Enfermedad de Chagas: una enfermedad olvidada
Alejandro Carabarín Lima, María Cristina González Vázquez, Lidia Baylon Pacheco, José Luis Rosales Encina
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Trypanosoma cruzi, un parásito protozoario intracelular, es el agente etiológico de la enfermedad de Chagas, que es un problema de salud en Latinoamérica,1 y recientemente, debido a los patrones de inmigración de personas infectadas, esta enfermedad es considerada como emergente en países no endémicos como son Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Francia, España y Suiza, principalmente.2-6 La infección es trasmitida de manera vectorial por chinches pertenecientes a dos tribus, Rhodniini y Triatomini, las cuales tienen una gran importancia epidemiológica como vectores de los Trypanosomas. Para T. cruzi, la capacidad de transmisión de las especies de triatominos depende de su grado de asociación con los humanos, de esta manera las poblaciones vectoriales se han descrito como domésticas o domiciliadas, peri-domésticas o peri-domiciliadas y selváticas. En México, los principales vectores domésticos son Triatoma dimidiata y Triatoma barberi.7 La enfermedad de Chagas ocurre cuando los humanos invaden los ecótopos (el hábitat de un organismo específico en un área determinada) naturales y como consecuencia los vectores se establecen en las viviendas o de manera cercana a las viviendas.8 EPIDEMIOLOGÍA La enfermedad de Chagas es endémica de Latinoamérica, abarcando desde los estados fronterizos del sur de Estados Unidos hasta la región sur de Argentina y Chile. A nivel mundial se ha estimado que existen aproximadamente 10 millones de personas infectadas, y más de 80 millones se encuentran en riesgo de contraer la enfermedad en Latinoamérica,9 con una incidencia calculada de 40 mil nuevos casos por año y alrededor de 12,500 personas infectadas mueren anualmente como consecuencia de la enfermedad.10 En México, la seroprevalencia de anticuerpos anti-T. cruzi es del 1.6%, encontrándose casos seropositivos en todo el país. La prevalencia más alta se localizó en la región sureste del país, la cual corresponde al área central de la Huasteca, una zona tropical que incluye parte de los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas.7 Sin embargo, datos recientes del noreste de México sugieren que la prevalencia ha ido en aumento en los últimos años.11 El riesgo transfusional también existe en nuestro país. La revisión de 65,000 donadores de sangre en 18 estados, mostró 1.5% de seropositividad, lo que indica que cerca de 2000 personas cada año podrían estar en riesgo de infección con T. cruzi al recibir una transfusión sanguínea.12 A partir de datos recientes, colectados en el Censo Nacional 2010 (INEGI 2010), se demostró que la población del país es de 112.3 millones de habitantes, de los cuales aproximadamente 1.79 millones podrían estar infectados con T. cruzi. INFECCIÓN VECTORIAL (CICLO DE VIDA) La infección vectorial se inicia cuando una chinche infectada deposita sus heces (en las que se encuentra el parásito) sobre la piel o mucosas de sus hospederos (esto mientras se alimenta) y, al mismo tiempo, causando una sensación de prurito con lo cual se provoca el rascado y por consiguiente la formación de micro heridas en la piel del huésped; a través de estas heridas T. cruzi puede alcanzar el torrente sanguíneo. Posteriormente el parásito invade diversas células (células no-fagocíticas y fagocíticas), se replica durante el estadio de amastigote y posteriormente se diferencia al estadio de tripomastigote, estos tripomastigotes son liberados cuando la célula se rompe. Los tripomastigotes circulantes (sanguíneos) pueden invadir otras células del huésped o pueden ser captadas por otra chinche la cual, posteriormente podrá infectar a un nuevo huésped cerrando de esta manera el ciclo biológico (Figura 1).13
Figura 1. Representación del ciclo biológico de Trypanosoma cruzi. La infección se genera cuando las heces de chinches infectadas (conteniendo al parásito) son deyectadas en la piel o mucosas del hospedero y, a través de microheridas, el parásito alcanza el torrente sanguíneo (1) e invade a diferentes tipos de células (2) (fagocíticas y no fagocíticas); luego de varias rondas de replicación, las células infectadas revientan y los parásitos son liberados al torrente sanguíneo (3) donde pueden dirigirse a diversos tejidos, colonizándolos y formando los denominados nidos de amastigotes, o pueden invadir nuevamente a las células (4). Finalmente, las formas circulantes pueden ser succionadas durante la ingesta de alimento por la chinche vector (5), cerrando de esta manera el ciclo biológico. En humanos, la infección resulta en una parasitemia aguda que es generalmente asociada con un malestar moderado y seguido por una fase intermedia donde los individuos infectados son serológicamente positivos, pero no exhiben sintomatología clínica. Posteriormente, en varios años (10-30), el 30-40% de los pacientes infectados desarrollan la forma clínica sintomática de la enfermedad, resultando en aproximadamente 50 mil muertes de adultos jóvenes debido a falla cardiaca congestiva cada año.14 ETAPAS CLÍNICAS DE LA ENFERMEDAD ETAPA AGUDA La etapa aguda de la infección se define como la fase en la cual se encuentran los parásitos en la sangre.15 La mortalidad durante esta etapa es aproximadamente del 5% de los casos y se relaciona frecuentemente con miocarditis. Dentro de la etapa aguda se consideran dos fases, una asintomática (sin evidencia clínica de enfermedad) y una sintomática. En esta fase sintomática, las manifestaciones clínicas incluyen lesión en el sitio de entrada (chagoma de inoculación) (Figura 2A) o cuando la infección es en la conjuntiva, puede formarse un edema periorbital unilateral denominado signo de Romaña (Figura 2B); además, se presenta fiebre, sudoración, dolor muscular, nódulos linfáticos aumentados, hepatoesplenomegalia, edemas subcutáneos localizados o generalizados, miocarditis aguda y bronconeumonía.16
Figura 2. En el panel A, se muestra la imagen del chagoma de inoculación en mejilla, nótese que puede ser confundido con la picadura de cualquier otro animal o insecto. En el panel B, se muestra el signo de Romaña, edema ocular característico cuando la chinche libera al parásito en sus heces en un área cercana al ojo. Las imágenes fueron tomadas de: http://apuntesdemed.blogspot.com/2008/04/trypanosomosis-enfermedad-de-chagas.html y http://areyesmed406.files.wordpress.com/2011/03/romana.jpg Esta sintomatología, no específica, frecuentemente suele confundirse con otros padecimientos comunes en niños y la mayoría de los pacientes son infectados durante la niñez, aunque la etapa aguda de la infección usualmente no es severa, eventualmente puede ocasionarse la muerte, particularmente en los infantes. Todas las muertes se asocian generalmente con falla cardiaca refractaria, con o sin meningoencefalitis asociada, si el enfermo sobrevive desaparecen los signos clínicos en un tiempo de aproximadamente tres meses, y se normaliza el electrocardiograma en aproximadamente el 90% de los pacientes en un año. La terapia específica con drogas tripanocidas es efectiva durante esta fase.17 ETAPA CRÓNICA
Fase sintomática
Formas de transmisión a humanos
TRATAMIENTO Ambos, Nifurtimox y Benznidazol tienen una actividad significativa durante la fase aguda de la enfermedad, provocando la cura parasitológica hasta en un 80% de los pacientes tratados oportunamente. Sin embargo, durante la fase crónica de la enfermedad, estas drogas tienen muy baja actividad tripanocida, de tal manera que más del 80% de los pacientes tratados son refractarios al tratamiento. La razón de esta marcada diferencia en la actividad antiparasitaria entre las fases aguda y crónica es desconocida.30 Por otra parte, en algunos estudios, pacientes crónicos tratados con Benznidazol tuvieron una significativa reducción en cambios electrocardiográficos y manifestaron una baja frecuencia de deterioro en su condición clínica, aunque la cura parasitológica fue nula.31,32 Estos datos dejan conclusiones poco favorables en el uso de drogas tripanocidas durante la fase crónica de la enfermedad ya que la relación cura-beneficio es muy poca debido a los efectos no deseados de estas drogas, las cuales al favorecer un alto desequilibrio redox en el organismo provocan también un daño grave a tejidos, presentándose anorexia, vómito, polineuropatía periférica y dermopatía alérgica.33 VACUNAS A partir de estos estudios se determinó que las células T CD8+ (Linfocitos T citotóxicos, eliminan a los microorganismos mediante la liberación de enzimas líticas y tóxicas). Al parecer confieren una inmunidad protectora en la infección por T. cruzi. En otro estudio se demostró que las células T CD8+, productoras de altos niveles de las citocinas interferón-gamma (INF-γ) y del factor de necrosis tumoral-alfa (TNF-α) fueron capaces de conferir protección parcial posterior al reto parasitario. Otros estudios utilizando ratones deficientes en citosinas específicas, pertenecientes a los perfiles inmunológicos Th1 y Th2 (respuesta inmune celular generada por linfocitos T CD4+ cooperadores; Th1 es considerada como una respuesta citotóxica, capaz de eliminar al parásito; Th2 es considerada como una respuesta productora de anticuerpos), demostraron la importancia de la respuesta tipo Th1 para controlar la infección, mientras que la respuesta tipo Th2 se correlacionó con la persistencia del parásito y un consecuente incremento en la severidad de la enfermedad.37 Otros grupos de investigación han utilizado diversos antígenos como inmunógenos para inmunizar animales y estudiar el desarrollo de la enfermedad de Chagas experimental. Estas inmunizaciones fueron realizadas a nivel de vacunas de dna o proteínas recombinantes, demostrando diversos niveles de protección (parasitemia) y sobrevivencia, y en muchos casos se observó la presencia de una respuesta inmunológica del tipo Th1. En modelos experimentales, antígenos derivados del parásito han demostrado ser capaces de inducir una inmunidad protectora eficiente contra la infección por T. cruzi (Tabla 1).34
Tabla 1. Antígenos usados como vacunas contra T. cruzi. Se muestran algunos antígenos utilizados con fines vacunales a nivel de DNA, proteínas recombinantes y proteínas fusionadas. También se muestra la respuesta inmune humoral y celular que generan estos antígenos, la cual es tipo Th1, reportada como específica para la eliminación del parásito.
Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos realizados, la enfermedad de Chagas sigue siendo una de las principales enfermedades parasitarias de Latinoamérica, produciendo varios años de vida con discapacidad como consecuencia de la enfermedad y con un costo anual por morbilidad y muerte en países endémicos que ha sido estimado en más de 8 billones de dólares en el año 2000.38 CONCLUSIÓN
REFERENCIAS
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Alejandro Carabarin Lima María Cristina González Vázquez Lidia Baylon Pacheco José Luis Rosales Encina Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del I.P.N. ecoli_75@hotmail.com |



