Ruy Pérez Tamayo: ciencia y docencia
Germán Iván Martínez Gómez
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DIEZ RAZONES PARA SER CIENTÍFICO Ruy Pérez Tamayo ha conjugado bien su actividad de académico e investigador con su labor de escritor y divulgador de la ciencia. En Diez razones para ser científico, su más reciente libro, relata porqué decidió ser médico y cómo se hizo científico al referir la influencia que recibió de Alfonso G. Alarcón, Raúl Hernández Peón e Isaac Costero: yo estudié medicina porque mis padres no me dejaron ser músico, porque admiraba y quería mucho al médico de la familia, y porque mi hermano mayor ingresó a esa carrera y yo quería ser como él. Y dentro de la medicina, me hice científico por la influencia de Raúl, un compañero de generación que me enseñó a hacer experimentos, y de un profesor que se transformó en mi modelo y en mi generoso maestro. Pérez Tamayo aborda en el libro las razones que defiende para dedicarse a la ciencia y que, dice, fue “reconociendo y apreciando poco a poco”. Durante años, el autor ha argumentado que la ciencia es un quehacer que permite descubrir no solo qué es el mundo sino cómo funciona y cuál es el papel que nosotros jugamos en él. En Acerca de Minerva había mencionado ya la necesidad de interesar al lector en el quehacer científico e incorporar “la ciencia no solo a nuestros procesos productivos y a nuestra manera de pensar, sino a nuestra conciencia y a nuestra cultura”. Ahora, en Diez razones para ser científico reitera que la ciencia es una actividad humana creativa que busca la comprensión de la naturaleza; que la vocación (entendida como predisposición y llamado para dedicarnos a algo) es una creencia popular y por tanto no existe; que el científico debe tener autonomía e independencia intelectual; el trabajo científico es exploración de lo desconocido; la investigación científica tiende a ser multidisciplinaria y asunto de grupos y no de personas. Mi trabajo es estimulante, divertido, muy variable, siempre hago lo que me gusta, no tengo jefe ni horario de trabajo, nunca he estado aburrido en mi laboratorio, hago el mejor uso que puedo de mi cerebro, no dejo que me tomen el pelo ni los comerciantes ni los políticos, casi todos mis amigos son científicos y hablo con ellos en su mismo lenguaje, y he sido profesor de muchos científicos, no sólo mexicanos sino de otros países. Y por todo eso es por lo que siempre estoy bien contento. Germán Iván Martínez Gómez NOTA: Por un error involuntario en el número 98 de Elementos omitimos el nombre del autor de este texto. Lo publicamos nuevamente ahora con el crédito correspondiente. |
