellos dicen: “llamamos a tantos productores para sustituir el plomo y no vinieron, vamos a ir a las comunidades a quebrarles sus piezas”. Entonces eso se me hace como violento. Los escuchamos, apoyamos, estamos a favor de que la gente cambie el plomo, pues hace más daño al artesano que al consumidor porque su contacto es permanente, siempre, pues es su fuente de ingreso, y el consumidor no, lo usa a veces, el mismo cuerpo va desechando las partículas que pudo haber consumido. Por lo tanto, la conciencia de la norma en San Miguel no es precisa y, en realidad, no se conoce en detalle. Se tiene la idea de que ya se aplica en otras partes del país, pero no en San Miguel, aunque no se preguntan la razón; hay, incluso en el Centro Alfarero del CESDER, que hizo de la aplicación de la norma su principal bandera de capacitación, ambigüedades respecto a lo que la norma indica sobre el límite de solubilidad del plomo (miligramos por litro) o de si va a ser ley o no. Hay, sin embargo, un estado de alerta temprana, una especie de preocupación sobre algún momento del futuro en el que el gobierno tome la decisión de aplicar la norma a rajatabla, para lo cual, aceptan, muy pocos están preparados. No me van a dejar mentir que hace diez, doce años, empezó la mala propaganda de que la cazuela trae plomo y que ya los mexicanos se están muriendo de cáncer, porque comen en comida de cazuela, porque comen en el plato de barro. Yo llevo esta edad, y siempre me hacen mi comidita y mi café en la olla de barro cocida por mí, sí señor. Y no me han de quitar ese vicio hasta que me muera, porque a mí me gusta mi trabajo.4 No es, sin embargo, un problema de edad. Mucho más joven, Benigno Martínez Bravo asegura que la greta no es dañina y el esmalte no sirve, que la culpa la tiene el peltre: Trabajamos la mercancía con la greta porque la ocupamos de por sí, no nos metemos al esmalte porque no es adecuado. No nos gustó. No tiene la demanda, no la tiene, digamos, porque se cuartea, toda la pieza se estrella. Entonces la greta dicen que es mala por el plomo, pero el plomo es cocido, y eso garantiza que no pase nada. Yo digo que la greta no es dañina, la preparamos con las manos descubiertas, descubierta la boca y no pasa nada. De hecho, hay niños que a veces se les ocurre y toman el agua de la greta y no pasa nada. Yo creo que si eso fuera cierto ya se habrían de morir, pero no pasa nada. Nada. La piel, por ejemplo, que nos picara, no pasa nada. El principal argumento que esgrimen los alfareros es su experiencia vital, su propia salud y la de sus antepasados que amasaron y cocieron barro hasta muy ancianos. Así lo afirma el alfarero José Marcelino: Así el problema es que la gente quiere lo tradicional. Dicen en la televisión que el plomo nos agarra cáncer, pero la verdad, mis antepasados, mis abuelitos trabajaron la greta en sus cazuelitas, ya murieron, pero nunca se enfermaron de comer en sus cajetes con el material hecho con greta. Y finalmente el mejor de todos los pretextos: al cliente lo que pida. Dice la alfarera Gregoria Rojas Jiménez: Me da dolor de cabeza y náuseas, me siento rara. Ahora ya casi no la uso. Lo que pasa es que “al cliente lo que pida” y a veces la llegan a pedir, porque yo sé que tengo que darle la mercancía que él me pide, más que nada la necesidad me obliga. La clientela exige el brillo de la greta y, bueno, nada como hacer lo que se sabe hacer con maestría. Con todo, una parte considerable de la comunidad de artesanos de San Miguel ha empezado a tener conciencia de que sus dolencias tienen una explicación en la combinación de riesgos que implica su labor, y en esto no ha sido ajena la labor del CESDER, que ha insistido como cuchillito de palo en los síntomas inequívocos de la intoxicación, así como del FONART y el Ayuntamiento que perseveran en sus cursos gratuitos para enseñar el uso de esmaltes y para hacerle ver a la gente los potenciales daños de la greta, los malestares que pueden confundirse con otros padecimientos, daños neurológicos (Garza y cols., 2005) o malformaciones físicas durante la gestación. Sobre esto la instructora Contreras aclara: Nada de esto hemos visto en San Miguel, por fortuna, pero los malestares descritos por algunos artesanos tienen relación con esta información de fuentes oficiales. Se detecta cuando se tiene un sabor dulce en la boca y se sienten mareos. Sí, todos saben que hace daño, pero no hacen el cambio (de la greta por esmaltes) porque tienen la costumbre. En nuestro recorrido pudimos encontrar alfareros concientizados que saben que la greta daña y , por tanto, actúan en consecuencia. Gregoria Rojas Jiménez ha experimentado en sí misma la sintomatología del plomo, “casi” no tiene dudas de sus efectos perniciosos: Yo no sé si la greta hace daño, pero hay que prevenir porque, al menos yo, he trabajado con ella mucho tiempo. El día de hoy sí siento que me afecta, porque cuando mezclo la greta tengo dolor de cabeza, tengo náuseas, me siento rara. Se me viene la saliva muy dulce, pero mucha gente dice que no, que estoy mal de la cabeza, que no es cierto. Pero yo, como dejé de usar el plomo hace unos cuatro, cinco años, sí siento el efecto. O bien, existen algunas familias que ya tienen una especie de control del plomo que circula en sus venas. La familia alfarera de Alicia Flores Pérez cumple con los deseos del cliente pero ahora tiene más cuidado: Nunca me he enfermado, pero me hicieron la prueba del plomo, tengo 33 de plomo en la sangre. Mi esposo sí rebasa, llegó al límite, tiene 65; los niños, a uno de ellos le hicieron pruebas y tiene 44, pero yo pienso que a veces no se lavan bien las manos, estamos ocupando la greta y a la mejor comen con las manos con greta, o van y agarran los vasos y toman agua o algo; mientras la gente siga pidiendo loza con greta pues la vamos a seguir usando, pero vamos a tener un poquito más de protección. En cuentas alegres de la artesana Gregoria Rojas Jiménez considera que muy pocos alfareros han dejado la greta, unos veinte, calcula; otros mezclan esmaltes con greta, lo que no le parece una solución: Lo que yo no quiero es hacer eso, lo que yo quiero es usar puro esmalte, pero no me ha funcionado, al menos con este horno. Las piezas de abajo llegan a su punto, pero las de arriba no, entonces es la mercancía echada a perder que usted ve, la vuelvo a meter pero ya no da. En el CESDER han aportado a la seguridad, dice el instructor Moisés Ramírez Zambrano mientras manipula unas piezas que ha cocido en un pequeño horno eléctrico de su taller debidamente protegido con guantes y mascarilla, prevención que raramente se ve entre los artesanos locales, que sacan las piezas al rojo vivo y exponen cara, ojos y extremidades; y con el horno aún caliente, vuelven a cargar. Todo lo que podemos hacer aquí le denominamos buenas prácticas. Si trabajas con plomo usas guantes, usas cubreboca. Si es posible trata de salir hasta que se enfríe tu horno y hasta que te enfríes tú. En fin, tratamos de enseñar a manejar los materiales con cuidado. Lava tus trastes, no los tires al drenaje. El uso de la greta tiene que ver con los dos factores advertidos por FONART: costumbre y preferencia de los clientes, pero no deja de ser una visión superficial del problema. Hay un círculo vicioso en esta discusión que tiene que ver con dos factores, pero no los mismos que enuncia FONART: la calidad de los esmaltes disponibles y las limitadas características de los hornos tradicionales. Los esmaltes sin plomo, en estos hornos, a decir de los propios artesanos, no sustituyen a la greta, la calidad es muy inferior a la obtenida con el uso de plomo. El entonces presidente auxiliar de San Miguel Tenextatiloyan, Bulmaro Iglecias Contreras, nos recibió en su despacho para hablarnos del tema: La Secretaría de Salud debería hacer un chequeo de sangre a todos los que están en contacto con la alfarería y de ahí ver cuántos estamos contaminados, porque ese sería un punto para que el alfarero tome precauciones, que diga si voy a hacer algo porque la greta sí me está causando daño. La escuela de artesanos del CESDER hizo un experimento del deterioro del esmalte industrial en 2011 en el que utilizaron tres cazuelas a las que se echó salsa de chile, mole y un guiso de jitomate. Se usaron esmaltes de las tres marcas accesibles, y las tres cazuelas resultaron dañadas, oxidadas, con un aspecto poco atractivo para volver a echar ahí el guiso que se va a comer. Con la greta, en efecto, más allá del daño a la salud, esto no ocurre. En el laboratorio de la escuela se experimenta una variedad propia de esmalte que pretende resolver este problema, pues es claro que la razón que la creó en 2005 fue justamente la sustitución de la greta en las ollas de San Miguel. REFERENCIAS NOTAS 1 Informe 2010, Uso del plomo en la alfarería en México del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) y Blacksmith Institute, de Mario Covarrubias Pérez y Daniel Estrada Sánchez: http://alfareria.org/sites/default/files/images/InformePbAlfareria2010.pdf. Leopoldo Noyola Antropólogo Revista Elementos polo.noyola@gmail.com |
