La máquina para tratar fracturas de la pierna por José Antonio de Alzate1



José Luis Gómez de Lara
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La ilustración o siglo de las luces, fue una corriente intelectual que dominó Europa (Países Bajos, Italia, España, Polonia, Rusia) y sus colonias durante el siglo XVIII. Nació en Gran Bretaña, pero donde realmente se asentó fue en Francia. Este gran movimiento político, cultural y filosófico, utilizó la razón como único procedimiento para metodizar el conocimiento; motivo por el cual, recurrió a la experimentación y a la comprobación de los hechos a los que considero sus medios materiales disciplinares (Robles Galindo, 2011). Para el filósofo prusiano Immanuel Kant (1724-1804), había llegado el momento en que “la humanidad debía abandonar su minoría de edad”. Sus fundadores y principales percusores europeos y americanos fueron: Diderot, La Mettrie, Holbach, Rousseau, Montesquieu y Voltaire en Francia; Adam Smith y Hume en Inglaterra; Emmanuel Kant en Alemania; Benito Jerónimo Feijoo en España; Cesare Beccoria en Italia; Alexander Radishchev en Rusia; Benjamín Franklin y Thomas Jefferson en los Estados Unidos de América; Ignacio Bartolache y José Antonio de Alzate en México. 

     Durante esta etapa, se generaron cambios importantes tanto en la concepción como en el ejercicio técnico de la medicina, pero fue en el ámbito social, donde se lograron los avances más espectaculares, debido a que uno de los objetivos de los médicos ilustrados, fue el estudio de la vida y de la muerte de sus pacientes, trabajo que llevaron al contexto mecánico de los laboratorios, con el único fin de buscar el alivio del enfermo con el menor sufrimiento posible. En el campo quirúrgico, las amputaciones, extirpaciones, incisiones y corrección de fracturas de los huesos se realizaban en frío. Se perdía mucha sangre y eran sumamente dolorosas con pérdida del conocimiento, a pesar de que se pretendiera disfrazar o disminuir el dolor con preparados alcohólicos y productos vegetales. Ante este problema, los médicos y cirujanos se lanzaron a la tarea de buscar innovaciones médicas y quirúrgicas que ayudasen a reducir el dolor y al mismo tiempo disminuir las tasas de mortandad en hospitales a consecuencia de estas operaciones.

    Ante el grito de auxilio, la medicina aportó algunas innovaciones trascendentales, encaminadas a un mayor humanitarismo en el trato a los pacientes y a combatir la gran mortalidad de los pacientes. La terapéutica se hizo menos agresiva, el aseo cuidadoso de las heridas comenzó a volverse costumbre entre los médicos (asepsia) y la detención de la hemorragia por comprensión (la hemostasia), permitieron avanzar cada vez más en el desarrollo de las técnicas quirúrgicas para penetrar en sitios más recónditos del cuerpo humano y con procedimientos cada vez menos cruentos. Esto trajo consigo que, algunas especialidades médicas como la ortopedia, sufrieron grandes transformaciones en sus técnicas gracias a figuras destacadas como los cirujanos ingleses Percival Pott (1714-1788) y John Hunter (1728-1793).

 

INGENIOSO APARATO PARA TRATAR FRACTURAS DE LA PIERNA

 

México, fue un gran centro de producción científica, literaria y artística en todo lo largo del siglo XVIII. Si los años finales del siglo XVIII fueron testigos de la obra de Carlos Sigüenza y Góngora (1645-1700), ya desde mediados de la siguiente centuria la agitación intelectual se observó en la formación de bibliotecas, en la publicación de periódicos y en la aparición de obras significativas. Entre ellas destacan las publicaciones de José Antonio de Álzate y Ramírez (1737-1799), Bachiller en Teología, nació en Ozumba, cerca de Chalco, fue descendiente colateral de Sor Juana Inés de la Cruz, educado en el Colegio de San Ildefonso. Fueron siempre las ciencias matemáticas, las naturales y la medicina las que atrajeron su atención y gastó gran parte de su hacienda en proporcionarse libros y aparatos para su estudio e investigación. Editor de cuatro periódicos de contenidos científicos (1. Diario literario de México, 2. Observaciones sobre la física, historia natural y artes útiles, 3. Asuntos varios sobre ciencias y artes y 4. Gacetas de literatura) siendo el más relevante la Gaceta de Literatura de México donde recoge todo el movimiento científico de su época.

    La publicación de revistas y periódicos con informaciones científicas durante la época ilustrada en los territorios del continente americano, principalmente en México, respondió a necesidades, condiciones e influencias de la época cuyos alcances fueron insospechados, entre ellos haberse erigido en medios eficaces de instrucción cultural y divulgadores de novedades (Saladino, 1996).

     La afición que tenía Álzate a la medicina, las conexiones que esta ha tenido siempre con las ciencias aplicadas (Biología, Física, Geografía, Química), la amistad que le unía con José Ignacio Bartolache, lo llevó a escribir acerca de numerosos temas médicos. Uno de estos temas contenido en la Gaceta de Literatura de México trata sobre la descripción de una máquina para restablecer piernas quebradas, publicado en el año de 1782, con el título: Descripción, usos y ventajas de la máquina para restablecer las piernas quebradas, inventada por D. Alberto Pieropan de Vicensa, publicada por el abate Rosier, autor del diario de física, mes de junio de 1782 (Figura 1).

 

Figura 1. Máquina para restablecer las piernas quebradas. Inventada por D. Alberto Pieropan de Vicensa, publicada por el abate Rosier, autor del diario de Física. Junio de 1782. José Antonio Álzate y Ramírez. Fuente: Gacetas de Literatura de México, Tomo Tercero, 1831.

 

    Es importante señalar que, durante los siglos XVII y XVIII, se buscaron nuevos métodos que cumplieran el objetivo primordial de remediar fracturas, luxaciones, dislocaciones, enfermedades osteoarticulares, entre otros. Este tipo de lesiones representaron un problema de importancia sanitaria por su elevada frecuencia y por la morbi-mortalidad y carga social que generaban. Existían algunos métodos y aparatos utilizados por los médicos y cirujanos para curarlas como la extensión continua, la reducción por medio de palanca o la aplicación de gotieras o vilmas.2 En ocasiones con buenos resultados, pero otros, no tan efectivos. Por lo que, la aparición de una nueva técnica o un aparato que ayudase a corregir y aliviar las fracturas, era bienvenida.

     Alzate, consideraba el aparato de Pieropan un excelente invento para remediar las fracturas de pierna, debido a que los progresos que la cirugía ha hecho desde el tiempo de Hipócrates hasta el presente, no eran satisfactorios.

     Consideraba que los aparatos inventados con ese fin eran de poca utilidad por ser defectuosas e incapaces de remediar el problema. El propio Álzate mencionaba:

La curación de los huesos quebrados, y su reducción, se ha abandonado a la destreza de los cirujanos y practicantes: cuando han sido diestros e instruidos por la experiencia, los resultados han sido felices, pero en cuantas ocasiones han dimanado resultas funestas de operaciones mal ejecutadas. No es necesario mencionar los dolores terribles e inesperados que se hacen sufrir al paciente, que su suerte infeliz le hace en manos tan ignorantes o poco diestras. Quedan por toda su vida señales de la impericia de un cirujano, quien después de haber atormentado al enfermo con dolores crueles y de mucha duración, lo abandona con el sentimiento perpetuo de una deformidad muy sensible y gravosa. Los errores en la medicina y cirugía son terribles por la gravedad de los accidentes que siempre los acompañan y el infeliz paciente a quien se intenta restituir a la salud, es la desdichada víctima. Me sería muy fácil de mostrar las faltas e insuficiencias de la mayor parte de estas máquinas; pero lo poco que se ven en uso prueba su insuficiencia, y por lo regular se ocurre a la destreza del cirujano y practicantes (Téllez y Pérez, 1999).
     En semejante estado se encontraba la cirugía en consideración al tratamiento de los huesos rotos, cuando en 1780 don Alberto Pieropan de Vicensa imaginó una máquina de enorme sencillez y cómoda para reducir las fracturas de las piernas (En el año siguiente, imaginó otra semejante para restablecer el muslo y brazo rotos o quebrados). Álzate esperaba con anhelo se le remitiera de Roma la descripción y dibujo de ambas máquinas, para después publicarlas. De acuerdo con Alzate, la sociedad italiana recibió con beneplácito la máquina, “el uso que de ella se hace en el día en todos los hospitales de dicho país, las medallas que se han acuñado alusivas a tan feliz invención, prueben lo bastante su utilidad y las ventajas que logra respecto a todas las que se habían ideado y establecido” (Téllez y Pérez, 1999).

          Alzate concluye:

No me resta otra cosa que desear, sino que con prontitud se haga un experimento en Francia y que se substituya este artilugio a los métodos dificultosos, o a las máquinas imperfectas: el deseo de aliviar a los hombres que padecen, y de ser útil, me ha obligado a solicitar las pruebas ciertas y seguras relativas al intento: me reputaré por feliz si consigo ser el móvil para que se adopte en nuestra patria (Téllez y Pérez, 1999).

   Como Alzate no encontró un ambiente favorable para la enseñanza, se entregó con fervor a divulgar y defender los descubrimientos y progresos de la ciencia moderna a través de sus publicaciones. Sus intenciones no era exponer teóricamente las ciencias, sino el despertar en los mexicanos, el interés y la inquietud por la ciencia para que lo aplicaran a la realidad de nuestro país y se beneficiaran con sus resultados. Asimismo, fuera el camino para resolver problemas sociales al vincularlo con la técnica, con lo cual apega su compromiso con la sociedad de su tiempo al admitir como principio rector de muchos de sus trabajos, su convicción de servicio a la colectividad. Acopió y promovió las inquietudes de los eruditos generadas en el contexto de la ilustración, tanto europea como americana, en distintas formas de comunicación.

 

CONCLUSIÓN

 

Indudablemente, la diversidad de temas que trató y la forma como lo hizo, reflejan un bien definido espíritu ilustrado de difundir las luces del conocimiento. La máquina para el restablecimiento de fracturas de pierna, es un ejemplo claro sobre la difusión de nuevos descubrimientos e inventos. Álzate y Ramírez fue el más fructífero científico de entre los criollos ilustrados.

     Este despertar ilustrado en la Nueva España, si se le compara a lo sucedido en otros países europeos, no solo permitió un florecimiento exquisito de la medicina, sino preparó el ambiente intelectual y académico para integrarse al movimiento que llevaría a nuestras disciplinas a los altos vuelos que la caracterizarían a lo largo del siglo XIX. La ortopedia comenzaba a definir su objeto de estudió, tratamiento y cura de las lesiones músculo-esqueléticas.

 

N O T A S

 

1  El presente texto forma parte del capítulo 1 La “ortopedia” en el México prehispánico y colonial. Antecedentes de la especialidad, de la tesis que lleva por título: Inicio de la Ortopedia en México como especialidad médica (finales del XIX- 1960). Colegio de Michoacán, 2017.

2  Las vilmas son una especie de rejillas prolongadas cuyos tallos longitudinales sólidos están atravesados por unos hilos flexibles, de manera que ofrezcan solidez en el primer sentido y flexibilidad en el otro, destinados a mantener inmóvil los huesos fracturados o a comprimir sus fragmentos si tienden a la dislocación: son de una sola pieza y de varios materiales: madera, cartón, suela, corteza de árbol, etc. Cuando la Vilma tiene la forma de canal se llama Gotiera o Vilma acanalada, comúnmente construidas de tela metálica, o alambre, adoptando la forma de canal o gotiera del tamaño conveniente a la región donde se ha de aplicar.

 

R E F E R E N C I A S

 

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José Luis Gómez De Lara
Facultad de Medicina, UPAEP

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