Por un Museo de Telecomunicaciones para México
Leopoldo Noyola Rocha
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Ahora que los jóvenes de México disfrutan desde temprana edad de esa sorprendente máquina de historias y de imágenes que es el teléfono celular, la promesa de un museo tecnológico de comunicaciones radioeléctricas los pondrá en posición de entender cabalmente cómo fue posible la hazaña de la comunicación que hoy mueve al mundo, pero que, para su sorpresa, encontrarán que este proceso inició a mediados del siglo XIX.
Tuve el gusto de conocer hace cuarenta años al licenciado Manuel Rosales Vargas que en aquel entonces era asistente del ingeniero Tomás Guzmán Cantú, aquel anciano pequeño, amable y platicador que insospechadamente luchaba contra los molinos de viento de la indiferencia oficial, debido a una respetable cantidad de equipo histórico que había reunido desde los años cincuenta para una incumplida promesa de fundar un Museo de las Telecomunicaciones de México.
Tuve ocasión de entrevistar a Manuel Rosales en una visita que hizo a la ciudad de Puebla el marzo de 2025, encontramos una cafetería sin demasiada concurrencia en uno de esos magníficos patios de los que es pródiga esta ciudad virreinal. Actualmente, Manuel reúne los requisitos para la formación de una sociedad civil que sea competente para hacerse cargo del proyecto del Ing. Guzmán Cantú, en el que Rosales, desde hace décadas, nunca ha quitado el dedo del renglón.
¿CUÁL ES LA SITUACIÓN ACTUAL DEL MUSEO, MANUEL?
En este momento, mis esfuerzos se concentran en la organización de una asociación civil para la consolidación de un proyecto de museo de las telecomunicaciones de México. Me llevé más de 25 años investigando todos los ramos de las telecomunicaciones, que empezaron con el telégrafo en el siglo XIX, luego el teléfono, la comunicación inalámbrica, la radiodifusión, la televisión y de ahí hasta los satélites. Se recabó información de toda la historia de la era satelital que llegó a México, con las diferentes etapas que tuvieron los satélites domésticos, empezando por Solidaridad hasta los Sat-mex, que hoy están en órbita. Esa fue la parte que me tocó investigar, empecé en 1984 con un proyecto a nivel nacional con el ingeniero Guzmán.
HÁBLAME DEL INGENIERO.
Al ingeniero Tomás Guzmán Cantú me lo asignaron cuando ingresé a una oficina de telecomunicaciones, en lo que era la Dirección General de Telecomunicaciones; me invitaron a participar en un proyecto de investigación histórica, primero, y después museográfica. Ingresé con un grupo de gentes que en ese tiempo estaba coordinando un destacado personaje de las telecomunicaciones de México, el ing. Tomas Guzmán Cantú. Me pidió que colaborara con un pionero de la cuestión editorial de las telecomunicaciones, editaban una revista que se llamaba Teledatos, y en ese entonces se trataba de hacer la historia de las telecomunicaciones, pero no había un proyecto. Yo no lo sabía hacer, por lo que pedí ayuda a mi facultad de la UNAM, en donde estudiaba sociología.
El profesor Mario Huacuja me ayudó a hacer el proyecto, y otro profesor, Pedro Hernández, que era el responsable de los talleres de investigación, me ayudó a elaborar un guion. Así se lo presenté al ingeniero Guzmán. “A ver si es lo que quiere, ingeniero, porque me dicen que un proyecto de esta magnitud es de mucha responsabilidad, que no es cualquier cosa”, le advertí. Don Tomás lo leyó y me dijo que estaba bien.
¿POR QUÉ ERA TAN IMPORTANTE EL INGENIERO GUZMÁN CANTÚ?
Era un ingeniero más de las telecomunicaciones, pero también era único. Al ingeniero Guzmán lo jalaron gentes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que fueron sus alumnos, entre los que destacaba el ingeniero Eugenio Méndez Docurro que, en tiempos de Luis Echeverría, figuró como secretario de comunicaciones y director del CONACYT. Entonces el ing. Méndez Docurro jaló a su maestro, que era el ing. Tomas Guzmán Cantú y le dice: “Oye –porque así le hablaba–, quiero que te hagas cargo de la red de telecomunicaciones que echó a andar Miguel Alemán, porque viene un ambicioso proyecto nacional de telecomunicaciones que abarca telefonía rural, las microondas y las radiocomunicaciones telegráficas; quiero que tú, como eres ingeniero en comunicaciones, te encargues de eso”. El Ing. Guzmán era egresado de dos carreras del politécnico y había sido estudiante destacado de la famosa escuela de ingeniería del Politécnico, la ESIME, donde el propio Méndez Docurro también se había graduado con honores. De modo que lo nombra como jefe del Departamento de Telecomunicaciones.
Como tal, el ingeniero Guzmán se responsabilizó del tendido de las primeras rutas de microondas del país. A él se debió la selección del equipo francés especializado para el tendido de la primera ruta de 120 canales. Méndez Docurro lo instruye para arrancar en el sureste.
¿QUÉ ERAN LAS MICROONDAS?
Las telecomunicaciones arrancan con el telégrafo, que era por hilos y luego fue inalámbrico. Pero era un solo sistema, no se podía conectar con otro; luego fue el teléfono, que también estaba separado, después la radiocomunicación, pero con las microondas ya se podían enrutar todos los sistemas de telecomunicaciones, con un solo transmisor podías transmitir telegrafía, telefonía, radio y televisión. El ingeniero Guzmán, sabedor de eso, le dijo al ing. Méndez Docurro: “No necesitamos andar invirtiendo para establecer líneas telegráficas, ni telefónicas; este equipo francés nos ofrece la capacidad para 120 canales por nodos. “¿Qué es un nodo?”, le preguntó Méndez. “Un nodo es que tú puedes enlazar el sureste con el norte con más de cien canales, puedes transmitir telegrafía, telefonía, télex y lo que quieras”. “¿Y qué nos cuesta?”. “Pues hay que traerlo de París”. Y se trajeron unos dispositivos que fueron los primeros equipos de microondas que llegan a México. Entonces a él se debió que México fuera el primer país latinoamericano en explotar las microondas, y pudo ofrecer a la industria de las telecomunicaciones el servicio de enrutar todos sus sistemas.
Ese fue el primer gran proyecto del ingeniero Tomás Guzmán Cantú. Fue el pionero de la modernización de lo que después se conoció como el auge de las telecomunicaciones en los años 60. Ya cuando echaron a andar el Plan Nacional de Telecomunicaciones ya venía de atrás una base tecnológica y científica para extenderlo a todo el país. Empezó en el sureste y luego fue la de occidente, de Guadalajara hacia el norte, pero el ingeniero Guzmán Cantú supervisó la instalación y tendido de esas dos rutas. Con eso quedaron las bases sentadas para el Plan Nacional de Telecomunicaciones, que se consolida en los sesenta.
Con las olimpiadas de 1968 ya se pudo hacer un enrutamiento para el mundo a través de la estación terrena Tulancingo I, que estaba en el plan nacional; ahí don Tomás le pide al ingeniero Trinidad Torres Soto que planeara la instalación de la estación terrena, una parábola de 32 metros, la más grande de América Latina, emblemática del estado de Hidalgo, que fue donde yo me inicié como empleado de telecomunicaciones. México firma en 1964 un convenio con Intelsat para tener los beneficios del satélite conocido como Pájaro Madrugador (el Intelsat I), una infraestructura que bañaba de señal satelital a todo Centro y Sudamérica. Fue el primer satélite que México utilizó.
Fue así como conocí al ingeniero Tomás Guzmán Cantú y empecé a enterarme de su trayectoria y el gran interés que tenía por las comunicaciones de México. Lo nombraron mi asesor y llegué a tener una relación estrechísima con él, llegué a ser parte de la vida del ingeniero, a tal grado, que su hijo Raúl decía en broma que me quería más a mí que a él.
HABLEMOS AHORA DEL MUSEO DE LAS TELECOMUNICACIONES DE MÉXICO.
Desde un primer momento, el ingeniero Guzmán Cantú me dijo que andaba buscando a quién heredarle un proyecto que había iniciado en Radio Chapultepec. En una sala de esas instalaciones, que estaban en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, instaló las bases del primer Museo de Telecomunicaciones. Y a quince días de su inauguración, por mandato del presidente Adolfo López Mateos, se suspendió y “nos mandó a volar con todo y estación”.
¿QUÉ ERA RADIO CHAPULTEPEC?
En la Primera Guerra Mundial el orden internacional no permitía que los países fabricaran equipos de telecomunicación, los únicos que podían hacerlo eran los países que estaban en conflicto, como Alemania, entonces otros países como Francia e Inglaterra, que tenían intereses en países como México, vieron la forma de traer una estación a nuestro país que pudiera enlazar con Europa; le proponen al gobierno de Venustiano Carranza la instalación de una estación de radiotelegrafía que los enlazara con Europa.
Así nació Radio Chapultepec que el ingeniero Guzmán comenzó a instalar en pleno bosque, una antena de 50 metros de altura que harían funcionar con un potente equipo alemán. Pero en el trayecto Estados Unidos decomisó la mitad de los instrumentos, solo llegaron una parte del transmisor, que era el oscilador y una sección de la fuente, pero el amplificador no llegó. Entonces el ingeniero, como tenía conocidos muy competentes en Monterrey, les pidió que hicieran el amplificador, que terminó siendo un monstruo de seis metros y doce toneladas de peso.
Al final, Radio Chapultepec arranca con ese equipo, parte alemán y parte regiomontano. Así se da servicio público a la gente, a la banca, a la industria, de comunicación instantánea con Europa.
A diferencia de las microondas, que son de punto a punto, que quiere decir que es una línea recta, la radiotelegrafía es por rebote troposférico; se genera una señal, se va a la tropósfera y la emite al otro contacto. Eso es lo que hace la radiocomunicación, no le afectan los cerros, transmite desde cualquier lugar del mundo. Así fue como la radiotelegrafía se fortalece en plena Revolución Mexicana y funciona por décadas; terminada la Segunda Guerra Mundial, Radio Chapultepec, como era federal, era propiedad del Estado y lo administraba la Secretaría de Guerra y Marina, no la SCT; pero después de la guerra se la dan a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, con quien estuvo operando hasta los años 60.
Cuando por orden presidencial había que desalojar Radio Chapultepec porque ahí iba a quedar –como lo hizo– el Museo Nacional de Antropología e Historia, fue que les pidieron el desalojo. Entonces el ingeniero Guzmán Cantú agarró todo su equipo y lo llevó a un terreno que le dieron en Iztapalapa, lo que después fue la Radiotransmisora “Miguel Alemán”. Era un “museo” de unas doscientas piezas, pero para nada despreciable, equipos como los primeros “pianitos” Hugues que trajeron a finales del siglo XIX, los primeros perforadores de cinta Siemens para las mesas de transmisor, y bueno, la propia Radio Chapultepec que hoy se halla en el Museo del Telégrafo, y todavía queda disponible para el próximo museo el amplificador y el excitador originales, un equipo que mide 25 metros con un transmisor de 20 kilowatts.
Si no hubiera sido por eso no existirían el museo del telégrafo de la Ciudad de México ni los otros cuatro pequeños museos que hay en el país.
¿NO LE OFRECIERON ALTERNATIVAS PARA EL GRAN MUSEO?
El ingeniero Guzmán, por más esfuerzo que hizo, no logró prender interés en las administraciones siguientes. Los funcionarios no tenían vínculos con las comunicaciones históricas.
Por otro lado, las telecomunicaciones seguían avanzando a paso veloz y había muchos compromisos nuevos que atender. Al presidente José López Portillo le dijeron: “señor presidente, México tiene la necesidad imperiosa de poner en órbita unos satélites geoestacionarios de telecomunicaciones, urgentemente, porque el rango radioeléctrico lo compartimos con Canadá, quien dice que, si nosotros no ocupamos el espacio de los 113 a los 109 grados, ellos sí lo ocupan, pues necesitan más espacio”. La respuesta fue que no había recursos para ese proyecto, porque se había decretado el Plan Nacional de Desarrollo.
Lo que hizo el ingeniero Clemente Pérez Correa fue ir a Washington con su gente y hablaron con la McDonald Douglas, con Hugues, hasta que lograron obtener un crédito a México para los satélites; City Bank les prestó 150 millones de dólares y los demás le financiaron por diez años. Así surgió la primera puesta en órbita de la era satelital mexicana, fueron los primeros satélites mexicanos, porque los pagó México, y se llamaron Morelos, que después fueron Solidaridad con Carlos Salinas de Gortari. Ya a finales de los 90 fue el sistema Satmex, que ya no manejaba México, sino que estaba concesionado. Así fue como surgieron las generaciones de satélites mexicanos.
¿CUÁL ES LA SITUACIÓN MUSEO HOY?
Independientemente de si se recobra el acervo que yo rescaté, de unas cinco mil piezas, todo ese equipo está amparado con documentos oficiales, porque los donativos se documentaron oficialmente, tanto de los pioneros como de empresarios, porque hay material que no es de la Secretaría, son donaciones de personas privadas para el proyecto de museo.
Hoy son de gobierno porque están en poder de lo que era la Dirección General de Telecomunicaciones; esta desaparece con la 4T y hoy, con el nuevo organismo, que es Financiera Bienestar, se anda viendo la forma de dónde van a dejar todo ese equipo. Por eso es que mi asociación civil se acercó a ellos, y cuando supieron de nosotros, dijeron “Ah, pues ya está”. Aceptaron que si llegamos a un convenio con ellos todo ese equipo pasará a la asociación civil para la realización del museo.
La Asociación de amigos del Museo de Telecomunicaciones, A.C. nace con un objetivo social único, fundamental, es la creación y operación del museo nacional de telecomunicaciones, que va a ser administrado por un fideicomiso que debe estar integrado por la iniciativa privada, pero no por cualquier empresario; son empresarios que tienen un interés permanente en el desarrollo de las telecomunicaciones. Entonces esos empresarios que van a estar dentro del proyecto, más les vale que no desaparezca, porque si desaparece está desapareciendo parte de su historia y de sus recursos; pero como ese museo les va a permitir espacios para seguir promocionando sus propios productos, eso va a favorecer a la sociedad mexicana porque se va a dar a conocer una historia sorprendente que, salvo Japón, Chile y España, que fundaron algo parecido, pero sin el extraordinario acervo que México tiene. Los españoles solicitaron prestado un “pianito” Hugues para el evento del 1992, pues no tienen ninguno; yo ya lo había empacado, pero no se envió porque el pabellón de los descubrimientos donde se instalaría se incendió, en eso nos enteramos y ya no se envió. Lo que enviamos fue un video sobre el funcionamiento del equipo Hugues, o sea, el “pianito”.
¿CÓMO SE GARANTIZA LA PRESERVACIÓN DE ESTE ACERVO HISTÓRICO DE LOS MEXICANOS?
El temor que pudiera haber de que desaparezca parte o la totalidad de este equipo histórico tiene dos candados que lo hacen difícil, la Asociación de amigos del museo de telecomunicaciones, A.C. estará integrada al CICPIM, como lo estoy yo desde ahora, es el Consejo Internacional de Conservación del Patrimonio Industrial Mundial; el acervo que yo rescaté está registrado en el CICPIM, ellos están auspiciados por las UNESCO, quien está vigilante a nivel mundial del patrimonio industrial, por eso se llama así.
Entonces yo, antes de irme, voy a dejar una cédula para que, si mi sucesor llegara a tener problemas con el gobierno o con los empresarios, acude al CICPIM y denuncia lo que quieren hacer. No pueden moverlos, porque son donativos y están registrados en la UNESCO y se genera un escándalo grave para el gobierno mexicano por descuidar un acervo que no le pertenece, pues es patrimonio mundial. Y es que el patrimonio industrial pasa a ser catalogado como una herencia de la humanidad, no es fácil desaparecer un bien de patrimonio industrial. Por ejemplo, el equipo que yo rescaté pasó de una cuenta inventarial que tiene el patrimonio nacional, que es de la 11.05 para equipo técnico y todo eso, pero al pasar a la 11.06 ya no se puede desaparecer, no lo puedes romper, ni tocar, salvo que se queme. Pero si desaparece, eso está penado por la ley, pues pertenece a una codificación de acervo que ya pasó a ser histórico.
HÁBLAME DE PIEZAS DESTACADAS QUE TIENE EL ACERVO DEL PRÓXIMO MUSEO.
Existe un acervo fílmico, que es la fototeca que se armó con equipos muy selectos, como el equipo de González Camarena, como las primeras estaciones de radio, los primeros radiotransmisores de los radioaficionados, como el transmisor de Juan Lobo y Lobo, que son equipos especiales de enorme valor, únicos; equipos muy grandes que si pasan al control de una asociación no quiere decir que se pueda hacer mal uso de ellos, que se puedan vender o negociar, aparte de que es un delito; la asociación está para velar por la custodia del equipo, entonces se van al museo, y un museo ya es intocable, intransferible. Los museos pasan a ser como un recinto democrático donde todo el público puede asistir, y por eso el gobierno tiene la obligación de dar garantías para operarlo. Es decir, un museo no puede desaparecer de la noche a la mañana.
Bueno, la especificación de un concepto museográfico es muy definido, no puede uno mezclar un tema con otro que no tenga nada que ver, en este caso con la tecnología. Las telecomunicaciones son un medio de comunicación electromagnético, por lo que el concepto metodológico queda muy claro. El electromagnetismo. Este proyecto nos debe interesar por dos razones muy simples, primero porque en este museo se va a mostrar la historia de un México, que ha pasado por muchas vicisitudes, pero que por su ubicación geográfica ha contado con los sistemas de telecomunicaciones prácticamente desde sus orígenes. Cinco años antes que Francia México recibió el primer sistema telegráfico; dos años después de que Alejandro Graham Bell patentara el teléfono llegó a nuestro país; el cable submarino y la radiotelegrafía se instalaron todavía en etapa de pruebas; la radiodifusión, la televisión las microondas, todas llegaron a México aún en proceso de experimentación. De modo que hay mucha historia en esos equipos. Y con las microondas y los satélites se abre un abanico impresionante de servicios hasta llegar al internet, la síntesis de todo eso.
Es lo que el pueblo va a poder conocer. La gente va a interactuar con los módulos que se van a instalar sobre esa evolución tecnológica, cada sala va a tener espacios lúdicos, además de conocer la historia en especie con prototipos de esos sistemas. Un museo de quinta generación con lo mejor de la tecnología, como las cédulas sonoras, un equipo qué te responde preguntas emitidas desde casi cualquier idioma. Los niños de hoy, quienes no saben que su abuelo usaba un teléfono de baquelita negra para comunicarse con sus familiares, va a poder probar esos equipos para entender mejor las generaciones tecnológicas a las que están tan estrechamente relacionados. Ojalá que vean en este proyecto una oportunidad para toda la población estudiantil a la que le gusta la historia de su país y quienes les gusta ser mexicanos, porque ahí mostramos la creatividad de muchos sabios como don Guillermo González Camarena, como un Alejo Peralta que fue, además de empresario, un impulsor de la telefonía en México; otro, como Lázaro Barajas, que logró que en México tuviera radiodifusoras para toda América Latina.
Un gran proyecto muy ambicioso que a la mejor para quien no conozca mucho de este tema, va a ser muy útil. Y el empresariado se va a fortalecer porque ahí va estar su historia, van a estar sus marcas, va a haber espacios para que ellos sigan difundiendo lo que hacen. Un proyecto muy ambicioso y benéfico porque todos vamos a salir ganando.
Gracias.
