Las claves del territorio



Alexis Ordaz Hernández
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El ser humano en su evolución ha transitado por diversas etapas; en sus inicios, mediante una rutina itinerante desarrollaba actividades muy elementales para su supervivencia, fundamentalmente la caza y la recolección. Durante el periodo neolítico, aproximadamente entre los años 6,000 A.C. hasta el año 3,000 A.C. y acompañando el desarrollo de la agricultura, comienzan a surgir las primeras aldeas.

     El primer ejemplo lo constituyó la antigua Mesopotamia, actualmente Irak, y zonas de Irán y Siria, donde la presencia de los ríos Tigris y Éufrates favoreció el desarrollo de la agricultura, una fuente sostenible de alimentos y la edificación de los primeros templos y ciudades. Además de la civilización mesopotámica, otras civilizaciones como la egipcia, la india y la china advirtieron la importancia de los ríos y valles fluviales para su desarrollo (Landa del Río y Pinto Arratia, 2015).

     El medio físico natural incide de forma determinante en los procesos de uso y ocupación de los territorios. Las aptitudes de la superficie para la agricultura, la urbanización, la conservación, la reforestación, etc., en gran medida son piezas claves de un rompecabezas socio-natural.

     Es importante subrayar que, por sí sola, la vocación del territorio no es criterio definitivo, pues intervienen otros factores culturales, históricos, de mercado y de seguridad, que también deben considerarse para alcanzar la sinergia que garantice el desarrollo local.

 

NUESTRA CASA: ¿FUENTE VISIBLE O INVISIBLE DE RIESGOS SOCIO-NATURALES?

 

En nuestra casa común ocurren procesos complejos fundamentados en leyes físicas. Por ejemplo, cuando en el interior de la tierra se acumula energía debido a la deformación paulatina de los materiales rocosos, y en busca del equilibrio, esta energía es liberada y transmitida mediante ondas elásticas de forma súbita, provocando los terremotos. O cuando en los mares se combina el aire caliente de las tormentas con las aguas cálidas de los océanos, formando grandes remolinos y centros de bajas presiones conocidos como huracanes. Estos y muchos otros ejemplos han impulsado a la humanidad a conocer con exactitud el lugar donde vive. Producto a la sabiduría acumulada, un habitante de la península de Yucatán o de las islas del Caribe sabe que su territorio puede ser afectado cada año, de junio a noviembre, por un huracán. El impacto de este evento ocasiona penetraciones del mar, caída de árboles e importantes transformaciones en la línea de costa mediante procesos erosivos o acumulativos. Todos estos efectos son evidentemente naturales y probablemente reversibles. Así mismo, los capitalinos y oaxaqueños tienen modos de actuación bien concebidos para actuar frente a los terremotos.

     Los fenómenos naturales mencionados y muchos otros de orígenes geológicos o hidrometeorológicos, siguen provocando importantes pérdidas de vidas humanas y económicas (Animal Político, 2017; Garrocho y cols., 2017; CENAPRED, 2018). Contradictoriamente, y pese al impulso tecnológico y a un desarrollo importante de la teoría del riesgo, aún se desencadenan eventos desastrosos. La solución probablemente sea muy compleja, como complicadas resultan las dinámicas naturales, sociales, económicas y jurídicas que crean los escenarios de riesgos. Sin embargo, la comunidad puede realizar un importante empoderamiento del conocimiento científico y cultural que hasta el día de hoy se tiene. No se trata de iniciar un nuevo recorrido, se trata de hacernos cuestionamientos muy básicos, por ejemplo ¿qué debo conocer del lugar donde vivo?

     La respuesta a la pregunta anterior no debe concebirse como la obligatoriedad a ser expertos en desastres, pero sí a entender la dinámica que nos rodea. La primera condición para comprender nuestro entorno es preservar la memoria histórica y los antecedentes de la colonia o el barrio donde vivimos. En este sentido, en un área donde en el pasado han ocurrido deslizamientos de tierra (deslaves) es altamente probable que se repitan de cara al futuro. Pero a esta sabiduría popular le podemos añadir otros ingredientes; por ejemplo, si verificamos que ocurren con más frecuencia en temporada de lluvia y, dentro de esta, cuando hay importantes acumulados en 24 horas.

     Un caso ilustrativo resulta el deslizamiento de tierra ocurrido en octubre de 1999 en la Colonia Benito Juárez, en la ciudad de Teziutlán, Puebla. Este deslizamiento fue desencadenado por las intensas lluvias de finales de septiembre e inicios de octubre de ese mismo año, que aproximadamente detonaron 100 deslizamientos en la zona (CENAPRED, 2014).

     Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), citada por la prensa, los huracanes y las inundaciones causaron el 40 % de pérdidas por concepto de desastres naturales durante 2018 en México (El Economista, 2019). Estos datos pueden abrir un amplio debate en la población; por ejemplo, un cuestionamiento elemental sería ¿cómo es posible que eventos que pueden pronosticarse con horas, e incluso días de antelación, provoquen tales niveles de daños?

     Otro caso diferente son los dramáticos daños por terremotos; este evento no tiene pronóstico temporal, al menos en una escala de tiempo aplicable a la evacuación de la población en riesgo; sin embargo, se conocen espacialmente los sitios donde pueden ocurrir y donde pueden amplificarse de forma importante las ondas sísmicas. No obstante, son altamente probables daños importantes por sismos.

 

REFLEXIONES FINALES

 

Las respuestas a los cuestionamientos anteriores van a repercutir seguramente en una mejora de la percepción del riesgo y a conformar comunidades más resilientes. Y, probablemente, deben conducir a los tomadores de decisiones a mejorar sus políticas de desarrollo urbano. Alcántara-Ayala y colaboradores (2019) indicaron sobre el tema:

 

Los factores impulsores del riesgo en esencia vinculados con la creación y reproducción de la exposición y las diferentes aristas de la vulnerabilidad están directamente condicionados por el inadecuado uso y manejo del territorio.

 

     Los apuntes anteriores tienen el propósito de entender a los desastres como una construcción social, que es edificada sobre malas prácticas de ocupación del territorio, aparentemente acompañada con incumplimientos de reglamentos, planes y programas, y la baja percepción del riesgo. Se trata de un asunto en el que todos debemos asumir un enérgico compromiso, desde los científicos y los tomadores de decisiones, hasta el ciudadano. El cumplimiento de sus respectivos roles permitiría eventualmente en el futuro implementar políticas públicas de gestión integral de riesgos de desastres, de acuerdo con los escenarios de riesgos de la república mexicana.

 

REFERENCIAS

 

Alcántara-Ayala, y cols. (2019). Gestión Integral de Riesgo de Desastres en México: reflexiones, retos y propuestas de transformación de la política pública desde la academia. Investigaciones geográficas 98:1-17. https://doi.org/10.14350/rig.59784.

Animal Político (2017). Sube a 96 la cifra de muertos por sismo; 41 municipios de Oaxaca fueron afectados. Recuperado de: https://goo.gl/EavHDX.

CENAPRED, Centro Nacional de Prevención de Desastres (2014). Guía Básica para la elaboración de Atlas Estatales y Municipales de Peligros y Riesgos. Fenómenos Geológicos. 1ª edición, noviembre 2006. Versión Electrónica 2014. Recuperado de: http://www.cenapred.gob.mx/es/Publicaciones/archivos/55.pdf.

CENAPRED, Centro Nacional de Prevención de Desastres (2018). Inundaciones en México. Recuperado de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/336984/1._180503_SRI_Inundaciones.pdf.

El Economista (2019). Huracanes e inundaciones causan el 40 % de daños por desastres en México: AMIS. Recuperado de: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Huracanes-e-inundaciones-causan-el-40-de-danos-por-desastres-en-Mexico-AMIS-20190617-0055.html.

Garrocho C, Campos-Alanís J y Chávez-Soto T (2018). Análisis espacial de los inmuebles dañados por el sismo 19S-2017 en la Ciudad de México. Salud Pública de México, 60 (Supl. 1): 31-40. https://doi.org/10.21149/9238.

Landa del Río L y Pinto Arratia V (2015). Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Chile: Ediciones SM S.A. 290p.

 

Alexis Ordaz Hernández
Facultad de Geografía
Universidad Autónoma del Estado de México

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