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Elementos No. 96         Vol. 21, Octubre-Diciembre, 2014, Página 7

Ideas e historias de India:
una breve introducción

Daniel Kent Carrasco
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LA INDIA Y EL MUNDO


El estudio de la historia reciente y actualidad de la India, así como la reflexión sobre su porvenir, deben dejar de ser vistos como una curiosidad anecdótica, o una labor marginal. La importancia de India en el horizonte de la reflexión cultural, socio-política y económica de la actualidad es cada vez más reconocida. Me parece útil de entrada hacer una distinción entre tres dimensiones que a lo largo de este texto tendré en mente al hablar de India: una refiere al gigante demográfico y económico de los llamados países BRIC (Brasil, Rusia, India, China), que en tiempos recientes ha sido colocada como un ejemplo de desarrollo económico para otros países del otrora llamado Tercer Mundo. En segundo lugar, debemos pensar en India como un término “hiperreal”, siguiendo a Dipesh Chakrabarty,1 es decir una ambigua y fértil figura de pensamiento que remite por igual a realidades e ilusiones contrastantes de riqueza y miseria, ajena extrañeza y próximos anhelos, atracción indescifrable y violento rechazo. Y finalmente, pensaré en India como la locación desde y respecto a la cual se han desarrollado algunas de las corrientes críticas más relevantes de la actualidad, como la teoría poscolonial y los estudios subalternos.
    Aunque no es mi intención embarcarme en un mero ejercicio descriptivo, me parece imprescindible comenzar con algunos datos.
    En julio del 2013, la población total de la India alcanzó la cifra de 1,220,800,000 habitantes.2 Su índice de crecimiento anual de 1.28% no es muy elevado, similar al de México (1.07%), menor al de países como Venezuela, Bolivia o Singapur, y ha venido reduciéndose de manera gradual durante las últimas décadas. Sin embargo, aun esta modesta cifra en un país de tales proporciones alcanza para que al mes nazcan alrededor de 1.3 millones de personas. Diferentes predicciones anuncian que, al presente ritmo, India superará a su vecino, China, en población total para 2030, convirtiéndose así en el país más poblado del mundo.
    En India, cerca de 420 millones de personas ejercen el derecho al voto.3 En su territorio conviven alrededor de 1,000 idiomas, 6 de los cuales son hablados por más de 50 millones de personas. India ocupa el tercer sitio, después de los Estados Unidos y China, en producto interno bruto y en usuarios totales de Internet.4
    A pesar de que el islam es una religión minoritaria practicada por alrededor del 15% de la población –unos 180,000,000 de personas– India es el país con más mezquitas del mundo. En India, casi 400 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza.5 Mientras que más de la mitad de la población sobrevive gracias a la agricultura, ciudades como Bangalore o Hyderabad sitúan a India como dos de los focos más importantes en diseño e ingeniería de software. En India hay once ciudades con más de tres millones de habitantes, alrededor de 600,000 aldeas, y casi mil millones de teléfonos celulares.
    La India es un gigante en términos demográficos, económicos y religiosos. Al mismo tiempo, es la indiscutible potencia en la región del sur de Asia, y ocupa una estratégica y, en ocasiones, incómoda posición entre China, el turbulento Medio Oriente, y el diverso y pujante sureste de Asia.
    En India y las regiones que la rodean se están gestando respuestas –guiadas en igual medida por la creatividad y la violencia de la necesidad– a los desafíos que el futuro tiene reservados para el resto del mundo. Estos nuevos retos obedecen a la lógica de la sobrepoblación, la crisis medioambiental, la crisis de la democracia representativa y los límites del sistema post-fordista global. En India, hace tiempo que maduraron los frutos de la paradójica mezcla de superabundancia y lacerante escasez que, todo indica, definirán el futuro del mundo.


EL GENTIL OTRO

Uno de los slogans más recurrentes del nacionalismo en India la define como la tierra de la unidad en la diversidad. En India coexisten los orígenes del budismo con diferentes ramas del islam y poblaciones cristianas y judías asentadas en su territorio hace siglos. Esto sin contar, por supuesto, a las religiones “indígenas”, como el masivo hinduismo, el sikhismo y el jainismo. Políticamente, India cuenta con poderosos exponentes de todos los grados del espectro de inclinaciones e ideologías políticas, desde los más ardientes acólitos del libre mercado hasta los defensores de la doctrina maoísta. En India coexisten cientos de partidos políticos que compiten en elecciones, entre los cuales se cuentan antiguos partidos comunistas y novedosas formaciones de agrupaciones de la sociedad civil.
    Tal vez el ámbito en el cual aparece más patente la diversidad enorme de India es en su comida, enriquecida por siglos de intercambios y sinergias con lejanas tierras y culturas. El kebab, plato base del mundo árabe, abunda, al igual que la papa, el chile, el tomate, la papaya y la piña provenientes del Nuevo Mundo. La coliflor, aquel producto tan europeo, es base de muchos curries. Por su parte, de la India provienen la pimienta, la canela, la berenjena, y otro producto igualmente globalizado: la marihuana, llamada ganja en idioma sánscrito, planta utilizada con fines rituales en diferentes partes del subcontinente.
    Sin duda una de las facetas más ricas y fascinantes de la vida en la India es la variedad, intensidad y cotidianeidad de las manifestaciones religiosas. La religión mayoritaria es el hinduismo, que con unos 900 millones de adeptos abarca aproximadamente a un 15% de la población total del planeta. A diferencia de las religiones semíticas, las religiones indias, entre las que se cuenta el hinduismo, no están definidas por la centralidad de un texto sagrado o una deidad tutelar, ni restringidas por la acción de una institución o congregación. Sería más apropiado, al referirse al hinduismo, hablar de una forma de organización que engloba las dimensiones rituales, simbólicas y sociales de la vida. La variedad de ritos, mitos, creencias, prácticas, convenciones y normas que lo integran es apabullante, e incluye desde la adoración del dios mono Hanuman y el asceta sagrado Shiva, hasta las especulaciones abstractas contenidas en textos como los Upanisads. Poblado de un panteón enorme de deidades y alimentado por innumerables textos y tradiciones, el hinduismo no es una religión en el sentido occidental de la palabra, sino un universo de significados entretejidos que forma la base de una civilización entera.6
    Por su parte, el islam en India es el resultado de la sinergia entre la rica herencia poética, artística y especulativa de la India con las tradiciones musulmanas provenientes de Mongolia, Persia, Turquía, Afganistán y Arabia. Esto hace que la variedad y esencia del islam Indio se distinga de otras tradiciones del mundo musulmán por su apertura, su flexibilidad y su riqueza conceptual. En la expansión de la fe de Mahoma en India, las prácticas devocionales y ascéticas asociadas con el sufismo fueron de central importancia.
    El mayor problema que viene con esta diversidad reside en la dificultad de limitar y definir lo que la India es, labor que se ve complicada por el hecho de que muchos al interior del estado que hoy lleva ese nombre, no dudan en afirmar que India es en verdad una civilización. Manteniéndome al margen de la peligrosa retórica recientemente socorrida de la “guerra entre civilizaciones” y sin ánimo de alimentar chauvinismos de ninguna índole, es necesario confirmar qué signos de una civilización India –conformada por una unidad de rasgos culturales, lingüísticos, de estratificación social, entre otros– pueden ser observados en toda la región del Sur de Asia, desde Afganistán hasta Sri Lanka y las Maldivas. No obstante, debemos ser cautos al momento de querer definir esta civilización con base en una esencia espiritual a-histórica, de la forma en que numerosos románticos han intentado hacer desde el siglo XVIII. A partir de la Ilustración, no faltaron europeos y otros seres racionales que quisieron ver en India un receptáculo de todo aquello que en Occidente el imperio de la razón y el materialismo había relegado a un segundo plano. Así, hasta la fecha, una poderosa corriente de pensamiento occidental ha insistido en pensar la India como un lugar de libertad, intuición, magia, espiritualismo y verdades esotéricas.
    A diferencia del mundo islámico –tachado con la marca del enemigo y agresor desde las Cruzadas hasta la guerra contra el terror del presidente estadounidense George W. Bush– o de las poblaciones indígenas del continente americano –cuya humanidad misma era puesta en duda por algunos hasta bien entrado el siglo XVII– India ha sido vista por europeos y otros modernos como un “gentil otro”, una civilización espiritual e inmóvil, bondadosa y poco amenazante. En el esquema euro-centrista desarrollado por Hegel en su Filosofía de la Historia, India y China eran regiones donde el espíritu, fuerza motriz de la historia, había hecho su nido. Sin embargo, a diferencia de Europa y a pesar de su rico pasado, India había permanecido atada a una inmovilidad dañina y degenerativa. Esta idea, a la que se apegaron otras célebres mentes de Occidente como Marx, Durkheim y Weber,7 ha sido la clave a través de la cual se ha codificado la mayoría de las modernas aproximaciones a India, que insisten en verla como una tierra de costumbres milenarias, verdades puras, lenguas sagradas, castas eternas e inamovibles tradiciones. En otras palabras, la India ha aparecido como una tierra de puro pasado, cuyo presente y futuro son irrelevantes.
    No pretendo ahondar más en este tema. Pero me gustaría aventurar que, al margen de la fascinación que pueda generarnos el pasado lejano de la India, probablemente tengamos mucho mas que aprender de su historia reciente y de sus dinámicas actuales que, en gran medida, sentarán el precedente para el resto de nosotros aun en regiones aparentemente tan lejanas como México y América Latina.


INDIA Y SUS SISTEMAS-MUNDO

Es imposible emprender un ejercicio introductorio al estudio de India sin realizar un breve repaso de su territorio. Delimitado por lo que aparecen a primera vista como formidables barreras naturales –la cordillera del Himalaya al Norte, y océanos al Sur, Este y Oeste– India ha mantenido contactos desde hace por lo menos tres milenios con todas las regiones de Asia y más allá. Geográficamente podemos dividir a India en cinco grandes regiones: las escarpadas montañas del Norte de donde nacen los ríos que alimentan la vasta planicie Indo-Gangética, el altiplano central del Deccán y las dos costas: la de Gujarat y Malabar al Oeste y la de Coromandel al Este. Además de sus abundantes ríos, el factor definitivo para el desarrollo de la agricultura en India durante siglos fue el monzón, poderosos vientos portadores de lluvia que durante el verano envuelven la península de Suroeste a Noroeste, trayendo consigo pesadas precipitaciones. El monzón indio es la temporada de lluvias más intensa y productiva sobre la faz de la tierra. El verano, fue, durante siglos, la temporada de producción, mientras que el resto del año se dividía en dos estaciones: la fría y la calurosa. A pesar de que el resto del año es bastante seco, importantes redes de irrigación han hecho posible, por lo menos desde los tiempos de Herodoto, la recolección de dos, y en algunas zonas hasta tres cosechas al año.
    A las ventajas y riquezas propiciadas por sus particularidades geográficas, la historia de India ha sido forjada por su estratégica posición dentro de subsecuentes sistemas de comercio, exploración y colonización. Para hablar del lugar de India en el mundo a lo largo de la historia, me parece útil recurrir a la teoría del sistema-mundo desarrollada por Immanuel Wallerstein y los debates que a su alrededor se han generado.
    El sistema-mundo es una teoría analítica que se aproxima al estudio de la historia desde una perspectiva transnacional de la división del trabajo. En otras palabras, para el modelo de Wallerstein los países dejan de ser las unidades principales de estudio para dar paso a la reflexión acerca de las redes de intercambio creadas por las relaciones mantenidas entre regiones y territorios. Este sistema ha hecho famosa la distinción entre economías desarrolladas, basadas en flujos intensivos de capital, y las regiones forzadas a depender de la extracción de materias primas y la mano de obra intensiva. Para Wallerstein, por tanto, la economía es necesariamente global y son los desbalances en este sistema los que generan fricciones y conflictos entre regiones, territorios y países, así como al interior de estos. Como parte de un esfuerzo por dar cuenta de las dinámicas de la actual era de globalización, la teoría del sistema-mundo plantea que el orden global contemporáneo, dividido entre centro y periferia, es el resultado de procesos iniciados a partir del siglo XVI que culminarían en el reciente dominio de Europa y Norteamérica sobre el resto del mundo.8
    Me parece sugerente enmarcar esta aproximación a la India siguiendo los argumentos de la historiadora Janet Abu-Lughod quien propone la existencia de sistemas mundiales de comercio existentes desde hace por lo menos ocho siglos. En una expansión a la teoría del sistema-mundo, Abu-Lughod ha argumentado que el proceso que identificamos como globalización no es nuevo y en realidad debe ser remontado a un momento muy anterior al siglo XVI. En su opinión el dominio casi global de Europa en siglos recientes debe ser visto como el resultado de procesos que se remontan por lo menos hasta el siglo XIII. El dominio del Atlántico Norte, argumenta Abu-Lughod, fue el resultado de un proceso de integración global impulsado por antiguos contactos entre el Imperio Romano y China y la unificación del mundo musulmán a partir del siglo VIII.9
    Este argumento es estimulante por sí mismo, ya que nos hace repensar nociones comúnmente aceptadas acerca de la globalización y cuestionar el predominante eurocentrismo de las ciencias sociales. A mí me interesa resaltar la centralidad de India en tres de los circuitos propuestos por Abu-Lughod (veáse el Mapa 1) que confluyen en el Océano Índico:10 el circuito VI une a la Península Arábiga con la costa occidental de India, a través del cual por mercaderes provenientes del Medio Oriente y el Mediterráneo llegaron a India a partir del primer milenio de nuestra era. Esto resultó en la creación de importantes enclaves musulmanes en las costas de Gujarat, Karnataka y Kerala, así como en la llegada de antiguas poblaciones judías y cristianas. El circuito VII conectaba India con el Sureste de Asia y el estrecho de Malacca, donde actualmente se sitúa Singapur y uno de los puntos neurálgicos del capitalismo post-fordista; y el VIII conectaba el subcontinente indio con China.
    En palabras de Abu-Lughod, al interior de estos antiguos sistemas globales el subcontinente indio se hallaba situado “en ruta a todos lados.”11 Esto hizo que la India se viera enriquecida por su lugar privilegiado en el desarrollo de la historia global y que sufriera las consecuencias de sucesivas invasiones y proyectos de conquista. Desde el corazón de la Planicie Indo-Gangética se inició la expansión del budismo hacia el Asia Oriental a partir del siglo VI a.C. Pocos siglos después, Alejandro Magno, habiendo conquistado la Persia de Darío, intentaría ocupar los reinos del Punjab. A partir del siglo XII el norte de India vería la llegada sobrecogedora del islam, proceso que daría como resultado el desarrollo de una de las tradiciones musulmanas más deslumbrantes de la historia, que produciría joyas arquitectónicas como el Taj Mahal, y un inmenso y fascinante legado artístico, místico, poético, estatal y filosófico.
    En resumen, el subcontinente indio ha sido desde hace siglos un territorio autosuficiente cuya conexión con lejanas regiones ha generado un mundo cultural variado y cosmopolita. La abundancia de sus recursos naturales, su complejidad y riqueza cultural y la gran calidad de sus artesanos y productos han contribuido a su privilegiada posición en el horizonte global. Al mismo tiempo, la han hecho el objeto de deseo de sucesivas potencias imperiales, como el imperio británico cuya expansión definiría la historia moderna de la India y la forma de la actualidad política, cultural y económica del subcontinente.


VARIEDADES INDIAS DE IMPERIALISMO

En 1498, el año en que Colón emprendió su tercer viaje al Nuevo Mundo, Vasco da Gama “descubriría” el paso hacia Asia a través del Cabo de Buena Esperanza, asegurando el temprano predominio de los portugueses en el comercio entre Europa e India. Serían ellos quienes establecerían las primeras colonias europeas en el subcontinente, particularmente en la región de Goa y el sur de la costa de Malabar, y quienes llevarían consigo productos centrales para la actual cocina india, como la papa, el tabaco, los chiles. En otro ámbito, los primeros jesuitas y misioneros cristianos llegarían a India en navíos portugueses.
    Durante el siglo XVI la presencia europea en India sería mínima, limitada a unos cuantos enclaves comerciales en las costas. Esto cambiaría cuando en 1600 la reina Elizabeth constituyera a la que sería el principal vehículo del imperialismo Británico en el sur de Asia: la Compañía de las Indias Orientales. Al igual que sus contrapartes contemporáneas danesa, francesa y holandesa, la Compañía sería la comisionada por la reina para establecer mediante el uso de la fuerza un monopolio del lucrativo comercio con India para beneficio de la Corona Británica. Entre 1600 y 1750, la Compañía alteraría de manera gradual pero definitiva la dinámica económica de la India, hasta el punto de llegar a comandar importantes ejércitos y regiones enteras a través de la conquista y la alianza con dirigentes locales.

Mapa 1. Modificado de Abu-Lughod, 1989.


    La conquista abiertamente imperial británica en el subcontinente comenzaría a extenderse en 1757, con la batalla de Plassey, en la que el general inglés Robert Clive vencería al gobernante de Bengala, Siraj ud-Daula, y culminaría con la independencia de India y Pakistán en 1947. Esto implica que, mientras que en México y otras localidades de Latinoamérica se gestaban las insurgencias independentistas, en India se vivía la consolidación y el apogeo del Imperio Británico.
    Desde un inicio, el colonialismo británico en India se diferenció de otras campañas imperiales anteriores de maneras muy significativas. En primer lugar, este fue un colonialismo emprendido no por un estado, sino por una compañía comercial, la cual optó por evitar el conflicto abierto con los poderes locales y gestó estratégicas redes de vasallaje y mutuo beneficio económico. En otras palabras, este nuevo colonialismo no se extendió a base de la conquista militar, sino siguiendo una lógica puramente capitalista. Por otro lado, no hubo colonización de la manera en que hubo en América Latina, el Caribe y Australia. Los británicos que administraron la India a partir del siglo XVIII y hasta mediados del XX fueron funcionarios y burócratas de carrera, que dejaban Gran Bretaña en busca de trabajo y, si tenían suerte, volverían al retirarse con el plan de construirse una mansión en la campiña inglesa. En más de un sentido, ser un funcionario del imperio era el equivalente a ser funcionario de una trasnacional de hoy en día. Hubo pocas mujeres europeas en India durante este tiempo, y aún menos familias. A diferencia de lo que pasó en el Nuevo Mundo, los europeos nunca intentaron hacer de la India su hogar. Esto ha causado que la palabra “colonial” tenga connotaciones muy diferentes en ambas regiones. Mientras que en América, lo colonial remite a un amplio legado urbano, cultural, político e intelectual de mezcla, destrucción y fértil adaptación, en India lo colonial remite a la explotación, el saqueo y la humillación.


LIBERALISMO, ABOGADOS Y NACIONALISMO EN LA INDIA DECIMONÓNICA


A diferencia del imperio español, burocrático y de tintes medievales, el imperio británico en India fue plenamente moderno en su concepción y ejecución. Estuvo basado en la eficiencia, la funcionalidad, la rentabilidad y el mínimo conflicto.
    En términos de historia de las ideas, la primera mitad del siglo XIX en India fue un período de shock socio-cultural, caracterizado por importantes esfuerzos dirigidos a la reforma de lo que llegó a ser percibido como el atraso de la sociedad nativa. Estos esfuerzos emergieron como resultado de la gradual expansión de la educación occidental entre las élites urbanas –algunos de cuyos miembros se convirtieron en feroces anglófilos– y la adaptación y reformulación de los principios del liberalismo británico.
    Si el liberalismo predominante en México en este período surgió de una lectura de ciertas corrientes del positivismo francés y se articuló alrededor de la importancia del secularismo y la soberanía popular, en India el liberalismo emergió del molde británico creado por el libre mercado, el utilitarismo y la puritana ética victoriana. Por otro lado, mientras que la discusión sobre el liberalismo en México se desarrolló en paralelo a la creación de las instituciones del estado independiente, en India esta discusión fue parte de una estrategia de empoderamiento de las élites nativas que buscaban acceder a puestos de poder e influencia al interior del estado colonial. La manera más eficaz de conseguir un trabajo bien pagado en la India decimonónica era mediante el empleo a servicio del estado colonial británico, y para esto el camino más común era la carrera de leyes. Esto hizo que el liberalismo en India surgiera como una aventura guiada por abogados. Virtualmente todos los principales líderes sociales y políticos de la India del siglo XIX y principios del XX, incluido Gandhi, fueron abogados litigantes. Más allá de ser un mero dato anecdótico, es importante tener este detalle en cuenta a la luz de la rica y única tradición constitucional de la India, acostumbrada a acomodar diferencias de religión, lengua, casta y género.
    Inspirado en el modelo nacional y la tradición intelectual francesa, el panorama intelectual de la modernidad en México ha estado dominado por la figura del mestizo, una ambigua medida de unificación socio-racial. En India, el liberalismo desde un inicio se forjó mediante el reconocimiento de y la adaptación a diferencias reales e importantes que hasta el día de hoy continúan siendo fuente de conflicto y contención. El producto paradigmático de este liberalismo de abogados es el Congreso Nacional Indio, o Partido del Congreso. Fundado en 1885, es uno de los partidos políticos en activo más antiguos del mundo. En muchos sentidos, el Congreso recuerda al PRI mexicano. Ambos son partidos de “amplio espectro”, regidos por el pragmatismo y abiertos a contradicciones y diferencias internas. Ambos se confunden con el edificio y la esencia del Estado. Ambos funcionan y se perpetúan en base a una estrategia de cooptación de liderazgos de masas y desarrollo económico caciquil y de compadres. Así mismo, ambos partidos han transitado del socialismo laxo tercermundista, al neoliberalismo mediático con relativa soltura.
    No obstante, existen importantes diferencias. Por un lado, el Congreso tiene un poder simbólico mucho mayor al del PRI, al presentar a Gandhi, Nehru y el resto de los héroes de la independencia como sus precursores. El pedigree que el Congreso ostenta equivale a pensar en lo que pasaría si el PRI pudiera afirmar que Juárez, Hidalgo, Madero, Zapata y Villa fueron alguna vez miembros del partido. Esto se debe a que mientras que el PRI surge como resultado de una necesidad de crear alianzas entre élites al final de un periodo turbulento de revolución social, el Congreso antecede a la política de masas y se confunde con el nacionalismo indio casi desde su origen. Otra diferencia importante reside en que el Congreso nunca fue un aparato de poder nacional total, como lo fue el PRI durante décadas: desde 1947 el Congreso tuvo que hacer concesiones a otras fuerzas regionales como requisito de los requisitos del sistema parlamentario de la democracia india. Finalmente, el Congreso, a diferencia de lo que sucede con la particular disciplina interna del PRI, ha funcionado desde la independencia siguiendo un modelo dinástico dominado por los descendientes de Nehru, lo cual ha acabado por convertir al partido en un disfuncional y desacreditado –aunque aún muy poderoso– feudo familiar.

LA INDIA POSCOLONIAL: EL TRAUMA DEL PRESENTE


Un argumento recurrente de la historiografía oficialista de India describe la llegada de la independencia como un proceso pacífico de tránsito hacia la libertad, distinguiendo la lucha nacionalista india de otras ocurridas en otros lugares, donde la violencia fue la marca de la resistencia anticolonialista. Este argumento debe más a la demagogia nacionalista gandhiana que a la realidad histórica.
    En 1947 el constructo inmenso de la India Británica se desgajó y con el fin del Imperio nacieron dos naciones vecinas: India y Pakistán. El trance fue todo menos pacífico. En el movimiento y el caos que caracterizaron este momento, murieron más de un millón de personas, y más de diez millones tuvieron que desplazarse y dejar sus lugares de origen. Las nuevas naciones acomodaron como pudieron a las personas desplazadas, pero no han podido acomodarse mutuamente hasta la fecha. Incluso hoy en día las fronteras entre India y Pakistán continúan sin definirse, y la relación entre ambos países están basadas en la agresión, la desconfianza y el recelo.12 A diferencia de Pakistán, India ha funcionado desde 1947 como una democracia parlamentaria, donde, debido al enorme número de votantes, las elecciones toman varias semanas en realizarse. La fórmula que identifica a la India como “la democracia más grande del mundo” funciona como un eslogan triunfalista, pero también refleja la condición anómala de India, un país rodeado por una región caracterizada por la inestabilidad política, la violencia de Estado y la desintegración institucional.
    Durante la segunda mitad del siglo XX, India figuró como un jugador importante en el desarrollo de importantes proyectos de cooperación internacional, como el Movimiento de Países No Alineados, y el proyecto del Tercer Mundo, una fórmula que, lejos de tener las connotaciones peyorativas de la actualidad, identificaba un proyecto de solidaridad y cooperación entre los países del Sur. Pensado como una solución a la condición de vasallaje respecto a las potencias de la posguerra, el Tercer Mundo fue desmantelado por la ineptitud y corrupción de los gobernantes y la injerencia de las potencias e intereses internacionales.
     Hasta la década de 1990 el gobierno de la India siguió un modelo de desarrollo económico cuasi-socialista, marcado por el control estatal de la economía y la substitución de importaciones. Durante las últimas dos décadas India se ha volcado hacia un modelo de desarrollo capitalista neoliberal, el cual ha sido adoptado a partes iguales por los principales partidos políticos. Los cambios por los que ha atravesado la sociedad india en los últimos 70 años son descomunales, difícilmente comparables con los de ninguna otra región del mundo, con la excepción de China. Estos cambios han dado como resultado una realidad compleja caracterizada por los más agudos extremos y la convivencia de diferentes planos temporales, ideológicos, económicos y cosmológicos que en otros lugares parecería imposible.

INDIA Y AMÉRICA LATINA


Tal vez no existan dos regiones que hayan permanecido más alejadas entre sí a lo largo de la historia que la India y América Latina. Conectada por tierra con el centro de Asia, China y el Medio Oriente, India tiene una larga historia de intercambios comerciales y culturales con el mundo mediterráneo y el este de África. A partir del siglo XVIII, con el inicio del colonialismo británico, nuevos flujos de capital, productos y personas unieron a India con otros puntos del Commonwealth –en Oceanía, el sur de África y el Caribe– mientras que en tiempos más recientes los países de Norteamérica y el norte de Europa se han convertido en el principal destino de la diáspora India que se cuenta en decenas de millones. América Latina, en esta lista, brilla por su ausencia.
    Hasta el siglo XX, los contactos entre India y América Latina fueron escasos y accidentales, como en el caso de la China Poblana –llegada al puerto de Acapulco desde Rajastán en el noreste de India–, o efectos directos de la actividad económica de las potencias coloniales, como en el caso del traslado de enormes cantidades de plata del Nuevo Mundo para financiar el comercio europeo de especias y otros productos de lujo con países de Asia Oriental.13 Durante la primera parte del siglo pasado, se desarrollaron incipientes contactos entre intelectuales, políticos y revolucionarios de ambas regiones al interior del impulso internacionalista y cosmopolita del socialismo anti-imperialista de finales del siglo XIX y principios del XX que, desarrollándose al margen de la posterior pretensión hegemónica de la Unión Soviética, animaría la creación del grupo de los Países No Alineados y el proyecto del otrora llamado Tercer Mundo.
    En 1917, en pleno proceso revolucionario, el bengalí M. N. Roy, llegaría a México a invitación del general Salvador Alvarado, revolucionario sonorense de inclinaciones socialistas y aliado cercano de Venustiano Carranza. Roy había sido miembro fundador de distintos grupos revolucionarios calificados como terroristas en Bengala, y pasaría un par de años en la Ciudad de México (1917-1919) como parte de un recorrido planetario dictado por la persecución del gobierno británico y sus aliados que lo llevaría a China, Japón, Estados Unidos, México, Alemania, Rusia, otra vez a China y de vuelta a India. Roy participaría en la creación del Partido Socialista de México, el primer partido comunista creado fuera de la Unión Soviética, y contribuiría con artículos periodísticos y otros escritos al debate llevado a cabo durante ese tiempo entre los círculos socialistas mexicanos. Tres años más tarde, a invitación del enviado soviético Mikhail Borodin, Roy representaría a México en la segunda sesión del Comintern en Moscú, donde aportaría una serie de influyentes correcciones a las tesis de Lenin sobre el desarrollo de la revolución socialista en los países colonizados. Otro célebre visitante llegado a América Latina desde el subcontinente durante estos años sería el ganador del Premio Nobel de literatura Rabindranath Tagore, quien en 1924, fue invitado a formar parte de las celebraciones por el centenario de la independencia del Perú. Ese mismo año, Tagore visitaría Argentina, donde sería hospedado por la poetisa Victoria Ocampo. No obstante, además de algunos interesantes casos individuales como estos, los contactos entre las dos regiones fueron mínimos hasta la segunda mitad del siglo XX.
    Hasta la década de 1990, las relaciones diplomáticas y comerciales con los países de América Latina permanecieron escasas y de carácter simbólico. Las primeras embajadas indias en América Latina fueron establecidas en 1948 en Brasil y Argentina. En 1952, Octavio Paz formaría parte del equipo de la recién abierta embajada mexicana en Delhi; Paz reflexionaría en las experiencias vividas durante su breve estancia en India en sus libros Vislumbres de la India y El mono gramático.
    Durante los años setenta algunos gobernantes de América Latina, principalmente Alfonsín de Argentina, Rafael Caldera de Venezuela y López Portillo de México, no ocultaron su afinidad con algunas de las ideas enarboladas por el proyecto del Tercer Mundo. No obstante los países económicamente más importantes de la región
–Brasil y México– seguirían permaneciendo formalmente al margen del Movimiento de Países No Alineados.
    Al igual que China, India durante las últimas décadas ha tenido que lidiar con los problemas generados por un creciente nivel de vida de su población, un incremento en el consumo de energía y una creciente escasez de recursos. Para India, hoy en día, América Latina aparece como una región lejana pero de abundantes recursos –en especial minerales y energéticos–, tierras cultivables, agua y un mercado de unos 600 millones de consumidores. No son pocos los analistas que insisten que India no puede permanecer alejada de América Latina si no quiere perder terreno frente a la creciente expansión de intereses comerciales y financieros chinos en la región. El interés de India por abrirse camino en América Latina durante la ultima década se ha visto correspondido por el interés de países en la región por diversificar sus mercados y matizar gradualmente la excesiva dependencia respecto a los Estados Unidos. Así mismo, el rechazo de gobiernos como el de Hugo Chávez hacia Estados Unidos y el creciente protagonismo de Brasil han contribuido a una apertura regional hacia nuevas posibilidades comerciales.
    El gobierno indio no ha ocultado su interés en los recursos naturales de América Latina, en especial el cobre, la soya y el petróleo. Complementariamente, productos manufacturados en la India –como vehículos, medicamentos, textiles– y la red india de servicios informáticos se hacen cada vez más presentes en América Latina. Vehículos de dos, tres y cuatro ruedas manufacturados por compañías como Bajaj, Maruti, Mahindra y Tata son cada vez más comunes en países como Ecuador, Perú y Brasil, mientras que grandes conglomerados de la industria del software y la tecnología de la información, como Tata Consultancy Services, Satyam, I-Flex, Infosys y Wipro, actualmente emplean y proveen de entrenamiento a miles de personas en Argentina, México y Colombia. India es el primer productor de medicamentos genéricos del mundo, el consumo de los cuales ha crecido significativamente en América Latina. Estos medicamentos genéricos han hecho que los precios de tratamientos como el del VIH se reduzcan dramáticamente en países de África, lo cual ha generado una respuesta enérgica de lobbies de compañías como Pfizer en Estados Unidos en contra de su producción en India. Sin embargo, en nuestra región el consumo de estos productos sigue al alza.
    Respecto a la presencia de capital y empresas de América Latina en India, es importante destacar el hecho de que el conglomerado mexicano Cinépolis cuenta ya con ramas en diez ciudades de la India, incluyendo Mumbai, la capital del cine indio. Así mismo, la compañía brasileña Marcopolo se ha aliado con Tata para producir vehículos para el transporte público en India, con modelos muy similares a los usados por el sistema de Metrobús de la ciudad de México.

HISTORIA DE LA INDIA


Es emocionante ser un historiador de India. Esto no solo se debe a la riqueza y complejidad del material, sino por la sofisticación y riqueza de las corrientes críticas que de y desde India se han gestado. En los últimos treinta años la historia de la India y autores indios han estado en el centro de tendencias muy influyentes en las ciencias sociales, como la de los estudios subalternos y los estudios poscoloniales. A partir del estudio de la India se han gestado discusiones teóricas y metodológicas muy fértiles alrededor de categorías de central importancia para las ciencias sociales, como el estado, la sociedad civil, la ciudadanía, la modernidad y la ley.
    En una forma muy básica, la óptica de los estudios poscoloniales en India puede ser vista como una respuesta al trauma causado por la violencia y el desquiciamiento generados por el trauma históricamente reciente de la Colonia y el accidentado siglo XX. Como escribe Homi Bhabha, uno de los principales teóricos del poscolonialismo: “Recordar no es un acto silencioso de introspección o retrospección. Es un doloroso re-cordar, un unir del pasado desmembrado para dar sentido al trauma del presente.”14
    Desde la óptica del poscolonialismo el ejercicio de la historia es visto como un ejercicio casi terapéutico. En el caso de India, la historia es vista como una manera de lidiar con la humillación, la violencia, las carencias y las contradicciones ocultas detrás del discurso triunfalista de la modernidad y el desarrollo económico propios de la retórica nacionalista. El ejercicio de la historia en India, sin embargo, no se limita a los éxitos y limitaciones de la teoría poscolonial. En tiempos recientes historiadores y científicos sociales han utilizado la historia y la actualidad de la India para renovar el estudio de la historia de las ideas, introduciendo la necesidad de considerar a pensadores como Gandhi y Nehru en el mismo plano que otros teóricos modernos como Weber y Marx. Los estudios subalternos han cuestionado la validez del archivo, a favor de otras fuentes para la escritura de la historia, como los rumores, los mitos, la memoria y los símbolos. Así mismo, ha habido intentos por re-descifrar las claves del psicoanálisis en base a las estructuras y los códigos de la sociedad de castas, e intensos debates acerca de los límites de la democracia representativa, el federalismo, el crecimiento económico neoliberal y el cambio climático desde la perspectiva india.
    No me extenderé más. Baste con redondear este texto afirmando que la riqueza, el dinamismo y la relevancia de los cambios culturales, ecológicos, socio-políticos y económicos de la India del presente y futuro inmediato merecen ser observados muy de cerca y tomados como punto de contraste, en especial para países como México. Esto implica dejar de tomar a los países europeos y del Atlántico Norte como referencias, y volver a mirar a otras locaciones del Sur en busca de claves de inspiración, reflexión y estrategia para afrontar los retos de los cambios que para todos indudablemente llegarán. 

Bibliografía

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NOTAS

1      Chakrabarty D. “La poscolonialidad y el artilugio de la historia: ¿quién habla en nombre de los pasados indios'?” en Dube S. (ed.) Pasados Poscoloniales. México D.F., El Colegio de México (1999).
2      The CIA World Factbook, https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/, consultado el 3 de marzo de 2014. El resto de las cifras demográficas ofrecidas a continuación provienen de la misma fuente.
3      http://www.bbc.com/news/world-asia-25881705, consultado el 3 de marzo 2014.
4      http://www.thehindu.com/sci-tech/technology/internet/india-is-now-worlds-third-largest-internet-user-after-us-china/article5053115.ece, consultado el 3 de marzo 2014.
5      http://povertydata.worldbank.org/poverty/country/IND, consultado el 3 de marzo 2014.
6      Para una introducción a las religiones de la India, el lector en español puede recurrir al estudio de Lorenzen DN & Preciado Solís B. Atadura y liberación: las religiones de la India, México D. F. , El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África (1996).
7      Para un comentario sobre el estudio de la sociedad India en Occidente a partir del siglo XIX, véase Madan GR. Cinco sociólogos occidentales en torno a la sociedad India: Marx, Spencer, Weber, Durkheim, Pareto, México, D. F., Fondo de Cultura Económica (1984).
8      Wallerstein I. Análisis de sistemas-mundo: una introducción, México, D.F., Siglo Veintiuno Editores (2006).
9      Abu-Lughod JL. Before european hegemony: the world system A. D. 1250-1350, New York, Oxford University Press (1989).
10     Véase mapa 1 al final del texto.
11     Abu-Lughod JL. Before European hegemony: the world system A. D. 1250-1350, New York, Oxford University Press (1989).
12     Para un estudio reciente sobre la partición e independencia de la India, así como de los conflictos políticos posteriores que estos procesos engendraron, véase Carballido L. ¿India o Pakistán? Espacios divididos, México D. F. , El Colegio de México (2011).
13     Para un estudio de las relaciones entre América y Asia durante la época colonial, véase Ardash Bonialian M. El Pacífico hispanoamericano: política y comercio asiático en el imperio español, 1680-1784: la centralidad de lo marginal, México D. F., El Colegio de México (2012).
14     Bhabha HK. The location of culture, New York, Routledge. La traducción del inglés es del autor (1994).
Daniel Kent Carrasco
Estudiante de Doctorado
King's College, Universidad de Londres
bentana85@yahoo.com.mx
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