Marie Curie



Froylán Mario Espinoza Escalante
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MARIE CURIE
Adela Muñoz Páez
Penguin Random House Grupo Editorial
México, 2020

 

Marie Curie es bien conocida por haber descubierto el polonio y el radio, dos elementos encontrados en residuos de las minas de uranio; y por ser la primera mujer en recibir un premio Nobel, proeza que se repite en una segunda ocasión (algo inusual), pero poco se sabe de su crecimiento personal y sus capacidades para lidiar con un entorno enteramente hostil. La vida de Marie Curie representa el epítome del desarrollo de la ciencia moderna y la inclusión de las mujeres en ella; sin duda fue un camino arduo el que tuvo que transitar Maria Salomea Sklodowski (su nombre de pila) para abrirse paso en un mundo científico bajo dominio masculino. Su carácter introvertido, su gran curiosidad científica, su pasión y, sobre todo, su resiliencia, llevaron a Marie Curie a no desfallecer ante las peores calamidades.

     Descubrió un elemento químico que dio pie al desarrollo de un nuevo campo del conocimiento; ayudó a su país de adopción en la guerra cuando la misma sociedad francesa pedía su destierro; superó la muerte de uno de los amores de su vida, Pierre Curie, para ser señalada por mucho tiempo como su sombra y, algunas veces, como la conspiradora de su muerte. La doctora Adela Muñoz nos presenta tres fases de Marie Curie, que desde la infancia supo abrirse paso en el difícil mundo de la ciencia, trabajando en condiciones paupérrimas y sin paga, en una carrera contra el tiempo y contra la vida misma; Mania la niña, Marie la estudiante de ciencias, y Marie, la científica que luchó para y a pesar de la sociedad.

     En los primeros seis capítulos de su libro la doctora Adela Muñoz se refiere a Mania, a Maria, queriendo volar después de haber quebrado un cascarón que pareciera no debía haberse roto, pero para suerte de todos se rompió. Hija de dos profesores polacos, Mania crece en un entorno profundamente académico, rodeada de libros y de una férrea convicción para hacer de la educación la única forma de salvar a Polonia de la ocupación; a pesar de la promoción de una educación igualitaria, la represión siguió latente por muchos años, sobre todo en el aspecto cultural y científico, pero Mania es brillante, siempre lo ha sido. La doctora Muñoz nos muestra una Mania tolerante, las más de las veces, pero profundamente humana que se frustra, enamora y desanima ante las vicisitudes. Nos relata cómo la joven Mania se convierte en Maria, la estudiante de la Sorbona de París que rompió los esquemas de la buena moral de la vieja Francia abriéndose paso una vez más, ahora en un país extranjero que proclama la liberté pero con una cultura predominantemente masculina y con muy pocos científicos decididos a apoyar a la mujer en su incursión a las ciencias.

     A partir del capítulo 7 empieza la transición de Mania hacia Marie, la que todos conocemos: la científica. Podemos encontrarnos a una Marie rodeada de personas que la apoyarían incondicionalmente a concretar el que fuera quizá su mayor anhelo en la vida: llevar la ciencia a todos los niveles, a todas las personas. Se casó con un hombre con el que empataba a la perfección en intereses y quien más que impedirle seguir, le apoyó en todo momento y la acompañó durante poco más de una década hasta su muerte, así fue Pierre Curie.

     También contó con el apoyo incondicional de su suegro, sobre todo en la crianza de sus dos hijas, convirtiéndose en pilar imprescindible para dar más libertad al trabajo académico de Marie. Estuvo rodeada de muy pocos, pero muy leales amigos, hombres académicos y mujeres muy valerosas que defendían los derechos de la mujer, y que estuvieron dispuestos a apoyar a Marie hasta en las situaciones más difíciles. Nos presenta la autora a una Marie que a veces parece imperturbable, dura, resiliente, interesada solo en la ciencia que desarrolla; sin embargo, nos deja ver de principio a fin a una mujer extraordinariamente amorosa, comprometida con sus allegados y capaz de resurgir de las cenizas una y otra vez con el apoyo de quienes le amaban.

     Marie se convirtió en una científica que, a pesar de ser poco escuchada y a veces anulada por la comunidad científica –que en el mejor de los casos atendió a sus hallazgos bajo la figura de su marido y colega Pierre–, mostró al mundo el poder de la mujer en la ciencia y el desarrollo tecnológico. Se conectó con personalidades como Lord Kelvin, el inglés que a sus 24 años desarrolló la escala de temperatura básica del Sistema Internacional de Medidas; con Becquerel, de una rancia estirpe científica y consolidado como un eminente científico francés; también con Rutherford, el neozelandés que logró un gran avance en el campo de la radiación trabajando en Canadá y que fuera la competencia más directa de los esposos Curie; entre muchos otros, aparece en escena el mismo Einstein para consolar a Marie en uno de los momentos más tristes y caóticos de su vida.

     La doctora Adela Muñoz Páez nos lleva a través de unos años prolíficos en materia de ciencia, impulsados por los descubrimientos de los rayos X, años en los cuales Marie nunca imaginó que rompería todos los esquemas, descubriendo primero el polonio y finalmente el radio. Ella es la principal protagonista, no solo desde la perspectiva biográfica sino también, y más importante, en toda la escena académica de la física y la química modernas. Su coprotagonista asoma tímidamente entre líneas como la principal herramienta de los científicos que participan en este fascinante relato: la química analítica. Esta permitió a Marie Curie, Pierre Curie y Gustave Bémont separar el radio y precipitarlo a partir de la pechblenda.

     Para todos los científicos del mundo interesados en la nueva ciencia, fue sin lugar a dudas la principal herramienta para replicar y perfeccionar este proceso no patentado por ninguno de sus desarrolladores. Para el ojo inexperto podría pasar un tanto desapercibida, quizá se note como una minúscula pieza del rompecabezas, pero es pieza fundamental para los descubrimientos que impulsaron la nueva ciencia de la radiactividad.

     Tras el descubrimiento irrefutable de la radiactividad se propuso a Marie, Pierre y Becquerel al premio Nobel, pero el mundo de la ciencia secuestrado por hombres trató de sacar a la prodigiosa Marie; sin embargo, Pierre fue contundente en su respuesta a la Academia Sueca en que Marie debería se correceptora y, con toda la justicia que ella merecía, le fue otorgado en 1903, haciendo sonar al ahora prestigioso premio en el ámbito social. Más tarde, en 1911, Marie hizo sonar nuevamente a los premios Nobel, pero esta vez por un embrollo amoroso. La resiliencia de Marie Curie, la mujer, permitió que la científica se levantara una y otra vez para seguir aportando a la ciencia y fuera distinguida con este galardón ahora tan codiciado en un par de ocasiones. Marie Curie es sin duda una inspiración para cientos de mujeres y hombres que luchan todos los días para desarrollar ciencia de alto nivel porque ni ella ni su esposo Pierre buscaron nunca el reconocimiento, ambos estaban interesados solamente en hacer ciencia, los premios y reconocimientos aparecían esporádicamente, pero nunca fueron el incentivo de estos dos científicos inigualables.

     La doctora Adela Muñoz nos presenta una biografía motivadora para los jóvenes a quienes les apasiona la ciencia, para las mujeres y hombres que necesitan inspiración para seguir adelante y para el público en general que quiere acercarse un poco más al intrincado mundo de la ciencia y sus descubrimientos.

     Todos somos parte de esta historia de la ciencia, todos hemos sido tocados por el fenómeno de la reactividad encabezado por una mujer brillante que dejó un gran legado a la humanidad, Marie Curie, la científica.

 

Froylán Mario Espinoza Escalante
Universidad Autónoma de Guadalajara

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