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Elementos No. 112               Vol. 25 Octubre-Diciembre, 2018, Página 56

Registro de Sueños II


Francisco Pellicer
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Ciertamente desde hace mucho se ha documentado el interés de la humanidad por el y los sueños, el primer referente tal vez es un papiro egipcio encontrado en la necrópolis de Deir el-Medina, datado hacia el año 1275 de nuestra era; durante el reinado de Ramsés II, hoy bajo la custodia del Museo Británico y denominado Papiro Chester Beatty 3 o simplemente el libro antiguo de los sueños. Pero como siempre cuando buscas, los chinos lo hicieron antes y he aquí al artífice: Ji Dan, mejor conocido como el duque de Zhou (1100-771 a. e. c.), personaje al que se le atribuye la recopilación de un gran catálogo de sueños, ensoñaciones diríamos hoy, y sus posibles interpretaciones, además de su valor anticipatorio y pronóstico. ¡De tal magnitud es la importancia del tema!. En realidad, el soñar y el sueño se encuentran disponiendo de la mitad de nuestra existencia humana y la de muchos otros animales.




Ji Dan, duque de Zhou (1100-771 a de e) recopilador del tratado o libro de los sueños chino.

    Pero vayamos al Registro de Sueños de Díaz; ciertamente él también nos ofrece un viaje, el cual inicia con la peculiaridad, o mejor, singularidad del planeta donde evolucionamos y vivimos y que tiene la relojería de girar sobre su eje y frente al sol cerca a las 24 h. (circadiano), término fundamental para la regulación fisiológica, personal y social de la vida; estamos, pues, condicionados por nuestro entorno cósmico. 



Fragmento del Papiro Chester Beatty 3 o libro antiguo de los sueños; actualmente bajo la custodia del Museo Británico, Londres.

   

    En este sentido el amanecer es siempre el punto de partida, para unos se inicia la vigilancia, el estar despierto, activo con todo nuestro repertorio de conductas desplegado e interactuante, es el momento de darnos cuenta que nos damos cuenta (de algunas cosas, y otras... se guardan sin darnos cuenta). Para otros, la noche, es el inicio del fin de la actividad, horas de descanso, de reparación, de congregar actividades bajo una manta llamada sueño; dentro de esa manta algunos actúan sin moverse, vuelan sin aleteos y respiran sin branquias en el jardín líquido y transparente; acto seguido Díaz desmenuza la escena.
    El primer capítulo del libro es un recorrido por el quehacer de la neurofisiología del sueño, nos muestra sus ladrillos, con los que se construyen las fases de activación-desactivación y gran activación jugando con el sube y baja de los Hertzios, con lo que se edifica y da forma a la arquitectura del sueño. Aparecen personajes en escena: Aserinsky y Klaitman con un gran rollo de papel kilométrico lleno de inscripciones, que Díaz llama registros; inmóvil sedente se encuentra Pompeiano tratando de llamar nuestra atención con señas que no podemos advertir porque en realidad no se mueve... él está soñando. Finalmente montados en rocinantes espigas que van del puente al genículo y acaban en un páramo occipital de molinos de viento, aparece nuestro lancero caballero Augusto y su escudero Chema desentrañando los movimientos de los ojos cuando se duerme y lo que se ve no está afuera, movimientos parecidos a los que se suceden y sacuden cuando montados en Nightmare, yegua desbocada, pasamos por el camino lleno de estoicos chopos enfilados, los ojos se sacuden en la mar del MOR, tanto... que despertamos.




Panorama de la necrópolis de Deir el-Medina, en el Valle de los Muertos Egipto.


    El viaje continúa y Díaz nos guía cual Dante sobre laberintos y vericuetos, a veces luminosos, a veces profundos, fragmentados, inconexos, olvidados, deseados, casi nunca sápidos o perfumados. De forma certera nuestro guía lanza puentes entre las evidencias y fortalece senderos para poder seguir caminado con lo que creo es la propuesta más interesante del libro: el protagonismo de la conciencia y sus mecanismos de operación al servicio de este otro mundo denominado Noctem donde surgen el y los sueños, en el que de forma evidente no cesa ni desaparece la que considero es la función más importante del cerebro: la conciencia.



Portada del libro de los sueños chino.


    Por otro lado da pie a varias reflexiones; la primera iconoclasta, desde luego, me da la impresión que hemos sobre estimado y sobre expresado la o las funciones de las ensoñaciones, de hecho esa ha sido la epistemología histórica con los tratados mencionados al principio del texto y cientos más que han llegado hasta nuestros días, pasando por una pléyade de autores, muchos de ellos connotados como el mismo S. Freud. Está claro por los argumentos expuestos por José Luis que la conciencia no está operando de la misma forma que en el estado consciente por excelencia que es la vigilia, por eso su fragmentación, su desconexión, su bizarría y de vez en vez sus momentos de hiperrealismo perturbador. Me da la impresión que el sistema de memoria “saca”, nos regala una escena –que puede ser evocada por un sinfín de circunstancias–, pero todas con un alto contenido emocional, la jerarquización está prácticamente en esta esfera, acto seguido esa escena teatral y cartesiana comienza a ser descrita por nuestra narrativa constituyendo el espacio diegético, en realidad una meta diegésis mal nacida, mal construida, mal lograda, misma que se convierte en ensoñación. Esto da pie a la segunda reflexión iconoclasta: por lo tanto no creo que las ensoñaciones tengan valor como función evolutiva, sino que son un sub producto nocturno del fenómeno de la conciencia diurno, me explico: hoy sabemos que durante las distintas etapas que constituyen el sueño se llevan a cabo fenómenos de reparación constitutiva, síntesis de proteínas, disminución del metabolismo muscular, por citar algunos. Justamente y de manera paradójica en el punto más profundo de la relajación, el metabolismo y mucha de la acción cerebral se encuentra electroencefalográficamente muy parecida, de hecho indistinguible a la vigilia; a no ser por el mecanismo que justo impide la acción del movimiento. Toda esta activación es completamente interna, generada desde adentro de la “caja negra” mediante un proceso de memoria no cabalmente habilitada, con una diegésis mal construida por que de alguna forma (materia de investigación seria) toda esa carga emocional recaudada durante la vigilia no puede ser desechada sino transformada, digerida con un proceso análogo al haber comido de manera gourmet, con mucha activación sensorial y deleite, alguno de nuestros alimentos del día, para luego formar parte del mismo proceso de deconstrucción y aprovechamiento de cualquier alimento; a fin de cuentas proveer la energía y los constituyentes nutricios para continuar sanos y con vida; y con un producto final común que desechamos todos... comamos lo que comamos. Pareciera ser el escatológico final de las ensoñaciones, la vía final común del proceso de la conciencia diurna, provocativo, sin glamur... habrá que investigarlo.


Francisco Pellicer
Dirección de Investigaciones en Neurociencias
Instituto Nacional de Psiquiatría
Ramón de la Fuente Muñiz
pellicer@imp.edu.mx


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