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Elementos No. 114              Vol. 26, Abril-Junio, 2019, Página 11

Las disciplinas académicas


César González Ochoa
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Lo primero que viene a la mente al tratar de explicar qué se entiende por disciplinas académicas es que estas son simplemente ramas particulares del conocimiento y que, en su conjunto, configuran la totalidad o la unidad del conocimiento. Cuando se intenta profundizar en la explicación se aprecia –y muchos investigadores en la actualidad lo han mostrado (Cfr. Becher 2001, 37ss)– que esa primera caracterización está lejos de ser satisfactoria y que no existe mucha claridad al definirlas, pues cualquier intento de definir las disciplinas universitarias pone de manifiesto que estas son tan diferentes entre sí que es difícil llegar a una definición concisa que se acople a todas en el mismo grado. Por ello se ha optado por tener claridad, antes que nada, acerca de la noción de disciplina, nombre que se aplica a varias cosas al mismo tiempo, por lo que vale la pena examinar de cerca sus varios significados.
    En muchas de las investigaciones sobre la disciplina y sus términos asociados (disciplinaridad, interdisciplinaridad, etc.) se comienza con una exploración de los significados de diccionarios. Para la lengua española, el diccionario de la Real Academia proporciona las siguientes acepciones: 1. Doctrina o instrucción de una persona, especialmente en lo moral; 2. Arte, facultad o ciencia;
3. Especialmente en la milicia y en los estados eclesiásticos secular y regular, observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto; 4. Instrumento, hecho ordinariamente de cáñamo, con varios ramales, cuyos extremos o canelones son más gruesos, y que sirve para azotar; 5. Acción y efecto de disciplinar. Para el inglés, el diccionario Oxford ofrece las siguientes:
1. La práctica de las personas en formación para obedecer reglas o códigos de comportamiento, con el uso del castigo para corregir la desobediencia; 2. El comportamiento controlado que resulta de esa formación; 3. Actividad que proporciona capacitación mental o física; 4. Un sistema de reglas de conducta; 5. Una rama del conocimiento estudiada en educación superior. Para el francés: 1. Método de instrucción y de educación (uso antiguo); 2. Tal o cual régimen de instrucción y de educación; 3. Materia de enseñanza; 4. Regla de conducta común a todos los que forman parte de un cuerpo, de un orden, etcétera; 5. Conjunto de técnicas que definen un oficio, un deporte; 6. Látigo de cuerdas o de pequeñas cadenas del que se sirven algunos devotos, y sobre todo los religiosos, para castigarse o para castigar a aquellos que están bajo su conducción; 7. Marcas dejadas por este instrumento.
    La exploración léxica da como resultado significados muy distintos, que van desde capacitación hasta sumisión a una autoridad y al control (o autocontrol) del comportamiento, y llegan incluso al castigo; también alude a la vigilancia de ciertos comportamientos o modos de pensar. Si se buscan los sentidos del término como verbo, se llega sobre todo al de capacitar a las personas para que sigan instrucciones, pero también el de reforzar la obediencia y, finalmente, al de castigar. También se asocia al término “disciplina” una dimensión moral sobre cómo deberíamos comportarnos o pensar. Foucault, por su parte, ha introducido un pequeño giro al interpretar la disciplina como una fuerza y una práctica política que se aplica a los individuos para producir cuerpos y mentes dóciles. En el proceso de disciplinar para propósitos de explotación económica y dominación política, las disciplinas no permanecen como algo exterior al sujeto, sino que poco a poco se transforman en algo interno. El individuo disciplinado acepta la racionalidad y los valores externos como propios, lo que quiere decir que ya no es necesaria la represión externa. Como sostiene en Vigilar y castigar, la disciplina es un proceso destinado a limitar la libertad de los individuos y una manera de restringir discursos; por tanto, puede considerarse como barrera para el pensamiento libre y un obstáculo al control de la subjetivación; es este uno de los temas de sus últimos trabajos. Aunque Foucault usa el término en un sentido específico, podría decirse que allí están incluidas las disciplinas académicas y sus aportes en la disciplina de la sociedad, puesto que cada disciplina académica se puede ver como una forma específica y rigurosa de formación científica que convierte a los disciplinados en practicantes de esa disciplina.
    En el término “disciplina académica” están incorporados muchos elementos de los significados antes mencionados; pero, al mismo tiempo, es también un término técnico que se usa para nombrar la organización del aprendizaje y la producción sistemática de nuevos conocimientos. Una lista general de sus características incluiría: 1) las disciplinas tienen un objeto particular de investigación (leyes, sociedad, política), aunque este objeto puede ser compartido con otra disciplina; 2) las disciplinas tienen un cuerpo de conocimientos especializado acumulado que se refiere a su objeto de investigación, que es específico a ellas y que generalmente no se comparte con otra; 3) las disciplinas poseen teorías y conceptos que pueden organizar el conocimiento acumulado; 4) las disciplinas usan terminologías específicas o un lenguaje técnico específico ajustado a su objeto; 5) las disciplinas han desarrollado métodos específicos de investigación con sus requerimientos específicos; y de manera más importante, 6) las disciplinas deben tener alguna manifestación institucional en la forma de temas de estudio que se enseñan en universidades, departamentos académicos y asociaciones profesionales conectadas a ellas. Solo a través de la institucionalización las disciplinas son capaces de reproducirse de una generación a la siguiente por medio de una preparación educativa específica. (Krishnan 2009, 9-10) Usualmente una nueva disciplina se funda a través de la creación de una cátedra dedicada a ella
en una universidad establecida.
    Al observar el espectro de las disciplinas académicas se descubre que no todas están en posesión del conjunto completo de esos rasgos. Por ejemplo, la disciplina que comprende los estudios sobre el lenguaje tiene el problema de que carece tanto de un paradigma teórico unificador como de un objeto de investigación estable, pero aun así, en todas las universidades pasa como una disciplina académica. En general, mientras mayor es el número de rasgos presentes, más un cierto campo de investigación académica se reconoce como disciplina capaz de reproducirse y generar un cuerpo creciente de investigación. Algo que puede detectarse en cualquier área de estudio es que si esta se conoce con el nombre de “estudios” acerca de algo, usualmente indica que es de nueva creación y que puede carecer de varias de las características necesarias; las más comunes son el cuerpo conceptual de la teoría, así como la cuestión acerca de sus métodos; como es de esperarse, su prestigio como campo de investigación constituido es menor.
    Para la discusión sobre las disciplinas académicas vamos a recurrir a partes del análisis histórico de Krishnan (2009) que muestra cómo se ha entendido no tanto la noción misma de disciplina, pues es de creación relativamente reciente, sino a lo que esta alude, a la división del conocimiento en diversas áreas. Desde un punto de vista tradicional, las disciplinas académicas son simplemente ramas particulares del conocimiento que, reunidas, forman la totalidad o la unidad del conocimiento que ha sido creado por la empresa científica; así vistas, serían compatibles unas con otras y podrían en principio integrarse en una teoría o un sistema global de conocimiento.
    En la Antigüedad no existían fronteras o limitaciones a la validez de las verdades que los filósofos descubrían a través del pensamiento. Platón pensaba que la filosofía era una ciencia unificada y que el filósofo era capaz de sintetizar todo el conocimiento; a partir de entonces se ha pensado que la unidad del mundo podría corresponderse con la unidad del conocimiento acerca de él. La cuestión de las disciplinas, por tanto, corresponde al problema de cómo se organiza el conocimiento y cómo este se relaciona con la realidad. La convicción de que existe una teoría unificada de la realidad y el conocimiento fue desacreditada desde Kant y desde entonces se ha calificado esa idea como pensamiento metafísico. Desde su perspectiva, la filosofía debe mantenerse alejada de toda metafísica y enfocarse en la crítica del conocimiento, o en lo que se llamó epistemología, es decir, en los problemas de la naturaleza del conocimiento y de la verdad.
    Eso no quiere decir, sin embargo, que la visión unitaria fuera la única manera de plantear el conocimiento, ya que desde sus inicios comenzó a verse de un modo diferente. Aristóteles, al separar la investigación teórica (el pensamiento “puro” que concierne a la retórica, la lógica, las matemáticas, la ética) y la práctica (la correspondiente a la observación de la naturaleza donde se ubican la física y la astronomía, entre otras), introdujo una primera división en el conocimiento. Esta división del conocimiento “filosófico” preparaba el camino para las posteriores múltiples divisiones en áreas de una ciencia cada vez más especializada, por lo que, al menos en apariencia, la unidad del conocimiento se había perdido.
    El positivismo lógico, escuela de pensamiento de la primera mitad del siglo XX, tenía como uno de sus objetivos restaurar la unidad de las ciencias y del conocimiento, unidad que había sido fragmentada por la proliferación de las disciplinas académicas. Desde su perspectiva, la ciencia es un proceso acumulativo que está basado en la observación objetiva de la naturaleza; las ciencias son impulsadas por la observación empírica guiada por el racionalismo o el razonamiento lógico. Una de sus metas era definir el método que necesariamente las ciencias debían seguir, que sería lo que denominaban el “método científico”, y que con su ayuda se llegaría a la verificabilidad del conocimiento y de las teorías. Algunos de los integrantes de esta escuela tenían la idea de una ciencia unificada basada en el desarrollo de un lenguaje científico universal. Aunque formalmente rechazaban el conocimiento científico a priori de Kant (en especial el sintético a priori), creían en la existencia de principios a priori (fundacionales), pero no sintéticos que hacían posible el conocimiento científico objetivo, al mismo tiempo que todas las divisiones aceptadas del conocimiento (es decir, las disciplinas académicas) compartían la misma racionalidad científica. Las diferentes áreas en las que se divide el conocimiento permanecerían sin variación en el tiempo, por lo que tanto el número como el contenido de las disciplinas académicas serían más o menos estables.
    Más tarde, Popper se opuso a la idea de verificabilidad y la filosofía analítica se opuso a la lógica a priori de los positivistas lógicos, con la idea de que todos los efectos observables tienen causas naturales. Como alternativa a una filosofía de una ciencia esencialmente normativa, aparece una historia descriptiva de la ciencia, y Kuhn argumentó en 1962 que la ciencia no es un proceso acumulativo, como decían los positivistas (y también Po-pper), sino una sucesión de revoluciones científicas que reorganizan los campos científicos y las disciplinas. Kuhn propone que las disciplinas se organizan alrededor de ciertas maneras de pensar o de marcos más amplios que explican mejor los fenómenos empíricos en una disciplina o en un campo. Los resultados que no concuerden con la manera dominante de pensar (con ese paradigma, como él lo denomina), son excluidos por limitar el alcance de la teoría, o simplemente se tratan como anomalías. De esta manera, los paradigmas configuran las cuestiones que los científicos pueden plantear, así como las posibles respuestas que la investigación pueda producir.
    Por otro lado, tanto Kuhn como Feyerabend, por distintas razones argumentaron en contra de la idea de un “método científico” que pudiera producir la verdad sobre el mundo de manera confiable. El segundo sostiene que el conocimiento es una construcción social y reclama que los conocimientos generados por las distintas disciplinas científicas son incompatibles; como las disciplinas se han separado tanto unas de las otras, son ahora tan diferentes que no pueden ser comparadas entre ellas; son, por tanto, “inconmensurables”. Desde el punto de vista de las cuestiones de método, propuso que las ciencias se basan en el lema de “todo vale”; también señaló que el trabajo científico no necesita de un marco general para definir si es científico y si no lo es.
    El pensamiento posmoderno ha ido más allá que los pensadores anteriores al reclamar que todo el conocimiento sería una construcción social y que está necesariamente contaminado por los poderes de la sociedad. Para ellos, el concepto de verdad científica es históricamente contingente, lo ven como un producto de los discursos y de las racionalidades dominantes. De acuerdo con la perspectiva de la construcción social, la verdad científica no se refiere a otra cosa más que a sí misma y al proceso contingente de su producción. Según Lyotard, una disciplina podría ser entendida como una práctica específica, sin reglas que determinen qué clase de postulados se aceptan como verdaderos o falsos dentro de ese discurso particular. Esta práctica se interpreta como un “juego de lenguaje” y reclama que ningún juego de lenguaje formal puede ser universal y consistente; o, en otras palabras, que no puede haber un juego de lenguaje para la ciencia que todo lo abarque. Desde este punto de vista, el progreso científico solo puede ocurrir dentro de los límites de un juego de lenguaje disciplinario. Terminamos este apretado resumen de lo que plantean algunas escuelas filosóficas con respecto a la división del conocimiento en disciplinas con las palabras de Krishnan, quien dice que

[...] los positivistas lógicos trataron de restaurar la unidad del conocimiento al apelar a principios fundamentales a priori de racionalidad científica que serían compartidos por todas las disciplinas científicas. La filosofía de la ciencia posterior rechaza tal “fundacionalismo”, o la idea de que todo conocimiento necesita estar basado en la creencia en algunos principios universales que no cambian. Este movimiento antifundacionalista abrió el camino a una posición de relativismo de la verdad científica. Constructivistas y posmodernos ven las disciplinas académicas como discursos que se crean y se mantienen para servir a especiales intereses sin referirse realmente a alguna realidad objetiva que se deba descubrir. Las disciplinas serían simplemente inconmensurables y cualquier esfuerzo de vencer las divisiones disciplinarias sería un ejercicio fútil, ya que las disciplinas operan sobre la base de racionalidades y metodologías completamente incompatibles que no pueden relacionarse en un modo significativo (2009, 17).

    Desde la filosofía de la ciencia, o de la filosofía en general, hay un cierto acuerdo, según el mismo autor, de que tanto las disciplinas como los límites entre ellas existen porque crean alguna coherencia en términos de teorías, conceptos y métodos que permiten la prueba y validación de las hipótesis de acuerdo con reglas. Esas reglas son diferentes de una disciplina a la otra y por tanto son hasta cierto punto incompatibles. Por tanto, para que se pueda producir el conocimiento, se requiere la existencia de reglas; sin embargo, como no hay ya la posibilidad de hablar de reglas universales, entonces la producción de conocimientos requiere de la existencia de divisiones internas, es decir, necesita de las disciplinas.
    La sociología, la antropología, los estudios literarios, constituyen tres de las áreas específicas o campos o disciplinas que configuran el dominio de las ciencias humanas. Cada una forma un espacio relativamente estable, con fronteras reconocidas, por lo cual es un espacio identificable tanto en el ámbito de lo social como en el universitario. Tony Becher (2001, 37) señala que las disciplinas se identifican, al menos en parte, por la existencia de departamentos en las universidades, aunque no se puede presuponer que cada departamento represente una disciplina. Otro criterio importante para su identificación es la difusión de los resultados de sus practicantes, pero añade que

también son importantes las nociones generales, aunque no definidas con precisión, de credibilidad académica, de solidez intelectual y de pertinencia de contenidos.

    Por medio de un lenguaje metafórico, este autor concibe las diferentes disciplinas científicas como tribus que ocupan cada una su propio territorio. Una misión de las disciplinas es defender su territorio contra los embates del exterior, es decir, de otras disciplinas, algunas de las cuales tratan de invadir y de colonizar los territorios propios.1 Otra característica de las disciplinas, según el mismo autor, es que, aunque se puedan representar

como entidades claramente distinguibles y razonablemente estables, hay que reconocer que están sujetas tanto a variaciones históricas como geográficas [y que] esos cambios tienen su peso en la identidad y en las características culturales de cada disciplina (Becher 2001, 39). 

    Además de estas particularidades, y con una fuerza de integración aún mayor, están presentes otros elementos a los que el autor llama simplemente culturales:

tradiciones, costumbres, el conocimiento transmitido, las creencias, los principios morales y normas de conducta, como también las formas lingüísticas y simbólicas de comunicación y los significados que comparten (2001, 44). 

    Las disciplinas académicas pueden pensarse en términos de las prácticas culturales que crean y mantienen; estas prácticas estarían unidas a otras más amplias, y desde esta perspectiva se puede concluir que las disciplinas son una forma de segmentación social; que sus practicantes pertenecen a diferentes tribus académicas que habitan y defienden diferentes territorios del conocimiento, y se distinguen por medio de las prácticas culturales y valores específicos creados por ellos mismos. Cada disciplina entonces se podría considerar como parte de agrupaciones culturales mayores (academias, etc.), como un microcosmos cultural que se manifiesta en la existencia de departamentos académicos disciplinarios y en asociaciones.
    Así, un estudio que se enfoque en una comunidad particular, tal como un departamento universitario o una disciplina, dentro de una sociedad también particular con sus características específicas, como conjunto de valores, puede compararse con otro departamento académico de otro entorno cultural. Esto llevaría a encontrar numerosas diferencias entre disciplinas o comunidades universitarias de las distintas sociedades que se comparen. Una comparación entre diferentes tribus académicas muestra que hay diferencias culturales grandes, que desde afuera parecen arbitrarias. Como en los demás grupos sociales, la identidad del grupo se mantiene en principio por la distinción entre ellos y nosotros; para pertenecer a un cierto grupo se necesita hablar la misma lengua, participar en la vida social del grupo y compartir las mismas creencias. Para acentuar la identidad se desarrollan otros rasgos culturales que facilitan la distinción por parte de otros grupos y para hacer más difícil la inserción en el grupo de los miembros de esos otros grupos. De hecho, los extranjeros se tratan con sospecha, a veces con hostilidad, lo que asegura que las tribus no se mezclen y permanezcan separadas. Sin embargo, hay ocasiones en que se quieren hacer relaciones e intercambios entre dos disciplinas académicas diferentes; en esos casos surgen zonas de intercambio en los márgenes en los que emergen lenguajes criollos, que logran simplificar el lenguaje especializado con el propósito de intercambiar ideas y conceptos.
    Las disciplinas con académicos relacionados estrechamente, con alto nivel de acuerdo acerca de métodos y contenidos, tendrán una identidad mucho más fuerte, con fronteras bien trazadas, que aquellas otras disciplinas menos organizadas y con menor nivel de coherencia. Los académicos de ciencias naturales tienen mayor facilidad para cooperar con los de otras áreas que son vulnerables a la crítica. Las tribus académicas, en especial aquellas con menor tradición, luchan por desarrollar una identidad cultural fuerte que les permita adquirir más poder o, al menos, permanecer como tales.
    Las disciplinas académicas pueden ser vistas como una forma particular de división del trabajo y como un aspecto de la profesionalización de la ciencia. Las profesiones académicas pueden tener gran influencia en la medida en que controlan los recursos de los departamentos universitarios, que son un acceso a la obtención de grados y, a través del empleo, definen lo que es una buena práctica en la profesión. En otras palabras, las disciplinas son unidades en la definición y control del mercado de trabajo y de la producción y validación intelectual. Como resultado, por medio de la profesionalización de las disciplinas se hace posible que los académicos tengan acceso a la libertad de seguir sus propias inclinaciones e intereses profesionales. Al mismo tiempo, incrementan la concurrencia entre los grupos disciplinarios profesionales. Las disciplinas, por tanto, compiten por dinero e influencia dentro de las universidades y dentro de la comunidad científica en general.
    La división del trabajo es una de las características que definen la modernidad y es una expresión de la cada vez mayor racionalidad de la organización social. Al dividir la ciencia en disciplinas especializadas, que trabajan separadamente hacia la producción del conocimiento, se pueden ver como una disposición racional y eficiente, similar a la división del trabajo en la sociedad.
    Ciertamente, las disciplinas académicas poseen las principales características de otras profesiones: tienen autonomía colegiada sobre la capacitación profesional y la certificación de la competencia profesional, tienen un distinto conjunto de conocimientos y destrezas que se institucionaliza en un curriculum, tienen su propia ética profesional y existe una comunidad de profesionales que cultiva habitus profesionales distintos. Las disciplinas más estables son más cercanas a las profesiones, mientras que los miembros de las nuevas y menos estables probablemente no lleguen a considerarse a sí mismos como científicos.
    Cada disciplina puede ser analizada por medio de su desarrollo histórico, por el examen de las condiciones históricas específicas que llevaron a su fundación como tal y a entender la manera como cambia en el tiempo. La perspectiva histórica permite entender la gran continuidad de las disciplinas, pero también los puntos de discontinuidad que dan origen a maneras de pensar (a los cambios de paradigma, en el vocabulario de Kuhn). Algunas veces eso conduce a la desaparición de una antigua disciplina y la creación de una nueva que pueda remplazarla. Es decir, la perspectiva histórica hace ver la dinámica del desarrollo de la ciencia y de las disciplinas académicas.
    La historia ayuda a entender por qué se crea una disciplina y por qué falla o cambia al adoptar un nuevo paradigma. El historiador de cada ciencia puede descubrir las relaciones entre las condiciones históricas particulares y el desarrollo de esa ciencia; también puede mostrar la contingencia y artificialidad de las disciplinas actuales y sus fronteras. En realidad, parece no haber una necesidad científica para el modo en que la ciencia está dividida en la universidad; no la hay incluso para la existencia misma de las disciplinas.
    La organización de las universidades en disciplinas y departamentos es solamente una de las muchas posibilidades de organizar el conocimiento y a las personas que lo producen. Se ha argumentado que esta podría haber sido una organización efectiva cuando fue creada, en el siglo XIX. Hoy, esa manera de organizar parece totalmente obsoleta y derrochadora por el exceso de personal y la duplicación de esfuerzos en los diferentes departamentos. Peor aún, la estructura en la organización de la universidad no refleja las realidades intelectuales ni las tendencias en producción y administración del conocimiento. Las universidades se organizaron alrededor de las disciplinas en el pasado porque había una organización efectiva en la enseñanza e investigación. Actualmente, esa disposición muestra una ausencia de flexibilidad por las rígidas estructuras organizacionales e intelectuales. El número de departamentos ha crecido constantemente y la administración de recursos es ya ineficiente. No hay ninguna necesidad de que la ciencia se organice por medio de líneas disciplinarias. La proliferación de centros interdisciplinarios, programas y escuelas indica que los departamentos disciplinarios cada día funcionan menos.


Referencias

Becher T (1989). Tribus y territorios académicos. La indagación intelectual y las culturas de las disciplinas, Barcelona, Gedisa, 2001.
Kuhn TS (1962). La estructura de las revoluciones científicas, trad. Agustín Contín. México, FCE, 1975.
Krishnan A (2009). What are Academic Disciplines? Some observations on the Disciplinarity vs. Interdisciplinarity debate, NCRM Working Paper Series, University of Southampton: ESRC National Centre for Research Methods..

notas

1  Las tribus académicas “definen su propia identidad y defienden su propio territorio intelectual empleando diversos mecanismos orientados a excluir a los inmigrantes ilegales”. (Becher 2001, 43).

César González Ochoa
Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM
cesargonzalez44@gmail.com



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