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Elementos No. 112               Vol. 25 Octubre-Diciembre, 2018, Página 39

Periodismo irreversible


Sergio Mastretta
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¿Qué se construye con el pensamiento crítico? Decimos que la realidad y la teoría pueden ir de la mano: actuar para cuestionar, pensar para comprender, proponer para transformar. Parece sencillo, pero el problema adquiere su dimensión de fondo cuando activistas sociales y filósofos se vinculan para responder esa pregunta original: ¿cuál es la frontera entre el pensamiento y la acción? (XXIV Coloquio. Silabario de un futuro irreversible)
    En ese filo los cuestionamientos sobre los límites la ciencia y la tecnología, los procesos de poder que las subyugan, los umbrales para los que no hay perspectiva histórica que alcance.  
    Con ellos se intenta comprender procesos complejos como los que guarda la idea de cambio climático crítico, una construcción intelectual que asume la precariedad teórica frente a una realidad socio-ambiental apocalíptica. Irreversible, decimos.
    Y para complicarlo todo, el periodismo y su función última: contar historias como las que ocurren en las montañas mexicanas a las que acosa el ánimo de reproducción del capital salvaje que caracteriza la economía global del siglo XXI. Construir un periodismo crítico.


SALTAR LA MURALLA

Es un pobre el hermano rico que quiere nuestras tierras.

Ya nos habían dicho los tatarabuelos que iban a venir los extranjeros –dice una mañana de diciembre de 2012, cuando su comunidad totonaca Zaragoza le pone el alto al poderoso Grupo México que quiere construir una hidroeléctrica en el río Ajajalpan–, y ya llegaron, pero no les damos permiso.1

    Es un discurso elaborado que casi se entiende por la voz de sus manos, por los interrogantes de sus inflexiones, por el énfasis de la palabra repetida, por sus silencios. La he escuchado en medio del plantón contra el paso del bulldozer de la principal minera mexicana. Habla para todos en totonaco. Toma la palabra y no la deja por más de diez minutos. No la interrumpe nadie, solo ella misma, cuando decide pasar al español.
    Y luego la confirmación contundente:

Yo no doy permiso, yo no quiero, no nada más yo, a todos esta comunidad no queremos, no queremos porque se van a acabar las plantas, se van a acabar los árboles, lo tumban, todo lo van a tumbar, y no nada más... el agua; todo, todo mira, se me van a decir, mira te voy a dar pa que siembres esto, sembrar, ¿a poco va a permanecer ahí? No permanece, se seca, por eso no queremos, contamina todo, contamina y nosotros vamos a llegar a enfermar... Es el motivo que nosotros no queremos, no sabíamos, declaro que no sabíamos, pero donde ya se han puesto, donde ya se han dejado las gentes, nos han informado, ya lo estamos viendo que no sirve, que no sirve ese trabajo... Es más, ese trabajo es un pobre mi hermano rico que tiene mucho dinero, por eso quiere entrar, por eso quiere violarnos, quiere adueñar nuestra tierra...

    La voz de esta mujer totonaca puede ser el punto de partida para recrear el lenguaje con el que la filosofía enfrenta este presente caótico que ahoga todo intento de aprehensión. Construimos discursos para saltar murallas, la de los idiomas, por ejemplo, con el totonaco-español de una mujer en rebeldía contra la devastación de su río. Los procesos ocurren sin que los grupos organizados tengan a la mano herramientas para el análisis que  permitan contener los conflictos en la perspectiva compleja que se requiere.

CONTRA EL DESVALIMIENTO INTELECTUAL

Participo como testigo en el coloquio Silabario de un futuro irreversible organizado en el mes de enero por 17 Edu, un instituto de estudios críticos en la ciudad de México decidido a encontrar el lugar del pensamiento crítico –¿puede ser otra cosa la filosofía?– en una realidad de violencia estructural extrema. El encuentro convoca a un conjunto de pensadores y activistas a romper el páramo intelectual frente a lo que se identifica ya como caos climático (el punto sin retorno en la devastación ambiental del planeta al que nos arroja el modelo de reproducción del capitalismo en el siglo XXI) con el esfuerzo de composición de un pensamiento crítico que contribuya en la construcción de alternativas desde la acción civil organizada. Una filosofía de la praxis, se diría en los corrillos universitarios setenteros.
    Asisto entonces como periodista con mis propios interrogantes: ¿cuál es la narrativa crítica  para comprender lo que ocurre en nuestro país? ¿Podemos hablar de un activismo periodístico que describa con los mejores recursos analíticos y narrativos la realidad, procure comprenderla y contribuya en la construcción de alternativas?

¿Cómo articular las preguntas y los enormes desafíos políticos, tecnológicos, ambientales y subjetivos que actualmente se nos agolpan?
–lo dice a su manera Benjamín Meyer, el director de 17 Edu, al inaugurar el coloquio– ¿Cómo abrir frente a ellos un lugar al pensamiento, a las respuestas meditadas, a la acción?2

    ¿Cómo entonces, pensar este futuro irreversible que ya nos alcanzó?¿Es posible inventar un futuro distinto que rompa esta hegemonía de lo irremediable del mundo tecnologizado hipercapitalista? ¿Desde dónde inventar ese futuro?


PENSAR LO IRREVERSIBLE DE NUESTRO PRESENTE

Empezar por ahí: por lo que ya nos pasó, por lo que no veremos transformarse salvo para extender lo que llamamos el asfalto extremo, el ahogo de los maizales y lo que por centenares de años hemos denominado los pueblos de México, con un atisbo a las resistencias organizadas, con una mirada a la construcción de un discurso de futuro.
    Lo irreversible en la Sierra Norte de Puebla. La Cañada del río Apulco. Su cuenca alta y sus pueblos originarios. El cerro El Caolín barrenado centenares de veces para ser medidas sus venas a la manera de los geólogos que le califican los agujeros en gramos de oro y plata por metro y tonelada y suman en sillas de ruedas regaladas la extensión de las regalías que les dejarán a los nativos –a los que no hay que consultar,  pues ya los antropólogos mineros han diagnosticado que no son indígenas–, absortos frente al tajo abierto en la entraña de la tierra. Barrenos, represas, fracking son palabras sensibles en las bolsas de valores, el presente como único tiempo que se reconoce como valor de estas montañas.
    Pensar entonces el cambio climático desde la perspectiva de los umbrales cruzados: lo irreversible de un proceso que pone en riesgo la existencia de la vida en el planeta tal como la conocemos, pero también lo irreversible como presente histórico, esta realidad caótica que no tiene remedio, que obliga a imaginar lo que viene desde la catástrofe que ya nos ocurrió. Y pensarlo desde el pensamiento crítico que no puede sino dinamitar la perspectiva periodística de lo inmediato, la mirada que guarda el contexto como inasible, los procesos desvinculados del conjunto. ¿Es posible esa visión desde los extremos? ¿El pensamiento crítico y el relato periodístico desde el caos climático crítico, este trío conceptual que mejor abarca  este paramo en el que se halla sumida la conciencia?


PENSAMIENTO CRÍTICO

17 Edu viene de unos años de discusión y búsqueda alrededor de las transformaciones tecnológicas y sus consecuencias sobre la vida de las personas, la identificación de registros discursivos que llevan a cuestionamientos filosóficos complejos, para los que no hay respuestas aprendidas. Ha partido de la creación de una red generada en la ciudad de México alrededor de la temática del arte y la cultura en un mundo en el que la digitalización determina todo:  el Centro de Cultura Digital, el Laboratorio Arte Alameda, el Centro Multimedia  y otros más ligados a las artes visuales, la literatura y el cine: la discusión sobre digitalidad, tecnología y cultura, arte y cultura, en una dinámica que los ha llevado a mirar de otra forma el quehacer filosófico:  

La necesidad de ampliar el marco de comprensión de la digitalidad, con el replanteamiento de los ámbitos y sus ópticas para comprender fenómenos cada vez más complejos, dice Benjamín Meyer.3

    Tres corrientes que llamaré de pensamiento y acción críticos son la base de un coloquio que se propone debatir sobre “la digitalidad, la práctica científica, la política pública, la salud, la comunicación y la creación”, pero también responder a la inquietud más temida del pensamiento crítico: su sentido, aquel que puede darle cauce a la visión de futuro contenida en la voz totonaca que defiende su mundo en el cerco arcaico de la montaña virgen.
    La que propone el veterano activista canadiense Pat Mooney y su ETC Group –con una experiencia de más de treinta años de lucha ambiental–, con su libro The Little BANG Theory (Versión en español de la sinopsis de The Little BANG Theory. Tales and Truths about Tomorrow) que planta el arranque de la discusión desde la complicada trama de la convergencia tecnológica BANG (bits, átomos, neuronas, genes) y el poder cada día más dominante de las corporaciones trasnacionales en los campos de la alimentación y la agricultura, la salud y la farmacología, la digitalización del comercio, el cambio climático y la bioingeniería, la nanotecnología y la biología sintética. No puede haber otro encuadre para dilucidar los prospectos de un futuro irreversible.
    La que desarrollan en línea los pensadores Tom Cohen y Claire Colebrook (Critical Climate Chaos: Irreversibility [Caos climático crítico: Irreversibilidad]):

Tenemos que reconocer las consecuencias  del cruce definitivo de umbrales ambientales, de los que estamos advertidos desde hace por lo menos medio siglo, para cualquier intento analítico de la realidad del mundo. Una mirada a lo irreversible desde una plataforma de experimentación del pensamiento crítico: el caos climático crítico. Enfrentamos el inicio de una era de deriva de facto hacia la extinción. Un acelerado tránsito del orden especulativo al orden material del que emerge una expresión sin significado: el pánico climático. Una zona de guerra de facto.

    La tercera es la acción civil mexicana y el análisis crítico que se hace desde ahí del involucramiento de los científicos en la discusión sobre la devastación ambiental. En perspectiva el coloquio propone como líneas temáticas diversas cuestiones puntuales relativas a la digitalidad, la práctica científica, la política pública, la salud, la comunicación y la creación. En ese marco, la pregunta por la narrativa mexicana, la que obliga la realidad de un mundo que en su crisis extrema se plasma en una violencia concreta sobre millones de personas en su territorio, en su calidad de vida, en su cultura. Una realidad que genera, sin embargo, una movilización de resistencia plasmada en la organización civil, la comunidad que se rebela contra ese destino manifiesto de extinción anunciada. Es el tercer elemento, el de la praxis desde la sociedad civil organizada, que en el coloquio expone desde su trayectoria el activista ambiental mexicano Andrés Barreda y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, y que encontró en un encuentro previo (el  coloquio “Me extingo, luego pienso”), la experiencia de más de veinte grupos y movimientos de resistencia contra los proyectos industriales en las montañas mexicanas el incentivo fundamental para cuestionar la perspectiva original del pensamiento crítico: ¿pensar para comprender qué? ¿Y cuál es el papel de las universidades y sus centros de investigación científica? ¿Desde dónde generar una conciencia reflexiva que dé cuenta de lo que somos, lo que hacemos, lo que pensamos?
    Cierra la introducción al citado coloquio Benjamín Meyer:

Entramos en ese espacio abismal al que nos arrojan estas preguntas sobre el ecocidio y la modernidad, y lo hacemos conscientes de que estamos en conjunto, desvalidos intelectualmente para hacerlo con solvencia.


CONSTRUIR EL OPTIMISMO

Pat Mooney no habla de oídas cuando se refiere a las organizaciones de la sociedad civil como las que defienden las cañada de los ríos serranos Apulco, Pantepec, Necaxa, Ajajalpan y Zempoala contra el fracking, el gasoducto, las mineras y las hidroeléctricas. Lleva medio siglo involucrado en movimientos sociales ligados a la lucha medioambiental y la biotecnología. El registro de la conciencia ecológica puede seguirse a partir de su participación en la denuncia de la pérdida de los recursos genéticos en el mundo por el impacto de las tecnologías y el creciente poder de  las corporaciones, con su punto extremo de la concentración de poder industrial-militar en la era Trump.4
    Pat reaparece en el 2018, ya retirado, con la próxima publicación de un relato de ficción con amarres a una realidad de transformaciones tecnológicas que están en curso en el mundo. Little BANG Theory ha llamado a un ejercicio narrativo que para los pelos igual a los académicos que a los literatos, y es el punto de partida para la discusión en el coloquio Silabario de un futuro Irreversible.
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    Cuál es la a visión profética de Mooney: la convergencia BANG trastoca los términos de la gobernabilidad en el mundo, con una creciente concentración del poder económico y político en unas cuantas corporaciones gigantes ligadas a la industria militar que cada vez más subordinan a los gobiernos nacionales y a los organismos internacionales; estos procesos solo pueden ser enfrentados desde la movilización de las organizaciones de la sociedad civil y para ello es necesario empezar por entender la lógica del poder.
    ¿Cómo enfrentar este proceso, cómo explicar el colapso como realidad fundamental?  

Revaluar lo que ocurre –dice Mooney–, los cambios, las tendencias, los escenarios, los enfoques: no solo el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la cuestión económica, la crisis de clases, la marginación de más de la mitad de los habitantes en el planeta. Y contra la dinámica de confusión y caos la discusión colectiva de las organizaciones de la sociedad civil.

    El libro, entonces, es un diálogo que tiene su fundamento en la acción civil organizada.
    ¿A qué llamamos entonces sociedad civil?, se pregunta en el coloquio Sergio Villalobos Ruminott, un pensador chileno que le da vueltas a los temas desde la perspectiva de los complejos procesos de reproducción del capital:

Identificar la lógica de los intereses del capital –le dice a Pat Mooney en una réplica– para entender lo que ya no llamamos cambio climático sino caos climático. No con una respuesta marxista simple de la historia, sino con el concepto moderno de revolución, ¿qué entiende por sociedad civil, algo que es una valoración bastante compleja en el análisis de las ciencias sociales en América Latina?6

    Las que se conocen cada vez más entre sí, le responde Mooney, las que por su larga experiencia son cada vez más consistentes, pero que son débiles todavía en la creación de sistemas de soporte colectivo que les asegure independencia:

Estamos en el ‘no puedo hacer eso’. Dependemos de los que financian a las OSC. ¿Quiénes somos? ¿Qué nos identifica? ¿Qué lenguaje utilizamos? (Debemos) identificar nuestras capacidades: la longevidad de las OSC, la consistencia con la que han trabajado, la que no tienen los gobiernos ni las empresas. ¿Qué es lo que está en el largo plazo? Tenemos que pensar así, planear así. Si no vemos largo plazo, estamos perdidos. Eso nos da resiliencia. Trabajamos a nivel de tierra, eso nos da fortalezas.7

    Y lo principal para este veterano luchador social:

Estamos en el lugar correcto, tenemos la razón. Tenemos más claridad sobre lo que ocurre en el mundo, más que los gobiernos y las empresas que sólo ven territorio y mercados.8


DOS MUNDOS CHOCAN

Filosofía para el mundo real, entonces, desde la movilización de la sociedad civil. El mundo del conflicto, la disputa, la guerra, el de la vida y su sinsentido. Aparentemente la acción no es el campo de los filósofos, pero ahí está la materia del pensamiento crítico: el mundo es naturaleza, individuo, sociedad, Estado. Todos acudimos a las palabras: naturaleza y entraña, explotación y jugo, ciudad y montaña, modernidad y rezago, materia y capital, el oro y el ser, capital y trabajo, empresa y ley, Estado e indígenas, territorio e identidad; ¿qué eres?, ¿quién eres?, ¿qué haces?, ¿a dónde vas?; todas imaginan con ella el futuro. La tensión de dos mundos trepados en su silabario, dos discursos, el del minero y el de quien lo resiste, dos mundos opuestos se enfrentan por la vista que llegará a tener la montaña en el porvenir. Propiedad, concesión, despojo, barreno, extracción, dinamita, explotación, cianuro, lixiviación, pepitas, onzas, mercado, circuitos, bolsa de valores. Memoria, tierra, agua, lengua, pueblo, maíz, milpa, tradición, identidad, organización, resistencia. Pero la montaña es una tercera realidad, y no la entendemos sin nosotros.
    Y así resumen los Ceos de Almaden Minerals (almadenminerals.com) el valor del proyecto “Tuligtic” cuya concesión otorgada por el Estado mexicano les reconoce como propiedad el subsuelo de 14 mil hectáreas del territorio de pueblos originarios de Ixtacamaxtitlán sobre la cuenca alta del río Apulco.
    En 120 ha planean su proyecto “Ixtaca”: 7,500 toneladas de piedra extraídas y molidas cada día del tiempo de vida de la mina, con una estimación de 1.29 millones de onzas de oro y 78.9 millones de onzas de plata con un valor superior a los 2,500 millones de dólares a precios de marzo de 2018. Eso valen los cerros de Ixtacamaxtitlán si los mineros canadienses logran vender su proyecto a alguna empresa senior de explotación.
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    A sus posibles inversionistas les dan esas cifras, que rematan con la frase “el proyecto cuenta con un fuerte respaldo social y comunitario”.
10 Y al gobierno mexicano pretenden convencerlo de que en esa cañada del Apulco no hay pueblos indígenas, así que ni hablar de Convenio 169 OIT y su mentada consulta indígena.
    Pero los mineros también recurren a las palabras para comprender su mundo.

La minería es un negocio difícil de entender si se ve solo desde el lado de la ingeniería y la geología –dice Morgan Poliquin, CEO en Almaden Minerals–. Las compañías mineras de exploración trabajamos aislados del mundo. Necesitamos reunirnos y hacer estas cosas más como una industria porque la minería es poco conocida, particularmente en regiones donde no hay minas conocidas. Y ese es el caso con Ixtaca. 

    Este minero canadiense ha contratado para convencer de sus bondades a la empresa mexicana GMI Consulting que ha concluido que en Ixtacamaxtitlán no hay pueblos indígenas a la que obliga el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que por lo tanto no será necesaria la consulta indígena a la que se obliga el Estado mexicano. Estas son las palabras que Juan Pablo Gudiño, un Doctor en Derecho que ha encontrado la fórmula para darle la vuelta le dijo a la revista Contralínea:

Vas a Ixtacamaxtitlán, haces un diagnóstico, una inmersión social, [y] te das cuenta que no hay autoridad indígena. Sí hay gente que habla lengua indígena pero eso no los hace ser indígenas [sic]: tienen que tener autoridad, usos y costumbres, unidades culturales y sociales y que sus autoridades emitan actos dentro de sus usos y costumbres para que sean indígenas. Eso no lo digo yo, lo dice el [Convenio] 169 [de la OIT] y la Constitución.11

    Desde ahí entonces arranca la defensa del territorio contra un proyecto industrial que se vende como la llegada del progreso a una cañada pobre en la sierra de Puebla. Podemos empezar por mirar el monte que arrasará esta minera:
    Cómo mirar ese lomerío en la cuenca alta del río Apulco. En su entraña de oro, medida en onzas y metros y barrenos, dinamita y toneladas de piedras molidas en agua y cianuro, en lingotes refulgentes en bóvedas nunca a prueba del fondo monetario internacional, en circuitos electrónicos de celulares y automóviles, en collares y pulseras para la reproducción de las castas en la India. O en su versión de tierra agreste, de sabinos, magueyes y palmas, de mapaches y zorras y hormigas, de tiempo detenido en las veredas que llevan a aldeas silenciosas en el sopor del mediodía... Al centro de la fotografía, con la tierra yerma blanquecina en el filo de su cima, el cerro de oro concesionado por el Estado mexicano a la canadiense Almaden Minerals.
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    O mirarlo desde la voz de María Helena, sembradora de habas de la comunidad de Huixcolo-tla, en Ixtacamaxtitlán, que desde sus palabras en náhuatl establece inmediatamente la dimensión del conflicto: “nuestros terrenos que nos están invadiendo... No queremos perder el agua que Dios nos está regalando [...].”13
    O desde el Catálogo de localidades indígenas 201014 que publican en conjunto la CDI y el INEGI, donde apunta que incluso en Santa María Sotoltepec hasta un 40 por ciento de la población es indígena nahua. Y desde la larga lista del Instituto Nacional de lenguas Indígenas15 que reconoce para Ixtacamaxtitlán a 62 comunidades como  hablantes del náhuatl (mexicano tlajtol [mexikano λahtol], nauta [nawta], náhuatl de la Sierra, noreste de Puebla).16
    Es la otra perspectiva: la de los pobladores organizados para pelear legalmente la anticonstitucionalidad de la concesión minera han pasado de la denuncia y la movilización a la acción legal. El informe Minería canadiense en Puebla y su impacto en los derechos humanos. Por la vida y el futuro de Ixtacamaxtitlán y la cuenca del río Apulco, elaborado por un grupo de organizaciones de la Sierra Norte de Puebla y de México (Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación –Poder–, Centro de Estudios para el Desarrollo Rural, Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario y la Unión de Ejidos y Comunidades en Defensa de la Tierra, el Agua y la Vida Atcolhua), con la participación de un conjunto de especialistas en minería, derecho, historia y antropología, sirve de base para la demanda de amparo interpuesta por la comunidad nahua de Tecoltemic ante el Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Amparo Civil, Administrativa, de Trabajo y de Juicios Federales en el Estado de Puebla en abril de 2015 contra las dos concesiones que la Secretaría de Economía otorgó en 2003 y 2009 a la minera canadiense y que está a punto de sentencia. Dicen los agraviados que

el Juzgado de Amparo deberá estudiar el fondo del asunto y analizar no solo las violaciones cometidas por (la Secretaría de) Economía al emitir las concesiones en el territorio de Tecoltemic, sino también las violaciones cometidas por el Congreso de la Unión y el presidente de la República al haber dictado desde 1992 diversos artículos de la Ley Minera que son contrarios a la Constitución y a tratados internacionales, pues ponen a disposición de las empresas mineras las tierras y territorios de los núcleos agrarios y de las comunidades indígenas, en violación a derechos ya reconocidos. El Estado mexicano no contó con su consentimiento para otorgar las concesiones sobre su territorio, y que tampoco realizó consulta alguna al respecto.

    Saltar la muralla de la ley. Plantar con sus reglas la disputa por la existencia al Estado. En la disputa por la identidad está también la conciencia de que ella no se puede entender sin la vinculación con la naturaleza.

Se violó nuestro derecho a la tierra y al territorio –dicen los campesindios, a la manera de Bartra–, el Estado le dio a un particular la posibilidad de disponer de nuestras tierras y los recursos que contienen.


POR UNA CIENCIA COMPROMETIDA

Por distintos caminos Pat Mooney y Tom Cohen recalan en el ámbito extremo en el que esta discusión se da en México: las luchas de los afectados ambientales y la construcción, por necesidad, de una respuesta comprometida de la comunidad científica. La sobrevivencia que piensa Tom Cohen se construye desde la lucha por la defensa del territorio y la identidad.
    Andrés Barreda y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA) condensan en su trayectoria estos dos elementos: el inicio de un trabajo articulado de las luchas ambientales y el involucramiento de importantes sectores de la comunidad científica en ellas. Así explica Barreda el silencio de los científicos y el propósito de la UCCS:

El objetivo es comprender el modo en que se hace la investigación científica y los procesos que derivan en su sometimiento a los grupos de poder. [...] Entender que no hay neutralidad, que la ciencia está sometida a las relaciones de poder.
    Los activistas no dejaron esta discusión para los salones académicos: Acudieron a los organismos internacionales para someter a juicio al Estado mexicano por “la violencia en su conjunto, la violencia ambiental y laboral del TLC, la destrucción del estado de derecho por la economía.” Participaron entre el 2011 y el 2014 más de 2 mil 300 organizaciones. Fueron 400 acusaciones. Ello derivó en una sentencia contra México publicada por la editorial ITACA. Este proceso provocó el acercamiento de los científicos a la realidad ambiental y a la situación social de las comunidades afectadas por los proyectos industriales. Así se pudo dar una convergencia entre la comunidad científica y el análisis de la devastación.

    Andrés Barreda resume los pasos a seguir para la vinculación entre movimientos civiles y comunidad científica crítica: conformar redes de científicos en América Latina con la creación de centros de investigación no sometidos a las instituciones; realizar encuentros de diálogo y conexión de los grupos organizados. Y remata: generar otra forma de hacer política. No una política de los políticos.


PERIODISMO NARRATIVO

Para los mineros el  mundo no se sostiene sin su presencia. Para los afectados por el proyecto minero en Ixtacamaxtitlán ese mundo no arrasará su territorio. Es el optimismo con el que Andrés Barreda asume el proceso de los movimientos sociales.
    Qué optimismo construyo yo, entonces, desde la práctica periodística que se involucra en la narración de conflictos como los de Ixtacamaxtitlán o Zaragoza en la Sierra Norte de Puebla. Salvar la palabra, entonces, aún frente al inhóspito mundo del asesinato. Salvar la investigación, sobre todo contra nosotros mismos, contra nuestros demonios y paraísos. Aprender a mirar el mundo sin nosotros, sin nuestra mirada, sin nuestras palabras, y no en un pasado mítico, sino en un porvenir que puede ser muy cercano. Un futuro irreversible.
    Las herramientas del conocimiento pasan por las palabras. Ellas se convierten en la realidad misma. En esto pienso al contemplar estos tiempos nuestros de algoritmos y fake news contrastados con la realidad de sobrevivencia de los pueblos amenazados por el despojo industrial de su territorio... Literatura, sociedad y periodismo, ¿qué va primero en esta discusión sobre un futuro que nos urge sobre todo si su posibilidad más probable es la hecatombe? Qué narramos y cómo lo hagamos determina la expresión de un discurso que no encuentra siquiera las palabras precisas para empezar a armarlo.
    Recurro entonces a las bases mínimas con las que he tratado de afirmar mi práctica periodística. Los territorios de la escritura: la realidad, la mirada, la palabra. La Materia de la escritura: la acción narrativa. Y ahí la tensión entre la realidad y la ficción. Describir la realidad lo mejor posible. Para comprenderla. Para ayudar a transformarla.

NoTAS

1  “Es un pobre mi hermano rico que se quiere adueñar de nuestra tierra...” –en el primer año de Mundo Nuestro–.
2  Silabario de un futuro irreversible. XXIV Coloquio internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos, en colaboración con el Centro Nacional de las Artes, el Centro de Cultura Digital,  el Laboratorio Arte Alameda y el Grupo ETC. Relatoría por Sergio Mastretta.
3  Ibid.
4  ETC Group: A Brief History
5  Ibid.
6  Ibid.
7  Ibid.
8  Ibid.
9  ALMADEN UPDATES FEASIBILITY STUDY AT IXTACA, 21 de marzo de 2018.
10  Ibid.
11  Trasnacional Almaden Minerals “borra” indígenas para evadir consulta. Contralínea, 22 de febrero de 2018.
12  Dos asambleas en la Sierra de Puebla para mirar su verdadera entraña/Primera parte
13  Ibid.
14  CDI, Catálogo de comunidades indígenas 2010.
15  Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.
16  Silabario de un futuro irreversible. XXIV Coloquio internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos, en colaboración con el Centro Nacional de las Artes, el Centro de Cultura Digital,  el Laboratorio Arte Alameda y el Grupo ETC. Relatoría por Sergio Mastretta.

Sergio Mastretta
Periodista
Mundo Nuestro
smastre@yahoo.com


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