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Elementos No. 111              Vol. 25 Julio-Septiembre, 2018, Página 57

El laboratorio multimedia de Elementos


Leopoldo Noyola
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Este año Elementos ha incorporado a sus esfuerzos de divulgación científica un laboratorio multimedia que con discreción, pero constancia, ha comenzado a producir podcast para nuestra página de Internet, Radio BUAP y otras plataformas libres y gratuitas como SoundCloud.
Coordinados por Enrique Soto bajo la asesoría técnica de José Emilio Salceda, hemos aprovechado mi larga experiencia como productor de radio y profesor de guionismo en universidades y escuelas poblanas para proyectar un plan de producción con una prospectiva razonable y prometedora, si acaso queremos justificar la atrevida designación de “laboratorio”. Y es que, en efecto, como se especifica en las definiciones convencionales, en nuestro laboratorio multimedia se realizan investigaciones, experimentos y prácticas de divulgación científica de carácter artístico, utilizando programas computacionales de edición comunes.
    Nuestro laboratorio está equipado con instrumentos elementales de grabación y aún está muy lejos de poder considerarse un estudio de audio profesional; carece todavía de la parafernalia típica que tapiza paredes, divide espacios o posee una batería de micrófonos para experimentaciones grupales. No obstante, el equipo elemental con que contamos nos permite conseguir producciones que, en su modestia, resultan técnicamente correctas y artísticamente ambiciosas, dicho esto sin menoscabo del hecho de que consideramos este trabajo como un proyecto en desarrollo que aún está lejos de rendir sus mejores frutos.
    “Portero sin suerte no es portero”, dice el proverbio; así pasa también con los productores de radio –cosa que yo he sido por años–, porque he tenido la suerte de encontrarme en el camino con muchas personas que suplen o complementan mis ingentes limitaciones. En esta ocasión el azar me ha traído a un viejo practicante de teatro universitario con una voz entrenada en innumerables lecturas. Me refiero al doctor Salceda, ya mencionado aquí, quien además de prestar su voz para algunas de nuestras producciones, eligió el equipo e instaló nuestro modesto estudio, además de revisar, corregir y desde luego mejorar mis guiones. Participa también la doctora Citlalli Gamboa que me ha cedido el privilegio de hablar sobre el cerebro con un criterio que comprende los conceptos científicos necesarios para ello; Ileana Gómez y Lorena Rivera han completado el cuadro prestando sus voces para algunas experimentaciones que pueden escucharse en la sección laboratorio multimedia de nuestra página de internet (www.elementos.buap.mx).
    Ustedes tendrán la mejor opinión, pero en los primeros tres meses ocurrieron en nuestro laboratorio una serie de eventos que nos permiten tener algunas esperanzas. Comenzamos con un guion sobre los cometas (descubrimiento de una de nuestras voces y primer encuentro con Mixcraft 8 Pro Studio, el software de edición); grabamos 25 cápsulas sobre el cerebro y 25 cápsulas sobre genética; luego vinieron otros “especiales”, como llamamos a los podcast de divulgación científica, con temas como “El científico”, “Ecología”, “El clima” y “El origen del universo”, seguido de otro sobre los efectos de una bomba atómica en una ciudad, tratando en cada nueva experiencia de mejorar algunos aspectos técnicos relativos al sonido, la grabación de voces, el uso de efectos especiales tomados de imponentes bancos de efectos que se hallan en la red para su uso libre, a los que hubo que hacer el análisis, la selección y clasificación pertinentes, tareas que nos han permitido disponer de un stock de cientos de efectos de sonido que separé por temas: sonidos humanos, animales, máquinas, aéreos y espaciales con los que pude posteriormente crear versiones “artísticas” de ambientes de sonidos múltiples (Big Bang, bombas, estadios, terremotos, tornados, guerras antiguas y modernas), músicas para “fondeo”, rúbricas, connotaciones dramáticas, galácticas, científicas y antropológicas; además, hubo que escuchar y seleccionar de entre los numerosos filtros que el software referido proporciona, aquellos que consideramos más útiles para nuestras producciones, filtros que van del simple eco a imaginativas distorsiones que simulan
transmisiones de radio, locuciones para grandes audiencias, marcianos amigables y otros aliens menos afectuosos que estimularon nuestra imaginación por vías perspicaces y en ocasiones demenciales. De ahí surgieron subproductos experimentales como la sección de podcast para niños titulada “Oídos tiernos”, donde se hacen insólitas entrevistas a doña Gallina y don Taladro, entre otros; podcast apocalípticos como “Zona natural” que en una suerte de time-lapse auditivo desarrolla extinciones, desastres forestales, terremotos e incendios; o bien, en temporada futbolera con el Campeonato Mundial en puerta, historias paródicas de científicos que se quedan dormidos en el laboratorio y sueñan que México vence a Alemania, golea a los suecos y humilla deportivamente a los coreanos, sus primeros rivales. En esas vamos a mediados de mayo, más lo que se acumule.
    Como probablemente sepa el lector, el podcast es un archivo de audio digital disponible en Internet para ser descargado o escuchado en una computadora o un medio portátil. Es una argucia tecnológica renovadora que aparece en el escenario digital para responder a la pasiva mediocridad prevaleciente en el radio de países como el nuestro, donde un día desapareció el guion, las ideas organizadas, para resolver su continuidad con improvisaciones sucedáneas, chachareo, música, chismes y anuncios comerciales. El podcast, en nuestro criterio, parte ahora con antiguas y nuevas ideas que dormían el sueño de los justos; objetivamente carece de referencias profesionales desde hace medio siglo y tiene más que ver con los cursos de guion de la escuela de comunicación que con la radio real, donde hay poca o ninguna sustancia. Es decir, la base de la imaginación y la creatividad del podcast es nueva, por lo que nuestro laboratorio ha iniciado de cero en una nueva era de sonido social.
    Lo que nos preguntamos en nuestro naciente laboratorio es hacia dónde queremos caminar con nuestros podcast, en qué vamos a basarnos y para quién, si es que hay algún interesado en ponerse a escuchar nuestra propuesta. ¿De veras habrá quién?
    Tenemos algunas esperanzas en lo que puede percibirse del “fenómeno podcast”; su potencial como instrumento de expresión es una gran oportunidad para los aficionados a la radio y los jóvenes estudiantes de comunicación (17 escuelas con licenciatura en la especialidad solo en la ciudad de Puebla) para hacer producciones que apenas ayer eran impensables. Quien no tuviera un estudio de radio –la gran mayoría– estaba materialmente imposibilitado para pensar en producir sonido profesional. Hoy, con unos cuantos fierros es posible instalar una cabinita prácticamente en el espacio donde tengas tu computadora.
    Algo está sucediendo en la producción de ideas radiofónicas en el mundo, y muy especialmente en lo que se refiere al podcast; solo en Estados Unidos, según la consultora Edison y Triton, en el año 2016, 57 millones de personas escucharon al mes algún podcast, y una serie documental (Serial) sobre crímenes verdaderos registró millones de visitas. Se trata de un nuevo espacio de creación y comunicación de ideas que está generando una clara respuesta a la explosión creativa (hay podcast de terror, crimen, para niños, mujeres, homosexuales; los hay porno, políticos, campesinos, culturales, etcétera) que llega a través del Internet para escucharla cuando te plazca. La célebre BBC británica ofrece una nutrida sección de podcast dramáticos que desempolva el desaparecido radioteatro que en México paralizaba pueblos enteros con dramones surrealistas como El derecho de nacer o Chucho el Roto.1
    El laboratorio multimedia de Elementos apuesta todas las fichas de su proyecto por el guion, ese artificio antiguo y en desuso que un día desapareció del espectro comercial llevándose consigo la creatividad estructurada, la planeación, los géneros y los subgéneros que enriquecen cualquier clase de narrativa. Es el radio aquel de Bertolt Brecht y Walter Benjamin que lo apreciaron como un instrumento de creación; piense el lector en estaciones especializadas, sectoriales, facciosas; estaciones familiares, barriales, dramáticas, campesinas, históricas; radios científicas, eróticas, naturalistas. Con el podcast, los aficionados podemos retomar algunas antiguas búsquedas en el universo sonoro pero, sobre todo, se nos abre la oportunidad de crear otras nuevas con los ruidos del mundo, las músicas y nuestras voces, que son las tres vocales insustituibles del universo sonoro organizado. Mientras tanto, seguiremos ensayando.

NOTAS

1    El derecho de nacer, con guion del escritor cubano Félix B. Caignet, tuvo en 1950 una versión mexicana en la XEW protagonizada por Dolores del Río, Alicia Montoya, Manolo Fábregas y Eduardo Arozamena. Por su parte, los 3500 capítulos producidos de la radionovela Chucho el Roto, con guion de Carlos Chacón Jr., fueron transmitidos por la propia XEW entre 1960 y 1970 con las voces de Manuel López Ochoa como “el Bandido Generoso” y Amparo Garrido como su esposa, Matilde de Frizac; esta es considerada la última gran radionovela mexicana.

referencias

Espinosa de los Monteros, Ma. Jesús, Los protagonistas de series como Master of none y Love escuchan podcasts, El País, 17 de febrero de 2018.
Fernández De Castro, Rafa, Porno Auditivo, Letras Libres, 19 de marzo de 2015.
Ruiz Mantilla, Jesús, Novelas por entregas en la era del “podcast”, El País, 10 de mayo de 2018.
Fanjul, Sergio C., El renacer del radioteatro, El País, 14 de enero de 2018.



Leopoldo Noyola
Antropólogo
Revista Elementos
polo.noyola@gmail.com


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