¿Es la realidad objetiva o relativa?



Sergio Antonio Salazar Lozano
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Antes que nada, una pequeña historia tomada del prefacio que Dan Barker escribe para el libro God and the folly of faith: the incompatibility of science and religion de Victor J. Stenger:

Madeline Kara Neumann era una niña de once años divertida y cariñosa a la que le gustaba traer su cabello lacio café en una cola de caballo. Una fotografía que corrió en el periódico después de su muerte la mostraba arrodillada orgullosa sobre una obra de arte que estaba creando en la acera con tiza en Wausau, Wisconsin. Ya que Kara, como era llamada, se encontraba completamente bajo el cuidado y la autoridad de sus padres, no se le permitía escoger su propia religión, así como tampoco era libre de decidir llevarse a sí misma al doctor. Ella murió el domingo de pascua del 2008, tras sufrir días de insoportables dolores por una diabetes no diagnosticada y fácilmente tratable. Sus devotos padres cristianos se reusaron a llevarla al hospital, creyendo que la oración por sí sola podía sanar a los enfermos.

    El padre de Kara, que en algún momento estudió para ser un ministro pentecostal, testificó que no quería ni esperaba que su hija muriera. Creyendo que era un buen padre, tenía fe de que Dios sanaría a Kara, como está prometido en la biblia: ¿Alguno entre ustedes está enfermo? Déjenlo llamar a los mayores de la iglesia; y déjenlos orar sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor: y la oración de la fe lo salvará de su enfermedad, y el Señor lo levantará. (Santiago 5:14-15)
    Durante el juicio tras su muerte, el padre de Kara se encontraba resuelto. “Si voy con el doctor,” dijo Dale Neumann, “estoy poniendo al doctor antes que a Dios. No estoy creyendo lo que él [Dios] dijo que haría.”1

POR QUÉ ESCRIBÍ ESTO

 

Hace unos días, platicando con un amigo, el tema de la realidad salió a colación. La postura de mi amigo, parafraseándolo, era: “uno crea su propia realidad”. Durante la discusión, yo traté de hacerle ver que a lo que él se refería era que la percepción de la realidad es la que está sujeta a cada individuo, pero que la realidad en sí era objetiva. Ya que esto lo he escuchado más de una vez de boca de individuos inteligentes y la postura me parece insostenible y de desastrosas consecuencias, he decidido intentar deconstruir esta filosofía.

RELATIVISMO Y CÓMO CONOCEMOS LA REALIDAD

 

Deberé iniciar por lo más sencillo, el relativismo del tipo “las cosas son como me parecen”. Si yo, que vivo en la costa, salgo y observo el mar, el horizonte da la impresión de perderse hacia la derecha y la izquierda semejando una línea recta hasta donde alcanzo a ver. ¿Esto quiere decir que la Tierra es plana? ¿Puede ser la Tierra plana para quien así lo observa directamente y redonda para quien conoce fotografías tomadas desde la Luna? ¿Son o no estas dos realidades mutuamente excluyentes? Que el sentido de la vista posee limitaciones e incluso nos pueda llegar a engañar es un hecho innegable, como cuando leemos el relato de hombres que en el calor infernal del desierto observan oasis inexistentes.
    A pesar de que primeras impresiones pueden ser engañosas, contamos, además de con nuestros sentidos, con una inteligencia y con la capacidad de formar modelos mentales y pensamiento abstracto que entran en auxilio de nuestros sentidos y nos permiten conocer la realidad. Para este efecto espero que una cita del libro de Nicolás Copérnico (1473-1543), De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes) sea suficientemente ilustrativa (la traducción es mía):

La Tierra también posee forma de globo, ya que cada lado descansa en su centro. Pero no se percibe directamente que sea una esfera perfecta, debido a la gran altura de sus montañas y lo bajo de sus valles, a pesar de que modifican su circularidad universal a solo una pequeña fracción.
    Esto es claro de la siguiente forma. Ya que cuando las personas viajan hacia el Norte de cualquier lado, el vértice Norte de su eje de revolución diaria gradualmente se mueve por encima de la cabeza y el otro se mueve hacia abajo en la misma magnitud; y muchas estrellas situadas al Norte no se ve que se pongan y muchas al Sur no se ve que salgan. Por lo que Italia no ve a Canopus, que es visible en Egipto. E Italia ve la última estrella de Fluvius, que no es visible en esta región situada en una zona más frígida. Por el contrario, para las personas que viajan hacia el Sur, el segundo grupo de estrellas se vuelve más alto en el cielo; mientras que se vuelven más bajas aquellas que para nosotros son altas.
    Más aún, las inclinaciones en los polos poseen en todos lados las mismas razones con lugares equidistantes de los polos de la Tierra y eso no ocurre en ninguna otra figura excepto en la esfera, donde es manifiesto que la Tierra en sí misma se encuentra contenida entre los vértices y es por lo tanto un globo.
    Adiciona a esto el hecho que los habitantes del Este no perciben los eclipses de la tarde del sol y la luna; así como los habitantes del Oeste no perciben los eclipses de la mañana; mientras que para aquellos que viven en la región media –algunos los ven más temprano y otros más tarde.
    Más aún, los viajeros perciben que las aguas también se encuentran fijas a esta figura; por ejemplo, cuando la tierra no es visible desde la cubierta de un barco, puede ser vista desde la punta del mástil, y al revés, si algo brillante es adherido a la punta del mástil, parece a aquellos que permanecen en la costa que se baja gradualmente, a medida que el barco se aleja de la tierra, hasta que finalmente se esconde, como si se pusiera.
    Aún más, se admite que el agua, que por su naturaleza fluye, siempre busca los lugares más bajos –lo mismo que la tierra– y no sube por la costa más lejos que lo que la convección de la costa le permite. Esto es por lo que la tierra es mucho más alta cuando se eleva del océano.2
.
    Debemos recordar que este libro fue publicado en 1543. Ciertamente el establecimiento de la redondez terrestre no era necesariamente ciencia de punta, este no era el objetivo principal de su obra, sino simplemente parte del asentamiento de las bases. La cita es pertinente porque quiero enfatizar que la impecable lógica y la capacidad de formarse ideas en la mente sobre el arreglo espacial (todo esto patente en la cita anterior), así como los cálculos abstractos respaldados en los datos recabados hasta sus días, llevaron a Copérnico a establecer un modelo heliocéntrico de nuestro Sistema Solar. Por supuesto no era un modelo perfecto, con el tiempo se ha mejorado sobremanera, pero la concepción básica era verdadera, los planetas circulan alrededor del Sol. Con este ejemplo lo que quiero rescatar es que una observación más profunda, auxiliada por la lógica y nuestra capacidad de formar modelos y pensamiento abstracto, así como la integración de más observaciones relacionadas (en ocasiones observaciones aparentemente inconexas), nos lleva a conocer también la realidad; de hecho, se genera una más clara concepción de la realidad.
    Espero que ahora podamos estar de acuerdo con dos cosas: que el hecho de que algo parezca que es de cierta forma, no lo vuelve así, y que la realidad no solo es aprendida a través de nuestros sentidos. Además del auxilio que nuestros sentidos reciben a través de ejercicios mentales lógicos, estos pueden ser potenciados con el uso de instrumentos, como el microscopio, el telescopio, antenas que detectan ondas de radio, etcétera. Ciertamente existen cosas (i.e., forman parte de la realidad) que nosotros desconocemos. Si las desconocemos ¿existen? ¡Por supuesto! Nosotros no podemos ver las bacterias más que con la ayuda de instrumentos como el microscopio, y antes del microscopio (o rudimentos de este) su observación era imposible. No obstante, podemos decir con certeza que las bacterias existían desde antes que nosotros fuéramos capaces de verlas. De hecho, hoy –en la era genómica– sabemos que las bacterias son la forma de vida más antigua sobre la faz de la Tierra.3

INDUCCIONES E INFERENCIAS VÁLIDAS

A esta altura recuerdo que cuando niño me causó interés la primera vez que escuché que alguien preguntó, “¿si un árbol se cae en el bosque, pero nadie lo ve o escucha, realmente se cayó?” ¡Por supuesto que se cayó! Esto es como si yo hubiera pasado ese día por la tarde de regreso de mi trabajo y lo hubiera visto de pie; si al día siguiente lo veo tirado en el suelo, sería estúpido de mi parte no inferir que durante la noche el árbol se cayó. Si yo no hubiera vuelto a pasar por ahí, lo descabellado hubiera sido, si al día siguiente alguien me preguntara por el árbol, decir que este ya no estaba ahí, pues la última evidencia que tenía de él era que se encontraba sano y en su lugar –sabiendo que los árboles poseen vidas muy largas si se les deja en paz. Sin embargo, esto no falsea la realidad: el árbol se cayó; que yo no lo sepa –por no haberlo visto o escuchado– no vuelve al hecho una mentira. Daré un ejemplo más: durante la noche cae un diluvio, pero yo no me percato. A la mañana siguiente veo el patio de mi casa empapado, salgo en mi coche y transito por calles inundadas para llegar al trabajo; cuando llego, un compañero del trabajo me dice: “¡Cómo llovió anoche!” Si yo le contesto: “No llovió, yo no ví ni escuché que lloviera”, no debería extrañarme que dudara de mi raciocinio. Lo mismo ocurriría si alguien me preguntara sobre la existencia de China. ¡Por supuesto que existe! No necesito haber ido a China para constatarlo. Me basta una serie de evidencias, que amasadas en conjunto son incontrovertibles. Existen los chinos, más de mil millones de ellos, gente a la que si se le cuestiona, todos nos informan que existe. Existen fotografías, historia, intercambios mercantiles desde la antigüedad, una economía mundial fuertemente influenciada por las operaciones de este país, transmisiones de video, etcétera. Para dudar de China, habría que dudar de tantas cosas a la vez, que sería totalmente ilógico albergar tal creencia, simplemente la realidad como la conocemos no es compatible con esto.

OBJETIVIDAD

Lorraine Daston y Peter Galison en su interesantísimo Objectivity, explican que

Ser objetivo es aspirar a conocimiento que no arrastra ninguna traza del conocedor –conocimiento no marcado por el prejuicio o la habilidad, fantasía o juicio, deseo o ambición. La objetividad es vista ciega, ver sin interferencia, interpretación o inteligencia.4

    Decirlo es fácil, lograrlo, sumamente complicado. Jamás será sencillo suprimir nuestros impulsos o inclinaciones en aras de la objetividad, pero ese es el ideal. Y es precisamente en esta avenida, que los seres humanos se han dado a la tarea de establecer patrones de referencia contra los cuales podemos contrastar.
    Mi argumento hasta el momento es que todos poseemos una percepción de lo que es la realidad. Evidentemente la realidad es sumamente compleja y existen partes de ella a las que simplemente yo no tengo acceso. Aun así, esto no invalida que la realidad sea objetiva y prueba de ello lo establece el hecho de que normalmente no vivimos en medio del caos, en medio de un mundo donde uno dice ¡cuidado, el sartén está caliente!, por ejemplo, porque vemos el metal rojo y humeante, y otro dice, no, ese no es rojo, es blanco y está bien. Preguntas como: ¿cómo sabes que lo que yo veo como rojo es igual que tu color rojo? carecen de absoluto sentido por dos motivos. El primero es que nosotros calibramos nuestras apreciaciones de forma social, es decir, en casa o la escuela, así como en todas nuestras interacciones, constantemente nos encontramos reforzando conceptos como el rojo. Siempre que existan adultos que nos indiquen de qué color son las cosas, aprendemos que aquello que vemos como sea que lo veamos, es rojo y punto. Si no podemos discernir entre colores por algún problema, sea cual fuera, es otro asunto; el rojo no deja de ser rojo por eso. El rojo es objetivo dentro de ciertos límites. Aquí es donde entra en juego la segunda razón: los colores que nosotros observamos no son otra cosa que fotones que inciden en nuestros ojos a cierta longitud de onda. Grosso modo, dependiendo de la longitud de onda a la que llegue esta luz, y en función de la iluminación de fondo y los tonos que se encuentren en objetos cercanos será el color que observaremos. Los objetos tienden a reflejar y a absorber diferentes longitudes de onda dependiendo de las interacciones entre la radiación electromagnética en forma de luz y las moléculas superficiales que cada objeto posea, lo que significa que, en realidad, los colores son construcciones sociales sobre un fenómeno objetivo que son las diferentes longitudes de onda que arriban a nuestros ojos. El ojo humano ve de aproximadamente 400 a 700 nm; por debajo del límite inferior tenemos a la radiación ultravioleta, mientras que por encima del límite superior tenemos a la radiación infrarroja. En el caso del rojo, lo encontraremos aproximadamente entre los 620 y 750 nm de luz visible. Lo anterior quiere decir que nosotros juzgamos la realidad con base en patrones establecidos (e.g., ya sea la fina medición de longitudes de onda o la burda clasificación de colores). Aquí vale la pena solo hacer un paréntesis para aclarar que aunque el rojo es objetivo como color si es apropiadamente definido de acuerdo con longitudes de onda
–como acabamos de hacer–, la experiencia del color rojo es personal, dependiente del sistema nervioso particular del observador, su historia y estado mental actual (e.g., cómo me haga sentir el rojo a mí o si me gusta o no el color rojo son experiencias personales, aunque el rojo sea el mismo para todos; esto es muy diferente que decir que tu rojo y mi rojo son distintos).
    Ciertamente algunas áreas en las humanidades son más propensas a mantener posturas relativistas. ¿Acaso la belleza de una pintura no se encuentra en los ojos de quien la percibe? En mi refrigerador tengo los dibujos que mi hijo ha hecho en la escuela, no solo él está orgulloso de ellos, también yo (es más, estoy más orgulloso yo). Realmente son tesoros para mí, pero su valor no es objetivo. Yo me deleito en ellos porque amo a mi hijo y me encanta ver el progreso de su desarrollo. Pero tendría que ser yo un verdadero ciego emocional para no pensar que La Gioconda de Leonardo Da Vinci es mucho más bella. ¡Por supuesto que es mucho más bella! No tiene comparación. Existe toda una técnica artística, no solo en los trazos, sino en la iluminación, la original producción de colores, la enigmática expresión captada por su rostro, etcétera, ¡mientras que mi hijo me dibuja a mí sin cuello!
    Finalmente quiero agregar que actualmente vivimos una cultura relativista hasta la médula en cuestión de opiniones. Hoy todo el mundo opina y a todos se les tiende a dar el mismo peso como si todas las opiniones fueran igualmente válidas. ¡Pero no todas las opiniones son igualmente válidas! No vale lo mismo la opinión sobre seguridad automotriz de un ingeniero que diseña automóviles, que la del mecánico de la esquina (con todo respeto para todos los mecánicos de oficio). Si los sientas ante las cámaras de televisión uno frente a otro y les otorgas el mismo trato, no estás siendo diplomático, ni estás siendo político, ni estas siendo ecuánime, ni estás siendo igualitario, lo que haces es desinformar, estás transmitiendo la idea de que ambos pueden platicar entre iguales técnicos, cuando uno estudió 10 o 12 años de ingeniería y especialidades correspondientes en seguridad automotriz y el otro aprendió el oficio en el taller; el primero ha trabajado con colegas del más alto nivel y desempeño, el segundo con gente que, como él, aprendió el oficio en la práctica del taller con el único objetivo de reparar máquinas; el primero ha aplicado el método experimental en sus proyectos formales y esto le ha dado una experiencia empírica inigualable, en tanto que el segundo desconoce todas las variables involucradas en su ejercicio artesanal, etcétera. No es mi intención menospreciar a nadie, pero ambos no son expertos en seguridad automotriz, solamente el primero. Esto lo he visto hasta el hastío y debe ser denunciado. Esto es parte del relativismo: “todas las opiniones son iguales”, es su mantra.

EL RELATIVISMO NO ES LÓGICO

En última instancia, el golpe de gracia hacia las posturas relativistas lo asesta la lógica. Si algo es real, porque así lo parece, ¿cómo podemos estar seguros de que es real?, ¿porque así lo parece? Esto es un razonamiento circular. A todas luces una falta básica a la lógica. Si algo es real, debe serlo por algo que no se encuentre enunciado en sus premisas. Esto es similar al chiste infantil, ¿de qué color es el caballo blanco de Napoleón? En este ejemplo la respuesta está encerrada en la pregunta, en el primero, la conclusión es asumida en el planteamiento del problema. Adicionalmente, qué hay de situaciones que el mayor relativista del mundo jamás aceptaría como, por ejemplo, si ambos nos encontramos volando en una avioneta y en medio vuelo abro la puerta y pretendo lanzarlo al vacío porque arguyo que me parece que él posee un paracaídas invisible. Claramente él no estará de acuerdo con mi apreciación de la realidad. No lo veo de ninguna manera asintiendo, “si así lo ves tú, así debe ser”. Tampoco veo cómo, si me salgo con la mía, en mi juicio por homicidio el juez me deje libre porque a mí me parecía que el señor relativista portaba un paracaídas invisible. Finalmente, si “todo es relativo”, tiene también que serlo esta aseveración.

RELATIVISMO, OBJETIVIDAD, RESPONSABILIDAD Y MORALIDAD

William Clifford, un matemático y polímata británico del siglo XIX, escribió un famoso ensayo filosófico titulado The ethics of belief. En este ensayo, Clifford arguye que poseemos una responsabilidad de creer en lo que es correcto y nos platica un cuento:

El dueño de un barco se encontraba a punto de enviarlo al mar. Sabía que era viejo y no era robusto; que había visto muchos mares y climas y seguido había necesitado reparaciones. Le habían surgido dudas sobre que posiblemente ya no era digno del mar. Estas dudas habitaban en su mente y lo hacían infeliz; él pensó que quizá debía remodelarlo y repararlo, aunque esto le significara grandes gastos. Antes de que el barco zarpara, sin embargo, él se sobrepuso a estas reflexiones melancólicas. Se dijo a sí mismo que su barco había ido seguro en tantos viajes y había soportado tantas tormentas que era tonto pensar que no regresaría a salvo a casa en este viaje otra vez. Pondría su confianza en la Providencia, quien difícilmente fallaría en proteger a todas estas familias infelices que dejaban su tierra en busca de mejores tiempos en otro lado. Él libraría su mente de todas las sospechas ingratas sobre la honestidad de los constructores y contratistas. De estas formas adquirió una convicción sincera y confortable de que su barcaza era bastante segura y digna del mar; observó su partida con ligereza de corazón y deseos benevolentes por el éxito de los exiliados en el que sería su extraño nuevo hogar; y recuperó el dinero del seguro cuando el barco se hundió en la mitad del océano y no contó cuentos.5

    Sin duda, el dueño de este barco ignoró a la razón y se autoengañó con pensamientos positivos. Tan de moda están hoy los pensamientos positivos, con ellos podemos lograr cualquier cosa, cuando menos eso se nos ha dicho. Precisamente lo menciono porque, de alguna forma, esto fue parte de las justificaciones de mi amigo (el relativista). El dueño del barco no aparenta ser un mal hombre, cuando menos no de malas intenciones, no aparenta ser hipócrita, de hecho, claramente se nos dice que “él adquirió una convicción sincera y confortable de que su barcaza era bastante segura y digna del mar”. El problema es que la evidencia no justificaba esta actitud, él activamente suprimió sus dudas y pensó únicamente en que las cosas saldrían bien. No solo arriesgó su barco, sino la vida de los seres humanos que viajaban en él. Es cierto que sentirse confiado en nuestras capacidades es saludable, pero esto llevado más allá de lo que es razonable puede volverse un defecto o un riesgo, no solo para nosotros, sino también para otros. Los ejemplos abundan, pero son comunes en lugares donde hay que tomar riesgos, como en los casinos o en Wall Street. Personas con una “buena racha” o un “buen ojo” para jugar en el casino o predecir el comportamiento de la bolsa se vuelven confiados y creen poseer capacidades que exceden a las que en realidad poseen. No solo es el hecho de realizar una sobrevaloración de las capacidades de uno, sino que a pesar de la adversidad, este optimismo injustificado nos lleva a continuar realizando aquello que nos está llevando a la quiebra. Como mi amigo es un tipo inteligente, adecuadamente notó que el sobreoptimismo de Steve Jobs lo llevó a perder su lucha contra el cáncer, ya que pensaba que podía curarse con métodos no convencionales, como acupuntura, remedios herbales, hidroterapia, etcétera; todo, menos la única cosa que probadamente habría podido ayudar: una cirugía.6
    Casi nadie se considera a sí mismo un mal conductor, es más, la mayoría se cree por encima del promedio (lo cual es estadísticamente imposible). Sin embargo, como especie, hemos desarrollado la capacidad de engañar para conseguir lo que queremos. Como siempre ocurre en la evolución, una carrera comenzó entre nuestra capacidad para mentir creíblemente y nuestra capacidad para notarlo. Cuando nos desenvolvemos en un ambiente en el que la gente no nos conoce, podemos salirnos con la nuestra con más facilidad, pero ¿qué ocurre cuando queremos mentir con la gente que nos conoce bien? Normalmente, en estas últimas condiciones, mentir creíblemente es mucho más difícil. Por lo tanto, hemos desarrollado la capacidad del autoengaño. Cuando nos mentimos a nosotros mismos, y nos creemos, somos mucho más convincentes mintiendo. Simple y sencillamente porque parece que decimos la verdad, es la verdad para nosotros (ojo, no es la verdad objetivamente hablando). Reiterando, el que yo crea que las cosas son como me conviene que sean, no vuelve a los hechos diferentes, solo a mi concepción distorsionada a voluntad de los hechos.7
    Las implicaciones morales de semejante postura filosófica son profundas. Si todo fuera relativo, también lo serían el bien y el mal. Bueno sería lo que para mí es bueno y malo lo que para mí es malo. Si para alguien es bueno matar a su competencia, entonces la mataría y nada malo habría en eso. Si fuera malo donar dinero para los más desprotegidos, no lo haría, y por motivos morales, según el relativismo. Evidentemente existen referencias morales independientes de lo que más nos convenga. Es bueno procurar el bienestar de los demás además del propio, es un buen principio. Si situaciones extraordinarias no ocurren, como en el caso de una guerra, matar jamás podrá estar permitido. Pero esto lo sabemos porque no somos moralmente relativistas, si así fuera, todo estaría permitido.

HABLANDO CLARO

El lenguaje que nosotros utilizamos es muchas veces ambiguo, pero esto no se traduce a que por tanto la realidad es subjetiva o relativa. Es decir, si alguien dice que hace calor, hace frío, el ambiente está húmedo, el ambiente está seco, yo soy alto o yo soy chaparro, todo esto será relativo a las condiciones contra las que se compare, por un lado. Por otro lado, ¿cuándo comienza la temperatura ambiental a ser caliente o fría?, ¿cuál es el punto de inflexión para la humedad?, ¿a partir de qué estatura alguien es alto o chaparro? Respondiendo a ambos puntos, existen patrones independientes de las percepciones, como la temperatura en grados Celsius, el porcentaje de humedad ambiental y la estatura en centímetros. Utilizando las mismas unidades, las mediciones deberán ser exactamente igual en todos lados, por lo que las mediciones son objetivas (recordemos nuestro ejemplo con el color rojo). Nuestra forma común de expresarnos es subjetiva, dice más de nosotros de lo que dice de la realidad; “hace calor” quiere decir “tengo calor”, “está húmedo el ambiente” quiere decir “me siento pegajoso en este ambiente” (o algo similar), y “soy alto” quiere decir que me siento comparativamente más alto que el promedio de las personas que conozco; ninguna de estas frases es expresada con la intención de dar una descripción fina de la realidad, sino una descripción personal, una apreciación (que como todas, dice mucho de nosotros, lo que es normal; la mayor parte del tiempo estamos tratando de comunicarnos y relacionarnos, no redactando informes científicos: si yo llego hoy al trabajo y saludo comentando que estamos a 30 °C, los demás podrán contestar a lo sumo, ¿en serio?, pero difícilmente algo más, no es el mejor modo de romper el hielo, mientras que si yo digo hace mucho calor, habrá quien concuerde conmigo, quien no, quien de ahí comparta su secreto para lidiar con el calor, etcétera).

REALIDAD RELATIVA Y LA CIENCIA

Si la realidad fuera relativa, la naturaleza, no sería reproducible, no presentaría exactamente los mismos patrones ni se podría predecir una vez que la entendiéramos. La ciencia, que se dedica a entender a la naturaleza, no podría existir. El motivo por el que la ciencia nos ha podido llevar a la luna, por el que comprendemos los fenómenos infecciosos, por el que entendemos y predecimos fenómenos astronómicos y un sinnúmero de otros avances científicos y tecnológicos, es que la naturaleza es predecible. Una vez que conoces la forma como opera la naturaleza, puedes predecir cómo se comportará en el futuro, bajo condiciones específicas. Por supuesto todo esto depende del detalle con el que esté descrita la naturaleza y la cantidad y calidad de los datos con los que se cuente, pero en última instancia, el que la realidad sea objetiva es lo que nos permite contar con la ciencia. La ciencia parte de la premisa de que lo que existe y lo que ocurre en el universo lo hace respetando patrones consistentes que nosotros somos capaces de entender. Si cinco personas voltean a ver la luna, tres la ven de colores diferentes y en distintos lugares del cielo y dos no ven nada, ¿cómo podemos llegar a alguna conclusión sobre la naturaleza de la luna?
    No considero necesario elaborar esto más, solamente quiero asegurarme que aún para quienes creen que las matemáticas no forman parte de la naturaleza pero son reales lo que digo tiene sentido. Para estas personas (yo no pienso que las matemáticas sean reales en el mismo sentido que la naturaleza es real: las matemáticas son reales solo en un sentido trivial), en un diagrama de Venn, la naturaleza formaría una gran parte del universo llamado realidad; solo algunas áreas, como las matemáticas, podrían estar incluidas en la realidad, pero no contenidas dentro del área de la naturaleza. De lo que se desprende que no solo la ciencia, que acabo de explicar sería imposible si la realidad fuera relativa, sino las mismas matemáticas, serían imposibles también. Si dos más dos fuera a veces cuatro, otras cinco, otras dos millones, etcétera, no tendría sentido nada. De hecho, no tendría sentido ni siquiera el concepto de “suma”.

RELATIVISMO Y COMPLEJIDAD

Existen fenómenos complejos para los cuales es difícil extraer la realidad, como, por ejemplo, explicar los derroteros económicos de un país. Aunque este tipo de explicaciones, de indagación de la realidad, difícilmente pueden ser consideradas científicas, deseo abordarlas brevemente. Un ejemplo específico: ¿por qué en México existe un problema de inseguridad? La realidad de este hecho social posee una explicación, que sea difícil –quizá imposible– encontrar la que considere y haga el análisis correcto de numerosas y complejas variables no excluye la existencia de dicha explicación (la explicación correcta), así como tampoco debe desalentar su búsqueda. Esta explicación –a mi manera de ver– deberá considerar, entre otras cosas, la idiosincrasia de los mexicanos, su situación económica, su situación política, su psicología, su sociología, las demandas de mercados como el de las drogas –tanto interna como externamente–, la geografía de México y su posición como canal comunicante con el enorme mercado de nuestros vecinos del norte, lo que nos lleva a analizar en nuestros vecinos no solo el mercado que existe para las drogas, sino el que existe en armas, íntimamente ligado a su política, idiosincrasia, etcétera; hasta que llegamos a incluir variables de muchos tipos a nivel internacional. Siendo sumamente exigentes, podríamos analizar las motivaciones y disposiciones psicológicas, por lo menos de personajes clave en esta realidad, lo cual a esta altura, espero quede claro, raya en lo ridículo.
    Existen razones por las cuales la realidad es como es, la intención de este escrito no es ahondar en la metafísica de la causalidad, pero espero podamos aceptar que, fuera del nivel cuántico, las cosas ocurren por algo (estoy hablando como materialista, por lo que esta aseveración no tiene connotaciones metafísicas). Estoy dispuesto a aceptar que quizá no podamos comprender o conocer la realidad de muchas cosas, lo que no estoy dispuesto a aceptar es que de ahí se desprenda la conclusión de que tal realidad, por lo tanto, no existe; esto último es una falacia del razonamiento, nada de la realidad como la conocemos a nivel supracuántico nos puede llevar a concluir esto. Es importante no caer por esta pendiente resbalosa y concluir precipitadamente. Aunque en problemas altamente complejos conocer la realidad de manera objetiva pueda escapar a nuestras capacidades, podemos aspirar a aprehender aproximaciones de la realidad, incluso a perfeccionar nuestro conocimiento de ella; una vez más, nada de lo anterior invalida la existencia de una realidad objetiva, solo resalta la dificultad de conocerla y probablemente la necesidad de acceder a ella de forma gradual.

RELATIVISMO Y EL RESPETO AL DIÁLOGO

Cuando uno adopta una filosofía relativista, una vez más, del tipo “esa es tu realidad y esta es la mía”, en realidad le está diciendo al otro: “no me interesa lo que pienses, yo seguiré pensado lo que yo quiera, sea razonable o no.” Esta postura no considera valioso lo que los demás tengan que aportar sobre cualquier tema o aspecto. ¿De qué sirve argumentar si como quiera el relativista persistirá en las mismas ideas? Lo que es peor, permanecerá en las mismas ideas no porque haya dado un contraargumento válido, sino simplemente porque ha descartado tu postura con la aparentemente política fórmula de que las dos opiniones o argumentos valen lo mismo. Pero, como hemos visto, esto es una falacia. Es una falta de respeto absoluta a la verdad o a la realidad. El diálogo es buscar juntos, comprometidos, la verdad, y el desdén hacia mi argumento es ofensivo hacia mi persona (sin importar quién tenga la razón).

CONCLUSIÓN

La cita con la que abrí este escrito parece solo tangencialmente relacionada con el tema, sin embargo creo que no es así y a continuación diré por qué. Los padres de Kara, eran devotos religiosos. Estos adultos creen vehementemente en Dios (hasta la fecha de publicación del libro de donde tomé la cita, parece ser que ellos siguen sin arrepentirse, están convencidos de haber obrado bien). ¿Está su creencia en Dios validada por evidencia de peso? Proposiciones extraordinarias requieren de evidencias extraordinarias para razonablemente creer en ellas. No elaboraré más en este sentido, no es la existencia de Dios el tema central de este escrito, pero, por favor, piénsenlo. ¿Poseían los padres de Kara evidencia a favor, y sobre todo en contra, de que la oración sana? El escrito no nos habla de esto, pero quiero otorgarles el beneficio de la duda y asumir que en ocasiones ellos mismos, así como otros devotos correligionarios, hubieran orado y sus enfermos sanaron después (el efecto placebo es sumamente poderoso). Es importante también hacer notar que el que dos eventos separados en el tiempo, uno primero y otro después, hayan ocurrido, no establece causalidad, solo temporalidad.
    Lo cierto es que los estudios científicos, en los que muchos investigadores religiosos han participado (un sesgo difícil de medir), algunos subvencionados por organizaciones con claros intereses por encontrar una correlación positiva (como los patrocinados por la Fundación Templeton), han encontrado en general que las oraciones intercesoras no parecen funcionar. De hecho, en contra de los intereses religiosos de algunos de los investigadores, con total honestidad se ha llegado a reportar que parece ser peor que oren por los pacientes cuando los pacientes lo saben, aparentemente porque estos sufren (como dice Richard Dawkins) de “ansiedad de desempeño”, o porque se preocupan al preguntarse qué tan mal estarán que los médicos están pidiendo que oren por su salud, muchas veces con consecuencias mortales.8
    Espero que a esta altura podamos estar de acuerdo con que la postura relativista es falsa. Esto en sí es suficiente para justificar el presente escrito, sin embargo, no solo la falsedad de esta ideología ha sido el motivo de este esfuerzo. La postura relativista es una forma disfrazada de antiintelectualismo. Es una fachada “sofisticada” y “políticamente correcta” a la que recurre el individuo que no desea (por cualquier motivo) iniciar un diálogo o, peor aún, aceptar las ideas del otro. 
Es una pérdida de tiempo discutir con un relativista, igualmente es una falta de respeto a la verdad y al interlocutor mantenerse en una postura relativista. Esta es una postura anticientífica también, tanto por lo que se arguyó en la sección correspondiente, como por el antiintelectualismo que la caracteriza. La ciencia destaca por su naturaleza social, abierta a la crítica, la evidencia y nuevas ideas sustentadas; la postura relativista desdeña todo esto.
    Las ideas que albergamos poseen consecuencias en las decisiones que tomamos y en cómo nos comportamos. Si nosotros poseemos falsas concepciones de la realidad (que pueden ser construidas a placer –como ya se discutió– a través, por ejemplo, del “pensamiento positivo”), es muy fácil que tomemos malas decisiones y que nuestro comportamiento sea inapropiado –suponiendo que lo que buscamos son buenas decisiones y un comportamiento cuando menos aceptable. Aquí podemos ver la relación que existe entre un entendimiento objetivo de la realidad y su relación con la ética, la moralidad y la responsabilidad. El ejemplo de Kara es tan solo uno de incontables que se podrían relatar en donde se evidencian víctimas de gente que cree que puede controlar la realidad a volición (en este caso, a través de la coacción de un ser sobrenatural). En muchas ocasiones, las víctimas son las mismas personas que albergan estas ideas relativistas, no por eso, el costo de mantener estas ideas es necesariamente menor.
    Espero que para ahora quede más claro por qué la realidad no es subjetiva o relativa. Desde mi perspectiva esta es una filosofía perniciosa de horribles consecuencias. Esta ha sido una exposición de pensamientos básicos sobre situaciones que muchas veces no analizamos, ahora espero estemos más conscientes de que esta filosofía es fallida y por qué, así como de que posee el potencial de afectarnos negativamente.

REFERENCIAS

1      Stenger VJ (2012). God and the Folly of Faith: The Incompatibility of Science and Religion. New York: Prometheus Books.
2      Copernicus N (1995). On The Revolution of Heavenly Spheres. Trad. Charles Glenn Wallis. New York: Prometheus Books.
3      Dawkins R (2011). The Magic of Reality: How We Know What’s Really True. New York: Free Press.
4      Daston L and Galison P (2007). Objectivity. New York: Zone Books.
5      Blackburn S (2005). Truth: A Guide. New York: Oxford University Press.
6      Shermer M (2012). Lies We Tell Ourselves: How Deception Leads to Self-Deception. Scientific American Feb., p. 69.
7      Shermer M (2012). Opting Out of Overoptimism: The Willful Distortion of Reality to Extremes Can Be Harmful. Scientific American Mar., p. 72.
8      Dawkins R (2006). The God Delusion. Boston, Houghton Mifflin Company.

Sergio Antonio Salazar Lozano
Director Ejecutivo Grupo Lister
ssalazar.lozano@lister.com.mx

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