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Elementos No. 113              Vol. 26, Enero-Marzo, 2019, Página 57

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El ojo del observador 
Johannes Vermeer, Antoni van Leeuwenhoek y la reinvención de la mirada
Laura J. Snyder
traducción de josé manuel álvarez-flórez
Editorial Acantilado
España, 2017

El ojo del observador
Extracto del prólogo


Laura J. Snyder


La historiadora estadounidense Laura J. Snyder (1964) recrea la vida cotidiana de dos gigantes de Delft, el pintor Johannes Vermeer y el científico Antoni van Leeuwenhoek, inventores ambos en sus quehaceres individuales, la cámara oscura de Vermeer y el microscopio de Leeuwenhoek que dotaron al mundo de dos nuevos ángulos para mirar el misterio del mundo. 


MÁS DE LO QUE CAPTA EL OJO

Es un día claro de agosto de 1674. En la pequeña ciudad holandesa de Delft, Antoni Leeuwenhoek (un antiguo comerciante de paños, que es ahora burócrata local y fabricante de lentes autodidacta) está sentado junto a la gran ventana de su estudio. Esa ventana, como la mayoría de las de Delft, está provista de postigos con una doble división; cada mitad tiene una parte superior y otra inferior que se abren por separado, para que se pueda regular con precisión la luz que entra en la habitación. Hoy está abierto el postigo completo. Si los vecinos mirasen por casualidad a esa habitación de la planta baja al pasar por allí camino de la cercana plaza del Mercado, podrían comentar entre ellos que el “curioso diletante” se halla de nuevo entregado a sus peculiares actividades.
    Leeuwenhoek está mirando por un objeto metálico alargado de unos siete centímetros de longitud. En el centro de ese objeto hay una pequeña cuenta de cristal hecha por él (cómo la ha hecho, si puliendo la lente o soplándola de cristal fundido, es un secreto que Leeuwenhoek ha guardado celosamente). Unida a la parte de atrás del extraño instrumento hay una delgada varilla metálica que sostiene un pequeño tubo de cristal que contiene una gota de agua procedente del Berkelse Mere, un pequeño lago interior que se encuentra a dos horas de camino de Delft. Acercando más el instrumento de metal al ojo (de manera que casi le toque la cara) con el fin de mirar la gota de agua del tubo a través de la cuenta de cristal, Leeuwenhok se sorprende al ver no un charquito claro, sino un verdadero acuario lleno de minúsculas criaturas que nadan, y que le parecen unas mil veces más pequeñas que los gusanos más minúsculos del queso. Algunos de esos “animales diminutos” tienen forma de serpientes enroscadas en espiral, otros son globulares, otros parecen óvalos alargados; Leeuwenhok anota

El movimiento de [...] estos animálculos en el agua era tan rápido y tan variado, hacia abajo y en círculo, que he de confesar que no pude por menos que maravillarme de ello. 

    Leeuwenhok acababa de descubrir un nuevo mundo que nunca se había imaginado siquiera que existiera: el mundo microscópico.
    En una buhardilla situada en diagonal al otro lado de la plaza del Mercado de la casa de Leeuwenhok está trabajando otro de los genios de Delft. Johannes Vermeer, lo mismo que su vecino, mantenía en secreto sus métodos, así que no podemos estar seguros de cómo pintaba sus obras de madurez, de una luminosidad exquisita, unas obras que muestran un fascinante conocimiento íntimo de los efectos ópticos que se aprecian a través de las lentes. Pero, ante la evidencia, hemos de suponer razonablemente que, en este magnífico día de agosto, Vermeer está inclinado sobre una mesa, mirando a una caja de madera con una tapa de bisagras abierta, con su larga bata oscura tapándole la cabeza. En un extremo de la caja hay un tubo corto con una pieza de cristal pulido en forma de lenteja (de ahí su nombre, lente). En la parte de arriba de la caja hay una pieza de cristal plano. Vermeer ha colocado el tubo con la lente dirigida hacia una escena que compuso junto a la gran ventana de la habitación, que tiene también los postigos abiertos de par en par. Ha colocado una cortina entre él y la ventana, que bloquea un poco la luz que entra. Hay allí una joven, con una falda de raso amarilla, corpiño blanco y un manto de un azul brillante, sentada a un virginal, instrumento popular entre la clase de comerciantes ricos de Delft (y probablemente prestado a Vermeer para la ocasión). Sus dedos descansan sobre el teclado y tiene el rostro vuelto hacia Vermeer, como si esperase a que él le dijese que empezara a tocar. En la pared, detrás de la joven, cuelga un cuadro grande que representa una escena de burdel de otro pintor, un cuadro propiedad de la suegra de Vermeer, como la casa en que estamos ahora.
    Vermeer, bajo su bata, mira al cristal plano que hay en la tapa de la caja. En ese cristal es visible toda la escena, incluidas sus proporciones precisas y su correcta perspectiva tridimensional, dadas en una imagen bidimensional. A Vermeer le asombra como siempre ver que en el cristal los colores son aún más semejantes a los de las joyas de lo que parecen a simple vista, las áreas de sombra están más intensamente contrastadas con las de luz, y los contornos de las figuras más bellamente suavizados. Presta especial atención al hecho de que el primer plano y el plano de fondo estén desenfocados pese a la precisión del resto de la escena, a cómo los toques de luz resaltan brillantemente donde el sol da sobre superficies reflectoras, y a cómo los valores tonales relativos (la apariencia de los diversos colores bajo diferentes condiciones de luz) están vivamente representados, más aún de lo que lo están a simple vista.
    Vermeer está mirando a través de una cámara oscura, un instrumento óptico que, en versiones anteriores, era conocido por los filósofos naturales y los “magos” naturales; en el pasado se empleaba para observar eclipses de sol de forma segura y para asombrar y deleitar al público con “cuadros vivos”. La cámara oscura tipo caja, precursora de la cámara fotográfica pero sin película sensible a la
luz, es una caja opaca de madera con un agujero o una lente en un lado. Proyecta una imagen invertida y del revés de la escena, bien sobre una placa de cristal, bien sobre papel encerado de la parte de arriba del aparato o en una pared próxima o un lienzo (la imagen puede invertirse para que tenga la posición correcta mediante un espejo). En versiones más antiguas era simplemente una habitación oscura (de ahí el nombre latino de cámara oscura) con una pequeña abertura de cinco a diez milímetros que deja entrar la luz del sol.
    El espectador, sentado dentro de la habitación, veía la imagen invertida y del revés de la escena exterior proyectada en la pared opuesta a la del agujero. A estas cámaras de habitación entera les siguieron más tarde versiones en las que podía crearse una zona cubierta por una tienda o una cabina dentro para ver una escena que se montaba en la habitación. La invención de la cámara tipo caja vino después.
    Vermeer mira por la cámara no para trazar la imagen de esta sobre papel translúcido colocado sobre el cristal de la parte de arriba de la caja, ni tampoco para situar el espejo en el ángulo adecuado de modo que la imagen se proyecte sobre el lienzo, sino para experimentar con la óptica de la escena. Reconfigurando la composición, puede manipular el tipo de efectos luminosos que tan magistralmente ha aprendido a explotar. Ve que si la luz incide justo así en el virginal, necesitará un toque de albayalde allí, en la pata frontal derecha. Pero le parece que la geometría del cuadro exige otro toque en la parte frontal del instrumento, y lo aplica en el antebrazo de la mujer, donde la luz no está incidiendo. Vermeer no es un esclavo de la óptica de la cámara oscura.
    Mirando a través de ella, se ha convertido en un experto en la tarea de apreciar cómo afecta la luz a nuestro modo de ver el mundo. Ha visto el mundo como nosotros no lo vemos normalmente, en una revelación de formas nuevas diferentes que no se pueden captar a simple vista. La cámara oscura, como el microscopio, reveló a sus usuarios del siglo XVII verdades sobre el mundo natural inaccesibles de otro modo a los sentidos. Tal como lo expresó Constantijn Huygens, diplomático, filósofo natural y entusiasta del arte (un conocido tanto de Vermeer como de Leeuwenhoek), con el advenimiento de la cámara oscura “toda pintura resulta muerta en comparación, porque esto es la vida misma, o algo más elevado, si uno pudiese expresarlo”.
    En aquel momento el mundo de la ciencia se hallaba inmerso en una revolución. La llamada “revolución científica”, asociada hoy a los nombres de Copérnico, Kepler, Bacon, Harvey, Galileo y Newton, se produjo en parte por un adhesión nueva a los métodos empíricos (realizar observaciones cuidadosas del mundo natural) en contraposición a los métodos lógicos no empíricos preferidos por muchos seguidores medievales de Aristóteles. No se consideraba ya adecuado basarse en los textos antiguos o en el filosofar de sillón sobre el mundo desde el estudio del ilustrado. El “¡Ve por ti mismo!” se convirtió en toque de clarín de los filósofos naturales (pues aún no se les llamaba “científicos”).
    La aceptación generalizada de instrumentos ópticos en la ciencia exigía no solo teorías ópticas que explicasen cómo funcionaban, sino también –y sobre todo– la aceptación de que hay más de lo que capta el ojo, de que el mundo no es simplemente como nos parece. Tras los fenómenos que vemos a simple vista hay un mundo que no se ve, y en ese mundo invisible se hallan las causas de los procesos naturales que observamos. Este período de la historia se distingue, sobre todo, por el convencimiento creciente de que el mundo no es –o no es solo– como parece ser.





YA ESTÁ EL LISTO QUE TODO LO SABE DE SEXO
Alfred López
Curiosex.com
Barcelona, 2018 

¿Desde cuándo se usa el término ‘sexualidad’ como sinónimo de relación carnal?, ¿de dónde surge que a las prostitutas también se les conozca como ‘rameras’?, ¿cuál es el origen de la expresión ‘ser un viejo verde’?, ¿fue realmente el ‘cinturón de castidad’ un invento medieval para evitar infidelidades de las esposas?, ¿por qué se llama ‘tetas’ a los pechos femeninos?, ¿sabías que los corn flakes se inventaron para evitar que los jóvenes se masturbaran?, ¿de dónde surge el famoso ‘salto del tigre’? Si en Japón gusta tanto el sexo ¿por qué pixelan los genitales en las películas pornográficas?, ¿qué posición ocuparía el pene humano en un ranking de miembros sexuales con otros animales? ¿Sabías que la canción Summer of ’69 de Brian Adams no se refiere al año sino a la postura sexual?, ¿Cuál fue la primera película pornográfica de la historia?...
    Un libro con 240 curiosidades, historias, anécdotas, ciencia cotidiana y datos sorprendentes relacionados con el mundo del SEXO, explicado del modo coloquial y didáctico tan característico de Alfred López. Además de dar respuesta, directamente a través del libro, el autor ha colocado un código QR a disposición del lector con el que se puede acceder y descargar un extenso archivo en pdf, conteniendo centenares de enlaces a todas las fuentes y bibliografía consultada. Las ilustraciones han sido realizadas por Marta Contreras (Tarragona, 1985) en la que es la tercera colaboración entre el autor y la artista. Una joven ilustradora acostumbrada a dibujar personajes con cabeza grande, monstruos de mil colores, tortugas de trapo o superhéroes de la sangre. Calisto fue el primer personaje que escapó de su libreta para dar respuestas a los más curiosos. Desde entonces, varios son los libros y publicaciones que ya cuentan con sus ilustraciones.





ESTO TE VA A DOLER: 
HISTORIAS DISPARATADAS DE UN MÉDICO RESIDENTE
Adam Kay
Editorial Planeta
Madrid, 2018 

Bienvenido al estimulante trabajo de médico: 97 horas a la semana y disponibilidad los 365 días del año. Bienvenido a un sunami de fluidos corporales compensados por unos ingresos económicos inferiores a los de un parquímetro. Di adiós a tus relaciones familiares, amorosas y a tus amistades. Bienvenido a tu vida como médico en prácticas.
    Tras cinco años sin ejercer la medicina y dedicado a escribir series de comedia para televisión, Kay recibe un aviso del colegio de médicos comunicándole que le van a quitar la licencia. Aprovecha entonces para rescatar sus diarios de médico en prácticas y hacer un repaso a sus años en la sanidad pública.
    El resultado es un hilarante diario no exento del mejor humor negro, lleno de anécdotas e historias protagonizadas por médicos, pacientes y administrativos asqueados y hartos. Una mirada irónica y desmitificadora de la vida en los hospitales que ha sido un fenómeno en Reino Unido y que pronto la BBC convertirá en serie de televisión.





¿FUNCIONAN LAS VACUNAS?
Oihana Iturbide e Ignacio López-Goñi
Next Door Publishers
UK, 2017 

Se dice que las vacunas salvan cada año millones de vidas humanas; que han reducido significativamente la incidencia de muchas enfermedades infecciosas logrando que vivamos más y mejor. Y que la salud de otros depende de que tú te vacunes. A partir de la información aportada por Ignacio López-Goñi y Oihana Iturbide, comprenderás qué son las vacunas y por qué sabemos que son seguras. Conocerás sus efectos secundarios, así como sus beneficios y descubrirás los argumentos con los que rebatir a sus detractores.



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