¿Tienen futuro las revistas de divulgación en México? Desafíos en la era digital



Emilio Salceda
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En un mundo saturado de información, donde las redes sociales y las plataformas digitales dominan los hábitos de consumo, las revistas de divulgación científica en México enfrentan un panorama particularmente desafiante. A diferencia de otras publicaciones comerciales, estas revistas cumplen una función estratégica: traducen el conocimiento especializado en mensajes accesibles para el público general, fomentando la cultura científica, el pensamiento crítico y la toma informada de decisiones. Sin embargo, esta labor –que, sin pecar de soberbia excesiva, podríamos calificar de noble– se ve amenazada por factores estructurales, económicos, tecnológicos y culturales que comprometen su viabilidad y pertinencia.

      Durante buena parte del siglo XX, las revistas impresas fueron un vehículo privilegiado para la divulgación científica. Publicaciones como nuestra longeva anfitriona, Ciencia, de la Academia Mexicana de Ciencias; ¿Cómo ves?, de la UNAM, o la tristemente desaparecida Ciencia y Desarrollo, dejaron su huella en la formación de generaciones interesadas en la ciencia. No obstante, desde hace poco más de una década, revistas como estas han visto disminuir su impacto, circulación e incluso su capacidad de subsistencia. El cambio en los hábitos de lectura, impulsado por la digitalización y el acceso masivo a Internet, entre otros factores, ha modificado drásticamente las condiciones de producción y consumo de contenidos científicos.

      Desde la experiencia acumulada en los más de cuarenta años de existencia de la revista Elementos, intentaremos explorar brevemente los que, a nuestro entender, son los principales retos que enfrentan hoy en día las revistas de divulgación en México.

 

TRANSICIÓN DIGITAL

 

Uno de los desafíos más visibles es la transición hacia lo digital. Aunque muchas revistas han migrado a versiones electrónicas, el proceso no ha sido ni homogéneo ni exitoso en todos los casos. En Elementos dimos un primer paso en esa dirección hace ya 25 años. Lo hicimos con más entusiasmo que conocimiento, y hoy, con la perspectiva que otorga el tiempo, reconocemos que el resultado de aquel primer “gran salto” fue apenas un repositorio de las versiones en PDF de nuestros números impresos. La explicación es bastante obvia: nosotros, como la mayoría de las publicaciones mexicanas de divulgación científica, operamos con un equipo editorial reducido y sin suficiente personal técnico que domine herramientas digitales avanzadas, como la gestión de metadatos, la implementación de identificadores persistentes o el diseño de interfaces web amigables y responsivas. Es muy probable que, en la actualidad, la mayoría de las revistas mexicanas no cumplan con los criterios deseables de interoperabilidad digital,2 lo cual puede afectar negativamente su visibilidad, indexación y capacidad de llegar a nuevas audiencias. Las consecuencias de esto son evidentes y preocupantes.

      Por otra parte, la transición a formatos digitales no implica automáticamente una mayor difusión. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información del INEGI, del 2023, el 34.8 % de los lectores digitales en México abandona una revista si el contenido no les resulta interesante, y un 16.7 % lo hace por incomodidad al leer en pantalla. Es decir, el simple hecho de estar en línea no garantiza la atención ni la fidelización de las audiencias.

 

FINANCIAMIENTO

 

Además de las limitaciones técnicas, las revistas de divulgación científica enfrentan una precariedad estructural que compromete su sostenibilidad financiera. En México, muchas publicaciones de divulgación dependen de presupuestos universitarios, apoyos de centros de investigación o subvenciones estatales. Estos fondos, sin embargo, suelen ser limitados con respecto a las necesidades, fragmentados y, en el mejor de los casos, inciertos. Las primeras víctimas de los recortes presupuestales y las dificultades logísticas han sido las ediciones impresas. Las previsiones acerca de la desaparición de los medios impresos, que en un primer momento a muchos nos parecieron exageradas y catastrofistas, se han ido cumpliendo lenta pero inexorablemente. En este contexto, algunas revistas pueden verse obligadas a buscar modelos alternativos de financiamiento como las suscripciones digitales, la organización de cursos y talleres o la vinculación con proyectos de educación científica. Sin embargo, estas estrategias requieren una infraestructura institucional y un equipo humano que no siempre existen.

 

INFODEMIA

 

Otro desafío crucial es la competencia por la atención en un ecosistema saturado de información. Las revistas de divulgación ya no compiten solamente con otras publicaciones impresas de corte comercial –competencia que ya de por sí era bastante inequitativa–, sino con una infinidad de contenidos en redes sociales, pódcast, videos de YouTube, TikToks y blogs. Paradójicamente, la misma tecnología que permite difundir contenidos científicos con mayor alcance, también dispersa a las audiencias y amplifica discursos pseudocientíficos, teorías conspirativas, noticias falsas y desinformación.

      Durante la pandemia por COVID-19, esta tensión fue especialmente evidente. Mientras los científicos buscaban comunicar hallazgos urgentes y rigurosos, las redes se llenaban de mensajes erróneos que tuvieron consecuencias graves en términos de salud pública. En este escenario, las revistas de divulgación tenemos la doble responsabilidad de informar con precisión y de reconstruir la confianza del público en el conocimiento científico.

 

PROCESOS EDITORIALES

 

La calidad editorial de una revista de divulgación científica no se limita a una redacción clara ni a un diseño visualmente atractivo; depende también, de manera fundamental, de la credibilidad institucional que respalda sus contenidos. Esta credibilidad se construye a través de procesos rigurosos que incluyen la revisión crítica y sistemática de los textos, la verificación exhaustiva de las fuentes utilizadas y la capacidad de explicar con precisión los procesos científicos, evitando tanto la trivialización irresponsable como el exceso de tecnicismo. Además, implica un compromiso explícito con la honestidad intelectual, que se manifiesta en la disposición a reconocer los límites del conocimiento vigente, las controversias abiertas y las incertidumbres propias del quehacer científico. En un contexto marcado por la sobreabundancia de información, la divulgación científica responsable y bien fundamentada debe ser, sobre todo, un ejercicio ético. No obstante, esta exigencia implica el establecimiento de sistemas formales de revisión por pares, así como protocolos editoriales claros para la validación y curaduría de los contenidos. Ignorar esta necesidad no solo compromete la credibilidad de la publicación, sino que la deja en desventaja frente a medios que, aunque carentes de rigor, logran posicionarse con eficacia en el espacio digital por su inmediatez o sensacionalismo.

 

POLÍTICA CIENTÍFICA

 

Por otra parte, el entorno político e institucional en el que se insertan las revistas de divulgación científica ejerce una influencia determinante sobre su viabilidad y desarrollo. En México, las políticas científicas han tendido históricamente a privilegiar la evaluación cuantitativa de la producción académica –número de publicaciones, citaciones, posición en rankings e índices bibliométricos–, relegando a un segundo plano otros aspectos quizá más relevantes, como el impacto social del conocimiento generado y su difusión hacia públicos no especializados. Aunque en los discursos oficiales suele reconocerse la importancia estratégica de la comunicación pública de la ciencia, esta retórica no se ha traducido en mecanismos efectivos de estímulo ni en políticas sostenidas que promuevan la participación activa de la comunidad científica en proyectos de divulgación. Como resultado, la colaboración con nuestras revistas es vista, en el mejor de los casos, como una actividad académica marginal y, en el peor, como una actividad extracurricular o poco valorada por los mecanismos oficiales de evaluación de las trayectorias académicas. A esta falta de incentivos se suma la ausencia de un sistema nacional articulado y estable que respalde financieramente a las publicaciones de divulgación, lo que ha generado una peligrosa dependencia de programas coyunturales, frecuentemente sujetos a los vaivenes del calendario electoral, los cambios administrativos o las reorientaciones ideológicas del aparato estatal. Además, persiste una escasa coordinación entre instituciones públicas, universidades, centros de investigación y medios independientes, lo que ha dado lugar a un paisaje fragmentado, con esfuerzos aislados que rara vez logran consolidarse en redes colaborativas de largo plazo ni generar sinergias que potencien su alcance e impacto.

 

¿QUÉ PODEMOS HACER?

 

Sin embargo, no todo es adversidad. Existen también oportunidades que, si se aprovechan estratégicamente, pueden revitalizar el campo de la divulgación científica. Una de ellas es la convergencia con el movimiento de ciencia abierta. Esta corriente promueve el acceso libre a los resultados de investigación, la colaboración interdisciplinaria, la participación ciudadana en ciencia y la transparencia de los procesos científicos. Las revistas de divulgación podrían desempeñar un papel clave en este ecosistema, fungiendo como puente entre la ciencia abierta y la sociedad. Para ello, es necesario que nos actualicemos en estándares técnicos –como el uso de identificadores persistentes, licencias abiertas y metadatos interoperables– y adoptemos métricas alternativas que midan el impacto de nuestras publicaciones más allá de las citaciones académicas.

     La integración de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la analítica de datos o la personalización de contenidos puede abrir horizontes innovadores para nuestras revistas. Herramientas de recomendación, automatización de tareas editoriales, o análisis semántico de temas relevantes pueden aumentar nuestra eficiencia y potenciar nuestra pertinencia. La clave está en que estas tecnologías se pongan al servicio de una estrategia editorial clara, que respete los valores esenciales de la divulgación: accesibilidad, precisión, ética, pluralidad y diálogo.

 

CONCLUSIÓN

 

Las revistas de divulgación en nuestro país enfrentan una encrucijada compleja. Por un lado, deben adaptarse a un entorno digital incierto y competitivo. Por otro, deben mantener su compromiso con una divulgación rigurosa, crítica y socialmente relevante. Para lograrlo, requieren apoyo institucional sostenido, innovación editorial, formación profesional y colaboración con otros actores del sector. En un país donde la cultura científica sigue siendo una asignatura pendiente, cualquier medida que fortalezca a las revistas de divulgación no debería ser vista como un lujo o una frivolidad académica, sino como una inversión que retornará en mejores valores democráticos, educación, salud pública, equidad y desarrollo. Es el momento de revalorar nuestro papel, no como apéndices del sistema científico, sino como actores clave en la construcción de una ciudadanía crítica, informada y activa.

 

NOTAS

 

1 Ponencia presentada en el Foro “85 años de Ciencia: retos para las revistas de divulgación”, realizado el 20 de junio de 2025 en Universum, Museo de las Ciencias (UNAM), bajo los auspicios de la Academia Mexicana de Ciencias y la revista Ciencia.

2 Capacidad de los sistemas y organizaciones para intercambiar información de manera efectiva y eficiente, ya sea a través de datos, documentos u otros objetos digitales.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Ramírez PA y Samoilovich D (2023). Ciencia abierta. Reporte para tomadores de decisiones. UNESCO Publishing. Recuperado de https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000368788.

INEGI (2023). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/programas/endutih/2023/.

 

Emilio Salceda
Revista Elementos
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

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