Dorra Mi Fa Sol



Leopoldo Noyola Rocha
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Unos meses antes de su muerte escribí al maestro Raúl Dorra para que diera su visto bueno a uno más de sus artículos para la revista Elementos, con la que mantuvo una relación editorial por 22 años. Aprovechaba para agradecerle los comentarios que en días previos había hecho, vía correo electrónico, a nuestro director acerca de los resultados de la escritura y producción de pódcast (tarea que hemos acometido desde hace casi ya dos años en nuestro Laboratorio Multimedia), pidiéndole que en lo posible ampliara sus observaciones pues, “aunque estamos poniendo alma, vida y corazón en ellos –apuntaba yo– no esperamos aplausos, sino críticas e ideas que los pongan en su lugar”. Unas horas después me respondió: 

Muy estimado amigo:

Gracias por el envío. Creo que mi texto quedará bien enmarcado con esas maravillosas tortugas. Qué bueno que hayan puesto la ilustración que yo había pedido. Eso sería todo. En cuanto a mis felicitaciones, son bien merecidas. La revista tiene ahora una complejidad editorial muy elogiable por la dedicación y el entusiasmo que estas cosas requieren. Pero lo digo más por lo que comenta Enrique que por lo que yo puedo ver. Te agradezco la confianza en que yo puedo hacer una crítica autorizada al trabajo que ustedes hacen, pero esto no es así. Me gustaría poder opinar sobre los “novedosos Podcast”, y lo haría, pero de entrada no sé lo que es un Podcast ni cómo se llega hasta ellos. Seguramente será algo fácil, pero necesito que me expliques. Yo tengo poca experiencia con la comunicación digital y me gustaría enriquecerla. Espero entonces la respuesta a mis correcciones y mis comentarios. Cordialmente, Raúl.

     Desde luego le expliqué, bastante mal, según pude colegir después, haciéndole un breve recuento de las últimas novedades del formato pódcast, un novedoso soporte digital que pone a los antiguos productores de radio en una situación comprometida, pues ya no es posible seguir evadiendo la fabricación de programas complejos, basados en ideas radiofónicas complejas, en guiones como aquellos que se escribían en los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Como sea, mis instrucciones no fueron claras para una persona mayor que, encima de su edad, tenía ya varios meses convaleciente. Le decía:

Estimado Raúl, estaba pensando qué responderle sobre los pódcast, es uno más de los artilugios digitales a cual más sorprendentes; este sin embargo nos permite experimentar con algo muy antiguo, que es el radio, aquel que imaginaron Bertolt Brecht y Walter Benjamin y en México tuvo una época dorada con la W, “la voz de América Latina”, decía la propaganda, cuando había escritores de radio como Mauricio Magdaleno, Jorge Cuesta o Salvador Novo. Todo eso se reduce al guion. Experimentar el sonido desde la perspectiva de un guion cuidadosamente investigado y enriquecido con los otros dos sonidos ostensibles (música y ruidos).

     Su respuesta fue desconcertante, pues elegantemente hacía pedazos nuestra iniciativa de los pódcast. O al menos fue lo que yo sentí. Dorra mencionaba algunas extravagancias y experimentos sonoros que habíamos subido a nuestra página de Internet, pero en ningún momento lo que yo trataba de mostrarle, que eran el medio centenar de pódcast de divulgación científica. Encima de todo, la página se había caído todo un fin de semana. Decía:

Querido amigo:

Me hubiera gustado responder con más detalle a la pregunta por los experimentos con el sonido, pero hoy domingo no se abrió la página. Ayer le eché al proyecto una mirada, o audición, global. Yo no soy un experto en estas cosas, ni mucho menos, y menos aún con lo relativamente poco que pude recorrer. Me pareció un gran trabajo técnico y una valorable exploración auditiva. Sin embargo creo que hay cosas elementales que no están resueltas. En un proyecto así supongo que la primera pregunta es a quién, a qué público va dirigido esto, lo que en comunicación se diría cuál es la imagen del destinatario, y luego de qué cosas se quiere informar, cuál es la materia o el contenido. Me imagino que se trataría de los lectores de Elementos y, más o menos de los temas, o de las inquietudes que promueve la revista. Yo he oído algunas cápsulas como dirigidas a un público infantil (lo que no está mal, pero habría que saber para qué), he oído otras cosas humorísticas, búsqueda de efectos cómicos con un ponderable esfuerzo invertido en la sonoridad. También he oído pequeñas cápsulas de información científica que uno encuentra fácilmente en Internet. Y junto a esto otros trabajos que, me pareció, están más en la línea de la revista, como el dedicado a Frida Kahlo, o a Antonin Artaud, la entrevista a Enrique, algunas búsquedas sonoras para sugerir fenómenos naturales y ya no alcancé a ver más. En general, repito, creo que un gran material creativo para mi gusto no demasiado aprovechado. Creo que hay que tener en cuenta que en Internet se consigue todo tipo de información y por lo tanto que tiene que tratarse de una información no solo de calidad sino bien situada, situada en algo propio. Supongo que se debe transmitir la idea general de que se está en una búsqueda. Por ejemplo, si se trata del trueno no solo sugerir los sonidos ambientales sino lo que ocurre en el mundo interior, en el que escucha el trueno. En general en los fenómenos del mundo natural parece que todo ocurriera con independencia del sujeto, de los hombres. Este aspecto me parece de mucho interés aunque es algo difícil. Por ejemplo sugerir los sonidos en espacios más recónditos, el interior de una montaña, el espacio cósmico, el interior de una botella desde la perspectiva de un insecto, se me ocurre pero es muy difícil; y en esto de imaginar, por ejemplo yo imagino el sonido de la sangre o del cráneo pero lo que quiero decir es que esto debe mostrarse como un proyecto de investigación.

     Mi conclusión fue que Dorra, por una razón atribuible al anterior portal, no había encontrado los pódcast de ciencia. Rectifiqué mis instrucciones señalándole el punto exacto para escuchar nuestros “Especiales de ciencia”, un recorrido arbitrario y azaroso por diversos temas científicos determinados más por la existencia de libros en nuestra biblioteca que por el deseo real de trabajar en esos temas específicos. Pero bueno, está la espectacular astronomía y la ineludible medicina, pasando por la química, la física, además de otras decenas de temas que se incrementan cada semana en una unidad. Con enorme generosidad Raúl Dorra hizo el esfuerzo de llegar a ellos.

     Como sea, le agradecía su rapapolvo:

En fin, me encantó su crítica, pero estará incompleta si no se considera esa parte dedicada a la ciencia, que es nuestra única y verdadera propuesta. Lo que no quita interés a que usted haya entrado por la puerta de atrás; es decir, los pódcast de relleno.

     Su ansiada respuesta me llegó unos días después:

Estimado Polo:

Fui yo el equivocado. Sí me habías dado instrucciones precisas. Sólo que al entrar me confundí porque vi el rótulo “Especiales de ciencia” a la cabeza y a color y supuse que era el indicador de los contenidos de los rótulos que venían a continuación. No. Esto es otra cosa, un fino y rico trabajo del sonido. Me gustó por lo que es pero más por lo que puede ser. Cada texto leído informa sobre un tema de la ciencia pero se trata de una información inestable, refutable. En cambio el trabajo del sonido crea un hecho definitivo, una breve obra de arte. Crear una estructura de sonidos, o ruidos, trabajando como un pintor. A mí me parece que el sonido es la línea y el ruido la materia, el color. Supongo que es apasionante. Descomponer los sonidos y trabajarlos para crear una composición que dialogue con el texto leído. Alejandro Pedroza, el de Cuco el Guapo que aparece en el portal de Elementos, alguna vez me mostró cómo él descomponía el sonido en una computadora.

     Se puede hacer tantas cosas. A mí el ruido o los sonidos sueltos me interesan más que la música. Los ruidos de una casa sola, los que llegan de la calle. Los de una habitación. En los ruidos de la noche uno a veces cree descifrar la presencia del tiempo tal vez porque se asocian con los ruidos de nuestra respiración. Ahí, en ese trabajo de ustedes me parece que hay mucha experiencia y mucha reflexión, mucha vida vivida. Todo se siente muy creativo y es el trabajo de muy pocas personas. Pero Elementos más que una revista es un espacio para pensar y experimentar, algo que, me sorprende, se ha enriquecido mucho. Más allá de cada texto en particular o cada ilustración o cada número lo que vale es la propuesta, el proyecto que sostiene todo. Ojalá no te canses, no se cansen. Un gran abrazo.

     Estaba yo en mi elemento, recibiendo sustancia pura de unos de los hombres más cultos e interesantes de la Puebla contemporánea, quería decirle que había estado trabajando esa semana en un programa sobre psicoanálisis en donde procuraba que la música expresase su propia opinión en el tema, sin importar el tiempo que le ocupe –el tiempo es el coco de los productores, los límites de la tela del sastre, el tamaño de la olla de los cocineros–. En ese programa usé esa extraordinaria y moderna música Gran fuga de Beethoven, aderezada con Brahms y el polaco Wieniawski y hubo –me gustaría pensar– una compensación entre las palabras que hablaban de los éxitos y los fracasos del procedimiento de Freud con las músicas nerviosas, sensibles y atrevidas de esos músicos. ¿Qué ocurre en nuestro mundo interior? Por fortuna ya no se lo envié a Dorra, que vivía sus últimos momentos. Así como tampoco le envié un experimento lingüístico que efectuamos en su honor consistente en la grabación de un centenar de palíndromos que, con programa computacional, hicimos que se escucharan “al revés”. ¿Cómo se escucha el famoso palíndromo “Anita lava la tina” grabado normal pero escuchado al revés? El resultado fue asombroso, pero Dorra ya estaba muy enfermo para estarlo importunando con nuestros experimentos.

     En algún momento, durante el intercambio de misivas (electrónicas, porque todo fue vía email), Raúl Dorra me platicó una anécdota que he dejado hasta el final porque es una exacta conclusión de todo lo anterior, y porque, además, refleja la sensibilidad de este lingüista y el enorme privilegio de haber sido uno de sus últimos motivos de reflexión. El escenario es la ciudad de París, año de la canica. Escribe Dorra:

Yo una vez viví una experiencia inolvidable en el museo de las ciencias, La Villette, en las afueras de París. Lo que hay allí es infinito, una ciudad entera, pero yo fui directamente a una sección dedicada al sonido y al silencio. Para decir algo de esa gran experiencia que venga al caso aquí había por ejemplo una salita donde se almacenaba el sonido de todas las aves de la Tierra y uno apretaba un botón y oía una y luego otra y componía su concierto. Pero lo que a mí, lingüista, más me impresionó fue el espacio donde se podía oír el sonido de ¡todas las lenguas de la Tierra! Dios mío. Cada lengua recorta un tramo del aparato fonador, define los límites del volumen, la textura del sonido, etcétera. Entonces hay lenguas en la escala que va de lo agudo a lo grave, de lo gutural a lo nasal, de lo claro a lo oscuro, etc., esto ya me lo sabía pero ahí tuve la plena evidencia, unas lenguas sonaban como pájaros, otras como flautas, otras como si crujieran. Eso ocurrió hace ya unos cuantos años pero no lo olvido. Escuchar el puro sonido de una lengua es aproximarse al borde de una revelación a la que no podemos acceder. Tener ese tesoro de sonidos verbales habrá demandado cuántos años de búsqueda y un ejército de gente para llegar hasta las más pequeñas comunidades.

     Con esto me refiero a la idea de la investigación sonora que creo que en estas cápsulas se insinúa, pero para mi gusto algo le falta.

     Y luego está lo conceptual, la información científica con la palabra. Me parece que hay que buscarle por la línea de trabajo de la revista sin miedo a que una audición sea larga, aunque por supuesto no conviene que sea muy larga.

     Pero me pareció que los trabajos en general tienen dos temores: que resulte largo y que resulte aburrido. Por eso me parece que prefieren la cápsula y el efecto humorístico. Pero cada texto debe tener lo suyo, la extensión y el sonido que necesite siempre que diga algo de interés y que otro espacio digital no diría. No hace falta el humor, no hace falta aflautar la voz cuando se está ante una materia rica que tiene su propia manera de sonar.

     Perdón por el rollo. Es que me interesó y creí ver todo lo que se le puso, que se le pone a ese proyecto. Un abrazo. 

     Le respondí:

Gracias por compartir ese recuerdo indeleble de la exposición de París. En nuestro medio el sonido no es “tema” de nadie. El radio real hace pedazos sus posibilidades creativas y la “inteligencia social” parece no darse cuenta de que existe algo ahí. Hay decenas de revistas de chismes televisivos, chismes periodísticos, no se diga cinematográficos, pero no hay una sola columna relacionada con el radio, con la calidad del sonido, con el sonido en sí. Quizás por eso los mexicanos somos tan insolentes con la grave contaminación de cada fin de semana en nuestros barrios. Cohetes cada vez más poderosos resuenan con impunidad, acompañados de campanas desbocadas y sermones religiosos con sonido exterior a las iglesias. Para no hablar del tamalero, el camotero, el gas, la de las empanadas y otros nuevos desempleados que se suman al coro con sonido integrado.

     Como sea, no dejaremos de intentar “sugerir los sonidos en espacios más recónditos, el interior de una montaña, el espacio cósmico”, como lo apunta en su misiva. Gracias pues.

 

Leopoldo Noyola
Antropólogo
Revista Elementos

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