Importancia del cambio climático



Alejandro Córdova Izquierdo, Gustavo Ruiz Lang
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El panel intergubernamental sobre cambio climático, IPCC por sus siglas en inglés, realizó un estudio sobre la relación entre suelos, agricultura y cambio climático, en el que se hace un llamado de atención sobre las amenazas que pueden desfigurar la biósfera y aniquilar la especie humana. El análisis subraya el uso del suelo, la producción de alimentos y las emisiones de gases de efecto invernadero. La advertencia que formula el IPCC asegura que la agricultura, la ganadería y la silvicultura generan 23 % del total de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) cada año. Por otra parte, este panel recuerda que los suelos del planeta son responsables de absorber aproximadamente un 30 % del CO2 emitido cada año por la industria y el sector energético. En agosto de 2019 se publicó el último informe del IPCC, donde se afirma que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores es el único modo de mantener el calentamiento global por debajo de 1.5 °C. Los recientes informes sobre el estado de la biodiversidad de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) señalan que alrededor de un millón de especies entre animales y plantas se encuentran al borde de la extinción a consecuencia de las actividades humanas. Esta plataforma indica que es inadmisible que tantos gobiernos, parlamentos, partidos políticos e instituciones públicas sigan entregados a las presiones de las grandes empresas, los bancos y los mercados financieros en lugar de velar por el bien común, por las personas y el planeta que habitamos.

 

INTRODUCCIÓN

 

El IPCC indica que cerca de 30 % de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia. El reducir estos desechos contribuiría para reducir las emisiones de GEI. El IPCC también afirma que es necesario combatir la desigualdad que impera en el sector rural a nivel mundial para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los patrones de consumo y el tipo de dieta predominante afectan la cantidad de tierra y agua que se necesitan para la producción de alimentos. El panel calcula que por cada kilogramo de proteína animal producida se necesitan 10,000 litros de agua, 9 kg de granos y el equivalente a 18 kg de capa orgánica de tierra.

El panel señala que no hay que olvidar que en el capitalismo el objetivo de la producción mercantil agrícola no es generar alimentos para la población, sino producir ganancias para las corporaciones. En la producción capitalista el desperdicio es parte del valor agregado que se vende como mercancía. Un rasgo fundamental del capitalismo es la tendencia a la concentración del poder de mercado en pocas empresas.

Los abusos de la concentración del poder van desde la manipulación de precios de los productos hasta las violaciones de los derechos humanos en poblaciones campesinas. El IPCC no es capaz de examinar el verdadero motor de la destrucción ambiental provocada, por ejemplo, por las grandes plantaciones de palma para la producción de aceite en el sudeste asiático, o por la ganadería y la soya transgénica en América Latina.

En la actualidad la concentración de GEI en la atmósfera alcanza unas 445 partes por millón (PPM). Cada año se añaden otras 2.5 partes por millón, si no se logran las metas de reducciones de emisiones, a finales del siglo XXI se habrán añadido unas 300 PPM y habremos alcanzado el nivel de 750 PPM hacia finales de este siglo. Los modelos sobre cambio climático más rigurosos indican que ese nivel de acumulación de GEI nos da una probabilidad de 50 % de que la temperatura promedio aumente unos 5 °C con respecto a la que prevalecía a mediados del siglo XIX. La última vez que el planeta tuvo temperaturas tan elevadas fue hace cerca de 30 millones de años. En la actualidad, los científicos advierten que nos estamos dirigiendo hacia un cambio de temperatura de 3 °C.

Las consecuencias del cambio climático serán: mayor desertificación, sequías, incendios forestales, eventos meteorológicos más violentos y más frecuentes, así como migraciones masivas. Desde que terminó la edad de hielo, hace unos 12,000 años, el clima se ha mantenido relativamente estable, eso provocó la consolidación de la agricultura y la incorporación de lo que hoy llamamos “civilización”; esa pequeña franja en la que la temperatura se mantiene benigna se encuentra actualmente muy amenazada.

Los acuerdos internacionales para reducir las GEI son definitivamente insuficientes para limitar el cambio climático a niveles que no sean peligrosos. COP 25, la Conferencia de las Partes o COP, es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En ella, los jefes de Estado y de Gobierno, o en su nombre los ministros, toman decisiones para intentar mitigar los efectos de la crisis climática derivados de la acción humana. Convocados por más de 850 organizaciones civiles y ecologistas en Madrid, exigieron a los líderes mundiales acciones para frenar la crisis ambiental.

Aun si se cumplieran las promesas de reducciones de GEI en el marco del Acuerdo de París, el cambio climático alcanzará entre 3 y 4.5 °C para finales de este siglo. Ese aumento de temperatura es una amenaza sobre la humanidad. Actualmente las emisiones de GEI no están disminuyendo. Después de unos tres años de estabilizarse, las emisiones han vuelto a aumentar. Los países con más emisiones son China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón y Alemania. México ocupa el duodécimo lugar. Lo que haga nuestro país en este terreno no solamente será una contribución a escala mundial, también tiene que ver con el bienestar

y la seguridad de nuestra población, pues más de la mitad de los 2,458 municipios de nuestro país se encuentran marcados por una fuerte vulnerabilidad frente al cambio climático. Con la panorámica descrita, la política energética de México debe abandonar el uso de combustibles fósiles y dar prioridad a la transición energética hacia las energías renovables.

La ONU ha afirmado que cambiar la forma de comer frenará el calentamiento global. El planeta necesita modificar urgentemente la manera de usar y cultivar sus tierras para garantizar, a la vez, la seguridad alimentaria de sus habitantes y luchar contra el cambio climático; así lo señala el IPCC, que subrayó la importancia de implementar acciones “a corto plazo” contra la degradación de las tierras, el desperdicio de alimentos y las emisiones de gases de efecto invernadero del sector agrícola.

 

CAMBIO CLIMÁTICO

 

Las delegaciones de los 195 países miembros del IPCC analizaron durante cinco días el informe denominado El cambio climático, la desertificación, la degradación de los suelos, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de

gases de efecto invernadero. Cynthia Rosenzweig, científica de la NASA especializada en clima y coautora del estudio, señala “la amenaza de que el cambio climático afecte a la comida que la gente lleva a la mesa está creciendo”. Si la gente cambia la forma

en que se alimenta, cultiva la comida y gestiona los bosques, podría ayudar a salvar el planeta de un futuro cálido. La superficie cultivable de la Tierra, que equivale apenas a alrededor de 30 %, se calienta al doble de velocidad que la Tierra en conjunto. El reporte especial, escrito por más de 100 científicos en la reunión en Ginebra, estudia cómo el cambio climático afecta a las tierras que se usan para el cultivo, para la ganadería o para los bosques, así como las cuestiones de la seguridad alimentaria, las prácticas agrícolas y la forma en la que la deforestación modifica el clima. Concluye que el uso actual de las tierras no es sostenible y contribuye al cambio climático.

Según este informe, ya no queda mucho tiempo porque el calentamiento de las tierras emergidas alcanzó 1.53 °C, el doble del aumento global de la temperatura (incluyendo los océanos). El margen de maniobra es muy estrecho si se quiere limitar el cambio climático y también, al mismo tiempo, alimentar de forma correcta a una población mundial que este siglo superaría 11 mil millones de personas.

Hoesung Lee, presidente del IPCC, expresó que la humanidad tiene que pensar de manera mucho más exhaustiva cómo utilizar cada hectárea. Las tierras tienen que permitir cultivar nuestros alimentos, proporcionar biodiversidad y agua dulce, dar trabajo a miles de personas y capturar miles de millones de toneladas de carbono.

El IPCC elaboró distintas hipótesis para lograr el objetivo de liberar el aumento de temperatura a 1.5 °C o a menos de 2 °C, respecto a la época preindustrial. Estas hipótesis incluyen el cambio del uso de las tierras, la reforestación y el uso de las bioenergías, entre otras medidas. Para el IPCC, además de reducir los gases de efecto invernadero, hay que cambiar también los hábitos de consumo. Actualmente, entre el 25 y 30 % de la producción total de comida se desperdicia y, paralelamente, unos 820 millones de personas en el mundo siguen pasando hambre. La mejora de las prácticas agrícolas (siembra directa y fertilización dirigida) pueden ayudar a disminuir el calentamiento al reducir las emisiones de carbono actuales hasta el 18 % para el año 2050, según el reporte.

La pesca ilegal y la contaminación que arrastran los ríos a las costas han deteriorado los océanos. La pesca ilegal es un gran problema, ya que representa 20 % de la actividad pesquera mundial y pone en peligro la vida marina, además de que se asocia a crímenes como contrabando de drogas y de personas. Se calcula que se pierden por año 23 mil millones de dólares por la pesca ilegal. De ese monto, 60 % corresponde al Océano Pacífico (AFP, 2019). La Antártida, el casquete polar del hemisferio sur se está derritiendo cada vez más rápido por causa del caos climático provocado por el capitalismo industrial. El principal motor del cambio climático es el capitalismo industrial basado en combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) y los únicos que se benefician son una pequeña minoría de países, empresas e individuos ricos.

La mayoría de las migraciones debidas al clima responden a la ecuación de que se producen en el llamado sur global. Mientras que el hemisferio norte es el causante del 80 % de las emisiones de efecto invernadero. Por lo tanto, las naciones en vías de desarrollo son las que pagarán el progreso de las ricas, pues asumirán entre el 75 y el 80 % del costo del cambio climático, según el Banco Mundial. Rosa Otero, portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en España, comenta que es importante que los países se preparen ante estos fenómenos, pero en especial faltan más recursos para los países pobres que no tienen fondos.

 

Conclusiones

 

Las afectaciones al medio ambiente se pueden frenar con una política de conservación biocultural basada en la biología de la conservación.

La biología de la conservación sostiene que la salud debe estar presente en el ser humano, en los animales y en los ecosistemas. Lo anterior implica que en la sociedad se tomen en cuenta no solo los conocimientos científicos, sino también los tradicionales sobre la naturaleza.

La importancia del cambio climático está en su relación con los seres vivos y su entono. Los cambios se están viviendo en el mundo entero. Por ejemplo, donde antes hacía mucho calor, ahora es lo contario y viceversa, situaciones que han repercutido en la aparición de nuevos padecimientos, tanto en humanos como en animales, creemos que las políticas gubernamentales deben estar orientadas a la conservación del ambiente y la salud pública y animal.

 

Alejandro Córdova Izquierdo

Gustavo Ruiz Lang

Departamento de Producción Agrícola y Animal

Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco

acordova@correo.xoc.uam.mx

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