Ciencia y vocación territorial en Chile. Entrevista a Guido Girardi
Leopoldo Noyola Rocha
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El 16 de enero de 2017 la presidente Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley que crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología que será “el centro del modelo de desarrollo” que reemplazará a CONICYT:1 “es hora de que en Chile le demos relevancia a la investigación científica”, dijo la mandataria.2 Un mes después, tuvimos la oportunidad de estar en Santiago con el propósito de realizar una entrevista sobre la ciencia en Chile y particularmente sobre el Ministerio de Ciencia y Tecnología que es la realización de una antigua promesa de América Latina con la investigación y el desarrollo, siempre postergado por eventualidades políticas y económicas más apremiantes.
Guido Girardi, © Rodrigo Carmona P.
Girardi es un controvertido personaje de la política chilena, médico especializado en padecimientos broncopulmonares, fue el fundador y luego presidente del Partido por la Democracia (PPD); en su momento también el diputado más votado del país, con un 67 %; fue presidente de la Cámara de Diputados y de la de Senadores, especialista en temas de salud, medioambiente y ciencia, realizó una enérgica labor clausurando famosos restaurantes capitalinos por anomalías higiénicas, mataderos mal avenidos y decomisando productos vencidos del mercado, participó en asuntos medioambientales notables como la paralización de proyectos que implicaban un desastre ecológico, a pesar de sus millonarias inversiones, como fue el caso de la forestal Trillium, y este año su oposición activa al proyecto de Minera Dominga que lo ha enfrentado al ministro de Hacienda de su propio partido. Accedió amablemente a acudir a un domicilio de la comuna de Peñalolén, en el suroriente de Santiago, en donde abrimos tema con esta preocupación: en contraste con su buena salud económica, la inversión de Chile en ciencia es mediocre aun en una región tan pobre en ese rubro como es la latinoamericana. ¿En qué se va a gastar su presupuesto un ministerio de ciencia?, ¿por qué no se ha hecho caso a la comisión de 30 personalidades, formada por Bachelet, que generó el documento “Un sueño compartido para el futuro de Chile”, pero que se ignoró en la práctica ¿Cuál es la base de este ministerio? Empecemos por el principio: ¿cómo ha podido avanzar Chile, crecer económicamente y tener un piso de los 20 mil dólares per cápita, sin ciencia? Es porque ha vivido en un área de confort y dependencia, que es finalmente una enfermedad, que es la dependencia de los commodities (materias primas transables en el mercado de valores), un modelo de desarrollo muy complejo que se sustenta y sustenta a su vez algo que es muy particular de Chile: los commodities no han modificado la desigualdad de ingresos; ha tenido bajas económicas regresivas muy importantes, ha tenido tasas de reducción de la pobreza muy importantes; una reducción de la pobreza dramática y de la pobreza extrema también, pero si hay algo que es muy particular y propio de estos modelos exportadores, que son dependientes de los commodities, es que no han modificado esencialmente la desigualdad de ingresos. Y tal vez el parámetro más interesante de observar, que es la consecuencia más fina de Chile, es que está entre los países más desiguales del planeta. Los commodities en Chile mantenían una política tributaria regresiva, donde los impuestos los pagaban los más pobres y no las grandes riquezas. Esto finalmente es un problema político, porque cuando la economía del país está en pocas manos, en manos de grupos económicos muy consolidados, muy integrados verticalmente además, y que manejan la economía porque manejan la minería, porque manejan la pesquería, porque manejan la exportación de fruta, porque manejan las principales áreas de exportación de Chile, la exportación de alimentos, evidentemente es un sector que con un poco de capital financiero, más bien intensivo, y con muy poca mano de obra pueden hacerlo. No necesitan de grandes movilizaciones en materia de educación básica, de educación media, de desarrollo científico, y estos mismos sectores, que si bien paradojalmente son sectores empresariales muy modernos, tú ves cómo Chile llegó a ser en muy poco tiempo segundo o primer exportador de salmón con tecnología muy avanzada, si tú ves la industria frutícola es muy moderna, la industria del vino es muy moderna, si tú ves la industria de la minería –comparada con otros países–, es muy moderna, de alto estándar, es paradojal que estos sectores no inviertan en ciencia. Son compradores de tecnología, porque a pesar de tener los recursos no tienen apetito, no tiene visión de futuro. Y sí, son consumidores de tecnología que traen de otros países, pero eso les ha permitido articularla. Lo que sucede es que yo pienso que Chile nunca más va a volver a tener las tasas de crecimiento económico a partir de ese modelo y no volveremos a ver un ciclo así en la historia económica y política del país. Lo que estamos viviendo en una dimensión más ciudadana de presión social por la educación, por la gratuidad de la educación, es también una reflexión más de fondo, de parte de la sociedad, de abrir la economía a los ciudadanos, de que el desarrollo sea un desarrollo más integral, más sistémico; hay un cuestionamiento muy fuerte al empresariado chileno, y yo pienso que lo que subyace en ese cuestionamiento, no solo las colusiones, los pollos, los pañales, las farmacias, sino que es la falta de participación de los ciudadanos como actores centrales del desarrollo económico, social y cultural del país.
Un apoyo simbólico… ¿Entonces, hablando de ciencia, qué es lo que necesita Chile? Chile no necesita, en términos particulares, por ejemplo, invertir más en formación de doctores, invertir más en compra de tecnología; lo que Chile necesita, primero, es cambiar su manera de pensar. Es lo que estoy proponiendo yo, por lo menos. Chile tiene una particularidad, que es la particularidad de este país. Puede que se repita en otros lugares, pero en ninguna parte se repite con tanta claridad como en Chile. Lo que yo he planteado es que el desarrollo de Chile a futuro se haga desde un elemento que es central, que es particular de Chile, que no tienen otros países con tanta nitidez, que es la vocación de uso de su territorio, y que sean los territorios los que definan lo que tú estás planteando, y no sea una conversación centralista, autoritaria, nuevamente vertical la que lo defina porque así no hay encuentro, no hay diálogo. Entonces yo digo: Chile tiene territorios ecosistémicos muy claros y muy potentes, tiene el desierto de Atacama, entonces ¿qué es el desierto de Atacama?, yo digo, construyamos una definición, concordemos una vocación de uso del territorio pero ciudadana, de abajo hacia arriba, reunamos a los académicos, a las universidades, a los emprendedores, a los empresarios, a las comunidades indígenas, a los ciudadanos y convoquemos un gran foro sobre cuál es la vocación; qué creemos nosotros, qué queremos nosotros que puede ser el futuro del desierto de Atacama. Como ecosistema, yo no estoy hablando de regiones, porque las regiones –y esa es la discusión que yo he tenido en toda la política, la descentralización–, Chile mantiene las regiones que creó Pinochet, que las creó con un sentido político y administrativo, pero no ecosistémico. Qué diferencia hay entre Arica, Antofagasta e Iquique: ninguna. Y Arica va a ser una región e Iquique otra... y son las mismas. Y entonces yo digo no, tomemos esto como macrorregiones a partir de la vocación de su territorio, y estoy seguro que si tú miras esto desde la vocación de uso de su territorio vamos a llegar a un consenso con los científicos, con las comunidades, de que la vocación del desierto de Atacama es la minería, cierto, pero una minería que requiere ser una minería moderna, que tiene que resolver los problemas de energía, del agua, pero que además tiene el desierto más irradiado del planeta. Y, por ejemplo, una vocación es la de ser el centro mundial de energía solar, no nacional, un centro de energía solar para todo el planeta. Yo siempre digo que el siglo XX fue equívoco para Chile, porque no le dio petróleo, porque no le dio ninguna de las grandes palancas de desarrollo del siglo XX. El siglo XXI es muy generoso con Chile, porque le va a dar a Chile los principales elementos que son la palanca de desarrollo de este siglo, por ejemplo la energía solar, no hay ningún país que tenga los niveles de radiación ni de seguridad, sin problemas geopolíticos, en donde tú podrías desarrollar energía solar para todo el planeta. Además, hoy día la energía solar, las celdas fotovoltáicas, son 20 % eficientes y van a llegar a ser del 50 % muy rápido, abaratando sus costos. Chile hoy día logró tener, en licitación, la energía solar más barata del planeta, 29 dólares el megavatio, cuando el petróleo vale 110, el carbón 80, la eólica 60, Chile logró una cosa inédita: 29 dólares. Si hoy día estamos en 29 dólares vamos a llegar a 10 dólares. Y yo te aseguro que vamos a bajar los 10 dólares en la próxima década. ¿Y qué significa eso? Que la energía dejó de ser el problema de la humanidad. Si quienes controlaban el petróleo en el siglo XX controlaban la economía del planeta, porque era una energía centralista, además de autoritaria, vertical y esa es la civilización del petróleo que creó una economía y una civilización centralista, vertical, a imagen y semejanza del petróleo, la energía solar ya no es el elemento geopolítico del futuro porque, a diez dólares va a ser un commoditie casi de costo marginal cero. Segundo: cambio climático. Gran problema de la humanidad, va a obligar a usar energía solar y a desincentivar la fósil. Pero en una primera etapa, antes de llegar a la energía solar, vamos a pasar por la batería. Por lo menos durante 30 años los vehículos van a ser eléctricos, los camiones van a ser eléctricos, los transportes van a ser eléctricos, el futuro de la humanidad es eléctrico, y para eso se necesita litio. Las baterías son de litio. Solo en el próximo año China va a comprar 5 millones de autos eléctricos, y a partir del año 2025 el 70 % de los kilómetros recorridos en el planeta van a ser eléctricos, porque es tan grave el cambio climático que va a obligar a una reconversión mucho más rápida de lo que creemos. Entonces Chile es el principal productor de litio del planeta, aquí está la principal reserva del planeta. Si tú te das cuenta, Chile hoy día vende el litio a granel, pero si aplicara un poquito de tecnología, un poco, podría vender litio en grado batería, un poco más refinado, que significa un 600 % más de valor a lo que hoy día exporta; pero si el negocio de hoy en el mundo es de mil millones de dólares, en 20 años va a ser un negocio de 500 mil millones. Si Chile tuviera solo el 10 % de ese negocio, son 50 mil millones de dólares. Pero. ¿eso qué significa? Significa una política de desarrollo hoy. Tercer ejemplo, Chile en el gran desarrollo de la exploración del universo. Hace diez años nadie hablaba de los exoplanetas, de buscar planetas habitables, hoy día todos los centros astronómicos están buscando planetas habitables. Entonces, yo lo que digo es que Chile es la ventana al universo, desde Chile se van a descubrir los planetas habitables, desde Chile se va a descubrir la vida en el universo. Tendrá dos de los centros de observación más grandes del planeta. Va tener el 80 % de la observación mundial. Cómo hacemos nosotros de esa vocación un instrumento de desarrollo que tiene que ver no solamente con la observación, tiene que ver con toda una industria de astronomía… De telescopios... ¿Entonces, quién define el desarrollo de Chile?
Lo define su vocación territorial, si te das cuenta, su vocación de uso del territorio. Tengo muy claro que ya no puedo hacer la misma educación en el jardín infantil, en la básica, en la media, en la universidad; no puedo formar los mismos doctores y no puedo tener la misma institucionalidad porque a la mejor eso requiere de una geometría variable, no puedo tener el mismo presupuesto que tiene, por ejemplo, la Patagonia chilena, que es donde está uno de los recursos de agua más importantes del planeta: un agua dulce pura, no contaminada con nitratos, la primera reserva del mundo; de agua dulce en general es como la tercera. El problema geopolítico del futuro ya no es la energía, es el agua, y Chile tiene en la Patagonia una de las reservas de agua más importantes del planeta, pero además tiene el ecosistema –fantástico– más prístino del globo, el único lugar en donde quedan bosques primarios, es el lugar más adecuado para estudiar y conservar la biodiversidad, para estudiar los fenómenos del cambio climático; o sea, ¿te das cuenta?, tiene una potencialidad maravillosa en un territorio poco habitado. Después, tú vas al centro del país, no hay ninguna diferencia entre lo que es Santiago, lo que se llama Rancagua, O´Higgins, Talca, hasta Concepción es un solo ecosistema, ¿y cuál es su vocación?, es evidente que tiene una vocación alimentaria, agrícola. Pero si tú vas a la región de Concepción, de Temuco, ahí las vocaciones son otras, son forestales, son turísticas, pero son distintas.
No puedes ya nunca más construir el desarrollo verticalmente, sino construir estos espacios de definición, de vocación de uso, que sean democráticos, que sean participativos; que participen la comunidad científica, las universidades, los empresarios, los actores gubernamentales; que definan esto y luego piensen en qué ciencia necesitan, qué doctores necesitan, qué formación, qué educación y qué institucionalidad. ¿Vamos a tener la misma institucionalidad para la Patagonia que para el centro y para el desierto de Atacama? No, tiene que haber una flexibilidad. Tiene que haber una gran inteligencia y una gran capacidad. Es el proyecto de país, es la suma de todas estas vocaciones territoriales. Entonces yo lo que planteo es que ese sea el elemento articulador y no la pregunta de cuántos doctores vamos a necesitar; no, los vamos a formar en función de las necesidades y las vocaciones que tenemos. Queremos ser líderes mundiales en generación de baterías, entonces ¿qué tenemos que hacer?; queremos ser los número uno en alimentos como EPA (un ácido graso poliinsaturado) y omega 3 en el mundo, ¿qué tenemos que hacer?; queremos ser los número uno en energía solar, ¿qué tenemos que hacer?; queremos ser los número uno en desarrollo y exportación de minería, ¿qué tenemos que hacer, cómo podemos innovar? Esa es la reflexión. Hay, sin embargo, un gran fantasma en la economía chilena que es la tendencia a privatizar todo, ¿qué riesgo hay de que el litio y el sol chileno sean finalmente concesionados a tres empresas mundiales que se apropien de los recursos como ocurre hoy con el agua?
Por eso te digo que hay que cambiar la manera de pensar, que en vez de que sean procesos verticales sean procesos colaborativos.
Es que tú puedes integrar, el problema ya no es el Estado y el mercado confrontados, ¿te das cuenta? Los estados pueden ser tremendamente burocráticos también. Yo en lo que creo es en la capacidad de articular y colaborar entre Estado, capital privado y universidades. Lo que pasa es que en Chile la universidad no dialoga con la empresa, la universidad no dialoga con el Estado, son entes compartamentalizados; ni el Estado ni el mundo privado tienen ninguna política de innovación real, ni de investigación, ni de inversión. En Chile las empresas privadas invierten 0.1 % del producto en ciencia, y el Estado invierte 0.36 %, con eso no vamos a llegar a ninguna parte. Pero lo más dramático es que está compartamentalizado, no hay diálogo entre las universidades regionales con sus propios territorios. Por ejemplo, la Comisión del Futuro que yo cree cuando era presidente del senado, ¿cuál es la particularidad que tiene? Que es la única comisión de un senado en el planeta donde sus miembros plenos son los senadores, claro, pero lo son también los miembros de la Academia de Ciencia y los rectores de las universidades. Tienen derecho a voz y a voto. Y eso ha cambiado la conversación. Entonces, cuando un proyecto va entrar a través de mi comisión del senado, este proyecto de ciencia se va a definir en el congreso. Y en nuestra comisión los que van a opinar como legisladores van a ser los senadores, pero también los rectores de las universidades y los miembros de la Academia de Ciencia, por derecho propio. Además, nosotros tenemos convenios con las universidades para que, en conjunto con la Comisión del Futuro, puedan ir a cualquier comisión del senado a dar su opinión y puedan presentar proyectos de ley a través de esta comisión. Y hemos construido una alianza muy estrecha, con mucha complicidad.
Bueno, esa es la idea nuestra.
Yo no creo que este sea un tema de esperanza, creo que es un tema de decisión política. Lo hacemos o no lo hacemos. Y si cuando tengas que nombrar a una persona para encabezarlo, nombras a una que no tenga legitimidad, que no tenga el conocimiento, la fuerza, y pones a un burócrata ahí, tampoco va a salir ¿te das cuenta?
Sí, pero eso ya terminó, ahora que está Mario Hamuy eso se ha estabilizado. Mario fue una propuesta nuestra de la Comisión del Futuro. Nosotros concordamos con la presidenta que Mario es la mejor carta, y ellos estuvieron de acuerdo, ha sido muy importante porque es un miembro joven de la Academia de Ciencia, es una persona muy dialogante y ha sido un gran aporte, pero además él venía de la Comisión del Futuro. Era nuestro aliado. Entonces lo que nosotros hemos logrado en Chile es intentar generar un debate ciudadano y ciudadanizar el debate de la ciencia.
En el Congreso del Futuro este año tuvimos 35 mil personas que participaron presencialmente y un millón y medio que siguieron nuestro congreso por las redes, por televisión, y cada vez más logramos transformar este debate, esta conversación sobre el futuro que finalmente es una conversación sobre el pensamiento complejo. Ahí hemos logrado construir un espacio muy transversal donde se han sumado incluso los sectores más conservadores de la derecha, y lo interesante es que hemos logrado generar y transformar un epicentro de conversación cada vez más potente respecto a numerosos temas: el presupuesto, los tipos de desarrollo, el modelo económico, cómo insertar y vincular la ciencia en la sociedad. Yo creo que, así como el petróleo gobernó el siglo XX, para mí la ciencia y los datos van a gobernar el siglo XXI, y un imperativo inmediato, urgente, es democratizar la ciencia y los datos, porque si tú no democratizas la ciencia y los datos los que van confrontar el futuro son los que controlen los datos y controlen la ciencia, y los ciudadanos que no lo entiendan no van a poder incidir y decidir sobre su mundo. Estamos viviendo una crisis de lo que viene con mucha fuerza, un posthumanismo en remplazo de la humanidad, del hombre como centro del universo, a un datacentrismo. Y lo mismo en la ciencia. ![]()
El Congreso del Futuro que nosotros hemos hecho ha sido democratizar, intentar crear un espacio transversal donde nosotros juntamos la filosofía, la ciencia, el pensamiento, la poesía con una reflexión que trata de unir estos mundos que están separados, el mundo de la empresa, la innovación. Y ha sido una terapia interesante. Este ya es el sexto Congreso del Futuro que hacemos y tal vez es ya uno de los encuentros más grandes que hay de ciencia, y tiene una característica: que es totalmente gratis, pues nosotros no le pagamos a ninguna de las personas que vienen. Entonces es de verdad un evento de mucho altruismo de parte de los científicos, vienen premios Nobel y personalidades del pensamiento mundial, este año de 2017 trajimos más de 80 científicos y filósofos de todas partes del mundo, además de 60 chilenos; o sea, fue un encuentro de más de 140 personalidades y no le pagamos a nadie; solo el pasaje y la estadía, evidentemente. Muchas gracias, senador. REFERENCIAS 1 CONICYT, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica fundada en 1967 para la promoción y fomento de la ciencia y la tecnología con orientación preferente al desarrollo económico y social del país.
2 Silva D. Presidenta Bachelet firma proyecto de ley que crea Ministerio de Ciencia y Tecnología, La Tercera, 16 de enero de 2017. 3 Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT), citada por Aparicio, Carlos en: La I+D en América Latina: una situación lamentable, BBC Mundo, 10 de mayo de 2009. 4 Rebossio A. ¿Cuánto invierte América Latina en investigación y desarrollo?, blogs.elpais.com, 14 de noviembre de 2013. Leopoldo Noyola Antropólogo Revista Elementos polo.noyola@gmail.com |


