Ser adulto mayor en tiempos de COVID-19



Ana Luisa Lino González, Bernarda Téllez Alanís
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La COVID-19 ha sumado dificultades en la vida de los adultos mayores a nivel mundial; sin embargo, hay importantes aspectos a considerar y cosas por hacer que, sin duda, ayudarán a mejorar su bienestar físico, social y emocional tan necesarios en este momento histórico.

 

CONTEXTUALIZANDO LA SITUACIÓN

 

En diciembre de 2019 el mundo entero fue testigo del surgimiento en China de un nuevo integrante de la familia de los coronavirus, este nuevo virus fue denominado (SARS-CoV-2) ya que causa el Síndrome Respiratorio Agudo Grave de tipo 2, más común y sencillamente denominando enfermedad por coronavirus de 2019 (COVID-19) (Ruiz-Bravo y Jiménez-Varela, 2020), que desde entonces aqueja y no ha dado tregua a la población mundial. Este nuevo virus es de origen zoonótico, es decir, es transmitido de los animales a los seres humanos y ha resultado ser altamente contagioso (Organización Mundial de la Salud, 2020a). Parte de los hallazgos que se han ido realizando por la comunidad médica y científica apuntan a que hay condiciones o características que hacen que algunos pacientes presenten una respuesta baja de defensa durante el período de la enfermedad, asociada a períodos prolongados de recuperación, a la presencia de secuelas y a altos índices de mortalidad. Parte de esta población de riesgo y vulnerabilidad está conformada por las personas mayores de 60 años quienes han presentado, según las estadísticas mundiales, una tasa de mortalidad alta que aumenta conforme más avanzada es la edad (Organización Mundial de la Salud, 2020b; Daoust, 2020). Diferentes países alcanzaron índices de mortalidad elevados en esta población durante los primeros meses de la pandemia; por ejemplo, España reportó 63.1 % (Bonanad y cols., 2020), Estados Unidos 80 % (Jecker, 2020), e Italia 83 % (Remuzzi y Remuzzi, 2020); en México, de acuerdo con los datos actualizados al 11 de diciembre de este año, se ha reportado un total de 113,019 defunciones de las cuales aproximadamente 69,650 (69.5 %) corresponden a este grupo etario (Gobierno de México, 2020), mostrando que los adultos mayores son el grupo más vulnerable en México y el mundo.

 

 

CONFINAMIENTO Y DISTANCIAMIENTO SOCIAL

 

La facilidad para adquirir la enfermedad encendió las alertas de diversas organizaciones internacionales del ámbito de la salud como son la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, quienes recomendaron diferentes estrategias dirigidas a la población mundial encaminadas hacia la prevención y la disminución de los contagios (Organización Mundial de la Salud, 2020b; Organización Panamericana de la Salud, 2020). Dos de estas recomendaciones fueron la implementación del distanciamiento social y el confinamiento; ambas disposiciones han sido mecanismos clave como una forma de contención de la enfermedad ante el alto grado de contagios y la falta de medicamentos y vacunas para tratarla con efectividad. Los gobiernos han promovido que las actividades laborales y escolares se realicen en los hogares para evitar las aglomeraciones en el transporte, oficinas y escuelas; también se alentó a la población a no realizar reuniones sociales o familiares. Así mismo, se cerraron centros comerciales y lugares destinados a la diversión, la cultura, el esparcimiento, las actividades deportivas, entre otras, como una estrategia dirigida a restringir el contacto directo entre las personas considerando, incluso, que en caso de ser inevitable la interacción cara a cara, esta debía ser a una distancia de por lo menos 150 centímetros entre persona y persona. Por otro lado, el confinamiento busca restringir la interacción social solicitando a la población permanecer en sus hogares y salir lo menos posible, en algunos casos tomando medidas relacionadas con la restricción de horarios, la suspensión del transporte público, el cierre de fronteras, entre otras medidas. La alternativa para realizar las actividades laborales, escolares, sociales y culturales, ha sido el empleo de plataformas digitales que permiten permanecer en contacto a través de llamadas y videollamadas.

 

 

 

ADULTO MAYOR, DISTANCIAMIENTO FÍSICO Y CONFINAMIENTO

 

Ser adulto mayor en tiempos de COVID-19 ha representado todo un reto pues se ha visto mermado en muchos aspectos el día a día de las personas. Poco tiempo después del inicio de la pandemia, al surgir las cifras de los fallecimientos y la cantidad de infectados, los adultos mayores fueron reportados como parte de la población con mayor vulnerabilidad a los efectos y secuelas más graves de la enfermedad. Esto, en parte como consecuencia de las posibles enfermedades crónico-degenerativas frecuentemente observadas en esta población y que suelen ser, por sí mismas, causas de discapacidad, dependencia y deterioro físico y cognitivo acelerado. Al ser una población vulnerable, los adultos mayores están más involucrados con las medidas de confinamiento y distanciamiento social, muchas de las veces por voluntad propia y otras por imposición de sus familiares, quienes intentan protegerlos y mantenerlos saludables.

     Desafortunadamente, antes de la pandemia muchos de ellos ya se enfrentaban a diversas situaciones poco favorables en su vida cotidiana, la mayoría relacionadas con aspectos sociales y de salud física y mental. Asociado a esto, el confinamiento y el distanciamiento físico han provocado un deterioro más pronunciado, ya que la interacción social, la realización de actividades que les eran habituales antes de la pandemia, así como el desplazamiento exterior, su independencia y la posibilidad de realizar algún tipo de ejercicio han disminuido. Se ha incrementado el estrés ante el temor de que ellos mismos o sus familiares contraigan la enfermedad; así mismo, la puesta en práctica de las medidas preventivas como el constante lavado de manos, el uso de caretas y cubrebocas, la implementación del “estornudo de etiqueta” que es toser o estornudar en la parte interna del brazo, entre otras medidas, han generado un constante estado de alerta que ha incrementado sus niveles de ansiedad. La dificultad para realizar ejercicio físico ha provocado una disminución del control de sus enfermedades para el que, aunado al consumo de medicamentos, se les recomienda mantener cierto grado de actividad física que ayude a mantener los niveles de normalidad de la glucosa, el colesterol, los triglicéridos, la tensión arterial, fortalecer su sistema inmunológico, y de paso, ayudar a controlar o a disminuir el peso corporal, que es importante para favorecer el mantenimiento de la salud. La falta de actividad y ejercicio físico, así como el aumento del sedentarismo, además de los problemas de salud física y el descontrol en la atención y el tratamiento de sus enfermedades han incrementado los índices de depresión en esta población.